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2 Corintios 3: Cartas personales de Cristo

Pastor Lionel

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(c) Puede que nos los velen nuestras ideas fragmentarias. Siempre deberíamos considerar la Biblia en su conjunto. Es fácil tomar textos aislados y apropiárnoslos. También es fácil creer que ciertas partes del Antiguo Testamento están por debajo del Evangelio. Es fácil encontrar apoyo para nuestras teorías particulares escogiendo ciertos textos y pasajes, y apartando otros.

Pero es la totalidad del Mensaje lo que debemos buscar; y esta es otra manera de decir que debemos leer las Escrituras a la luz de Jesucristo.

(iii) No sólo hay un velo que les impide a los judíos descubrir el verdadero sentido de las Escrituras; también hay un velo que se interpone entre ellos y Dios.

(a) A veces puede ser el velo de la desobediencia. Muy a menudo es una ceguera moral y no intelectual la que nos impide ver a Dios. Si persistimos en la desobediencia nos vamos haciendo cada vez menos capaces de verle. La visión de Dios es la bienaventuranza de los limpios de corazón.

(b) A veces es el velo del espíritu que no quiere aprender. Como decimos, « no hay peor ciego que el que no quiere ver.» El mejor maestro del mundo no puede enseñarle nada al sabelotodo que no quiere aprender. Dios nos ha dado libre albedrío y, si insistimos en nuestro camino, no podemos aprender el Suyo.

(iv) Pablo sigue diciendo que vemos la gloria del Señor a cara descubierta, y por eso nos transformamos de gloria en gloria.

Posiblemente, lo que Pablo quiere decir es que, si contemplamos a Cristo, acabamos por reflejarle. Su imagen aparece en nosotros. Es ley de vida que nos llegamos a parecer a los que ad-miramos. Eso pasa con el culto a los héroes y a las figuras. Si contemplamos a Jesucristo acabaremos por reflejarle. (La N.B.E. dice: «reflejamos la gloria del Señor;» y B.C.: -«reverberando como espejos…» ).

Pablo presenta a muchos un problema teológico cuando dice: « El Señor es el Espíritu.» Parece identificar al Señor Resucitado con el Espíritu Santo. Debemos tener presente que no estaba escribiendo un tratado teológico, sino expresando una experiencia. Y la experiencia del cristiano es que la obra del Espíritu y la del Señor Resucitado son la misma. La fuerza y la
dirección nos vienen del Espíritu y del Señor Resucitado.

«Donde está el Espíritu –dice Pablo-,hay libertad.» Quiere decir que en tanto en cuanto nuestra obediencia a Dios está condicionada por un código de leyes, estamos en la posición de esclavos. Pero cuando viene de la obra del Espíritu en el corazón, no deseamos nada más que servir a Dios, porque ya no es la ley sino el amor lo que nos mueve. Muchas cosas que haríamos de mala gana si se nos obligara son un privilegio cuando amamos. El amor viste de gloria las más humildes tareas. «En el servicio de Dios encontramos la perfecta libertad.»

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