1 Juan 2: La preocupación de un pastor

El tiempo de la última hora

Hijitos, ya es el tiempo de la última hora; y ya han surgido numerosos anticristos; precisamente como habéis oído que el Anticristo había de venir. Por eso sabemos que estamos en la última hora. Es importante que entendamos lo que Juan quiere decir cuando habla del tiempo de la última hora. La idea de los últimos días y de la última hora aparece en toda la Biblia; pero su significado tiene un desarrollo de lo más interesante.

(i) La frase se encuentra frecuentemente en los primeros libros del Antiguo Testamento. Jacob, por ejemplo, antes de su muerte reunió a sus hijos para decirles lo que les sucedería en los últimos días (Génesis 49:1; cp. Números 24:14). En aquel tiempo, los últimos días se refería a cuando el pueblo de Israel entrara en la Tierra Prometida, y llegara por fin a disfrutar de las bendiciones prometidas por Dios.

(ii) La frase aparece frecuentemente en los profetas. En los últimos días el Monte del Señor será establecido como el más alto de los montes, y se remontará por encima de las colinas, y todas las naciones fluirán hacia él (Isaías 2:2; Miqueas 4:1). En los últimos días la Santa Ciudad de Dios será suprema. E Israel ofrecerá a Dios la perfecta obediencia que Le es debida (cp. Jeremías 23:20; 30:24; 48:47). En los últimos días se manifestará la soberanía de Dios.

(iii) En el Antiguo Testamento mismo y en el período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, los últimos días llegaron a asociarse con el Día del Señor. Esta es una concepción que se encuentra entretejida en la Escritura. Los judíos habían llegado a creer que todo el tiempo estaba dividido en dos edades. Entre esta edad presente, que era totalmente mala, y la edad por venir, que sería el tiempo dorado de la supremacía de Dios estaba el Día del Señor, los últimos días, que serían un tiempo de terror, de disolución cósmica y de juicio, los dolores de parto de la nueva edad.

La última hora no quiere decir un tiempo de aniquilación cuyo final fuera la gran nada total que hubo antes del principio. En el pensamiento bíblico, el último tiempo es el final de una edad y el principio de otra. Pero conduce, no a la destrucción del mundo, sino a la re-creación del mundo.

Aquí está el centro de la cuestión. Entonces se plantea la pregunta: « ¿Será un hombre borrado en el juicio de lo viejo, o entrará en la gloria de lo nuevo?» Esa es la alternativa con que Juan -como todos los autores bíblicos- confronta a los hombres. Los hombres tienen la posibilidad de aliarse con el mundo antiguo, que está abocado a la disolución, o de aliarse con Cristo y entrar en el nuevo mundo, el verdadero mundo de Dios. Aquí está la urgencia. Si fuera un asunto sencillo de obliteración social, no se podría evitar; pero es cuestión de recreación, y el que una persona entre o no en el nuevo mundo depende de que Le dé su vida a Cristo o no.

De hecho, Juan estaba equivocado. Aquella no era la última hora para el mundo. Han transcurrido diecinueve siglos, y el mundo sigue existiendo. ¿Pertenece toda esta idea a una esfera de pensamiento que hay que descartar? La respuesta es que en ella se encuentra algo de importancia eterna. Todas las horas son la última hora. Hay un conflicto continuo en el mundo entre el bien y el mal, entre Dios y lo que es anti-Dios. Y cada momento y en cada decisión una persona se enfrenta con la decisión de aliarse, ya sea con Dios, o con las fuerzas malas que están contra Dios; y de ahí saldrá, o dejará de salir, su participación en la vida eterna. El conflicto entre el bien y el mal no acaba nunca; por tanto, en un sentido muy real, cada hora es la última hora.

El anticristo

En este versículo encontramos una referencia al Anticristo. Anticristo es una palabra que no encontramos en el Nuevo Testameáto nada más que en las cartas de Juan (1 Juan 2:22; 4:3; 2 Juan 7); pero es la expresión de una idea que es tan antigua como la religión misma.

Por su etimología, Anticristo puede tener dos significados. Anti es una preposición griega que puede querer decir, o contra, o en lugar de. Stratégos es la palabra griega para general, y antistratégos puede querer decir, o el general enemigo, o el representante del general. Anticristo puede querer decir, o el que se opone a Cristo, o uno que trata de ponerse en el lugar de Cristo. En este caso, el significado es casi el mismo, pero con una diferencia. Si tomamos el significado de uno que se opone a Cristo, la oposición está bien clara. Si tomamos el significado de uno que trata de ponerse en el lugar de Cristo, Anticristo puede ser uno que trata sutilmente de tomar el lugar de Cristo desde dentro de la Iglesia y de la comunidad cristiana. Uno representa una oposición abierta; el otro, una infiltración sutil. No tenemos necesidad de escoger entre estos dos significados, porque el Anticristo puede actuar de cualquiera de las dos maneras.

La manera más sencilla de considerarlo es que Cristo es la encarnación de Dios y de la bondad, y el Anticristo es la encarnación del diablo y del mal. Ya hemos dicho que esta es una idea tan antigua como la religión misma; los hombres siempre han tenido la impresión de que en el universo hay un poder que está en oposición a Dios. Una de sus formas más antiguas se encuentra en la leyenda babilónica de la creación, según la cual hubo en el mismo principio un monstruo marino primigenio llamado Tiamat; este monstruo marino fue sometido por Marduk, pero no matado; estaba solamente dormido, y la batalla final estaba todavía pendiente. Esa idea mítica del monstruo primigenio aparece en el Antiguo Testamento una y otra vez, donde se le llama corrientemente Rahab o la serpiente astuta o Leviatán. «Tú quebrantaste a Rahab como a un herido de muerte,» dice el salmista (Salmo 89:10). « Su mano traspasó a la serpiente tortuosa,» dice Job (Job 26:13). Isaías dice hablando del Brazo del Señor: «¿No eres Tú el que despedazó a Rahab, el Que hirió al dragón?» (Isaías 51:9). Isaías también escribe: «En aquel día castigará el Señor con Su espada dura, grande y fuerte a Leviatán, la serpiente veloz, a Leviatán, la serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar» (Isaías 27:1). Esta idea pertenece a la niñez de la humanidad, y la idea a su base es que en el universo hay un poder hostil a Dios.

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