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1 Juan 2: La preocupación de un pastor

En su origen, este poder se concebía como el dragón. Inevitablemente, conforme fue pasando el tiempo, llegó a personificarse. Siempre que surgía un hombre malvado que parecía colocarse frente a Dios y empeñarse en destruir a Su pueblo había la tendencia a identificarle con esta fuerza antiDios. Por ejemplo, hacia el año 168 a.C. surgió la figura de Antíoco Epífanes, rey de Siria. Decidió hacer todo lo posible para eliminar el judaísmo: invadió Jerusalén, mató a millares de judíos y vendió docenas de millares como esclavos. El circuncidar a un niño o el poseer un ejemplar de la Ley se convirtió en un crimen que se castigaba con una muerte inmediata. Se erigió en los atrios del Templo un gran altar a Zeus, en el que se ofrecía carne de cerdo. Las cámaras del Templo se convirtieron en burdeles públicos. Aquí tenemos un esfuerzo a sangre fría para desarraigar la religión judía. Fue Antíoco el que Daniel llamó « la abominación que produce desolación» (Daniel 11:31; 12:11). Aquí, pensaron los judíos, estaba la fuerza anti-Dios hecha carne.

Fue esta misma frase la que se tomó en los días del evangelio de Marcos para hablar de « la abominación de desolación» -«el Horror Demoledor,» como lo tradujo Moffatt- que estaba instalado en el Templo (Marcos 13:14; Mateo 24:15). En este caso la referencia era a Calígula, el emperador romano más que medio loco que quería instalar su propia imagen en el Santo de los Santos del Templo. Se tenía la impresión de que esto era un acto del anti-Dios encarnado.

En 2 Tesalonicenses 2:3s, Pablo habla del «hombre de pecado,» el que se exalta por encima de todo lo que se considera divino y de todo lo que recibe culto, y que se coloca en el misnid Templo de Dios. No sabemos a quién se refería Pablo, pero tenemos de nuevo este pensamiento de uno que era la encarnación de todo lo que se opone a Dios.

En Apocalipsis encontramos la bestia (13:1; 16:13; 19:20; 20:10). Aquí se trata probablemente de otra figura. Todo el mundo consideraba a Nerón un monstruo humano. Sus excesos repugnaban a los romanos, y su salvaje persecución torturaba a los cristianos. A su debido tiempo murió; pero había sido tan horriblemente malo que no se podía creer que hubiera muerto de veras. Así es que surgió la leyenda del Nero redivivus, Nerón resucitado-,que decía que Nerón no estaba muerto, sino que había ido a Partia, y volvería con las hordas partas para lanzarse sobre la gente. Es la bestia, el Anticristo, la encarnación del mal. A lo largo de toda la Historia se han venido haciendo estas identificaciones de figuras humanas con el Anticristo: el Papa, Napoleón, Mussolini, Hitler, han sido en su día identificados con esta figura. Pero el hecho es que el Anticristo no es tanto una persona como un principio, el principio que está activamente en contra de Dios y que bien se puede considerar encarnado en esos hombres de cada generación que han sido los enemigos declarados de Dios.

La batalla de la mente

Juan tiene un punto vista del Anticristo que le es característico. Para él la señal de que el Anticristo está en el mundo es la doctrina falsa y la enseñanza peligrosa de los herejes. La Iglesia había recibido suficientes advertencias de que en los últimos días surgirían falsos maestros. Jesús había dicho: «Vendrán muchos en Mi nombre diciendo: «Yo soy el Cristo;» y engañarán a muchos» (Marcos 13:6; cp. Mateo 24:5). Antes de marcharse, Pablo había advertido a sus amigos de Éfeso: «Después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar tras sí discípulos» (Hechos 20:29s). La situación que había sido anunciada había surgido.

Pero Juan tenía una opinión especial de esta situación. No pensaba en el Anticristo como una figura única e individual, sino más bien como un poder de falsedad que hablaba por medio de los falsos maestros. De la misma manera que el Espíritu Santo inspiraba a los verdaderos maestros y profetas, también había un mal espíritu inspirando a los falsos maestros y profetas.

El gran interés y relevancia de esto es que para Juan el campo de batalla era la mente. El espíritu del Anticristo estaba luchando con el Espíritu de Dios por la posesión de las mentes humanas. Lo que hace que esto sea tan significativo es que podemos ver exactamente este proceso en operación hoy. Se ha hecho una ciencia de la técnica de introducir ideas en la mente humana. Vemos a personas que toman una idea, y la repiten y la repiten y la repiten hasta que se asienta en las mentes de otros que empiezan a aceptarla como verdadera simplemente porque la han oído tan a menudo. Esto es hoy más fácil que nunca debido a la proliferación de los medios de comunicación de masas -libros, periódicos, radio, televisión, ordenadores y los innumerables recursos modernos de publicidad. Un propagandista habilidoso puede tomar una idea e infiltrarla en las mentes de las personas hasta que, sin ellos darse cuenta, la aceptan como propia. No decimos que Juan previera todo esto; pero sí vio la mente como el campo de operaciones del Anticristo. Juan ya no pensaba en términos de una figura demoníaca individual, sino en términos de una fuerza de maldad buscando insistentemente introducirse en las mentes de las personas. Y no hay nada más potente que esto para el mal.

Si hay una tarea especial que se le presente a la Iglesia hoy es aprender a usar el poder de los medios de comunicación de masas para contrarrestar las malas ideas con que se están bombardeando las mentes.

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