Jeremías 48: Profecía acerca de Moab

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Consternación de Moab por la devastación

El estilo es incisivo y nervioso. El profeta ve ya en marcha al devastador implacable, instrumento de la cólera divina. A los ojos del profeta aparecen las ciudades y la campiña bajo el efecto de la devastación más cruel. Para reflejar el nerviosismo de la situación, tan pronto aparece hablando Yahvé como el profeta y los habitantes de Moab. El enemigo ha llegado inesperadamente a Nebo, localidad junto al monte del mismo nombre, desde el cual Moisés contempló la tierra de promisión, identificada con Jhbet el-Mja-yet. Qiriatayim es el actual Jirbet el-Qureytat, a 21 kilómetros al sudoeste de Mádaba 8. Hesebón es el actual Hesbán, a 12 kilómetros al norte de Mádaba, a 30 kilómetros al este del Jordán. El profeta supone que el enemigo ya ha llegado a Hesebón y que allí tiene un consejo de guerra para ulteriores planes de invasión: En Hesebón se trama su mal: ¡Borrémosla de entre los pueblos!. Los invasores han decidido la destrucción total de Moab. Madmen, quizá las actuales ruinas de Dimne, a cuatro kilómetros al noroeste de Rabba , aunque muchos autores creen que es una variante del nombre Dimón o Dibón, la ciudad principal del Moab septentrional. La devastación ha llegado al corazón del reino: tras ti caminará la espada.

La devastación ha llegado ya al sur: Gritos se oyen en Jorondyim, en la costa sudeste del mar Muerto. En aquella zona estaba también Segor o Soar, una de las ciudades de la Pentápolis bíblica, la única salvada del cataclismo narrado por Genesis19:20. Pero más tarde, como consecuencia de un terremoto, fue anegada por las aguas. La consternación ha llegado, pues, hasta los confines meridionales de Moab. Lujit parece ser la actual Djebel el-Witat, correspondiente al Lejitu de la inscripción nabatea de Mádaba.

La situación es tan desesperada que se invita a la precipitada huida: salvaos, sed como el onagro en el desierto. El asno salvaje, u onagro, era famoso por sus ansias de libertad y por su facilidad en huir de los cazadores. La imagen, pues, es muy apropiada para representar a los moabitas, sueltos por las estepas de Moab, aturdidos ante las noticias del ataque enemigo. La razón del castigo enviado por Yahvé radica en su orgullo y su autosuficiencia, pues se creían seguros en sus obras; tesoros. Tenía una posición estratégica buena para la defensa. Pero de nada le servirán sus muchas fortalezas, pues hasta su dios nacional, Gamos, saldrá para el destierro, y con él las fuerzas vivas de la nación, los sacerdotes y los magnates. La frase tiene un sentido irónico. Los moabitas, confiados en el poder de su dios y en sus recursos, se creían a salvo de todo peligro; pero Gamos, como los dioses de otras naciones, será llevado como trofeo de victoria por los vencedores en trágico cortejo con sus adoradores. La devastación será completa. Tanto su valle o depresión del Jordán, al norte del mar Muerto, como su llano, o altiplanicie, serán arrasados, y todo como consecuencia de un decreto del Dios de Judá: Yahvé lo ha dicho. El Dios de los judíos ejercía un poder omnímodo aun sobre los otros pueblos, y en este sentido dirige la historia de todos los reinos del universo. De nuevo el profeta hace una invitación a la rápida huida: dad alas a Moab para que emprenda el vuelo. La suerte está echada y no hay otra solución que la desbandada general.

El versículo 10, por su forma prosaica, parece una glosa posterior. La guerra contra Moab es considerada como una guerra santa, y, por tanto, el ejército invasor es un instrumento de la ira divina. No cumplir sus designios es oponerse al mismo Dios; por eso el hagió-grafo dice con todo vigor: ¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé y maldito el que retraiga la espada de la sangre!. Es Yahvé el que le ha escogido y le ha dado las armas, y no puede retraerse. En Jueces 5:23 se dice que sea maldito quien no participe en la guerra santa de liberación contra los enemigos de Israel. Es necesario tener en cuenta la concepción teocrática y la propensión a las frases radicales de los orientales para comprender estas expresiones, que a nuestra sensibilidad cristiana nos resultan demasiado feroces. No debemos olvidar que el hagiógrafo pertenece a un estadio de la revelación aún muy rudimentario, en el que la caridad de Cristo todavía estaba muy lejos de ser el centro de la misma verdad religiosa.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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