1 Pedro 1: La gran herencia

(i) Se nos dicen dos cosas de los profetas. La primera, que inquirieron e indagaron sobre la Salvación que iba a venir. La segunda, el Espíritu de Cristo que estaba en ellos les habló acerca de Cristo. Aquí tenemos la gran verdad de que la inspiración depende de dos cosas: la mente investigadora de la persona, y el Espíritu revelador de Dios. Se solía decir a veces que los que escribieron las Sagradas Escrituras eran como plumas en las manos de Dios, o como flautas por las que soplaba el Espíritu o liras por las que Se movía. Es decir: se afirmaba que no eran más que.instrumentos, casi inconscientes, en las manos de Dios. Pero este pasaje nos dice que la verdad de Dios sólo viene al que la busca. En la ‹inspiración hay un elemento humano, y otro divino; es el producto, a la vez, de la búsqueda de la mente humana y de la revelación del Espíritu de Dios. Además, este pasaje nos dice que el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, siempre ha estado activo en el mundo. Siempre que las personas han vislumbrado la belleza, o han alcanzado la verdad, o han- sentido el anhelo de Dios, era por la acción del Espíritu .de Cristo. Nunca ha habido ningún momento en la historia de una nación cuando el Espíritu Santo no estuviera moviendo a las personas a buscar a Dios, y guiándolas para que Le encontraran. Algunas veces la gente estaba ciega y sorda, o malentendían esa dirección; a veces no captaba más que fragmentos de ella; pero siempre el Espíritu revelador estaba guiando a la mente buscadora.

(ii) Este pasaje nos dice que los profetas hablaron de los sufrimientos y de la gloria de Cristo. Pasajes tales como el Salmo 22 e Isaías 52:13 – 53:12 encontraron su consumación y cumplimiento en los sufrimientos de Cristo. Pasajes tales como los Salmos 2, 16:8-11, o 110 encontraron su cumplimiento en la gloria y el triunfo de Cristo. No tenemos que creer que los profetas tuvieron visiones del Hombre Jesús de manera anticipada. Lo que sí previeron fue que Uno vendría un día en Quien se harían realidad y cumplirían sus sueños y visiones.

(iii) Este pasaje nos dice para quién hablaron los profetas. Era el mensaje de la gloriosa liberación de Dios lo que ellos trajeron a la humanidad. Esa era una liberación que ellos mismos no llegaron a experimentar. A veces Dios le da una visión a una persona, pero le dice: «¡Pero todavía no!» Llevó a Moisés a la cima del Pisga, y le mostró toda la Tierra Prometida y le dijo: «Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá» (Deuteronomio 34:1-4). Alguien cuenta que a la caída de la tarde había un ciego encendiendo las farolas. Iba guiándose con el bastón de farola en farola llevando una luz que él mismo no habría de ver. Como los profetas sabían, era un gran privilegio tener una visión, aunque su cumplimiento fuera para otros en el futuro.

El mensaje del predicador

Este pasaje nos habla, no sólo de las visiones de los profetas, sino también del mensaje de los predicadores. Habían sido los predicadores los que habían llevado el mensaje de Salvación a los lectores de la carta de Pedro.

(i) Nos dice que predicar es anunciar la Salvación. La predicación puede cambiar de sistema o de aspecto según los tiempos, pero fundamentalmente es la proclamación del Evangelio, la Buena Noticia. Puede que el predicador tenga a veces que advertir, amenazar y condenar; puede que tenga que recordarles a las personas que hay tal cosa como el juicio y la ira de Dios; pero básicamente, por encima de todo, su mensaje es el anuncio de la Salvación.

(ii) Nos dice que predicar es por medio del Espíritu Santo enviado del Cielo. El mensaje del predicador no es algo suyo, sino que le es dado. Él presenta, no sus propias opiniones y hasta prejuicios, sino la verdad que le ha dado el Espíritu Santo. Como el profeta, tendrá que indagar e inquirir, que estudiar y que aprender; pero debe fundamentalmente esperar que le llegue la dirección del Espíritu Santo.

(iii) Nos dice que el mensaje del predicador es acerca de cosas que los ángeles querrían vislumbrar. Es inexcusable la trivialidad en la predicación. No hay disculpas para presentar un mensaje embadurnado de tierra y desamable, sin interés ni emoción. La Salvación de Dios es una cosa tremenda.

Es con el mensaje de Salvación y la inspiración del Espíritu de Cristo como debe siempre presentarse el predicador.

La virilidad necesaria para la fe cristiana

Así que, ceñid los lomos de vuestro entendimiento; sed sobrios; llegad ala decisión final de poner vuestra esperanza en la gracia que se os va a traer cuando Se revele Jesucristo.

Pedro ha estado hablando acerca de la grandeza y la gloria que el cristiano espera; pero el cristiano no puede nunca perderse en sueños de futuro; tiene siempre que ser viril en la batalla del presente. Así es que Pedro le envía a su gente tres desafíos.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario