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1 de Samuel 16: David, ungido rey para suceder a Saúl

Pastor Lionel

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Saúl naturalmente se opondría al reconocimiento de un nuevo rey. Humanamente hablando, el acto de ungir a otro se consideraría como traición y rebelión. Probablemente el temor de Samuel de ser ejecutado por Saúl carecía de base, puesto que Saúl más bien temía al viejo profeta. Pero es cierto que habría problemas. Así que Dios instruye a Samuel que lleve una novilla a sacrificar. Sería motivo para ir a Belén y proveería la oportunidad para llevar a cabo su misión.

Vemos otra vez la absoluta obediencia de Samuel donde dice que hizo lo que dijo Jehová. La LXX dice aquí: “hizo todo lo que el Señor le dijo”. Es muy notable que cumpliera sin cuestionar las indicaciones divinas. Esta bella característica fue el atributo más sobresaliente de la vida y del ministerio de Samuel y debe ser también de nuestra vida y ministerio. Al llegar a Belén, su presencia provocó sorpresa y temor. Nunca pasaba Samuel por allí y tenía fama de ser juez y fuerte defensor del Santo, celoso de lo recto y justo. Sólo una mala conciencia podría producir una reacción tan recelosa. Para nosotros la buena conciencia nos da confianza de que cuando aparezca Cristo no nos avergonzaremos delante de él en su venida. Esa confianza es justamente lo que no tenían en Belén, cosa que se demuestra con su pregunta: i ¿Tú vienes pacíficamentei?

La dirección de Samuel para santificarse precisa una explicación. Algunas referencias nos ayudan a entender el proceso de la santificación aunque no explican todo. Sabemos que se trataba de un cambio o lavado de ropa, una preparación de mente y corazón como también una separación de lo inmundo. Es un precepto antiguotestamentario pero tiene aplicación para el adorador de Dios en cualquier época. El cristiano haría bien en prepararse de antemano para rendir culto o adorar bien a Dios. Aquí el sacrificio se trata de una expiación o uno de paz. Una fiesta seguía tales sacrificios comúnmente y los adoradores participarían en la comida preparada con parte de la carne del animal sacrificado. Samuel tenía especial cuidado en invitar a la familia de Isaí a esta fiesta.

La selección de David

Samuel no tenía otro criterio de evaluación que la apariencia física, criterio que motivó la exclamación del pueblo referente a Saúl: i ¡Viva el reyi ! Como Saúl fue imponente en su apariencia, así también lo era Eliab, el primogénito de Isaí. Pero aquí aprendemos que sólo Dios mira al corazón. El hombre no puede más que mirar lo que está delante de sus ojos (lit. mirar los ojos). Jehová mira o ve aun los pensamientos. Hay una repetición destacada de la palabra “ve” en esta sección. En la LXX, dice el versículo 4:  ¿Vienes en paz oh videntei? Fue algo común la palabra vidente para designar al profeta como uno que veía el futuro. Pero sólo veía lo que Dios le mostraba. Y luego en el versículo 7 se menciona la palabra ver o “mirar” cinco veces. Con razón pide el salmista en Job 119:18 : “Abre mis ojos, y miraré…” Quizás pensando en ese versículo, Clara Scott escribió, en el siglo pasado, el himno “Abre Mis Ojos a la Luz”. Todavía cantamos con gusto la letra que dice: “Abre mis ojos a la luz, Tu rostro quiero ver Jesús; Pon en mi corazón tu bondad, Y dame paz y santidad.” En ese sentido, todos podemos ser videntes, viendo la Luz de la vida.

Después de hacerles pasar a todos sin resultado, pregunta Samuel si no hay otro. El versículo 10 dice que eran siete. Da la impresión que con David eran ocho en total. Sin embargo dice 1 de Crónicas 2:13-15 que eran siete en total. Puede que uno murió poco después o que los siete de referencia aquí en 1 Samuel 16 incluye anticipadamente a David también. Lo importante es que uno de estos hijos de Isaí sería el designado por Dios y que todavía no estaba presente. Samuel dice que no se sentarían hasta que llegara el más joven. La palabra “sentarse” quiere decir “dar la vuelta” o “rodear”. Quizás se refiere a la costumbre de rodear la mesa y en ese sentido sentarse para comer. Es más probable la sugerencia de algunos que proponen la idea de volver o seguir con otra cosa. Es decir, no podrían seguir con la cena o fiesta hasta que el más joven se presentara. Evidentemente el más joven no fue estimado y no se le daba lugar a la par de los mayores. A menudo fue dejado con las tareas más humildes. En este caso David se había quedado apacentando (pastoreando) las ovejas. Nunca se imaginaba que pronto sería el pastor de Israel y que el gran Hijo de David, el Señor Jesucristo, sería el cumplimiento cabal de este cuidado pastoral por todos los siglos.

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