1 Pedro 1: La gran herencia

(ii) Jesucristo personifica el eterno propósito de Dios. Fue antes de la creación del mundo cuando fue predestinado para la Obra que se Le encomendó (versículo 20). Aquí tenemos un gran pensamiento. A veces tendemos a pensar en Dios primero como Creador y luego como Redentor, como si Él hubiera creado el mundo y después, cuando se Le rebeló, encontró la manera de rescatarlo mediante Jesucristo. Pero aquí se nos presenta a Dios como Redentor antes de ser Creador. Su propósito redentor no fue una salida de emergencia a la que se vio obligado cuando las cosas se Le pusieron mal; estaba ahí desde el principio, desde antes de la Creación.

(iii) Pedro tiene un curso de pensamiento que es general en todo el Nuevo Testamento. Jesucristo no es sólo el Cordero que fue sacrificado: es también el Resucitado y el Triunfador a Quien Dios dio la gloria. Los pensadores del Nuevo Testamento rara vez separan la Cruz de la Resurrección; rara vez piensan en el sacrificio de Cristo sin pensar en Su triunfo. Edward Rogers, en su libro Para que tengan Vida, nos dice que en una ocasión recorrió atentamente toda la historia de la Pasión y la Resurrección de Cristo para encontrar la manera de representarla dramáticamente; y prosigue: «Empecé a darme cuenta de que hay algo equivocado sutil y trágicamente en cualquier énfasis que se haga en la agonía de la Cruz que pudiera nublar la gloria de la Resurrección, cualquier sugerencia de -que lo que aseguró la salvación del mundo fue el dolor soportado pacientemente más bien que el amor triunfador de la vida y de la muerte.» Se pregunta dónde concentran la mirada los creyentes desde el principio de la cuaresma, qué es lo que más vemos. « ¿Es la oscuridad que cubrió la Tierra al mediodía, rodeando el dolor y la angustia de la Cruz? ¿O es la deslumbradora misteriosa brillantez del amanecer que irradió desde la tumba vacía?» Y sigue: «Hay formas de predicación evangélica seria y devota, y de obras teológicas que dan la impresión de que, de alguna manera, la Cruz ha ensombrecido la Resurrección, y que todo el propósito de Dios se cumplió en el Calvario. La verdad, que se nubla a nuestro grave riesgo espiritual, es que la Crucifixión no se puede interpretar ni entender más que a la luz de la Resurrección.»

Con Su muerte Cristo emancipó a la humanidad de la esclavitud al pecado y la muerte; pero con Su Resurrección le da una vida gloriosa e indestructible como la Suya. Su Resurrección nos da fe y esperanza en Dios (versículo 21).

En este pasaje vemos a Jesús como el gran Emancipador al precio del Calvario; vemos en Jesús el eterno propósito redentor de Dios; vemos a Jesús como el Vencedor glorioso de la muerte y Señor de la vida, el dador de la vida que la muerte no puede tocar, y de una esperanza que nada puede arrebatar.

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