2 de Crónicas 14: El reinado de Asa y sus reformas

Una vez dado el paso de romper el reino en dos, tiene lugar una cadena de hechos que, finalmente, llevarán a Jeroboam a la ruina, y con él a Israel, con la invasión de Asiria.

Hombre capaz, tuvo que iniciar la organización de un estado partiendo de casi nada. Ni capital, ni maquinaria administrativa. Todo estaba por hacer. Y consolida una organización, que le da cierta estabilidad. Finalmente, en los días de Abías muere de forma misteriosa, “Jehová lo hirió, y murió”.

¿Tenía que ser así, o bien podía Jeroboam haber seguido cultivando el carácter de un hombre valiente, esforzado y activo, fiel al poder instituido, esperando que en algún momento la situación política cambiase? No fue así, y su actuación cambió el curso de la historia de Israel.

Grandes y desiguales batallas de la historia Tanto en la historia bíblica como en la secular tuvieron lugar batallas que, por su singularidad, han quedado registradas como algo digno de ser notado.

En el texto que comentamos, el ejército etíope era de un millón de hombres y 300 carros. Las fuerzas del rey de Judá sumaban 580.000. El versículo 12 cuenta, en forma lacónica, cómo fue vencido el poderoso ejército enemigo. El versículo 13 narra cómo luego fue aniquilado. Cuenta Josefo —Antigüedades VIII, 12.1— que las fuerzas de Zeva estaban formadas por 900.000 infantes y 100.000 la caballería, además de los carros ya descritos. En el 16:8 se puntualiza que también intervinieron guerreros libios.

El ejército en acción más numeroso, registrado en la historia, quizá sea el que, bajo las órdenes del rey persa Jerjes, libró la batalla de la llanura de Doría, calculado en unos 2.500.000 hombres, según Herodoto. En la historia bíblica resalta la liberación de Lot, hecho prisionero por una coalición de reyes invasores, por Abraham; la espectacular victoria de Gedeón, con 300 hombres, sobre los madianitas; la pelea de David contra Goliat. Además, la derrota de los persas en Maratón por Milcíades (490 a. de J.C.) con un ejército de unos 11.000 hombres, frente al poderoso y más numeroso ejército del rey Darío I; la victoria de Leónidas, rey de Esparta, con un ejército griego y 300 espartanos, en la defensa de las Termópilas, derrotando a Jerjes, rey persa (480 a. de J.C.); la derrota infligida a los ingleses por Bruce en la guerra de la independencia entre Escocia e Inglaterra, con un ejército de 30.000 hombres, contando Inglaterra con fuerzas tres veces superiores en número (1314 d. de J.C.); la fulgurante victoria de Eduardo, llamado el príncipe negro, en Poitiers (1356), sobre Francia, contra un ejército siete veces más numeroso que el suyo.

El hecho que se destaca en las victorias de los ejércitos de Israel sobre los reinos vecinos es el elemento sobrenatural interviniendo en las batallas.

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