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julio 13, 2020 10:17 AM

1 Pedro 4: La obligación del cristiano

(ii) Los dones que tenga una persona debe ponerlos sin regañadientes al servicio de la comunidad. Esta es también una idea favorita del Nuevo Testamento que Pablo expande en Romanos 12:3-8 y 1 Corintios 2:12. La iglesia necesita todos los dones que pueda tener una persona. Puede que sea el de hablar en público, el de la música, el de la habilidad para visitar. Puede ser una habilidad o maña que se puede usar en el servicio práctico de la iglesia. Puede que sea una casa que alguien tenga, o el dinero que ha heredado. No hay dones que no se puedan poner al servicio de Cristo.

El cristiano tiene que considerarse un administrador de Dios. En el mundo antiguo, el administrador era muy importante. Puede que fuera un esclavo, pero tenía en sus manos la hacienda de su amo. Había dos clases principales de administradores: El dispensator, el mayordomo que era responsable de todos los asuntos domésticos de la familia y repartía las provisiones de la casa; y el vilicus, que estaba a cargo de todos los negocios de su amo y actuaba en su representación con sus arrendatarios. El mayordomo sabía muy bien que ninguna de esas cosas sobre las que ejercía control le pertenecía; todas pertenecían a su amo. Y de todo lo que hacía tenía que dar cuenta a su amo, cuyos intereses debía servir.

El cristiano siempre debe tener la convicción de que nada de lo que posee de bienes materiales o de cualidades personales es suyo propio; todo pertenece a Dios y debe usarlo en el interés de Dios ante Quien siempre es responsable.

La fuente y el objetivo de todo esfuerzo cristiano

El que tiene el ministerio de la Palabra, que hable comunicando dichos enviados de Dios. El que presta un servicio cualquiera, que lo realice como el que lo ha recibido de la fuerza que Dios suple, de manera que Dios reciba la gloria en todas las cosas que se hacen mediante Jesucristo, a Quien pertenecen la gloria y el poder por siempre jamás. Amén.

Pedro está pensando en las dos grandes actividades de la iglesia cristiana: la predicación y el servicio cristiano. La palabra que usa para dichos es loguía. Esta es una palabra con un trasfondo divino. Los paganos la usaban para los oráculos que les venían de sus dioses; los cristianos la usaban para las palabras de la Escritura y de Cristo. Pedro está diciendo: «Si uno tiene el ministerio de la predicación, que no lo ejerza ofreciendo sus opiniones particulares o propagando sus propios prejuicios, sino como el que transmite un mensaje de Dios.» Se dijo de un gran predicador: «Primero escuchaba a Dios, y entonces hablaba a la gente.» Se decía de otro que, de cuando en cuando se paraba, «como para escuchar una voz.» Aquí está el secreto del poder de la predicación.

Pedro sigue diciendo que si un cristiano se ocupa del servicio práctico debe cumplirlo con la fuerza que Dios suple. Es como si dijera: «Cuando te has comprometido a realizar un servicio cristiano, no debes hacerlo como si estuvieras prestando un favor personal o distribuyendo bienes de tu propio almacén, sino siendo consciente de que lo que das lo has recibido tú antes de Dios.» Tal actitud protege al que da, del orgullo, y al que recibe, de la humillación.

La finalidad de todo es que Dios sea glorificado. La predicación no se hace para que el predicador despliegue sus cualidades sino para poner a la gente cara a cara con Dios. El servicio no se otorga para conferir prestigio al dador sino para volver los pensamientos de las personas a Dios. E. G. Selwyn nos recuerda que el lema de la gran orden benedictina son cuatro letras: IOGD, (ut) in omnibus glorificetur Deus (para que en todas las cosas Dios sea glorificado). Una nueva gracia y gloria entrarían en la iglesia si todos los miembros dejaran de hacer las cosas por sí mismos y las hicieran para Dios.

La persecución inevitable

Queridos hermanos: No toméis la prueba de fuego que estáis pasando y que os ha sobrevenido para poneros a prueba como nada extraño; como si fuera algo del otro mundo; sino estad contentos de compartir los sufrimientos de Cristo, porque así podréis participar de la felicidad total cuando se revele Su gloria.

Sería natural que la persecución fuera una experiencia mucho más demoledora para los gentiles que para los judíos. Un gentil medio tendría muy poca experiencia de ella; pero los judíos habían sido siempre el pueblo más perseguido de la Tierra. Pedro está escribiendo a cristianos que eran gentiles, y tenía que tratar de ayudarlos mostrándoles la persecución en sus auténticos colores. Nunca es fácil ser cristiano. La vida cristiana conlleva su propio aislamiento, su propia impopularidad, sus propios problemas, sus propios sacrificios y sus propias persecuciones. Conviene, por tanto, tener en mente ciertos grandes principios.

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