1 de Samuel 28: Saúl atacado por los filisteos

Saúl había prohibido la práctica del espiritismo. Ahora se permite lo que él mismo había prohibido. Y jura por Jehová que la mujer no moriría, comprometiendo a Dios en lo que sería contra o contrario a su voluntad. La ley prohibe absolutamente evocar a los muertos o entregarse a la adivinación. Saúl bien lo sabía. Por eso su condenación sería mayor. Dice en Lucas 12:47, “Porque el siervo que entendió la voluntad de su  Señor y no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”. Ya hemos visto que parte de ese azote fue la presencia de un espíritu de maldad enviado para afligirle. Veremos directamente que sigue este último azote, la suprema disciplina quitándole la vida.

Saúl consulta a una espiritista

La experiencia de Saúl, Samuel y la pitonisa de Endor perturba a muchas personas en estos días que está reviviendo el espiritismo. Pero para mí —dice J. B. Chapman en el Comentario Beacon— hay dos explicaciones que pueden ser satisfactorias: Samuel apareció por especial providencia de Dios, y su aparición fue un juicio sobre el malvado rey y una sorpresa para la pitonisa, cuyas acostumbradas maniobras falsas fueron oscurecidas por esta inesperada intervención divina; o se trató de otra pretensión infundada de la mujer a la cual el perturbado corazón del rey prestó asentimiento. Creo —dice este autor— que nueve de cada diez experiencias del espiritismo pueden ser explicadas sicológicamente, incluyendo la telepatía, y lo que en ellos no es humano es directamente del diablo.

Saúl advertido de lo porvenir

La adivina evoca el espíritu de Samuel pero cuando aparece, se asusta y grita. No era lo que ella esperaba. La encantadora o médium sabía tener una relación con su espíritu familiar, en espíritu malo o sea demonio, que tendría que ver especialmente con ella. Este no apareció sino que vio otra forma, completamente extraña. Le infundió temor. En su estado de clarividencia reconoció a Saúl o quizás Samuel se refirió a él por nombre para que la adivina supiera quién era. Aunque Saúl no había visto nada todavía, su trama de engaño se hizo pedazos. El ser humano no engaña a los espíritus, sean buenos o sean malos. Pero los espíritus malos procuran engañar a los seres humanos.

La adivina vio un “ser divino” (dioses) que subía (verbo singular). Cuando esta palabra plural (dioses) se usa con verbos singulares se puede referir a dioses falsos, ángeles u otros seres sobrenaturales. Probablemente aquí se refiere al último, como traduce la versión Berkeley: “una forma parecida a un dios”. Por la descripción Saúl le reconoció como Samuel donde identifica su manto que vestía en vida). En este momento Samuel evidentemente habló directamente a Saúl dejando fuera a la médium. La conversación que sigue excluye a la adivina, algo inusitado y no sigue el molde de un caso clásico del espiritismo. No forma ningún patrón para los que procuran justificar la práctica de comunicarse con los muertos por medio del espiritismo.

Se ha discutido mucho el caso de Samuel, si realmente era Samuel o si era un espíritu que le imitaba. Los judíos a través de los siglos, según Carroll, aceptaban el texto lit. como es. Y según el libro apócrifo Sirac 46:20 dice: “Después de su muerte Samuel profetizaba y manifestó al rey su fin, y levantó su voz desde la tierra en profecía.” Josefo, el historiador judío, también acepta este pensamiento, que Samuel realmente apareció. Pero añade que Dios le envió y que no vino por la evocación de la adivina. La LXX parece verificar esto con su traducción de 1 de Crónicas 10:13. Dice: “Así que Saúl murió por sus transgresiones, habiendo transgredido la palabra de Dios, no guardándola, porque buscó a una adivina y Samuel el profeta le contestó…” Si así fuera, sería el único caso de ello en la Biblia y de ninguna manera establece la práctica o la posibilidad de evocar a los muertos. Jesús conversaba con Moisés y Elías en el monte de la transfiguración y evidentemente los tres apóstoles oían. Se les permitía entrar por un solo momento en el mundo celestial. Pero resultó para su bendición y no para maldición como en el caso de Saúl.

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