2 Corintios 7: Quitaos de en medio

Nadie es el guardián de la conciencia de otro. Cada uno debe decidir por sí si puede llevar su negocio a Cristo y a Cristo a su negocio todos los días.

(ii) A menudo quería decir que una persona tenía que dejar su vida social. En el mundo antiguo, como vimos cuando estudiamos la sección dedicada a la carne ofrecida a los ídolos, muchas fiestas paganas se celebraban en el templo de algún dios. La invitación se hacía en estos términos: « Te invito a comer conmigo a la mesa del Señor Serapis.» Aunque no fuera siempre así, una fiesta pagana empezaba y terminaba con una libación, una copa de vino, que se derramaba como ofrenda a los dioses. ¿Podía un cristiano tomar parte en eso? ¿O tenía que despedirse para siempre de la sociedad de la que había formado parte y que tanto había representado para él?

(iii) A menudo quería decir que una persona tenía que renunciar a sus lazos familiares. Una de las cosas más dolorosas del Cristianismo en sus primeros años era la forma en que se dividían las familias. Si una esposa se hacía cristiana, su marido podía echarla de casa. Si un marido se hacía cristiano, su mujer le podía abandonar. Si se hacían cristianos los hijos e hijas, se les podían cerrar en la cara las puertas del hogar. Era literalmente cierto que Cristo no vino a traer la paz sobre la Tierra, sino una espada divisoria; y que los hombres y las mujeres tenían que estar preparados a amarle más que a sus seres más próximos y queridos. Tenían que estar dispuestos a verse excluidos hasta de sus propios hogares.

Por muy duro que parezca, siempre será verdad que hay ciertas cosas que una persona no puede tener o hacer y ser cristiana. Hay ciertas cosas de las que todo cristiano debe salirse.

Antes de acabar con este pasaje, hay un punto que no debemos pasar por alto. En él, Pablo cita las Escrituras, no literalmente, sino mezclando una serie de pasajes diversos: Levítico 26:11-12; Isaías 52:11; Ezequiel 20:34; 37:27, y 2 Samuel 7:14. Es un hecho que Pablo rara vez cita literalmente. ¿Por qué? Debemos tener presente que, en aquellos tiempos, los libros se escribían en rollos de papiro. Un libro del tamaño de Hechos requeriría un rollo de unos cien metros de largo, y sería muy poco manejable. No había divisiones de capítulos, que fue algo que introdujo Stephen Langton en el siglo XIII. Tampoco había divisiones de versículos, que fue Stephanus, el impresor de París, en el siglo XVI, quien las introdujo. Por último, no hubo nada semejante a nuestras concordancias hasta el siglo XVI. El resultado era que Pablo hacía lo que la mayor parte de los estudiosos: citar de memoria, conformándose con ser fiel al sentido aunque no lo fuera a las palabras. No era la letra de la Escritura lo que le importaba, sino su mensaje.

Preocupación y gozo cristianos

Cuando llegamos a Macedonia, no teníamos tranquilidad en el cuerpo, sino estábamos dolorosamente oprimidos por todos lados. Teníamos guerras por fuera y temores por dentro. Pero Quien conforta a los humildes, quiero decir Dios, nos confortó con la llegada de Tito. Y nos confortó, no sólo con su venida, sino con la confortación que él había experimentado entre vosotros; porque trajo noticias de las ganas que tenéis de verme, de vuestra pesadumbre por lo del pasado, y de vuestro celo en darme muestras de vuestra fidelidad. El resultado fue que la alegría fue mayor de lo que habían sido los problemas. Porque, aunque os di un disgusto con la carta que os envié, no siento el habérosla mandado, aunque sí es verdad que entonces lo sentí; porque ahora veo que esa carta, aunque fuera sólo por cierto tiempo, os causó mucho pesar. Ahora me alegro, no de que os llevarais un disgusto, sino de que aquel disgusto os condujera al arrepentimiento. Fue un piadoso pesar el que sentisteis; así que no habéis salido perdiendo en nada en el trance, porque el pesar piadoso produce un arrepentimiento que conduce a la salvación y que no hay por qué lamentar. El pesar del mundo es el que produce la muerte.

Todo este asunto, este pesar piadoso, ¡fijaos qué anhelo auténtico os ha producido, qué deseo de rectificar, qué aflicción por lo que habíais hecho, qué temor, qué ansiedad, qué celo, qué medidas para imponer un justo castigo al que se lo tenía merecido! Habéis dejado bien clara vuestra limpieza en todo este asunto.

Si es verdad que os escribí, no fue para meterme con el que había cometido la fechoría, ni tampoco para darme por ofendido; sino para que quedara bien clara delante de Dios la seriedad con que os portáis con nosotros Esto es lo que nos ha confortado. Además de esta confortación que recibimos, todavía nos llenamos más, hasta rebosar, de alegría, al ver la que sentía Tito; y es que le había refrescado el espíritu la manera como le tratasteis.

Porque si yo presumí un poco acerca de él ,no he quedado mal; sino que, como en todo lo demás os hemos dicho la verdad, también en lo que presumimos acerca de Tito se demostró que era la verdad. EL corazón se le sale rebosando hacia vosotros cuando se acuerda de la obediencia que le mostrasteis, cómo le recibisteis con temor y temblor. Estoy contento de estar animado en todos los sentidos en cuanto a vosotros.

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