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1 de Samuel 18: Pacto de Jonatán y David

Como evidencia de su afecto Jonatán le da a David lo más precioso. Al fin de cuentas la esencia del amor es darse. Es una entrega sin interés que sólo desea el beneficio del otro. Pero hay algo más aquí. Tenemos que reconocer también en este acto la confesión humilde de Jonatán de que David reinaría en su lugar. Simbólicamente le ofrecía a David sus derechos y sus servicios. Fue un acto extraordinariamente generoso. Cede todo a David porque reconoce que Dios le ha designado como el próximo rey. Le da también la túnica. Fue la prenda exterior que pertenecía a los hombres de rango e importancia. Lo llevaba como príncipe y heredero del reino de su padre. Sin envidia alguna se ponía a la disposición de David, reconociendo su derecho de reinar en su lugar. Se dice que la reina Victoria de Inglaterra después de haber oído un mensaje sobre la segunda venida de Cristo dijo: “¡Cuánto me gustaría que Cristo viniera durante mi reinado, para poderle entregar con mis propias manos la corona del Imperio Británico!” Tiene que haber sido igualmente impactante este gesto de Jonatán.

Se menciona la palabra éxito en el versículo 5, palabra que quiere decir, cuidar bien o atender cuidadosamente. Lo tenemos cuatro veces en el capítulo. La LXX a veces lo traduce “prudente”, lit. es la idea de enviar juntos. Es decir, juntar la percepción con la cosa percibida. Reúne todo lo necesario para comprender cabalmente una situación, mirándola bien con todo cuidado. El libro de Proverbios habla mucho de prudencia y el joven prudente tendrá éxito como también lo tenía David.

David y Saúl

Comienzan los problemas. Una balada de las mujeres despierta celos en Saúl. La palabra cantaban en el versículo 7 ha suscitado el comentario de algunos diciendo que aquí tenemos un coro antifonal. La palabra puede significar “contestar”, y da la impresión de que se iban alternando entre danzas y música. Parece que se hizo muy popular el coro puesto que años más tarde todavía se acordaban de ello. Los números representan de manera comparativa la grandeza de las hazañas atribuidas a Saúl y David. El rey recordaba las palabras de Samuel que Jehová le quitaría el reino y se lo daría a uno mejor que él. Y aunque era segura la palabra, no la quiso aceptar. Veía a David como una amenaza y como aspirante al trono. Y por eso le miraba con sospecha de ahí en adelante. La palabra sospecha es lit. ojo y puesto que las pasiones se manifiestan por o en los ojos, el hebreo representa el ojo como fuente de la envidia, orgullo y sospecha. La sospecha se veía en los ojos.

Atormentado con la depresión causada por su pérdida de apoyo divino y consecuentemente de su autoestima, cede al enojo que puede caracterizar a tales enfermos mentales. Es curioso que en un momento manifieste su amor y aprecio por David, y que en otro momento muestre su resentimiento. El amor y el enojo son las emociones más fuertes conocidas al hombre y a veces se manifiestan en el mismo contexto. Es así, porque las dos responden a la afección y a la custodia. Por ejemplo en Job 119:163, el salmista se siente profundamente responsable por defender la Palabra de Dios que ama tanto. Y consecuentemente sus sentimientos de odio también son muy fuertes hacia los que quieren destruir esa Palabra. Saúl ama a David pero sintiendo la aparente pérdida de su apoyo, reacciona con sumo enojo. Decimos aparente perdido porque en realidad no es, sino que en su depresión mental Saúl no percibe las relaciones interpersonales según su existencia efectiva.

Según el versículo 10 Saúl desvariaba dentro de casa. Lit. la palabra es “profetizar” o conducirse de manera agitada o distorsionada como movido por poderes que no son suyos. El poder en este caso fue el espíritu malo que venía con el permiso de Dios. No le afligía siempre sino de cuando en cuando. Y es obvio que venía como consecuencia de su obstinación y porfía. La palabra traducida arrojó en el versículo 11 es comúnmente traducida levantar. Hay diferencia de opinión aquí porque si viene de otro verbo quiere decir levantar. Aun puede derivar de una palabra que sería más bien arrojar o tirar. Es posible que expresa nada más el intento. Saúl levantó su lanza con intenciones de tirársela. Pero David al percibir el peligro se escondió. De todos modos el intento existía. Lo único que salvaba a David fue el hecho de que Dios estaba con él. ¡Hasta que su misión esté cumplida, el siervo de Dios es indestructible! Recordamos cómo le avisaron a Jesús que Herodes le buscaba para matarle. Respondió: “Es necesario que yo siga mi camino hoy, mañana y pasado mañana.” No existía nada que pudiera estorbar el cumplimiento de su misión.

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