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2 de Crónicas 32: Senaquerib invade a Judá

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2 de Crónicas 32:1  Después de estos actos de fidelidad, Senaquerib, rey de Asiria, vino e invadió a Judá y sitió las ciudades fortificadas, y mandó conquistarlas para sí.

Asiria era un gran imperio en los tiempos de Ezequías, controlaba la mayor parte del Medio Este. Desde una pequeña franja de tierra localizada en lo que hoy en día es Irán e Irak, comenzó a establecer su poder bajo el gobierno de Asurnasirpal II (883-859 a.C.) y su hijo Salmanasar III (859-824). Bajo el reino de Tiglat-pileser III (745-727). Las fronteras asirias se extendieron a las fronteras de Israel, haciendo de este uno de los más grandes imperios de la historia antigua. Salmanasar V destruyó el reino del norte en 722, y su nieto, Senaquerib (705-681), trató de someter a Judá, el reino del sur, bajo su control. Menos de un siglo después, Asiria yacería en ruinas.

Senaquerib tenía la intención de conquistar las ciudades fortificadas de Judá, para luego forzarlas a pagarle tributo. El forzar a las naciones a pagar tributo era una forma excelente para que aquellos reyes extranjeros construyeran la base de su ingreso. A menudo el rey asirio obtenía un juramento de lealtad de una ciudad a la que le demandaba el pago de impuestos en forma de ganado, vino, equipo de guerra (caballos, carros, armas), oro, plata y cualquier cosa que agradara al rey invasor. Los cautivos le representaban un gasto al rey, por lo tanto sólo se tomaban en caso de rebelión extrema o para repoblar las ciudades que habían sido destruidas.

Cuando el rey Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a  Dios los resultados. Eso es exactamente lo que tenemos que hacer cuando nos enfrentemos a situaciones difíciles o alarmantes. Haga todo lo que le sea posible para resolver el problema o mejorar la situación. Pero también encomiende la situación a  Dios en oración y confíe a El la solución.

2 de Crónicas 32:2  Cuando vio Ezequías que Senaquerib había venido y que se proponía hacer guerra contra Jerusalén,

2 de Crónicas 32:3  decidió con sus oficiales y guerreros cortar el agua de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos le ayudaron.

2 de Crónicas 32:4  Y se reunió mucha gente y cegaron todas las fuentes y el arroyo que fluía por la región, diciendo: ¿Por qué han de venir los reyes de Asiria y hallar tanta agua?

Los manantiales naturales eran algunos de los principales suministros de agua de Jerusalén. Se tenían que construir las ciudades junto a manantiales que fueran suministros de agua confiables. En un brillante movimiento militar, Ezequías tapó los manantiales que estaban a las afueras de la ciudad y canalizó el agua a través de un túnel subterráneo. Por lo tanto, Jerusalén tendría agua a pesar de que fuera sitiada por mucho tiempo. El túnel de Ezequías ha sido descubierto junto con una inscripción que describe la forma en la que fue construido: dos grupos de trabajadores comenzaron a cavar por debajo del suelo, uno en Jerusalén y otro en el manantial de Gihón, para encontrarse a mitad del camino.

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