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1 de Samuel 23: David en el desierto

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1 de Samuel 23:1  David en el desierto Dieron aviso a David diciendo: «Los filisteos están combatiendo contra Keila y roban las eras».

Keila estaba a 13 km al noroeste de Hebrón, cerca de la frontera filistea. Las eras fueron atacadas porque no estaban bien defendidas y se podía robar el grano. Esto desmoralizaría a los campesinos y los dejaría sin comida ni semillas.

La era se trataba de un lugar circular y abierto donde se trillaban las mieses. (A fin de separar el grano de la paja, los agricultores lo aventaban al aire. De esta manera el viento se llevaría la paja, dejando solo el grano. Este proceso se llama aventamiento.) Al saquear las eras, los filisteos despojaban a los ciudadanos de Keila de toda su provisión de alimentos.

1 de Samuel 23:2  Entonces David consultó a Jehová: –¿Iré a atacar a estos filisteos? Jehová respondió a David: –Ve, ataca a los filisteos y libra a Keila.

David consultó a Jehová : Presumiblemente a través del efod y de Abiatar.

Mediante el Urim y Tumim que el sacerdote Abiatar trajo, David buscó la dirección de Dios antes de entrar en acción. Escuchó sus instrucciones y luego actuó de acuerdo a ellas. Debemos dedicar el tiempo para discernir la voluntad de Dios de antemano, y no hacerlo después y tener que pedir a Dios que deshaga los resultados de nuestras decisiones apresuradas. Podemos escucharlo hablar mediante el consejo de otros, de su Palabra y de la dirección de su Espíritu Santo en nuestros corazones, así como a través de las circunstancias.

1 de Samuel 23:3  Pero los que estaban con David le dijeron: –Mira, nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si vamos a Keila contra el ejército de los filisteos?

1 de Samuel 23:4  David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió: –Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.

1 de Samuel 23:5  Fue, pues, David con sus hombres a Keila y peleó contra los filisteos; se llevó sus ganados, les causó una gran derrota y libró David a los de Keila.

1 de Samuel 23:6  Aconteció que Abiatar hijo de Ahimelec, que se había refugiado junto a David, descendió a Keila con el efod en su mano.[b]

Esto explica cómo David logró ser guiado por Dios. Un efod era un chaleco sin mangas, hecho de lino, que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote era de colores brillantes y llevaba un pectoral con doce piedras preciosas que representaban cada una de las tribus. El Urim y el Tumim se guardaban en un saquito dentro del efod del sumo sacerdote.

1 de Samuel 23:7  Y le avisaron a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: «Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado al entrar en una ciudad con puertas y cerraduras».

Cuando Saúl escuchó que David se encontraba atrapado en una ciudad amurallada (una con puertas y vigas), pensó que Dios ponía a David a su merced. Saúl deseaba tanto matar a David, que hubiera interpretado cualquier señal como la aprobación de Dios para continuar con su plan. Si Saúl hubiera conocido mejor a Dios, habría sabido lo que El quería y no hubiera interpretado mal la situación como si Dios aprobara el asesinato. No todas las oportunidades las envía Dios. Podemos desear algo tanto, que suponemos que cualquier oportunidad para obtenerlo es de origen divino. Sin embargo, como vemos en el caso de Saúl, esto puede no ser cierto. Una oportunidad para hacer algo en contra de la voluntad de Dios nunca vendrá de El, porque Dios no nos tienta. Cuando se le presenten en su camino oportunidades, analice dos veces sus propios motivos. Asegúrese de que sigue los deseos de Dios y no solo los suyos.

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