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1 Juan 2: La preocupación de un pastor

Filón nos dice que los judíos de Alejandría estaban siendo oprimidos por un cierto gobernador y decidieron presentarle su caso al emperador. « Debemos encontrar -dijeron- un paráklétos más poderoso que induzca al emperador Gayo a una actitud favorable a nosotros» (Leg. in Flacc. 968 B).

Tan corriente era esta palabra que pasó a otras lenguas simplemente transcrita. En el mismo Nuevo Testamento, las versiones siríaca, egipcia, árabe y etiópica conservan todas la palabra paráklétos sin traducirla. Especialmente los judíos adoptaron la palabra y la usaron con el sentido de abogado, ad-vocatus, alguien que defiende la causa de uno. La usaban como la contraria de acusador, fiscal, y los rabinos tenían este dicho acerca de lo que sucederá el Día del Juicio de Dios: « El hombre que guarde un mandamiento de la Ley se ha conseguido un paráklétos; el hombre que quebranta un mandamiento de la Ley se ha buscado un acusador.» También decían: «Si un hombre es citado ante el tribunal sobre un asunto capital necesita poderosos paraklétoi (el plural de la palabra) que le salven; el arrepentimiento y las buenas obras son sus paraklétoi en el juicio de Dios.» «Toda la justicia y la misericordia que haga un israelita en este mundo son gran paz y gran paraklétoi entre él y su Padre en el Cielo.» Decían que la ofrenda por el pecado era el paráklétos de un hombre ante Dios.

Así que la palabra entró en el vocabulario cristiano. En los días de las persecuciones y los mártires, un acusado cristiano llamó a Vetio Epagato para que defendiera hábilmente el caso de los que fueran acusados de ser cristianos. «Fue un abogado paráklétos- para los cristianos, porque tenía al Abogado en su vida, al Espíritu Santo» (Eusebio, Historia Eclesiástica 5:1). La Carta de Bernabé (20) habla de hombres malos que son los abogados de los ricos y los jueces injustos de los pobres. El autor de Segunda de Clemente pregunta: «¿Quién será vuestro paráklétos si no está claro que vuestras obras son justas y santas?» (2 Clemente 6:9).

Un paráklétos se ha definido como «uno que presta su presencia a sus amigos.» Encontramos en el Nuevo Testamento más de una vez esta gran concepción de Jesús como el amigo y el defensor del hombre. En un juicio marcial, el oficial que defiende al soldado bajo acusación se llama el amigo del preso. Jesús es nuestro amigo. Pablo escribe acerca de ese Cristo que está a la diestra de Dios y «que intercede por nosotros» (Romanos 8:34). El autor de la Carta a los Hebreos habla de Jesucristo como el Que «siempre está vivo para hacer intercesión» por los hombres (Hebreos 7:25); y también habla de Él como «compareciendo en la presencia de Dios por nosotros» (Hebreos 9:24).

Lo más tremendo de Jesús es que no ha perdido nunca Su interés y Su amor por los hombres. No hemos de pensar en Él como alguien que ha pasado por la vida sobre la tierra, y la muerte en la Cruz, y ha terminado con la humanidad. Sigue asumiendo en Su corazón la preocupación por nosotros; sigue intercediendo por nosotros; Jesucristo es el amigo del preso para todos.

Jesucristo, la propiciación

Juan pasa a decir que Jesús es la propiciación por nuestros pecados. La palabra original es hilasmós. Esta es una imagen que nos es sumamente difícil captar. La figura del abogado es universal, porque todo el mundo tiene experiencia de un amigo que viene en su ayuda; pero la figura de la propiciación procede del sacrificio, y era más natural para los judíos que para nosotros. Para entenderla tenemos que captar las ideas básicas que subyacen en ella.

La gran finalidad de toda religión es la relación con Dios, conocerle como Amigo y entrar con gozo, no con miedo, a Su presencia. De aquí se sigue que el problema supremo de la religión es el pecado, que es lo que interrumpe la relación con Dios.

Para resolver ese problema, surge todo el sistema del sacrificio. Por él se restaura la relación con Dios. Por eso los judíos ofrecían el sacrificio por el pecado; no por ningún pecado en particular, sino por el ser humano como pecador; y mientras existió el Templo se hizo esta ofrenda a Dios por la mañana y por la tarde. Los judíos ofrecían a Dios también sacrificios por los pecados, es decir, por los pecados particulares. También tenían el Día de la Expiación, cuyo ritual estaba diseñado para expiar todos los pecados, conocidos o no. Este es el trasfondo con el que tenemos que ver en esta figura de la propiciación.

Como ya hemos dicho, la palabra griega para propiciación es hilasmós, y el verbo correspondiente es hiláskesthai. Este verbo tiene tres significados.

(i) Cuando el sujeto es un hombre quiere decir aplacar o pacificar a alguien que ha sido dañado u ofendido, pero se usa sobre todo para aplacar a un dios. Es traer un sacrificio o cumplir un ritual por el que un dios, que ha sido ofendido por el pecado, se aplaca.

(ii) Si el sujeto es Dios, el verbo quiere decir perdonar, porque entonces el significado es que Dios mismo provee el medio por el cual se restablece la relación perdida entre Él y los hombres.

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