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Pro 13: El hijo sabio recibe el consejo del padre

Pastor Lionel

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Proverbios 13:24 El que no aplica el castigo aborrece a su hijo; el que lo ama, lo corrige a tiempo.[u]

La disciplina correctiva para los rebeldes, Orden Familiar. La disciplina es la otra cara de la enseñanza. Aun los niños con un espíritu de aprendizaje necesitan explicaciones detalladas, mucha paciencia, oportunidades para entrenarse y experimentar, así como el derecho a aprender mediante sus errores. Pero un niño consentido, rebelde o terco, se desentiende de lo que le han enseñado y rompe la armonía familiar. La respuesta divina a ello es la disciplina firme y amorosa.

La Biblia hace una clara distinción entre la disciplina y el abuso físico. La disciplina puede ser dolorosa, pero no perjudicial. Nunca debemos hacer daño a un niño, aunque en ocasiones el dolor puede formar parte de una corrección efectiva. Dios mismo se describe como un partidario estricto de la disciplina. Aunque siempre nos disciplina por amor y para beneficio nuestro, su corrección puede causarnos dolor. De igual manera, Dios exige que los padres disciplinen correctamente a sus hijos. Hasta el destino eterno del niño puede depender de la disciplina provista por sus padres

No es fácil para un padre amoroso disciplinar a su hijo, pero es necesario. La responsabilidad más grande que Dios da a los padres es criar y dirigir a sus hijos. La falta de disciplina pone en duda el amor del padre debido a que muestra despreocupación por el desarrollo del carácter del niño. Disciplinar a los hijos evita un desastre de gran alcance. Sin corrección, los niños crecen sin un claro entendimiento del bien y del mal, y con poca dirección en sus vidas. No tema disciplinar a sus hijos. Es un acto de amor. Recuerde, sin embargo, que sus esfuerzos no pueden hacer a sus hijos sabios. ¡Solo los alientan a buscar la sabiduría de Dios por encima de cualquier cosa!

Proverbios 13:25 El justo come hasta saciarse, pero el vientre de los malvados quedará vacío.[v]

Los no sabios

El versículo 1 repite el tema del hijo sabio. La primera parte del versículo no tiene un verbo, aumentando de ese modo la relación íntima: El hijo sabio — la disciplina del padre (está ausente la madre como en 1:8; 6:20; 10:1, aunque toda la segunda parte es un poco distinta que las otras segundas partes antitéticas). Al contrario, el burlador, el que desprecia a los demás, no escucha la corrección o “advertencia”. Entonces, el hijo sabio se relaciona íntimamente con la disciplina paternal, mientras el burlador que desprecia a otros no escucha la advertencia (pone distancia entre él y la reprensión).

El versículo 2 contrapone los caracteres del hombre de buenas palabras y del traicionero. Por un lado, el hombre de buenas palabras comerá (un juego con las buenas palabras) o “aprovechará” su habla, resultando en el bien. Por otra parte, el traicionero. Poner la segunda parte en una relación antitética significaría agregar un verbo para mostrar que “la violencia” es la consecuencia del traicionero, y no la actitud (ver 11:23). Sin embargo, mejor decir que “el apetito” del traicionero es la violencia (pues la busca). La primera parte del versículo ha repetido la primera parte Deuteronomio 12:14.

El versículo 3 repite el tema del dominio propio en el campo del habla. En el texto hebreo hay una aliteración de consonantes y sonidos en el versículo. Los dichos “por la boca muere el pez” y “en boca cerrada no entran moscas” son apropiados. Por un lado, el hombre que habla poco, piensa y vive; y por el otro lado, el que habla mucho, sin pensar está buscando su propia destrucción. Una palabra mal dicha puede causar un daño irreparable.

En el versículo 4 sigue la unión entre los versículos por la palabra nepesh (alma en el versículo 2; vida en el versículo 3; alma en el versículo 4). Por un lado, se ve el “deseo” del perezoso y ¡Nada! (la palabra alcanza se agrega para completar el versículo). Al contrario, el diligente llegará a la gordura, es decir, tener en exceso. Por lo tanto, el verbo está en la forma pual que intensifica la acción, así el diligente llegará a la “suma” gordura (la inmensa prosperidad).

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