2 Corintios 12: El aguijón y la gracia

Se está expuesto a toda clase de envidias. ¡Feliz el que tiene ayudantes en los que puede confiar como confiaría en su propia alma! Pablo los necesitaba, y los tenía. Cristo también los necesita.

Una iglesia que no es cristiana

A lo mejor os habéis creído que era ante vosotros ante quienes hemos estado presentando nuestra defensa. ¡Hemos hablado delante de Dios, en Cristo! Todo lo que hemos dicho, amados hermanos, ha sido para vuestra edificación; porque me temo que, cuando vaya por ahí, no os voy a encontrar como yo quisiera, ni vosotros tampoco me vais a encontrar a mí como quisierais. Me temo que, cuando vaya, haya entre vosotros peleas, envidias, ataques de ira, actitudes mercenarias, críticas, murmuraciones, toda clase de soberbia y de desorden. Me temo que, cuando vaya, Dios me va a humillar delante de vosotros y voy a tener que hacer duelo por muchos de esos que ya antes pecaron y que no se han arrepentido todavía de la impureza, de la fornicación y de la inmundicia en que han vivido.

Al acercarse al final de su defensa hay algo que impacta a Pablo. Toda esa lista de cualificaciones y de autodefensas se podrían tomar como si le importara un montón lo que los demás pensaran de él. Nada podía estar más lejos de la realidad.

Mientras Pablo supiera que estaba en paz con Dios, no le preocupaba lo que la gente pensara, y lo que había dicho no se debía tomar como un intento de ganar su aprobación. En cierta ocasión, Abraham Lincoln y sus consejeros habían hecho una decisión importante. Uno de los consejeros dijo: «Bueno, Señor Presidente, espero que Dios esté de nuestra parte.» A lo que contestó Lincoln: « Lo que me preocupa no es el que Dios esté de nuestra parte, sino si estamos nosotros de parte de Dios.» El objetivo supremo de Pablo era mantenerse en la debida relación con Dios sin importarle lo que la gente pensara o dijera de él.

De ahí pasa a hablar de la. visita que espera hacer a Corinto. Más bien preocupado, les dice que espera no encontrarlos como no quisiera; porque, si así fuera, podían estar seguros de encontrarle ellos también a él como no quisieran. Hay aquí una cierta amenaza. No quiere tomar medidas graves; pero, si fueran necesarias, no las evitaría. Y entonces Pablo menciona las características de lo que podría ser una iglesia que no tuviera nada de cristiana.

(i) Tiene peleas (éris). Esta es una palabra de las batallas. Denota rivalidad y competencia, discordia sobre la posición y el prestigio. Es característica de la persona que se ha olvidado de que sólo el que se humilla es ensalzado.

(ii) Tiene envidias (zélos). Esta es una gran palabra que ha venido a menos en el mundo. Originalmente describía una gran emoción: la de la persona que contempla con admiración una vida noble o una acción generosa y se siente movido a emularlas.Pero de tratar de seguir los buenos ejemplos se pasa a veces a envidiarlos, a desear tener lo que no nos corresponde, y se mira con malos ojos el que otros posean algo que se nos niega a nosotros. La emulación de cosas buenas es una cualidad noble; pero la envidia es la característica de una mentalidad mezquina.

(iii) Tiene ataques de ira (thymoí). Esta palabra no denota una indignación controlada y prolongada, sino explosiones repentinas y acaloradas de rabia. Es la clase de ira que Basilio describía como la intoxicación del alma que arrastra a una persona a hacer cosas de las que luego se siente amargamente avergonzada. Los antiguos decían que tales explosiones de rabia eran más características de las bestias que de los seres humanos. La bestia no se puede controlar; la persona debería poder; y, cuando la pasión nos arrebata, nos parecemos más a las bestias irracionales y salvajes que a las personas racionales y civilizadas que se supone que somos.

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