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1 Timoteo 6: El peligro del amor al dinero

Pastor Lionel

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Una fe que transmitir

Oh Timoteo, guarda el depósito que se te ha confiado. Rehuye la charla irreligiosa vacía; y las paradojas de ese conocimiento que no merece llamarse conocimiento, que algunos han profesado, haciendo lo cual han perdido el objetivo de la fe. La gracia sea contigo.

Bien puede ser que el nombre Timoteo se use aquí en la plenitud de su sentido. Viene de dos palabras griegas, Timán, honrar, y Theós, Dios, y quiere decir literalmente el que honra a Dios. Bien puede ser que este último pasaje empiece recordándole a Timoteo su nombre y animándole a serle fiel.

El pasaje habla de el depósito que se le ha encomendado. La palabra griega para depósito es parathéké. Es la palabra para el dinero que se deposita en un banco o que se le confía a un amigo. Cuando tal dinero se pedía que se devolviera, era un deber sagrado el devolverlo totalmente. Algunas veces los hijos se llamaban un parathéké, un depósito sagrado. Si los dioses le daban a un hombre un hijo, era su deber presentárselo a los dioses entrenado y equipado.

La fe cristiana es así: algo que hemos recibido de nuestros padres en la fe, y que debemos pasar a nuestros hijos. E. F. Brown cita un famoso pasaje de San Vicente de Lerins: «¿Qué se quiere decir por el depósito? (Paratheke). Lo que se te ha encomendado, no lo que tú te has inventado; lo que has recibido, no lo que tú has programado; algo no de la imaginación, sino de la enseñanza; no una suposición privada, sino una tradición pública; una cosa que se te ha traído, y no que la has traído tú; de la cual no eres el autor, sino el guardador; no el director, sino el seguidor. Guarda el depósito. Conserva el talento de la fe católica a salvo y sin merma; que lo que se te ha confiado permanezca contigo, y entrégalo. Has recibido oro, devuelve oro.»

Uno hace bien en recordar que tiene un deber no solamente consigo mismo sino también con sus hijos y los hijos de sus hijos. Si en nuestro tiempo la Iglesia se fuera debilitando; si la ética cristiana se fuera sumergiendo más en el mundo; si la fe cristiana se fuera tergiversando y distorsionando, no seríamos nosotros los únicos perdedores, sino se verían privados de algo infinitamente precioso los de las generaciones por venir. No somos sólo poseedores, sino también depositarios de la fe. Lo que hemos recibido también debemos transmitirlo sin merma ni deterioro.

Por último, las Pastorales condenan a los que, como dice la versión Reina-Valera, se han entregado a las oposiciones de la falsamente llamada ciencia. Primero, debemos fijarnos en que aquí la palabra ciencia se usa en su sentido original; quiere decir sencillamente conocimiento (gnósis). Lo que se está condenando es un falso intelectualismo y un falso énfasis en el conocimiento humano.

Pero, ¿qué se quiere decir con oposiciones? La palabra griega es antitheseis. Mucho más tarde de esto hubo un hereje llamado Marción que produjo un libro llamado Las antitheseis en el que citaba textos del Antiguo Testamento y colocaba al lado textos del Nuevo Testamento que los contradecían. Esto podría querer decir muy bien: « No pierdas el tiempo buscando contradicciones en la Escritura. Usa las Escrituras como norma de vida y no como tema de discusión.» Pero hay dos sentidos más probables que éste.

(i) La palabra antíthesis podría querer decir controversia; y entonces esto querría decir: «Evita las controversias, no te mezcles en discusiones inútiles y amargas.» Éste podría ser un consejo muy relevante a una congregación griega de Éfeso. Los griegos tenían verdadera pasión por ir a los tribunales. Pleiteaban hasta entre hermanos, simplemente por gusto. Esto .puede querer decir: « No convirtáis la Iglesia en un campo de batalla de discusiones y debates teológicos. El Cristianismo no es algo para discutir, sino para vivir.»

(ii) La palabra antithesis puede querer decir una tesis rival. Éste es el sentido más probable, porque se adapta igualmente a los judíos y a los gentiles. Los escolásticos de días posteriores solían discutir acerca de cuestiones: «¿Cuántos ángeles pueden estar en la punta de una aguja?» Los rabinos judíos discutían sobre puntos de la Ley horas y días y hasta años cortando pelos longitudinalmente y trenzándolos. Los griegos hacían lo mismo, solamente que de una manera todavía más seria. Hubo una escuela de filósofos griegos que fue muy influyente, llamada los académicos, que mantenían que en el caso de cualquier cosa perteneciente al reino del pensamiento humano se podía llegar a conclusiones exactamente opuestas por medio de un razonamiento lógico. Por tanto concluían que no hay tal cosa como una verdad absoluta; que siempre hay dos hipótesis de igual peso. Pasaban a defender que, siendo así las cosas, el sabio nunca se decidirá totalmente acerca de nada, sino se mantendrá siempre en un estado de juicio en suspenso. El efecto era por supuesto paralizar toda acción y reducir a los hombres a una total incertidumbre. Así es que se le dijo a Timoteo: «No pierdas el tiempo en discusiones sutiles, en «esgrima mental.» No te pases de listo para ser sabio. Escucha más bien la voz inequívoca de Dios que las sutiles discusiones de los superintelectuales.»

Así es que la carta se acerca a su fin con una advertencia que necesita nuestra propia generación. El razonamiento inteligente no puede ser nunca el sustituto de la acción cristiana. El deber del cristiano no es sentarse en su estudio y sopesar argumentos, sino vivir la vida cristiana en el polvo y el calor del mundo. Lo que cuenta no es la listeza intelectual sino la conducta y el carácter. Y entonces llega la bendición final: «Que la Gracia sea contigo.» La carta finaliza con la belleza de la Gracia de Dios.

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