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2 de Crónicas 21: Reinado de Joram de Judá

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El reinado de Joram y sus crímenes

El reinado de Joram se extendió desde el 848 hasta 841 a. de J.C. Lo sobresaliente de este capítulo es su matrimonio ilícito con Atalía, hija de Acab. También, anduvo en el camino de los reyes de Israel, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová (v. 6).

Al cronista no le interesa ocuparse de reyes que se distinguieron por hacer el mal; por eso, poco se dice de Joram y su reinado de escasamente 8 años. Su matrimonio con Atalía es una de las primeras señales tangibles de la desaprobación de Dios, cuando tuvo lugar la alianza entre Acab y Josafat. La desaprobación de Dios mediante el profeta Elías parece indicar el otro cuadro del fracaso de Joram. Una buena parte de este capítulo se halla cubierto en 1 de Reyes 22:50 y 2 de Reyes 8:16-24. La última parte no tiene paralelo alguno fuera este libro.

Josafat murió y Joram tomó su lugar en el trono de Judá. ¡No hay que confundir a los Joram! Es probable que de la alianza entre Josafat y Acab surgiera la idea de dar el mismo nombre a sus primogénitos. Cuando el Joram de Josafat empezó a reinar, el Joram de Acab le llevaba ventaja de por lo menos cuatro años en la experiencia administrativa.

Los hijos de Josafat eran seis, a quienes rodeó de obsequios y les entregó la administración de ciudades fortificadas en Judá. Esta era una práctica establecida por su abuelo Roboam. Al morir Josafat, el reino cayó en manos de Joram, el primogénito. Al consolidar su trono, mandó matar a sus hermanos y a algunos oficiales o príncipes que simpatizaban con las reformas de Josafat. Esta acción parece demostrar la influencia maligna de su esposa Atalía. Fue ella misma quien más tarde instigó el crimen registrado en el 22:10.

Dios se había propuesto mantener la dinastía davídica por sobre los pecados de los gobernantes de Judá, porque Dios quería honrar el pacto con David. En sus últimas palabras, David dijo: “El que gobierna con el temor de Dios es como la luz matutina cuando sale el sol en un amanecer sin nubes”. La lámpara de Dios tenía que continuar iluminando el sendero de su pueblo, muy por sobre la infeliz presencia de gobernantes como Joram.

En aquellos días, Joram se alejó de los caminos de Jehová para ir tras los becerros dorados y los Baales de Acab. Dios permitió la revuelta de Edom y de Libna para castigar la maldad de Joram. La ironía de la revuelta en el caso de Libna fue que esta ciudad, siendo semifilistea, también tuviera éxito contra Judá.

Joram edificó lugares altos en los montes de Judá. Estos eran los lugares de idolatría que su padre y su abuelo infructuosamente trataron de erradicar. En estos lugares el pueblo se prostituía literalmente, incluyendo la inmoralidad sexual en los cultos a los dioses cananeos. Joram había consentido un acto de deslealtad más grande al convertirse en el líder de un pueblo insensible a la voz de Jehová, su esposo espiritual. Para Moisés y los profetas, la idolatría fue una forma de prostitución y adulterio espirituales.

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