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lectura de hoy
julio 13, 2020 9:42 AM

1 Pedro 4: La obligación del cristiano

(i) Puede querer decir que nuestro amor puede pasar por alto muchos pecados. « El amor cubrirá todas las faltas,» dice el escritor de Proverbios (10:12). Si amamos a una persona, nos es fácil perdonar. No es que el amor es ciego, sino que ama a la persona tal como es. Con amor resulta fácil tener paciencia. Es mucho más fácil tener paciencia con nuestros hijos que con los de los extraños. Si amamos de veras a nuestros semejantes, podemos aceptar sus faltas, y soportar su cortedad, y hasta su descortesía. Es verdad que el amor puede cubrir una multitud de pecados.

(ii) Puede querer decir que, si amamos a otros, Dios pasará por alto una multitud de pecados en nosotros. En la vida nos encontramos con dos clases de personas. Nos encontramos con algunos que no tienen faltasen las que se pueda poner el dedo; son morales, ortodoxos, y supremamente respetables; pero son duros y austeros e incapaces de entender por qué otros hacen equivocaciones y caen en pecado. También nos encontramos con algunos que tienen toda clase de faltas; pero son amables y simpáticos, y rara vez o nunca condenan. Es con la segunda clase de personas con la que uno se siente naturalmente en simpatía; y con toda reverencia podemos decir que así pasa con Dios. El perdonará mucho a la persona que ama a sus sémejantes.

(iii) Puede querer decir que el amor de Dios cubre la multitud de nuestros pecados. Es bendita y profundamente cierto. Es la maravilla de la Gracia el que, pecadores como somos, Dios nos ama; por eso envió a Su Hijo.

La responsabilidad cristiana

Sed hospitalarios unos con otros sin echarlo en cara nunca. Conforme cada cual haya recibido un don de Dios, que todos los usen en el servicio de los demás como buenos administradores de la gracia de Dios.

La mente de Pedro está dominada en esta sección por la convicción de que el fin de todas las cosas está cerca. Es sumamente interesante y significativo notar que no usa esa convicción para exhortar a la gente a que se retire del mundo y entre en una especie de campaña privada para salvar su propia alma; la usa para exhortar a entrar en el mundo y servir a nuestros semejantes.

Tal como Pedro lo ve una persona será feliz si el final la encuentra, no viviendo como un ermitaño, sino sumergida en el mundo sirviendo a sus semejantes.

(i) En primer lugar, Pedro exhorta a su gente a practicar el deber de la hospitalidad. Sin hospitalidad la Iglesia Primitiva no podría haber existido. Los misioneros ambulantes que extendieron la buena noticia del Evangelio tenían que encontrar algún sitio donde parar, y no podía ser más que en los hogares de los cristianos. Las posadas que había eran imposiblemente caras, asquerosamente sucias y notoriamente inmorales. Así que encontramos a Pedro alojándose con un cierto Simón curtidor (Hechos 10:6), y Pablo y su compañía con un cierto Mnasón, de Chipre, uno de los primeros discípulos (Hechos 21:16). Muchos hermanos anónimos de la Iglesia Primitiva hicieron posible la obra misionera abriendo la puertas de su hogar. No eran los misioneros los únicos que necesitaban hospitalidad; las iglesias locales también. Durante doscientos años no hubo tal cosa como edificios de iglesia. La congregación se veía obligada a reunirse en la casa de los que tuvieran habitaciones grandes y estuvieran dispuestos a prestarlas para los cultos. Así leemos de la iglesia que estaba en la casa de Áquila y Prisquilla (Romanos 16:5; 1 Corintios 16:19), y de la iglesia que estaba en la casa de Filemón (Filemón 2). Si no hubiera sido por la hospitalidad de aquellos que estaban dispuestos ofrecer sus hogares la Iglesia original no se habría podido reunir para hacer el culto. No nos sorprende que una y otra vez se recuerde en el Nuevo Testamento a los cristianos el deber de la hospitalidad. El cristiano debe entregarse a la hospitalidad (Romanos 12:13). El obispo debe practicar la hospitalidad,(] Timoteo 3:2). Las viudas de la iglesia deben haber alojado a extranjeros (1 Timoteo 5:10). El cristiano no debe olvidar acoger a extranjeros y debe recordar que algunos que lo hicieron recibieron en sus casas a ángeles sin darse cuenta (Hebreos 13:2). El obispo debe amar la hospitalidad (Tito 1:8). Y debemos recordar siempre que se les dijo a los de la mano derecha: «Fui extranjero, y me disteis la bienvenida;» mientras que la condenación de los de la izquierda fue, entre otras cosas, porque: «Fui un extranjero y no me disteis la bienvenida» (Mateo 25: 35, 43). En sus primeros días, la iglesia dependía de la hospitalidad de sus miembros; y hasta el día de hoy, no se puede hace nada mejor que dar la bienvenida en un hogar cristiano a un extranjero en un lugar extraño.

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