Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

2 Corintios 5:Gloria y juicio por venir

No hay mayor responsabilidad que la del embajador.

(i) Un embajador de España es un español que reside en otro país. Pasa la vida entre personas que en muchos casos hablan una lengua diferente, tienen tradiciones diferentes y tienen otra manera de vivir. El cristiano se encuentra en ese caso: vive en el mundo; toma parte en la vida y las actividades del mundo; pero es ciudadano del Cielo. En este sentido, es un extranjero. El que no esté dispuesto a ser diferente no puede ser cristiano.

(ii) El embajador habla en nombre de su propio país. Cuando el embajador español habla como tal, su voz es la voz de España. Hay situaciones en las que un cristiano tiene que hablar en nombre de Cristo. En las decisiones y consejos del mundo, la suya debe ser la voz de Cristo que presenta Su mensaje en aquella situación.

(iii) El honor de su país está en las manos del embajador. Por él se juzga a su país. Se escuchan sus palabras y se observan sus acciones y se dice: «Eso es lo que dice y hace tal o cual país.» Lightfoot, el famoso obispo de Durham, dijo en un culto de ordenación: «El embajador cuando actúa, no actúa sólo como agente, sino como representante de su Soberano… El deber del embajador no se limita a comunicar un mensaje determinado o a seguir una cierta política, sino que también está obligado a vigilar las coyunturas, a estudiar los caracteres, a buscar las oportunidades, para presentárselas a su audiencia de la manera más atractiva posible.» La gran responsabilidad del embajador es representar y presentar a su país a aquellos entre los que vive.

Aquí tenemos el privilegio más honroso del cristiano y su responsabilidad más sobrecogedora. El honor de Cristo y de Su Iglesia están en sus manos. Con sus palabras y con sus acciones puede hacer que se estime -o desestime- a su Iglesia y a su Soberano.

Tenemos que fijarnos en el mensaje de Pablo: « ¡Reconciliaos con Dios!» El Nuevo Testamento nunca nos habla de que Dios tenga que reconciliarse con la humanidad, sino siempre de que la humanidad tiene que reconciliarse con Dios. No se trata de aplacar a un Dios airado. Todo el plan de salvación tiene su origen en Dios. Fue porque Dios amaba al mundo de tal manera por lo que envió a Su Hijo. No es que Dios no tenga interés en la humanidad, sino viceversa. El mensaje de Pablo, el Evangelio, es la invitación de un Padre amante a Sus hijos descarriados para que vuelvan a casa, donde los espera el amor.

Pablo les suplica que no acepten el ofrecimiento de la gracia de Dios sin sentido. Hay tal cosa como -y es la tragedia de la eternidad- la frustración de la gracia. Pensemos en términos humanos. Supongamos que un padre o una madre se sacrifican y trabajan para darles a sus hijos las mejores oportunidades, rodearlos de amor, planificar su futuro con cuidado y hacen, en fin, todo lo posible para equiparlos para la vida. Y supongamos que esos hijos no sienten lo más mínimo su deuda de gratitud ni ninguna obligación de devolver algo de lo mucho que han recibido siendo dignos de ello. Y supongamos que los hijos fracasan, no por falta de capacidad, sino por falta de interés y de voluntad, porque no consideran el amor que les dio tanto. Eso es lo que quebranta el corazón de los padres. Cuando Dios le da a la humanidad toda Su gracia, y la humanidad la pisotea para seguir su propio camino equivocado, frustrando la gracia que podía haberla renovado y recreado, una vez más Cristo es crucificado, y quebrantado el corazón de Dios.

  • Páginas:
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.