1 de Reyes 8: Salomón traslada el Arca al Templo

1 de Reyes 8: Salomón traslada el Arca al Templo

1 de Reyes 8:1 Salomón traslada el Arca al Templo. Entonces Salomón reunió ante sí, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el Arca del pacto[a] de Jehová de la ciudad de David,[b] que es Sión.

Salomón reunió al pueblo no sólo para dedicar el templo sino para que ellos confirmaran su entrega a Dios. Bien podría Salomón dirigir estas palabras a nosotros hoy día: «Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy»

¿Cuál era la diferencia entre el templo y el tabernáculo, y por qué los israelitas cambiaron de uno a otro? El tabernáculo era un lugar móvil de adoración diseñado para el pueblo cuando viajaban hacia la tierra prometida. El templo era un lugar permanente de adoración a Dios después de que los israelitas estaban en paz en su tierra. Traer el arca del pacto al templo significó la presencia actual de Dios en ese lugar.

1 de Reyes 8:2 Se reunieron con el rey Salomón todos los hombres de Israel en el mes de Etanim,[c] que es el mes séptimo, el día de la fiesta solemne.[d]

La dedicación del templo coincidió con la Fiesta de los Tabernáculos, alrededor de 11 meses luego de haber terminado su construcción.

1 de Reyes 8:3 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca,

1 de Reyes 8:4 y trasladaron el Arca de Jehová, junto con el Tabernáculo de reunión[e] y todos los utensilios sagrados que estaban en el Tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.

1 de Reyes 8:5 El rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido junto a él, estaban delante del Arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por su cantidad no se podían contar ni calcular.

1 de Reyes 8:6 Después, llevaron los sacerdotes el Arca del pacto de Jehová a su lugar, en el santuario de la Casa, al Lugar santísimo,[f] debajo de las alas de los querubines,[g]

Los querubines son ángeles poderosos.

1 de Reyes 8:7 pues los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del Arca, y así cubrían los querubines el Arca y sus varas por encima.

1 de Reyes 8:8 Sacaron las varas de manera que sus extremos se podían ver desde el Lugar santo, que está delante del Lugar santísimo, pero no se podían ver desde más afuera; y así han quedado hasta hoy.

1 de Reyes 8:9 En el Arca no había cosa alguna, sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb,[h] donde Jehová hizo un pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.

La vara de Aarón y la porción de maná que habían sido guardados en el arca no estaban ya allí: habían sido robados o se habían perdido

1 de Reyes 8:10 Al salir los sacerdotes del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.[i]

1 de Reyes 8:11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar a causa de la nube, porque la gloria de Jehová[j] había llenado la casa de Jehová.

La nube que llenó la casa de Jehová y la gloria de Jehová, son tomadas por algunos como una alusión al Espíritu Santo. Para una consideración más detallada, véase la referencia a 2 de Crónicas 5:13-14 en la introducción a este libro: «El Espíritu Santo en acción». Los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar. Evidentemente, la presencia del Señor no se los permitía.

1 de Reyes 8:12 Dedicación del Templo. Entonces dijo Salomón: «Jehová ha dicho que habitaría en la oscuridad;[k]

1 de Reyes 8:13 pero yo te he edificado una casa por morada, un sitio en el que tú habites para siempre».[l]

1 de Reyes 8:14 Luego volvió el rey su rostro y bendijo a toda la congregación de Israel, mientras toda la congregación de Israel estaba de pie.

1 de Reyes 8:15 Y dijo: «Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que prometió a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:

1 de Reyes 8:16 “Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad entre todas las tribus de Israel donde edificar una casa en la cual estuviera mi nombre, aunque escogí a David para que presidiera sobre mi pueblo Israel”.

1 de Reyes 8:17 Mi padre David tuvo en su corazón edificar una casa al nombre de Jehová, Dios de Israel.

1 de Reyes 8:18 Pero Jehová dijo a David, mi padre: “En cuanto a haber tenido en tu corazón edificar una casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.

1 de Reyes 8:19 Pero tú no edificarás la Casa, sino un hijo nacido de tus entrañas: él edificará una casa a mi nombre”.[m]

1 de Reyes 8:20 »Jehová ha cumplido la promesa que hizo: yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la Casa al nombre de Jehová, Dios de Israel.

1 de Reyes 8:21 He dispuesto en ella lugar para el Arca, en la cual está el pacto que Jehová hizo[n] con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto».

Salomón le explicó al pueblo por qué la nube llenó el templo: lo había construido para el Señor.

Durante cuatrocientos ochenta años después de que Israel escapó de Egipto, Dios no pidió que se le construyera un templo. En vez de ello, enfatizó la importancia de su presencia entre ellos y la necesidad que tenía el pueblo de líderes espirituales. Es fácil pensar en un edificio como el centro de la presencia y el poder de Dios, pero Dios elige y utiliza personas para hacer su obra. Puede usarlo más a usted que a un edificio de madera y piedra. El construir o agrandar nuestro lugar de adoración puede ser necesario, pero nunca debe tener mayor prioridad que el desarrollo de líderes espirituales.

1 de Reyes 8:22 Después se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,[ñ]

Salomón . . . extendió sus manos al cielo : Para alabar y dar gracias al Señor. El levantar las manos constituye frecuentemente en la Escritura una expresión de alabanza a Dios.

1 de Reyes 8:23 dijo: «Jehová, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón,

cielos, shamayim: Los cielos, el espacio; el firmamento o la atmósfera. La palabra shamayim está en plural porque los hebreos sabían que la gran expansión sobre la tierra (los cielos) era inconmensurable y sus estrellas incontables. En los cielos se encuentra la morada de Dios. Pero, ni siquiera tal expansión podría contener a Dios, como dijera Salomón: «He aquí los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado?». Ya que Dios habló «desde el cielo» y que está «en el cielo», los judíos naturalmente se refirieron a él utilizando este eufemismo. De ahí que «el reino de los cielos» se llame en Mateo, y en otros Evangelios, «reino de Dios».

1 de Reyes 8:24 que has cumplido a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste. Lo prometiste con tu boca y hoy mismo lo has cumplido con tu mano.

Salomón se refería a la promesa que Dios hizo a David en 2 de Samuel 7:12-15 de que uno de sus hijos construiría el templo.

1 de Reyes 8:25 Ahora, pues, Jehová, Dios de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste, diciendo: “Nunca faltará delante de mí un descendiente tuyo que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como has andado tú delante de mí”.[o]

1 de Reyes 8:26 Ahora, pues, Jehová, Dios de Israel, cúmplase la promesa que hiciste a tu siervo David, mi padre.

1 de Reyes 8:27 »Pero ¿es verdad que Dios habitará sobre la tierra? Si los cielos, y los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta Casa que yo he edificado?[p]

En esta oración de dedicación, Salomón declaró que ni siquiera los cielos de los cielos podrían contener a Dios. ¿No es sorprendente que, a pesar de que los cielos no lo pueden contener, está dispuesto a vivir en los corazones de aquellos que lo aman? El Dios del universo habita en su pueblo.

1 de Reyes 8:28 Con todo, Jehová, Dios mío, tú atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, escuchando el clamor y la oración que tu siervo hace hoy en tu presencia,

1 de Reyes 8:29 que tus ojos estén abiertos de noche y de día sobre esta Casa, sobre este lugar del cual has dicho: “Mi nombre estará allí”.[q] Escucha la oración que tu siervo te dirija en este lugar.

1 de Reyes 8:30 Oye, pues, la oración de tu siervo y de tu pueblo Israel. Cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos. Escucha y perdona.

1 de Reyes 8:31 »Si alguno peca contra su prójimo, le toman juramento haciéndole jurar y llega el juramento ante tu altar en esta casa,

1 de Reyes 8:32 tú oirás desde el cielo y actuarás; juzgarás a tus siervos, condenando al impío, haciendo recaer su proceder sobre su cabeza y justificando al justo para darle conforme a su justicia.

1 de Reyes 8:33 »Si tu pueblo Israel es derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se vuelve a ti y confiesa tu nombre, si oran, te ruegan y suplican en esta casa,

1 de Reyes 8:34 tú oirás en los cielos, perdonarás el pecado de tu pueblo Israel y lo volverás a la tierra que diste a sus padres.

Después del reinado de Salomón, el pueblo se fue alejando de Dios. El resto de la era del reino es un ejemplo vívido de lo que Salomón describió en estos versículos. Como consecuencia del pecado del pueblo, Dios permitió que fueran derrotados por sus enemigos en varias ocasiones. Luego, desesperados, clamaron por el perdón a Dios y El los restauró.

1 de Reyes 8:35 »Si el cielo se cierra y no llueve por haber ellos pecado contra ti, y te ruegan en este lugar y confiesan tu nombre; si se vuelven del pecado cuando los aflijas,

1 de Reyes 8:36 tú oirás en los cielos, perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, le enseñarás el buen camino por el que deberán andar y enviarás lluvias sobre tu tierra, que diste a tu pueblo como heredad.

1 de Reyes 8:37 »Si en la tierra hay hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón, si sus enemigos los sitian en la tierra donde habiten; en todo azote o enfermedad,

1 de Reyes 8:38 cualquiera sea la oración o súplica que haga cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sienta el azote en su corazón y extienda sus manos hacia esta casa,

1 de Reyes 8:39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, perdonarás y actuarás; darás a cada uno, cuyo corazón tú conoces, conforme a sus caminos (porque solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres),

1 de Reyes 8:40 para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.

1 de Reyes 8:41 »Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel y viene de lejanas tierras a causa de tu nombre

1 de Reyes 8:42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y llega a orar a esta casa,

1 de Reyes 8:43 tú le oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero haya clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.

Dios eligió a Israel para que fuera bendición para el mundo entero. Esta bendición se cumplió en Jesús, un descendiente de Abraham y de David, quien llegó a ser el Mesías para toda la gente, judía o no judía. Cuando los israelitas entraron por primera vez en la tierra prometida, se les ordenó que erradicaran a las naciones malvadas, por eso leemos acerca de muchas guerras en el Antiguo Testamento. Pero no debemos concluir que la guerra era el primer deber de Israel. Después de someter a los pueblos malvados, Israel tenía que convertirse en una luz para las naciones circundantes. Pero el propio pecado de Israel y su ceguera espiritual impidieron que pudieran alcanzar al resto del mundo con el amor de Dios. Jesús vino a hacer lo que la nación de Israel no pudo.

1 de Reyes 8:44 »Si tu pueblo sale a la batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oran a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,

1 de Reyes 8:45 tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.

1 de Reyes 8:46 »Si pecan contra ti (porque no hay hombre que no peque), y tú, airado contra ellos, los entregas al enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,

Salomón, quien parecía que tenía visiones proféticas respecto al futuro cautiverio de su pueblo, pidió a Dios que fuera misericordioso con ellos cuando clamaran a El para poder recuperar su tierra.

1 de Reyes 8:47 y ellos recapacitan en la tierra adonde los hayan llevado cautivos, si se convierten y te suplican en la tierra de los que los cautivaron, y dicen: “Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad”;

1 de Reyes 8:48 si se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de los enemigos que los hayan llevado cautivos, y te suplican con el rostro hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,

1 de Reyes 8:49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.

1 de Reyes 8:50 Perdonarás a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las rebeliones que hayan cometido contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hayan llevado cautivos,

1 de Reyes 8:51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.[r]

1 de Reyes 8:52 »Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invoquen,

1 de Reyes 8:53 pues tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés, tu siervo, cuando tú, Señor Jehová, sacaste a nuestros padres de Egipto».

Mucho se puede aprender de la oración de Salomón. En primer lugar, Salomón comienza su oración alabando y adorando a Dios. En segundo lugar, reconoce su indignidad para estar en la presencia de Dios. En tercer lugar, Salomón solicita el perdón de los pecados cometidos por Israel en su trato con los pueblos vecinos, de los pecados que causaron la derrota de la nación ante sus enemigos, de los que trajeron sequías, y de los que dieron lugar a otros infortunios. En cuarto lugar, implora la misericordia del Señor para aquellos extranjeros que le temen. En quinto lugar, pide a Dios le dé a su pueblo la victoria en la batalla. Y en sexto lugar, el rey espera que el Señor los restaure si pecaren en el futuro.

1 de Reyes 8:54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de delante del altar de Jehová, donde se había arrodillado, con sus manos extendidas al cielo.

Este es uno de los pasajes de la Biblia donde se muestra con mayor claridad cuál era la postura adoptada por un mediador, de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo.

1 de Reyes 8:55 Y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:

1 de Reyes 8:56 «¡Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho! Ni una sola palabra de todas las promesas que expresó por medio de su siervo Moisés ha faltado.[s]

1 de Reyes 8:57 »Esté con nosotros Jehová, nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.

1 de Reyes 8:58 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos, los estatutos y decretos que mandó cumplir a nuestros padres.

1 de Reyes 8:59 Que estas palabras con que he orado delante de Jehová estén cerca de Jehová, nuestro Dios, de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa a su tiempo,

1 de Reyes 8:60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.

Salomón alabó a Jehová y oró por el pueblo. Su oración puede ser un patrón para nuestras oraciones. Hizo cinco peticiones básicas:

(1) por la presencia de Dios

(2) por el deseo de hacer la voluntad de Dios en todo («incline nuestro corazón hacia El»

(3) por ayuda en las necesidades diarias

(4) por la habilidad de obedecer las leyes de Dios y sus mandamientos

(5) por difundir el Reino de Dios al mundo entero.

Estas peticiones son igualmente aplicables en la actualidad como lo fueron en los días de Salomón. Cuando ore por su iglesia o su familia, podría realizar las mismas peticiones.

1 de Reyes 8:61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová, nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy».[t]

1 de Reyes 8:62 Entonces el rey, y todo Israel con él, ofrecieron sacrificios delante de Jehová.

1 de Reyes 8:63 Salomón ofreció a Jehová, como sacrificios de paz,[u] veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas.[v] Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.

1 de Reyes 8:64 Aquel mismo día el rey santificó el centro del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz,[w] por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz.

1 de Reyes 8:65 En aquel tiempo Salomón, y con él todo Israel, una gran muchedumbre que acudió desde la entrada de Hamat hasta el río de Egipto,[x] hizo fiesta delante de Jehová, nuestro Dios, durante siete días,[y] y aun otros siete días, esto es, durante catorce días.

Otras versiones traducen «río de Egipto» como «arroyo de Egipto». Pudo haberse tratado del lecho de un río seco.

1 de Reyes 8:66 Al octavo día[z] despidió al pueblo, y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus casas alegres y gozosos de corazón, por todo el bien que Jehová había hecho a David, su siervo, y a su pueblo Israel.

Templo de Salomón

El templo de Salomón era bello. Llevó siete años construirlo y resultó un edificio impresionante con oro, plata, bronce y cedro. No había nada que se comparara a aquella casa de Dios. La descripción aparece en 2 Crónicas 2-4.

Mobiliario

Querubín : representaba seres celestiales, simbolizaba la presencia y santidad de Dios (recubiertos de oro, 4, 5 m de ancho)

Arca del pacto : contenía la Ley escrita en dos tablas, simbolizaba la presencia de Dios con Israel (madera recubierta de oro)

Velo : separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (lino fino en azul, púrpura y carmesí, bordado con figuras de ángeles)

Puertas : entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo (madera recubierta de oro)

Mesas de oro : (madera recubierta de oro), candeleros de oro (con siete lamparillas en cada uno) y altar de incienso (madera recubierta de oro): instrumentos para las funciones sacerdotales en el Lugar Santo.

Columnas de bronce : llamados Jaquín (significa «El establece») y Boaz («en El está mi fortaleza»). Juntos podrían significar «Dios da la fortaleza»

Altar : para quemar los sacrificios (bronce)

Mar : para que los sacerdotes se lavaran (tenía capacidad para unos cuarenta y ocho mil litros)

Fuentes de bronce : para lavar los sacrificios (tanques en bases con ruedas)

Esta reconstrucción utiliza los paralelos arqueológicos conocidos para complementar al texto, y supone las dimensiones interiores de 1 de Reyes 6:17-20.

Dedicación del templo

Podemos considerar este pasaje como el corazón de esta primera parte del libro. Es recomendable que se lea el pasaje paralelo en 2 Crónicas 5:2-7:10 para enriquecer esta narración. Un relato más primitivo que el de Reyes se halla en 2 Samuel 6. El relato de la ceremonia de dedicación del templo está compuesto de tres discursos bastante largos de Salomón. Estos tres discursos son rodeados por pasajes narrativos. Según Walsh, sólo la primera sección narrativa  contiene cierta tensión dramática. Es como que todo lo demás está para desarrollar claramente un cuadro del carácter del rey Salomón.

Se sabe que el arca del pacto siempre era una de las cosas que simbolizaban para el hebreo piadoso la presencia de Dios con su pueblo. Esta presencia, no obstante, no siempre significaba lo mismo para todos los hebreos. A veces, algunos hebreos veían la presencia como algo inseguro o una presencia con la que no siempre se podía contar. Sin embargo, para otras ocasiones Israel aparentemente contaba con esta presencia como un derecho implícito. Brueggemann sugiere que para el tiempo de Salomón esta presencia de Dios estaba en disputa. Las tensiones en torno a la presencia de Dios se agudizaron por la construcción del templo. Este cuestionamiento respecto a la construcción de templos se expresa en 2 de Samuel 7:1-7. Algunos hebreos sabían que por el uso que se le daba a los templos paganos, siempre habría un peligro de que Israel hiciese lo mismo con el suyo. Es decir, Israel podría ver en el templo un modo de garantizar la presencia de Dios o presumir que se podía así manipular a Dios. Es obvio, pues, que el cap. 8 es pivotal para entender cómo Salomón (y los editoresteólogos posteriores) comprendían la problemática de la presencia de Dios. Brueggemann asevera que este cap. 8 contiene por lo menos tres opiniones en torno a la presencia de Dios con su pueblo.

(1) La presencia de Dios se asocia con el arca del pacto, o sea, la presencia se identifica con la liturgia que involucra todos los muebles y demás utensilios del culto. El culto en cierta medida asegura la presencia de Dios.

(2) Los versículos 27-30 reflejan materiales tomados de otro tiempo y otro lugar. En cierto modo contradicen la idea más común expuesta con anterioridad. Estos versículos contienen un concepto mucho más trascendente de Dios. Jehová es un misterio que no puede ser encajonado o domesticado. Dios permanece en el cielo, en cierto modo distante del hombre, incapaz de ser manipulado por los hombres. Pese a esto, está atento al hombre que clama a él. Dice Brueggemann: “Sólo un Dios libre de nosotros puede ayudarnos en última instancia”.

(3) El versículo 9 parece contener una tercera conceptualización de la presencia de Dios: Ninguna cosa había en el arca, excepto las dos tablas de piedra que Moisés había colocado allí en Horeb…

Es como si la patente ausencia de Dios en el arca asegurara la presencia fiel de Dios con su pueblo. Aunque Dios no puede ser confinado al arca en su persona, Moisés deja en el arca las tablas de la ley; éstas no toman el lugar de Dios, pero orientan al pueblo ante su Dios libre. La obediencia a la voluntad de Dios, reflejada ésta en la ley, confirma la presencia de Dios. Habiendo dicho todo esto, veamos a continuación cómo se desarrolla la historia.

Se hace una grandiosa convocatoria para que todo el pueblo de Dios asista a uno de sus más grandes eventos: la dedicación del templo de Dios.

Etanim. Este nombre para el séptimo mes sería tan extraño para el hebreo antiguo como lo es para nosotros hoy. Esto es así dada la necesidad del escritor de explicar el término. La palabra se originó entre los cananeos y era arcaica aun para el tiempo de Salomón. Etanim correspondía a finales de septiembre y comienzos de octubre de nuestro calendario. Era durante este tiempo que se celebraba la fiesta de los Tabernáculos.

Debe notarse que la obra de construcción había sido terminada unos once meses atrás. ¿Por qué esperar tanto tiempo para su dedicación formal? No hay duda de que el gran deseo de Salomón era aprovechar la mejor oportunidad para poder reunir a todo el pueblo. ¡Qué ocasión más propicia le brindaba una de las fiestas anuales más grandes y conmemorativas!, la fiesta de los Tabernáculos o de las Cabañas. Esta era un recuerdo de que, por muchos años, los israelitas habían vivido en tiendas durante su peregrinación por el desierto. Ahora el viejo tabernáculo es sustituido por un lugar fijo y central de adoración: el templo.

Observamos que hubo un desfile o procesión en el orden más perfecto. Este es dirigido por el mismo rey, seguido por los ancianos y los levitas. Estos traen los enseres del viejo santuario para depositarlos en la casa de Dios. Se hace esto, y cada cosa es colocada en su debido lugar.

La nota sobresaliente en este culto es la subida del arca del pacto de Jehová para ser colocada en el lugar santísimo. La aludida “tensión dramática” mencionada anteriormente gira precisamente en torno al traslado del arca. Se sabe que en dos ocasiones anteriores David había intentado llevar el arca a Jerusalén con resultados funestos. También, el Dios de Israel nunca había tenido un templo permanente antes, ni siquiera lo había pedido. Con razón el traslado del arca tiene que haber causado cierta tensión juntamente con la inquietud respecto a la aceptación del templo por Dios. Sólo hasta los versículos 10, 11 se resuelve este problema cuando Dios llena el templo con la nube como indicación de su aceptación.

Esta caja sagrada (el arca) es el símbolo de la presencia gloriosa de Dios entre su pueblo. Dentro de ésta y bajo las alas de nuevos querubines reposaba una copia de los Diez Mandamientos; estos son el testimonio que Dios había dejado a su pueblo para que, por siempre, conocieran su santa voluntad. El decálogo es la base del pacto entre Dios y su pueblo.

Vemos cómo todos los que desfilaban ofrecían sus sacrificios en cada punto del camino por donde pasaban. Debió ser un culto muy solemne e impresionante. Nótese otro detalle: se menciona que las varas con que se cargaba el arca sobresalían hasta el lugar santo. Sin duda que servían como guías para que el sacerdote no se perdiera en la oscuridad del camino hacia el lugar santísimo.

Pero en medio de toda aquella gran celebración falta lo más importante: la presencia de la gloria de Dios. Como en los días del éxodo, Dios se manifiesta en forma visible por medio de la nube. Esta ocupación sublime del santuario era el testimonio de que Dios se agradaba de su pueblo y que ponía su sello de aprobación en todo lo que allí se hacía.

Este es el primer discurso formal de Salomón en torno al templo. Uno de los temas principales gira en torno a la promesa de Dios hecha a David en 2 Samuel 7. Estos textos se dedican a explicar por qué Salomón construyó el templo en lugar de David. Se recalca la importancia de David más que la importancia de una ciudad donde ubicar el templo. Un segundo tema de importancia en este discurso es la idea de que el templo es una casa para el nombre de Jehová. Ha de llamarse el templo de Jehová, no porque el templo contenga a Dios, sino porque es de él.

Algunos estudiosos observan con cierta preocupación el hecho de que el mismo rey tomara la parte más importante en esta ceremonia de dedicación. Se preguntan: ¿No corresponden estas funciones o ceremonias exclusivamente a los sacerdotes? ¿O actuaría Salomón como «sacerdote real?» ¿O es que quiso guardar el sacerdocio bajo su absoluto y exclusivo dominio? Sin duda, siendo Salomón depositario de las bendiciones de Dios, estaba en condiciones de impartir la bendición.

Luego el rey se dirige a su pueblo para impartirles lo que pudiéramos llamar su primera bendición. Lo hace con toda autoridad, en su condición de rey, y como sumo sacerdote en su santuario.

¿Podrían los sacerdotes entender el significado de aquella nube que oscurecía el lugar santísimo y que les impedía servir en sus sagradas funciones? Algunos podrían verla como el anuncio de algún mal. Entonces, el rey se dirige a todos para restablecer su confianza. Y les recuerda la historia según Éxodo 13:21; 24:16 y Números 9:15. Aquella nube no debe ser motivo de temor; es la señal de que Dios da su aprobación a su “casa de oración” y que entra en ella para hacerla su morada permanente.

Observemos cómo el rey, que se había quedado en santa y muda contemplación de la nube, vuelve su cara hacia el pueblo; éste estaba de pie en actitud de devoción y de respeto a su rey. El rey le rinde a su Dios una ferviente alabanza.

Debemos reconocer la profunda humildad de Salomón al darle a su padre David todos los méritos por la edificación del templo. Es bueno repasar la historia en 1 Crónicas 22 para recordar los preparativos que David hizo para esta construcción. Alguien comentó con cierta razón: «Este es el templo de David.» Pero, por sobre todas las cosas, es Dios quien recibe toda la gloria en esta bendición: Jehová ha cumplido su promesa.

Otra nota sobresaliente en los actos de esta dedicación es la oración del rey. Nos recuerda la hermosa oración de Jesús en el NT (Juan 17). No es la oración de rutina, seca y ceremonial que hacemos muchas veces. Esta es una plegaria sincera, una súplica del corazón, ajustada a una situación real. Veamos al poderoso rey de un gran Imperio permanecer de pie ante su majestad Jehová de los ejércitos. Mirémoslo después caer de rodillas en actitud humilde y suplicante por el futuro de sus súbditos. Nos imaginamos un cuadro tan sorprendente como impresionante.

En esta célebre oración están presentes todos los elementos de una verdadera plegaria, pero se destacan dos: la adoración y, sobre todo, la intercesión.

Para adorar a Dios es indispensable tener un verdadero conocimiento de su persona. Es el Dios único y verdadero; es el Dios de la misericordia, pero de una justicia y santidad infinitas. Es el Dios del pacto, fiel a sus promesas de ayer y del futuro. Su pueblo puede descansar confiado en su Dios.

Pero Salomón conoce a su Dios como omnipresente, que está en todo lugar. No está limitado a un templo (éste sería solamente un centro de relación y de testimonio para Israel y para todo el mundo). El templo será una especie de puente entre el Dios distante en el cielo que desea darse a conocer como un Dios cercano y el pueblo que lo adora. La casa de Jehová sería un lugar a donde su pueblo unido acudiría para adorar. Y aun desde las partes más lejanas el pueblo de Dios se volvería en dirección al templo para orar. Afirma un comentarista: “Cada templo debiera ser como un ‘trono de gracia’, al que cualquier persona pueda acercarse con cierta osadía, en tiempo de necesidad, a buscar la mediación y el perdón de Dios”.

Pero el corazón de esta oración es la intercesión de parte de Salomón. Con mirada de profeta, el rey ve unas siete situaciones particulares y nacionales, por las que es indispensable la intercesión:

(1) Si alguien es acusado de algún pecado, pero el culpado jura que es inocente; apela entonces al juicio de Dios; el juez divino hará justicia.

(2) Cuando haya un pecado nacional y el pueblo sea derrotado en la guerra; desde el mismo campo de batalla Dios oirá la súplica de su pueblo.

(3) Vendrán tiempos de sequía y de escasez, como en los días de Elías; pero Dios no abandonará a su pueblo.

(4) Y seguirán las guerras, el hambre y las enfermedades.

(5) También los extranjeros serán bendecidos con Israel. Vendrán días cuando se romperán las barreras de raza y de otras partes buscarán a Dios. De modo que esta oración está llena del espíritu misionero y evangélico.

(6) En las batallas justas contra los enemigos, Israel no conocerá una derrota.

(7) Y cuando sea llevado a la cautividad, Dios estará presto para oír el clamor de su pueblo.

En cualquier circunstancia, Israel continuará siendo el «pueblo del pacto». Es un pacto de gracia, amor, misericordia y perdón; pero también de justicia y de juicio. Pero Israel debe cumplir con su parte: reconocimiento, arrepentimiento y confesión del pecado cometido contra su Dios. Ante cada situación debe clamar a Dios de todo corazón. Jehová oirá desde su santo templo; él perdonará y restituirá a su pueblo todas las bendiciones del pacto.

Después que el rey termina su oración se dirige al pueblo para darle la «segunda bendición». Es una nota de alabanza a Dios, como un resumen de su anterior oración. Además, la oración de Salomón, contiene una premisa básica: sin la ayuda de Dios será imposible guardar sus leyes. Esta bendición salomónica termina en una súplica a los hebreos a que permanezcan fieles a Dios.

Luego llega la gran fiesta dedicatoria durante 14 días que culminará con la antigua fiesta de los Tabernáculos. Se enumera la gran cantidad de animales sacrificados. Pero esto no ocasiona problemas, porque se improvisan en el atrio del templo muchos altares.

El pueblo de Dios sale lleno de gozo y de gratitud por todo lo que Dios había hecho con David y con Israel. La celebración se hace con la más completa libertad, pero dentro del orden debido. El pueblo unido como una sola alma regresa a sus hogares bajo la bendición de su rey. Por 500 años el templo permaneció como el orgullo del pueblo hebreo, y como el verdadero centro de adoración unido a Jehová. La historia conservará este recuerdo permanente de la riqueza y gloria del reino unido.

Descubrimientos que ayudan a entender el antiguo templo

Descubrimientos recientes nos ayudan a tener una idea más clara de las cosas hechas por Hiram, el artesano en bronce, como también las cosas hechas por los artesanos en oro.

En excavaciones arqueológicas en la isla de Chipre se han descubierto pilas de bronce en bases móviles que deben ser muy parecidas a las del templo de Salomón. Considerando los modelos chipriotas y las descripciones bíblicas de las pilas hechas por Hiram, los artistas nos ayudan a entender la belleza y la delicadeza de la obra contratada por Salomón.

Además de los objetos de bronce, Salomón mandó hacer en oro un altar, la mesa para el pan de la Presencia y diez candelabros, más copas, tazones, despabiladeras, cucharas e incensarios. En excavaciones en Meguido se han descubierto candelabros de bronce, que podrían aproximarse a los de oro en el templo. También, en Meguido, se descubrió un altar de incienso, hecho en piedra, que probablemente sea de la misma forma del altar de oro puesto en el templo. Los artistas nos ayudan a “ver” la forma de la mesa para el pan de la Presencia, también hecha de oro.

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