1 Juan 2: La preocupación de un pastor

(iii) El tercer significado está relacionado con el primero. El verbo quiere decir a menudo realizar alguna obra por la que se quita la mancha de la culpa. Una persona peca; inmediatamente adquiere la mancha del pecado; le hace falta algo que, para usar la metáfora de C. H. Dodd, le desinfecte al hombre de esa mancha, y le permita volver a entrar a la presencia de Dios. En ese sentido hiláskesthai quiere decir, no propiciar, sino expiar; no tanto pacificar a Dios como desinfectar al hombre del contagio del pecado y capacitarle así de nuevo para estar en relación con Dios.

Cuando Juan dice que Jesús es el hilasmós por nuestros pecados está reuniendo en uno todos estos significados diferentes. Jesús es la persona por medio de Quien se eliminan la culpa por los pecados pasados y la infección del pecado presente. La gran verdad básica tras esta palabra es que por medio de Jesucristo se restaura y mantiene la relación con Dios. Notemos todavía otra cosa. Según Juan lo ve, esta obra de Jesús fue realizada, no solamente por nosotros, sino por todo el mundo. Hay en el Nuevo Testamento una línea constante de pensamiento en la que se subraya la universalidad de la Salvación de Dios. De tal manera amó Dios al mundo que envió a Su Hijo (Juan 3:16). Jesús está seguro de que, cuando sea elevado en la Cruz, atraerá a Sí a todos los hombres (Juan 12:32). Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4). Sería una osadía ponerle límites a la gracia y al amor de Dios o a la eficacia de la obra y el sacrificio de Jesucristo. Es verdad que el amor de Dios es más amplio que nuestras ideas, y en el mismo Nuevo Testamento se intuye una Salvación cuyos brazos abarcan a todo el mundo.

El verdadero conocimiento de Dios

Y es por esto por lo que sabemos que hemos llegado a copocerle: si guardamos Sus mandamientos. El que diga: «Yo he llegado a conocerle, » y no guarde Sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no tiene cabida en su vida. El amor de Dios llega a su plenitud en cualquier persona .que guarda Su Palabra. Esta es la manera de saber si estamos en Él: el que pretenda permanecer en él, debe vivir la misma clase de vida que Él vivió.

Este pasaje contiene frases y pensamientos que eran muy familiares en el mundo antiguo. Habla acerca de conocer a Dios, y de estar en Dios. Es importante que veamos dónde está la diferencia entre el mundo pagano en toda su grandeza y el judaísmo y el Cristianismo. Conocer a Dios, permanecer en Dios, tener relación con Dios siempre ha sido el anhelo del corazón humano, porque Agustín tenía razón cuando decía que Dios nos ha hecho para Sí mismo, y que nuestros corazones están inquietos hasta que encuentran su reposo en Él. Podemos decir que en el mundo antiguo había tres lineas de pensamiento en relación con el conocimiento de Dios.

(i) En la gran era clásica de su pensamiento y literatura, en los siglos VI y V antes de Cristo, los griegos estaban convencidos de que podían llegar a Dios por un proceso de razonamiento y búsqueda intelectual. En El mundo del Nuevo Testamento, T. R. Glover tiene un capítulo sobre Los griegos en el que brillante e interesantemente bosqueja el carácter de la mente griega en sus grandes días, cuando los griegos glorificaban el intelecto. « Sería difícil encontrar un pensador más profundo y preciso que Platón,» decía Marshall Macgregor. Jenofonte nos cuenta la conversación que tuvo Sócrates con un joven. «¿Cómo sabes tú eso? -preguntó Sócrates-. ¿Lo sabes de veras, o lo supones?» El joven tuvo que confesar: « Lo supongo.» «Muy bien -respondió Sócrates-. Cuando hayamos pasado del suponer al saber podremos hablar de esto.» Las suposiciones no eran suficientemente buenas para el pensador griego. Para el griego clásico la curiosidad no era un defecto, sino la más grande de las virtudes, porque era la madre de la filosofía. Glover escribe sobre esta actitud: «Hay que examinarlo todo; el mundo entero es el campo de estudio del hombre; no hay pregunta que le sea impropio al hombre hacer; la naturaleza tiene que acabar por dar la cara y responder; Dios mismo tiene que explicarse a Sí mismo; porque, ¿es que no hizo así al hombre?» Para los griegos de la gran era clásica el camino hacia Dios pasaba por la inteligencia. Hay que notar que un enfoque intelectual a la religión no tiene que ser ético por necesidad. Si la religión es una serie de problemas mentales, si Dios es la meta que nos espera al final de una actividad mental intensa, la religión se convierte en algo así como las matemáticas superiores. Llega a ser cuestión de satisfacción intelectual y no de acción moral; y el hecho escueto es que muchos de los grandes pensadores griegos no eran precisamente morales. Aun hombres tan grandes como Platón y Sócrates no veían nada malo en la homosexualidad. Uno podía conocer a Dios en el sentido intelectual, pero eso no tenía por qué hacerle una buena persona.

(ii) Los griegos posteriores, en el trasfondo inmediato del Nuevo Testamento, trataban de encontrar a Dios en la experiencia emocional. El fenómeno religioso característico de aquellos días eran las religiones misteriosas. Sea cual fuere nuestro punto de vista de la historia de la religión, tenían unas características sorprendentes. Su objetivo era la unión con lo divino, y todas tomaban la forma de autos de pasión. Se fundaban en la historia de algún dios que vivía, y sufría terriblemente, y moría cruelmente, y resucitaba. Al iniciado se le daba un largo curso de instrucción; se le hacía practicar la disciplina ascética. Se le trabajaba emocionalmente, guiándole a un punto álgido de expectación y sensibilidad emocional. Entonces se le permitía pasar al auto de pasión en el que se representaba en la escena la historia de un dios doliente, que moría, y que resucitaba. Todo estaba diseñado para producir una atmósfera emocional. Había una iluminación sofisticada, una música sensual; un perfume de incienso, una liturgia maravillosa . En esta atmósfera se representaba la historia, y el iniciado se identificaba con las experiencias del dios hasta que podía exclamar: « ¡Yo soy tú, y tú eres yo!»; hasta que compartía el sufrimiento del dios y también su victoria e inmortalidad. Esto no era tanto conocer a Dios como sentir a Dios. Pero era una experiencia altamente emocional; y, como tal, era pasajera por fuerza. Era una especie de droga religiosa. Pretendía encontrar a Dios en una experiencia anormal, y su objetivo era escapar de la vida ordinaria.

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