2 Corintios 9: El dador voluntario

Pastor Lionel

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(c) Será rico en ayuda. Siempre llega el día en que se necesita la ayuda que otros le puedan prestar a uno. Por cierto: eso de prestar, aunque no se tome literalmente, conlleva la idea de «Hoy por ti, mañana por mí.» Si hemos sido insensibles cuando otros necesitaban nuestra ayuda, es probable que, cuando nos haga falta la suya, nos paguen con la misma moneda. La medida que usemos al ayudar a otros determinará la que se nos aplique, como dijo Jesús (Lucas 6:38).

(d) Será rico para con Dios. Jesús nos ha enseñado que lo que hagamos por los demás es como si Se lo hiciéramos a Él; y llegará el Día en que todas las veces que abrimos nuestro corazón y nuestra mano darán testimonio a nuestro favor, y todas las veces que los cerramos, darán testimonio en contra nuestra (Mateo 25: 31 ss y Lucas 12:21).

(ii) Pablo insiste en que es el dador feliz el que Le agrada al Señor. Deuteronomio 15:7-11 establece el deber de la generosidad para con el hermano pobre, y el versículo 10 dice: «Y no serás de mezquino corazón cuando le des.» Había un dicho rabínico que decía que recibir a un amigo poniéndole buena cara pero no darle nada era mejor que darle todo lo que fuera con cara de pocos amigos. Séneca decía que dar con duda y retraso es casi peor que no dar en absoluto.

Aquí Pablo cita el Salmo 112:3, 9, versículos que toma como una descripción de la persona buena y generosa. Lanza su semilla, es decir, no es tacaño sino generoso en la siembra; da a los pobres, y sus acciones son su crédito y su alegría para siempre. Carlyle cuenta que una vez, cuando era niño, vino a su puerta un mendigo. Los padres de Carlyle no estaban en casa, y él estaba solo. Movido por un impulso digno de su edad, rompió su hucha y le dio al mendigo todo lo que tenía; y nos dice que nunca antes ni después de aquello experimentó una felicidad comparable a la que le visitó entonces. No cabe duda de que hay un gozo especial en el dar.

(iii) Pablo insiste en que Dios le puede dar a una persona tanto lo que tiene que dar como el espíritu en que debe darlo. En el versículo 8 habla de la suficiencia que Dios nos otorga. La palabra que usa es autárkia. Era uno de los términos característicos de los estoicos. No describe la suficiencia del que tiene toda clase de cosas en abundancia, sino el estado del que dirige su vida, no a amasar riquezas, sino a eliminar necesidades. Describe a la persona que ha aprendido a contentarse con el mínimo. Está claro que esa persona podrá dar mucho más a otros porque necesita muy poco para sí. A menudo la cosa es que queremos tanto para nosotros que no nos queda nada para los demás.

Y no sólo eso. Dios nos puede dar también el espíritu en que debemos dar. Los servidores nativos de Samoa de Robert Louis Stevenson le querían mucho. Uno de los muchachos solía despertarle por las mañanas con una taza de té. En cierta ocasión vino otro chico, que le despertó, no sólo con la taza de té, sino, además, con una tortilla apetitosa. Stevenson le dio las gracias y le dijo: «¡Grande es tu previsión!» «No, mi amo -le contestó el muchacho-: Grande es mi amor.» Dios es el único que puede ponernos en el corazón el amor que es la esencia del espíritu generoso.

Pero Pablo dice más en este pasaje. Si nos introducimos en su pensamiento, descubrimos que mantiene que el dar hace cosas maravillosas para tres personas diferentes.

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