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2 de Crónicas 25: El reinado de Amasías

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La alianza con los mercenarios israelitas conduciría a una segura derrota por el enemigo, tal como ocurrió, con el saqueo y la matanza de 3.000 civiles de entre los pueblos al noroeste de Judá.

Luego de regresar de su campaña contra los edomitas, Amasías dejó a Jehová, para inclinarse ante los dioses de los hijos de Seír. Es la primera vez que un rey hebreo se inclina a adorar los ídolos conquistados en el campo de batalla. Su posible plan sería cobrarles tributo a los edomitas y convertirlos en súbditos pacíficos, si sus dioses podrían ser aplacados mediante sacrificios. ¡Cuán absurda la decisión de reemplazar al Dios vivo por un dios derrotado! De hecho, la adoración de estos dioses ya era suficiente razón para que la ira de Dios se manifestara sin demora alguna.

Dios se había propuesto destruir a Amasías por dos razones simples: porque se volvió a los dioses de los edomitas y porque no quiso prestar atención al consejo del profeta de Dios en cuanto a eliminar a esos dioses. Su fin tuvo lugar, como se notará, a manos de los israelitas que lo derrotaron y saquearon Jerusalén y a manos de los conspiradores que lo asesinaron.

Alentado por su victoria contra los edomitas, Amasías quiso vengar el saqueo de las ciudades judías del noroeste por los mercenarios que mandó a casa. Joás, el rey del norte, lo ridiculizó cuando Amasías lo retó a la guerra; pero Amasías insistió porque esto estaba determinado por Dios, quien los quería entregar en mano de sus enemigos. Joás (798-782 a. de J.C.) tenía un reino mucho más poderoso que el de Judá; de ahí la burla de Joás.

Ambos ejércitos pelearon en la batalla de Betsemes, a unos 25 km. al oeste de Belén, en el terreno escogido por Amasías mismo. Aun con esta ventaja en su logística para la guerra, Dios lo humilló por su idolatría. ¡Lo que afecta la vida religiosa afectará también la vida política de una nación! La pared norte de Jerusalén fue derribada, desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la Esquina. La derrota significó también pérdida para la casa de Dios, puesto que la saquearon, llevándose todo el tesoro que estaba bajo el custodio de Obededom, miembro de la familia de los porteros y músicos del orden levítico.

En Jerusalén, Amasías confrontó una conspiración contra él. Uzías, su hijo de 16 años, fue elevado a una corregencia, y a rey en el 790 a. de J.C.. Amasías murió en el año 27 del reinado de Jeroboam II de Israel, en el 767 a. de J.C. Uzías murió 14 años más tarde, en el 753 a. de J.C..

La muerte de Amasías tuvo lugar mientras se encontraba en Laquis, en camino a Egipto, a donde había huido. Luego fue sepultado con sus padres, en la Ciudad de David.

La fábula La fábula es una figura de lenguaje cuyos elementos están extraídos de la naturaleza, tanto del mundo inanimado —las rocas, los planetas, los árboles— como de la naturaleza a nimada, como los animales.  Se presentan los personajes como poseídos de razón, y es así como hablan, andan, argumentan, etc. La imaginación, por tanto, juega un importante papel. La fábula más antigua que se conoce la encontramos en Jueces 9:7-20. En 2 de Crónicas 25 aparece una fábula. Los elementos de la misma están sacados de la naturaleza, y son el cardo y el cedro, dos plantas muy diferentes en categoría, altura, servicio y utilidad.

La enseñanza que intenta transmitir Joás, rey de Israel, a Amasías, rey de Judá, es clara. Partiendo de que el padre de un cedro no va a caer en la incongruencia de dar a su hija para unirla al hijo del cardo, Joás trata de decir a Amasías que se abstenga de provocarlo, porque, si lo hace, tendrá amargas consecuencias, como así fue.  

El precio de una mala inversión

Las decisiones que tomamos deben ser seriamente consideradas antes de ir adelante. Si son incorrectas, no es extraño que se haya de pagar un precio. En ocasiones es posible que se alarguen por un tiempo, más o menos extenso, los resultados de esa mala decisión tomada.

Amasías fue protagonista de un hecho de este tipo:

Alquila a 100.000 guerreros del reino del norte, Israel, para engrosar el número de su propio ejército con el propósito de reconquistar Edom. Las relaciones con Israel estaban muy deterioradas desde el tiempo que se produjo el cisma. Un “varón de Dios” le recuerda dos cosas: que Jehová no está con Israel, y que si continúa adelante en su propósito, será derrotado. Además, que es de Dios todo el poder; no hace falta acudir a los que por ahora son enemigos declarados.

El rey Amasías accede al consejo del desconocido “varón de Dios”, pero ¿qué hacer ahora, ante los hechos consumados? Despide a los mercenarios, que reciben la noticia enfurecidos, y que además se quedan con el dinero que se les prometió. Pero, además, los guerreros tomados a sueldo, posiblemente como vergüenza, se dedicaron a asaltar y saquear y matar en muchas ciudades de Judá.

La pregunta, pues, de Amasías, puede quedar como recordatorio a todos cuantos han de tomar decisiones importantes. Lo ideal es no tener que tomarla. Será señal de que se tomó la dirección correcta.

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