2 de Crónicas 13: Reinado de Abías

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El reinado de Abías

Este monarca reinó en Judá por solo tres años (913-911 a. de J.C.), distinguiéndose solo por su campaña militar contra Jeroboam.  Obedeció las leyes de Dios pero “su corazón no fue íntegro con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David”.

El año 18 del rey Jeroboam es una afirmación fuera del patrón de exclusión de Israel en la narración del cronista. En su afán por mantenerse fiel a la proyección genealógica, el cronista insiste, por cuarta vez, en mencionar a Maaca, la madre de Abías. Su imagen de un rey guerrero lo llevó a rodearse de casi medio millón de hombres de guerra escogidos. Dando evidencias de ser un buen estratega militar, Abías escogió el monte Zemaraim para proclamar las convicciones judías en cuanto a su elección como el pueblo de Jehová para siempre. El pacto de sal alude a la tradición de que los pactos de buena intención podrían ser ratificados con una cena bien sazonada, y podrían tener carácter de permanencia.

Los hombres ociosos y perversos que se rebelaron contra Roboam eran los hijos de Belial. En el AT, esta expresión no significaba hijos de Satanás o como el Anticristo u hombre de iniquidad. Estos hombres eran sin valor ni mérito, ni para su sociedad ni para Dios. Aunque Roboam ya había cumplido los 41 años de edad, todavía era inmaduro de corazón para con Dios, inmaduro para comprender los planes de Dios en Judá. Cuando la carnalidad predomina en el creyente, el sentido común se ve afectado, especialmente en las cosas de Dios.

Según 1 de Reyes 14:9, Jeroboam hizo otros dioses e imágenes de fundición. El cronista es más específico al decir becerros de oro para consumar la idolatría de Israel, siguiendo la arenga de Jeroboam: “He aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto”. Careciendo del verdadero objeto en la adoración, los sacerdotes de estos ídolos eran falsos, porque Jeroboam había excluido a los sacerdotes de Jehová.

Ante el peligro y la amenaza de la guerra, Abías usa un tono religioso en su retórica. Cuando afirma: Jehová es nuestro Dios, no le hemos abandonado, carece de sinceridad si se tomara en cuenta su verdadero registro en la historia, ya que “anduvo en todos los pecados que había cometido su padre antes de él”. El único argumento que avala su convicción religiosa podría ser que los profetas habían condenado la división causada por la rebelión de las tribus del norte. Con una audiencia de 800.000 soldados reunidos frente a él y 400.000 detrás, no pudo pasar por alto la oportunidad de sacar a relucir sus habilidades para ser un buen demagogo y para apelar a la conciencia religiosa del pueblo escogido de Dios.

Abías demostró su lealtad a las leyes ceremoniales dadas por Moisés para el templo, al decir: Nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nuestro Dios. Luego de indicar que Jehová era el comandante en jefe del ejército judío, Abías se concentra en recordarles lo que realmente hacen los verdaderos sacerdotes que tienen las trompetas del estrépito. No cabe duda alguna de que esto les trajo a la memoria las expectativas de Israel cuando rodearon las murallas de Jericó y cómo Dios respondió en el séptimo día. Luchar contra los escogidos de Jehová es como luchar contra Dios mismo.

Entonces clamaron a Jehová, y los sacerdotes tocaron las trompetas y los hombres de Judá gritaron con estruendo. Se había dado lo que el enemigo temía: aquel grito familiar que siguió a las trompetas de los sacerdotes profesionales era indicio de que Dios estaba del lado de Judá. Dios desbarató al enemigo y los entregó en su mano. La derrota de Jeroboam fue masiva, porque medio millón de sus soldados fueron muertos en el campo de batalla.

La victoria tiene una simple explicación, al afirmar: Los hijos de Judá se hicieron fuertes porque se apoyaban en Jehová, Dios de sus padres. ¡Cuántas batallas podrían ser ganadas por el creyente en su lucha diaria contra el enemigo, si tan solo se apoyase en Jehová! Abías tomó Betel (casa de Dios), la ciudad donde Dios se había revelado a Jacob, pero que Jeroboam había convertido en un centro de idolatría, al erigir allí un becerro de oro. Simbólicamente, la captura de Betel representó una victoria espiritual para Abías. Es posible que esta victoria sobre Jeroboam haya movido al rey de Siria más tarde a buscar una alianza con Judá. Con el 62% de su ejército destruido, Jeroboam dejó de ser una amenaza para Judá; finalmente, Jeroboam murió herido por Jehová.

El cronista termina su narrativa haciendo una observación familiar en la práctica que prevalecía entre los reyes de Judá: Tomó para sí catorce mujeres. Lamentablemente, esas uniones fomentaban la poligamia y la idolatría en la nación. Muchas de las mujeres cananeas traían sus propios dioses a la casa real y daban a luz hijos que más tarde se desviaban de los caminos de Dios.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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