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1 de Reyes 20: Acab derrota a los sirios

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1 de Reyes 20:1  Acab derrota a los sirios. Entonces Ben-adad, rey de Siria, reunió a todo su ejército. Llevaba consigo a treinta y dos reyes[b] con caballos y carros. Subió contra Samaria, le puso sitio y la atacó.

Ben – adad : Véase la nota a 15.18 sobre los tres Ben-adad mencionados en la Escritura.

Con dos reyes malos y dos buenos hasta este punto, el reino del sur, Judá, oscilaba entre la vida correcta y la perversa. Pero el reino del norte, Israel, tenía una sucesión de ocho reyes malos. Para castigar a ambos reinos por vivir de acuerdo a sus propias normas, en vez de seguir a Dios, El permitió que las otras naciones se fortalecieran y llegaran a ser sus enemigos. Tres enemigos principales amenazaron a Israel y a Judá durante los siguientes dos siglos: Siria, Asiria y Babilonia. Siria, la primera en aumentar su poder, representó una amenaza inmediata para el rey Acab y para Israel.

1 de Reyes 20:2  Luego envió mensajeros a esta ciudad, a decirle a Acab, rey de Israel:

1 de Reyes 20:3  «Así ha dicho Ben-adad: “Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hermosos hijos son míos”».

1 de Reyes 20:4  El rey de Israel respondió: «Como tú dices, rey y señor mío, yo soy tuyo, así como todo lo que tengo».

1 de Reyes 20:5  Volvieron otra vez los mensajeros y le dijeron: «Así dijo Ben-adad: “Yo te envié a decir: ‘Me darás tu plata y tu oro, tus mujeres y tus hijos’.

1 de Reyes 20:6  Además, mañana a estas horas te enviaré a mis siervos, los cuales registrarán tu casa y las casas de tus siervos; tomarán todo lo precioso que tengas y se lo llevarán”».

1 de Reyes 20:7  Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país[c] y les dijo: –Fijaos y ved ahora cómo este no busca sino el mal; pues me ha mandado pedir mis mujeres y mis hijos, mi plata y mi oro, y yo no se lo he negado.

1 de Reyes 20:8  Todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: –No lo obedezcas ni hagas lo que te pide.

obedezcas, shama: Escuchar; oír, considerar, prestar atención; escuchar atentamente e inteligentemente, obedecer. La palabra transmite un sentido de urgencia. La más célebre referencia que contiene shama es Deuteronomio 6:4, donde se declara: «¡Shma Yisrael  Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». Estas palabras se denominan la Shma  y son el credo principal del judaísmo. Moisés llamaba al pueblo a escuchar atenta y cuidadosamente, a estar dispuesto a obedecer lo que Dios dijera. El verbo shama también aparece en el nombre Shmuel (Samuel), «Escuchado por Dios». Samuel fue llamado así luego de que su madre pidiera un hijo y el Señor le escuchara.

1 de Reyes 20:9  Él respondió entonces a los embajadores de Ben-adad: «Decid al rey, mi señor: “Haré todo lo que mandaste la primera vez a tu siervo; pero esto no lo puedo hacer”». Los embajadores fueron y le dieron la respuesta.

1 de Reyes 20:10  Nuevamente Ben-adad le envió a decir: «Traigan los dioses sobre mí el peor de los castigos, si queda polvo suficiente en Samaria para darle un puñado a cada uno de los que me siguen».

Ben – adad amenaza con destruir totalmente a Israel, a través de un juramento en el cual alardea de su intención de repartir Samaria entre sus seguidores. Cuando se refiere a sus dioses, Ben-adad da a entender que no se trataba solamente de un enfrentamiento militar, sino también de una prueba de fuerza para determinar cuál era la deidad más poderosa.

1 de Reyes 20:11  El rey de Israel respondió y dijo: «Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe».

La respuesta de Acab a la amenaza de Ben-adad significa que no debe vanagloriarse de la victoria antes de ganar la batalla. Invita a Ben-adad a atacar, y si no, a no seguir intimidando a Israel.

1 de Reyes 20:12  Cuando él oyó estas palabras, mientras bebía con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: «Preparaos». Y ellos se prepararon para atacar a la ciudad.

Obedeciendo a la palabra del Señor, por medio de un profeta, Acab atacó al borracho Ben – adad y obtuvo una primera victoria. Sin embargo, el profeta advirtió a Acab que los sirios se reagruparían y atacarían de nuevo. Que Acab prestase oídos a la voz de un profeta de Dios indicaba que algo quedaba de las repercusiones de la victoria de Elías en el monte Carmelo.

1 de Reyes 20:13  Mientras, un profeta se presentó ante Acab, rey de Israel, y le dijo: –Así ha dicho Jehová: “¿Has visto esta gran multitud? Pues yo la entregaré hoy en tus manos, para que conozcas que yo soy Jehová”.

1 de Reyes 20:14  –¿Por medio de quién? –respondió Acab. Él dijo: –Así ha dicho Jehová: “Por medio de los siervos de los príncipes de las provincias”. –¿Quién comenzará la batalla? –preguntó Acab. –Tú –respondió él.

1 de Reyes 20:15  Acab pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, que eran doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que eran siete mil.

1 de Reyes 20:16  Hicieron una salida al mediodía, mientras Ben-adad bebía y se embriagaba en las tiendas, junto a los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.

1 de Reyes 20:17  Los siervos de los príncipes de las provincias salieron en primer lugar. Ben-adad había mandado a uno y este le trajo la siguiente noticia: «Han salido hombres de Samaria».

1 de Reyes 20:18  Él entonces dijo: «Si han salido en son de paz, capturadlos vivos, y si han salido para pelear, también capturadlos vivos».

1 de Reyes 20:19  Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y detrás de ellos el ejército.

1 de Reyes 20:20  Mató cada uno al que venía contra él; huyeron los sirios, seguidos por los de Israel. El rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.

1 de Reyes 20:21  Entonces salió el rey de Israel, hirió la gente de a caballo, se apoderó de los carros y deshizo a los sirios causándoles grandes estragos.

1 de Reyes 20:22  Se presentó luego el profeta ante el rey de Israel y le dijo: –Anda, fortalécete, considera y mira lo que has de hacer, porque dentro de un año el rey de Siria te atacará.

1 de Reyes 20:23  Los siervos del rey de Siria le dijeron: –Sus dioses son dioses de los montes,[d] por eso nos han vencido, pero si peleamos con ellos en la llanura, de seguro los venceremos.

Desde los días de Josué, los soldados israelitas tenían la reputación de ser mejores guerreros en las colinas, pero ineficaces en los valles y mesetas porque no usaban carros en la batalla. Los carros tirados por caballos, inútiles en terrenos escabrosos y en bosques densos, podían fácilmente atropellar grandes números de soldados de a pie en los valles. Lo que no entendieron los soldados de Ben-adad fue que era Dios el que hizo la diferencia en la batalla, no los carros.

Los sirios pensaron que habían perdido porque no peleaban en el territorio dominado por su deidad. No sólo estaban intimidando a los israelitas, sino afirmando que sus dioses eran más poderosos que el Dios de Israel.

1 de Reyes 20:24  Haz, pues, así: Saca a cada uno de los reyes de su puesto, y pon capitanes en su lugar.

1 de Reyes 20:25  Forma otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso; ya veremos si no los vencemos. Les prestó oído el rey y así lo hizo.

1 de Reyes 20:26  Un año más tarde, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios y marchó a Afec para pelear contra Israel.

1 de Reyes 20:27  También pasaron revista a los hijos de Israel, y tomaron provisiones y le salieron al encuentro. Acamparon los hijos de Israel frente a ellos como dos rebañuelos de cabras, mientras los sirios llenaban la tierra.

1 de Reyes 20:28  Se presentó entonces el varón de Dios ante el rey de Israel, y le dijo: «Así ha hablado Jehová: “Por cuanto los sirios han dicho: ‘Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles’, yo entregaré toda esta gran multitud en tus manos, para que sepáis que yo soy Jehová”».

El Señor afirma que le dará la victoria a Acab sobre los sirios debido a que éstos han hablado en su contra.

1 de Reyes 20:29  Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla. Los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día a cien mil hombres de a pie.[e]

1 de Reyes 20:30  Los demás huyeron a la ciudad de Afec, pero el muro cayó sobre los veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad llegó huyendo a la ciudad y se escondía de aposento en aposento.

1 de Reyes 20:31  Entonces sus siervos le dijeron: «Hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes clementes. Pongámonos, pues, ropas ásperas encima, y sogas en nuestros cuellos,[f] y vayamos ante el rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida».[g]

Acab perdona equivocadamente a Ben-adad en una acción que recuerda la forma cómo Saúl perdonó al rey Agag.

Cilicio era una tela tosca hecha por lo general con pelo de cabra y era usada como símbolo de duelo por los muertos o por desastres naturales. Colocarse sogas alrededor de la cabeza pudo haber sido un símbolo de ponerse uno mismo a disposición de una persona. En otras palabras, Acab, de haberlo deseado, los habría colgado. Usar sogas alrededor de la cabeza, por lo tanto, era una señal de sumisión.

1 de Reyes 20:32  Se vistieron, pues, con ropas ásperas y se pusieron sogas al cuello. Luego se presentaron ante el rey de Israel y le dijeron: –Tu siervo Ben-adad dice: “Te ruego que me perdones la vida”. –Si él vive aún, mi hermano es –respondió el rey.[h]

1 de Reyes 20:33  Esto lo tomaron aquellos hombres como un buen augurio, por lo que se apresuraron a tomarle la palabra y le dijeron: –Tu hermano Ben-adad vive. –Id y traedlo –dijo el rey. Ben-adad entonces se presentó ante Acab, y él lo hizo subir en un carro.

1 de Reyes 20:34  Ben-adad le dijo: –Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré.[i] Hazte mercados en Damasco, como mi padre los hizo en Samaria. –Por mi parte, yo –dijo Acab– te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, un pacto con él, y lo dejó ir.

1 de Reyes 20:35  Entonces un varón de los hijos de los profetas[j] dijo a su compañero, por orden de Dios: –Hiéreme ahora.[k] Pero el otro no quiso herirlo.

El profeta necesitaba una herida para poder verse como un soldado herido y poder así entregar su profecía al rey Acab. El primer hombre fue muerto por un león porque se negó a obedecer las instrucciones que le dio Dios por medio del profeta.

El perdón que Acab concede a Ben-adad es denunciado por el Señor en un mensaje ilustrado por uno de los profetas.

1 de Reyes 20:36  Él le dijo: –Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, te atacará un león cuando te apartes de mí. Y cuando se apartó de él, le salió al encuentro un león y lo mató.

1 de Reyes 20:37  Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: –Hiéreme ahora. El hombre le dio un golpe y le hizo una herida.

1 de Reyes 20:38  Entonces el profeta se fue y se puso a esperar al rey en el camino. Se había disfrazado poniéndose una venda sobre los ojos.

1 de Reyes 20:39  Cuando el rey pasaba, el profeta le dijo en alta voz: –Tu siervo salió de en medio de la batalla cuando se me acercó un soldado que me trajo un hombre, y me dijo: “Guarda a este hombre, y si llega a huir, pagarás con tu vida por la suya o pagarás un talento de plata”.

1 de Reyes 20:40  Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: –Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado.

1 de Reyes 20:41  Pero él se quitó de pronto la venda de los ojos, y el rey de Israel reconoció que era uno de los profetas.

Es difícil explicar por qué Acab dejó ir a Ben-adad, especialmente después de todos los problemas que los sirios le habían causado. Dios ayudó a Acab a destruir al ejército sirio para probar a Acab y a Siria que era el único Dios. Pero Acab no pudo destruir al rey, su más grande enemigo. Ben-adad estaba bajo el juicio de muerte de Dios, y Acab no tenía ninguna autoridad para dejarlo vivo. Por esto, Dios dijo a Acab que ahora él moriría en su lugar. Este mensaje del profeta pronto se cumplió cuando Acab fue muerto en el campo de batalla.

1 de Reyes 20:42  Dijo entonces al rey: –Así ha dicho Jehová: “Por cuanto dejaste escapar de tus manos al hombre que yo había condenado,[l] pagarás con tu vida por la suya, y con tu pueblo por el suyo”.[m]

1 de Reyes 20:43  El rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.

Continuación del reinado de Acab

Benhadad sitia Samaria

Durante todo el siglo IX a. de J.C., la relación entre Israel y Siria era preocupante para el reino del norte. Era así porque a lo largo de este tiempo la relación entre los dos pueblos era cambiante: a veces Israel era aliado de Siria; en otras ocasiones Israel se contaba como vasallo y siervo de ella. Más o menos a mediados del mismo siglo la situación se puso crítica, la razón de lo cual se dará más adelante.

Con respecto al relato literario que encontramos en el capítulo 20, muchos opinan que el material procede de una fuente totalmente ajena a la que ha venido usando el deuteronomista. Esta opinión se basa en que este es el único capítulo en 1 Reyes que habla de Acab con cierto tono aprobatorio. No se menciona para nada a los profetas Elías y Eliseo. Solo se habla de algunos profetas anónimos. Incluso, algunos eruditos creen que estos materiales son anacrónicos, es decir, son tomados de fuentes que reflejan otro período que no es el de Acab; vendrían de una época posterior. En otras palabras, incidentes que tuvieron lugar durante el reinado de otro período son trasladados al tiempo de Acab. Estos problemas críticos serán importantes para los historiadores, pero para los propósitos de este comentario, no. Nos dedicaremos a comentar los textos tal y como nos llegan, buscando así encontrar el mensaje que el mismo escritor bíblico quería dejar para sus contemporáneos.

Benhadad, rey de Siria… Aunque se usa como tal, este no es un nombre propio sino un título que significa “hijo de Hadad”. Este líder de los sirios hace los preparativos para la guerra contra Israel. No se sabe por qué Benhadad quería pelear contra Israel. ¿Pensaría que, después de una sequía, Israel habría quedado muy débil y querría aprovecharse de una victoria segura? ¿Y así podría pelear contra la poderosa Asiria? Reunió todo su ejército… además de su sus propios hombres de guerra, Benhadad consiguió que 32 de los reyes vasallos, junto con sus tropas de guerra, se uniesen a la derrota de Israel. Para sus tiempos, tenía el equivalente de tanques de guerra en sus caballos y carros.

Después envió mensajeros… No era fuera de lo normal que dos reyes opositores se comunicaran directa y personalmente en casos de conflicto. En esta ocasión no es así, sino que conversan mediante algunos mensajeros. En este versículo llama la atención que aunque son los mensajeros quienes hablan, el texto heb. indica que es Benhadad quien es el sujeto del gerundio diciendo.

Así ha dicho Benhadad… es una fórmula que indica un decreto de realeza. De hecho, los profetas emplean la misma fórmula cuando quieren anunciar un oráculo de Jehová. Tu plata y tu oro son míos… con estas palabras, en efecto, el rey sirio ofrece una especie de salida del sitio militar de la capital; en realidad solo le pide a Acab que se someta y le prometa su lealtad. …Tus mujeres y los mejores de tus hijos son míos. Con estas palabras, Benhadad amenaza con tomar a la familia de Acab como rehenes como garantía de su lealtad.

Al darse cuenta de esto, Acab accede a reconocer que todo lo que tiene está a la disposición de los sirios, que ellos tienen el derecho teórico de controlarlo. Es patente que no esperaba en realidad entregar todo lo que tenía a Benhadad. La prueba está en que posteriormente se niega a hacerlo

Te enviaré mis servidores… tomarán con sus manos y se llevarán todo lo precioso que tengas. Con la segunda demanda de los sirios, la situación se pone más crítica, y Acab empieza a retroceder en las negociaciones. Lo hace, porque en efecto lo que pretenden los sirios es entrar a la ciudad para saquearla. Ya no queda nada de la suavidad de la primera demanda de lealtad. Lo que está entre manos no es otra cosa sino el pillaje de la ciudad capitalina.

El rey de Israel llamó a todos los ancianos del país… Este texto en cierto modo da pie a las ideas de algunos respecto al origen de las fuentes del deuteronomista para el capítulo 20. Todos los demás relatos en torno a Acab no lo pintan como un mandatario presto a pedir consejos a nadie. De todos modos, el texto indica que los ancianos (consejeros) recomiendan que no acceda a las últimas demandas de los sirios. Así ellos confirman la determinación del rey.

…Haré todo lo que enviaste a exigir a tu siervo al principio, pero esto no lo puedo hacer. Con estas palabras, Acab reconfirma su disposición de reconocer a Benhadad como su superior políticomilitar y aun a prometerle su lealtad como aliado. La terminología de cortesía y protocolo empleada por Acab demuestra su astucia política. Lo que no podía hacer era permitir la entrada de las tropas sirias a la ciudad de Samaria; se daba cuenta de que no harían otra cosa sino saquear la capital. Una cosa era reconfirmar una especie de alianza con Benhadad; otra cosa muy diferente era permitir la total destrucción de su capital. Así me hagan los dioses… si el polvo de Samaria basta para llenar las manos de todo el pueblo que me sigue. El rey sirio no se dejó engañar por el protocolo obligado de Acab. Responde con arrogancia, conjurando a los dioses, al decir que el rey israelita no tiene esperanza, ya que sus tropas aliadas eran invencibles. No se jacte tanto el que se ciñe como el que se desciñe. Con estas palabras, Acab echa mano de un refrán popular de su tiempo. Dado el contexto guerreromilitar, un significado sería, “no cuentes con una victoria antes de lograrla”. Era más factible que después de la batalla y al quitarse la espada, un soldado pudiera evaluar su éxito. Un dicho contempoáneo expresa algo de la misma idea: “El que ríe último, ríe mejor”.

…Mientras bebía con los reyes en las cabañas… . Benhadad está tan seguro de la victoria que se anticipa a celebrarla con una fiesta. La expresión en las cabañas puede referirse a construcciones provisionales como las que los hebreos solían edificar para la celebración de la fiesta de los Tabernáculos. Otra posibilidad es que se refiera a un pueblo al este del río Jordán a unos 45 km. de Samaria. El vocablo hebreo sukkot puede significar cualquiera de las dos ideas. Si se aceptara la última de las dos posibilidades, Benhadad, junto con sus reyes aliados, estarían bebiendo, sanos y salvos en una aldea cercana mientras sus soldados se preparaban para atacar a Acab. Según Walsh, la expresión: !Tomad posiciones! en realidad rehuye a una traducción precisa. La que se presenta en la RVA y en otras versiones es un intento por los traductores de dar una aproximación al sentido. Dice dicho autor, más bien, que el vocablo heb. (sim) es uno solo: lit. “poned”, y lacónicamente da la idea de “preparaos” (para el ataque). Leído así es obvio que Benhadad solo requería de un pretexto para entrar en batalla.

Acab derrota a Benhadad

He aquí, un profeta se acercó a Acab… Nuevamente se aprecia el papel importantísmo que desempeñaban los profetas para el deuteronomista. Otra vez, un profeta anónimo interviene para que el rey tenga seguridad respecto al desenlace de la batalla. El mismo profeta incita a que entren en batalla, pese a la gran disparidad entre el número de tropas de parte de los israelitas y el de los sirios: …Para que reconozcas que yo soy Jehová. es una expresión que figura con frecuencia en el AT. Según Walther Zimmerli, un erudito veterotestamentario, es el contexto bélico en el cap. 20 que pone la base para los demás usos de la frase en el Antiguo Pacto. Es así, porque se le conoce al Dios de Israel como el que interviene en las guerras para asegurar la victoria para su pueblo. Por lo tanto, Israel ya tenía la promesa de la victoria, como una prueba del amor y de la fidelidad de Jehová a su pueblo.

…Por medio de los jóvenes de los jefes de las provincias. Jehová hasta brinda los detalles del plan de ataque para Acab por medio del profeta. Los 232 jóvenes serían comandos, tropas especiales de ataque, asignados a los gobernadores de las provincias. Aquellos comenzarían el ataque al montar una maniobra para hacer que los sirios cayeran en una trampa o emboscada. Si salían solo unos jóvenes, disimulando ser inexpertos, las tropas sirias seguramente los perseguirían …a todos los hijos de Israel, que eran 7.000. Es claro que esta cifra representa tropas militares a la disposición de Acab. Otro ejemplo del uso de la expresión “todo Israel” en el sentido militar se halla en el 16:16, 17. No se refiere a la población civil.

Y estos salieron al mediodía… una hora inusual para una batalla, sobre todo para un ataque que pretendiera el elemento de sorpresa. Es evidente que el rey israelita no confía en el elemento de sorpresa sino en la fidelidad de Jehová. Todavía al mediodía Benhadad y sus reyes aliados se encuentran en un estupor inducido por el exceso de vino.

Al ser avisado de la salida de los 232 hombres, el rey sirio los manda a prender. Si han salido para hacer la paz… si han salido para combatir… prendedlos vivos. Estas palabras de Benhadad muestran claramente que sus facultades habían sido afectadas por el vino. De no ser así, no tiene sentido. En condiciones normales, uno esperaría que el trato dado a los combatientes fuera distinto. Aquí, el sirio ni sabe dar órdenes que tengan sentido.

Israel ganó esta primera batalla con 232 jóvenes “inexpertos” y 7.000 más del pueblo. En medio de una borrachera, los sirios fueron sorprendidos y derrotados. Los israelitas fueron tan inteligentes que hasta les quitaron los caballos a los sirios. Los que quedaron vivos, tuvieron que huir. Así obtuvo Israel su primera victoria. Entre los que se salvaron, para desdicha, estaba el rey sirio.

Victoria sobre los asirios en Afec

…Porque el rey de Siria volverá contra ti el próximo año. Nuevamente la voz profética alertó a Acab que Benhadad no se daría por vencido y que regresaría para una segunda batalla. Así sucedió.

Los servidores del rey de Siria le dijeron… que la primera derrota se debió a dos razones principales:

(1) Los dioses de Israel eran “dioses de las montañas”. De modo que Israel había peleado en su propio terreno. Es patente la unión entre los “dioses” y el poderío militar de Israel. Así lo creían los paganos. Fueron pues, los dioses de Israel quienes les ayudaron a ganar la batalla. El concepto de dioses limitados a su esfera geográfica de influencia no se limitaba a los pueblos circunvecinos; la historia de Jonás refleja que la misma idea se tenía en Israel durante ciertos períodos. ¿Quién les ayudaría en las llanuras? Los “dioses” de Israel no les darían la ventaja en la llanura, según el razonamiento de los sirios.
(2) Había la sugerencia de que Benhadad sustituyera a los reyes aliados con gobernadores. Esta palabra es un tanto ambigua y connota más destreza política que militar. Probablemente lo que occurió fue que Benhadad, disgustado con los reyes aliados de antes, los destituye de su control sobre lugares semiautónomos; en su lugar pone hombres más directamente leales a él. El control del sirio Benhadad se afianza más.

Otra cosa llama la atención: en la primera batalla entre Israel y Siria, esta luchaba por sitiar y tomar la ciudad capital de aquella. Con la ayuda de Dios, Israel salió victorioso; Siria, habiendo perdido, regresa a su propio territorio para reagruparse. Se espera hasta la primavera (tiempo en que se acostumbrada guerrear) para iniciar nuevos ataques contra Israel. Ahora sí, no es para tomar la capital de Israel, sino el propósito de Siria es el de pelear contra “Israel” como nación. En otras palabras, no se limita a una sola escaramuza aislada, sino que es un intento por acabar con Israel.

…Benhadad pasó revista a los sirios y fue a Afec para combatir contra Israel. Habiendo sufrido una tremenda y humillante derrota en su anterior encuentro con las fuerzas de Acab, el rey sirio hace inspección de sus propias tropas para asegurarse de una victoria en esta ocasión. LLeva sus tropas a Afec, una ciudad en un lugar de incierta ubicación. Es difícil, pues, saber a ciencia cierta el porqué de la selección de este lugar. La mayor parte de los eruditos consideran, no obstante, que la ciudad tiene que haber estado en un lugar llano, contrastándose así con el sitio de su anterior derrota. Además, se cree que tiene que haberse situado cerca de la frontera entre Israel y Siria. Lo que la ubicación sí nos dice es que Benhadad no se atreve a invadir territorio israelita con ligereza como antes. El que Acab acceda a que la batalla tenga lugar allí, indica que el rey israelita ahora tiene más valentía para defender su propio país. El vasallaje de Israel ha terminado, y esto es reconocido tanto por Siria como por Israel.

Los hijos de Israel acamparon frente a ellos y eran como dos pequeños rebaños de cabras. Aunque la construcción sintáctica de esta frase deja mucho que desear en cuanto a claridad, lo cierto es que se pregona una tremenda desventaja de Israel. Como antes, sus fuerzas militares son insignificantes en comparación con las de la más poderosa Siria.

Entonces el hombre de Dios se acercó al rey de Israel y le habló. De nuevo, el profeta anónimo asegura a Acab de la victoria en esta batalla. Aunque el profeta empieza hablando de la creencia de los sirios respecto a la naturaleza de Dios, el vocero de Dios realmente se interesa en lo que Acab crea acerca de su Dios. El profeta le dice que la victoria se dará con el fin de que reconozca en realidad quien es el Dios y gobernante de Israel. Era de esperarse también que el pueblo de Israel llegaría al mismo reconocimiento junto con su gobernante humano.

Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros. Nos parecerá raro que los dos ejércitos estén acampados “frente a frente” por siete días. Era la costumbre en la antigüedad que así fuera. Presuntamente, habría tiempo para amedrentarse el uno al otro y a la vez prepararse cabalmente para la batalla. Hay varios ejemplos en el AT en donde tropas se enfrentaban así. Solo hay que pensar en la batalla entre David y Goliat para refrescar la memoria. El término siete días es probablemente más simbólico que cronológico; simplemente habría permitido pasar el tiempo suficiente como para terminar los preparativos y así logar sus fines psicológicos.

También Benhadad fue huyendo a la ciudad. Tal y como Jehová prometió por medio de su vocero, la derrota de los sirios fue arrolladora. Por las cifras indicadas, parece que todo el ejército de Benhadad quedó aniquilado. Es inevitable que uno piense en la caída del muro de Jericó siglos antes, al leer de la muerte de los 27.000 debido al colapso de la muralla de Afec. Es muy probable que el autor haya pensado en esto al describir el poder de Dios a favor de los suyos. Pareciera que únicamente el rey sirio quedó vivo de entre los guerreros después de la masacre. Se sugiere, no tan indirectamente, que Benhadad se salvó sólo por un acto de cobardía, escondiéndose en las distintas partes de la ciudad.

Es interesante que, a pesar de todo, una banda de jóvenes inexpertos le gana la batalla a todo un ejército numeroso y bien equipado. Hasta el muro, al igual que el de Jericó, cayó sobre miles de sirios para completar la victoria. Una vez más, Dios demuestra su poder soberano sobre toda la tierra, así como su amor por su pueblo Israel. ¡Qué mal parados quedaron los sirios!

Acab hace alianza con Benhadad

Sus servidores dijeron a Benhadad… Estos son los mismos consejeros que habían asegurado al rey sirio de su victoria en la batalla anterior. Es obvio que no son militares sino politicastros. Al haber fracasado en su intento por entender al Dios de los israelitas, ahora fingen tener conocimiento de los reyes de Israel. Los describen como clementes. Algunos así serían; la historia comprueba que otros no eran así. De todos modos, estos falsos consejeros de Benhadad echan mano de uno de los vocablos más cargados de profundidad teológica en el Antiguo Pacto. La palabra que aquí se traduce como clemente es hesed. En realidad, el término se emplea más para referirse a la fidelidad de Dios en la relación por medio del pacto con su pueblo. Su mejor traducción es “fidelidad amorosa”. Es sorprendente que este término sea usado por los sirios, especialmente para describir a Acab, ya que éste no había sido fiel en su pacto con Benhadad. Pongamos, pues, cilicio sobre nuestras espaldas y sogas a nuestros cuellos… De nuevo, los consejeros sirios se valen de algunas de las prácticas de los tiempos: el uso de tela burda como señal de su remordimiento y súplica. El simbolismo de la soga es menos claro, pero tiene que haber significado algo por el estilo. De todos modos, esperan con esto lograr que Acab extienda el perdón a ellos.

¿Todavía vive? !Es mi hermano!. Si esta acción obedecía a la ingenuidad de parte de Acab o a su astucia, no se sabe. Lo que sí sabemos es que Acab recibe de parte de Benhadad ciertos favores debido a la disposición del rey israelita de perdonarlo y entrar nuevamente en un pacto. Esta vez, se supone, el pacto sería entre iguales y no uno impuesto por un soberano más poderoso, como en los famosos pactos de soberanía en la antigüedad. Todo lo sucedido es como si se dijera: “Vamos a terminar esta humillante relación de siervo que ha habido entre nosotros. Vamos a tratarnos como iguales”. El rey sirio prometió que en el futuro habría igualdad en las relaciones comerciales entre las dos capitales. Algunos creen, además, que el sirio deseaba formar un gran ejército, para pelear juntos contra la poderosa Asiria. Lo cierto es que, para despedirse, firman un acuerdo de paz.

Acab es reprendido respecto a Benhadad

Esta sección del relato es extraña y en cierto modo preocupante. No es difícil encontrar el significado global de las acciones de los profetas; son los pormenores los que inquietan un poco al lector común. Entonces un hombre de los hijos de los profetas dijo a su compañero, por mandato de Jehová: !Golpéame, por favor!

De nuevo, ignoramos el nombre del profeta y también su procedencia. Lo único que se nos informa es que sus palabras se dan por orden de Dios, lo cual implica la obligación de la obediencia. Sin más, el profeta le ordena, con cierto tono de cortesía, a uno de sus compañeros que lo hiera con gravedad, con una herida que fácilmente podría producir la muerte. Esto se sabe por el uso particular del verbo heb. El problema estriba en que el profeta no explica a su compañero que su petición obedece a un oráculo divino; se hace sin la más mínima justificación. Aparentemente, el amigo del profeta queda escandalizado por la orden y rehusa obedecerla. Porque no has obedecido la voz de Jehová… (v. 36). Lo inquietante de este versículo es que la desobediencia al mandato del profeta resulta en la muerte trágica del amigo, y eso sin que supiera que desobedecía. Es obvio que el escritor bíblico va a ocupar esto como ejemplo de lo que le va a pasar al rey Acab por su desobediencia a la palabra de Dios.

Luego, para más complicación, sucede exactamente lo mismo con otro amigo del profeta, pero esta vez hay obediencia y el profeta queda herido. El heb. indica que no era una herida superficial sino peligrosa.

Entonces el profeta se fue y se puso de pie delante del rey en el camino, disfrazándose…. Al encontrarse al fin con el rey, el profeta dice haber participado en la batalla contra Benhadad; su herida pretende servir de prueba ante el rey. El profeta pide que el rey juzgue su caso, como solía hacerse en aquellos tiempos. Le dice al rey que había aceptado cuidar a un preso enemigo; otro soldado se lo había encargado. Pero, eso sí, le encargó el preso (quien se vendería posteriormente como esclavo) con una advertencia severa: si algo le pasaba al preso, el encargado tendría que tomar su lugar y ser vendido, incluso posiblemente con toda su familia. El profeta “encargado” ofrece un pretexto sin peso y el rey lo condena.

Así ha dicho Jehová: “!Por cuanto soltaste de la mano al hombre que yo había designado como anatema, tu vida responderá por la suya, y tu pueblo por el suyo!“ . La voz profética le aplica al rey la misma condena que éste le había dado al “soldado encargado”. Por no haber terminado la guerra contra Siria satisfactoriamente, permitiendo así que Benhadad continuara con vida, Acab y la nación pagarían la consecuencia.

Brueggemann sintetiza el sentir de este evento: “La narración toma un giro curioso. En el versículo 34 Benhadad había concedido todo. Y como respuesta, Acab había hecho un pacto más favorable. ¡Pero lo había dejado con vida! Más bien, lo había dejado escapar. Para Acab esto sería una política práctica. Pero para el profeta, esta práctica de la política era teología mala, porque Dios había ordenado que fuese destruido como sacrificio (anatema). La política profética es más radical, más exigente y probablemente más peligrosa que la política real” .

El rey de Israel se fue a su casa decaído y enfadado, y llegó a Samaria. Las palabras del profeta no agradaron para nada al rey. Se sentía ofrendido y hasta defensivo, ya que seguía creyendo que estaba en lo correcto tocante a la guerra. Las palabras que se usan para describir al rey son interesantes. “Decaído” encierra no tan solo cierto resentimiento sino también obstinación y terquedad. Regresa a la capital sin el más mínimo deseo de arrepentirse. Cree que su realeza ha sido ofendida. En realidad, estaba bien enojado.

Un maratón juvenil

El rey Acab recibió un mensaje de parte de Dios: por medio de 232 jóvenes… jefes de las provincias, vendría la victoria. Queda claro que la victoria vendría de Dios, pero los instrumentos usados serían aquellos líderes jóvenes en las manos de Jehová.

Los jóvenes bautistas latinoamericanos realizaron un maratón que recorrió toda América, culminando en julio del 2000 en Venezuela. Uno de los propósitos era una verdadera cadena de oración para la salvación de nuestros pueblos y dar un testimonio de Cristo a todo el mundo.

¿Seguirá el Señor usando a nuestros líderes jóvenes para encabezar la gran batalla contra el mal llevándonos a la victoria?

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