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lectura de hoy
julio 13, 2020 11:28 AM

1 Pedro 4: La obligación del cristiano

(i) El mirar sobre lo de otro puede ser mirarlo con ojos codiciosos. Así es como tanto la biblia latina como Calvino tomaron esta palabra: que el cristiano no debe ser codicioso

(ii) El mirar sobre lo que le pertenece a otro bien puede querer decir estar más interesado de la cuenta en los negocios ajenos y ser un fastidioso metomentodo. Ese es con mucho el sentido más probable. Hay cristianos que hacen un montón de daño con sus intromisiones y críticas erróneas. Esto querría decir que el cristiano no debe ser un zascandil metomentodo. Eso tiene sentido y ofrece, creemos, el mejor sentido.

(iii) Hay una tercera posibilidad. Al.lotrios quiere decir lo que pertenece a otro; es decir, lo que a uno le es extraño. Siguiendo esta idea, al.lotriepískopos querría decir supervisar lo que le es extraño a uno. Lo cual se podría referir a un cristiano que se mete en asuntos que no corresponden a la vida cristiana. Eso querría decir que un cristiano nunca debería inmiscuirse en cosas que son ajenas a la vida que debería vivir. Aunque los tres sentidos son posibles, creemos que el tercero es el correcto.

La enseñanza de Pedro es que si un cristiano tiene que sufrir por Cristo, debe ser de tal manera que su sufrimiento traiga gloria a Dios y al nombre que lleva. Su vida y conducta deben ser la mejor demostración de que no merece el sufrimiento que le ha sobrevenido, y su actitud hacia él debe honrar el nombre que lleva de cristiano.

Dejar toda la vida en las manos de diosa

Porque ya es hora de que empiece el juicio por la casa de Dios. Y, si empieza por nosotros, ¿en qué acabarán los que no hacen caso de la Buena Noticia que nos ha venido de Dios? Y, si el justo se salva por los pelos, ¿dónde irán a parar el impío y el pecador? Así que, los que sufran por vivir conforme a la voluntad de Dios, que Le encomienden sus almas al Que es nuestro Creador y de Quien podemos depender, y que sigan haciendo el bien.

Tal como Pedro lo veía, era tanto más necesario el que el cristiano hiciera lo que es debido por cuanto el juicio estaba a punto de empezar.

Y empezaría por la casa de Dios. Ezequiel oyó la voz de Dios proclamando el juicio de Su pueblo: «Y comenzaréis por Mi santuario» (Ezequiel 9:6). Donde se ha tenido el mayor privilegio, el juicio será el más severo.

Si el juicio ha de recaer sobre la casa de Dios, ¿cuál será la suerte de los que han sido totalmente desobedientes a la invitación y al mandamiento de Dios? Pedro confirma esta llamada con una cita de Proverbios 11:31: «Si el justo recibe su merecido en la tierra, ¡cuánto más el malvado y el pecador!»

Por último, Pedro exhorta a los suyos a confiarle sus vidas a Dios, el Creador en Quién pueden confiar de veras. La palabra que usa para confiar es paratíthesthai, que es el término técnico para depositar dinero con un amigo de confianza. En la antigüedad no había bancos, y pocos lugares realmente seguros donde uno pudiera depositar dinero. Así que, antes de emprender un largo viaje, muchos solían dejar su dinero al cuidado de un amigo de confianza. Tal depósito se consideraba una de las cosas más sagradas de la vida. El amigo estaba totalmente comprometido por su honor y su religión a devolver el depósito intacto.

Heródoto (6:86) cuenta la historia de uno de esos depósitos. Cierto milesio fue a Esparta, porque había oído que los espartanos cumplían estrictamente con su honor, y le confió su dinero a un cierto Glauco. Le dijo que a su debido tiempo sus hijos lo reclamarían, presentando pruebas que identificaran su identidad sin dejar lugar a dudas. Pasó el tiempo, y los hijos se presentaron. Traicioneramente, Glauco dijo que no se acordaba de que se le confiara ningún dinero, y dijo que necesitaba cuatro meses para pensárselo. Los milesios partieron, tristes y apesadumbrados. Glauco consultó a los dioses lo que debía hacer, y le advirtieron que tenía que devolver el dinero. Así lo hizo; pero al cabo de no mucho tiempo murió, y toda su familia le siguió, y en los días de Heródoto no quedaba vivo ni un solo miembro de su familia, porque los dioses se habían ofendido de que hubiera contemplado quebrantar la confianza que se había depositado en él. Aun pensar en incumplir tal confianza era un pecado mortal.

Si una persona se encomienda a Dios; Dios no le fallará. Si un depósito así era sagrado para los hombres, ¡cuánto más para Dios! Esta es la misma palabra que usó Jesús cuando dijo en la. Cruz: «Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu» (Lucas 2146). Jésús .no vaciló en confiarle Su vida a Dios, seguro de que no Le fallaría… y nosotros podemos hacer lo mismo. El añejo consejo sigue siendo un buen consejo: «confía en Dios, y obra como es debido.»

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