1 de Reyes 18: Elías regresa a ver a Acab

Pero el valiente profeta se adelanta y se enfrenta a Acab. Este se hace el ofendido y acusa a Elías de ser el que está trastornando a Israel. Elías, seguro y valiente, al ver a su disposición todos los recursos espirituales del poder de Dios, le devuelve la acusación. Le dice, en otras palabras: “Tú eres el único responsable de lo que está pasando”. Es como si le preguntara: “¿Por qué tus dioses de la lluvia y de la fertilidad no te han ayudado? Reúneme a todo Israel y a tus profetas para un culto especial, para decidir quién es quién”.

Elías y la confrontación entre Jehová y Baal

Es obvio que Acab tiene muy poco que ver con este pasaje. Su papel en la narración se limita a la convocación del pueblo para que presencie el supuesto forcejeo entre Elías y los profetas de Baal. Después, el pasaje se centra en Elías y el poder de Dios en contraste con la impotencia de Baal y sus profetas. El pueblo de Dios figura también porque tiene que decidirse.

Al igual que en la época de Josué, Israel es desafiado a escoger a quién servir. En el tiempo de Elías cuando todavía prevalecía el politeísmo en todos los derredores del pueblo de Dios, era preciso que se practicase fidelidad únicamente a Jehová en Israel. Técnicamente, esto es lo que se llama monolatría: la fidelidad y la adoración a un solo Dios de entre muchos. La idea teológica del monoteísmo absoluto llegaría en Israel más tarde. Ante la aparente vacilación del pueblo respecto a su absoluta fidelidad, Elías usa una expresión muy gráfica para describir su condición vacilante. Les dice: ¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? La RVA correctamente traduce el heb. literal en la nota al pie así: “¿Por cuánto tiempo danzaréis cojeando sobre dos muletas?” Una paráfrasis sería: “¿Por cuánto tiempo seguiréis cojeando entre los dos puntos del empalme del camino?” Sea la versión que uno escoja, el significado es claro.

Sólo yo he quedado como profeta de Jehová, pero de los profetas de Baal hay 450 hombres. Es un poco extraño que Elías diga esto, ya que Abdías había informado respecto a 100 profetas de Jehová escondidos en cuevas y a quienes había provisto protección y sustento. Es posible que Elías haya dicho esto para proteger a Abdías; en su defecto, podría estar simplemente expresando su dependencia en Jehová, ya que tenía que enfrentar a un grupo tan grande de profetas de Baal.

De otro modo, ¿estaría desdeñando a profetas que se esconden en cuevas y no hacen frente a la crisis?

Según el pasaje y su contexto inmediato, parece que los 400 profetas de Asera no asistieron. El gran espectáculo se celebraría a unos 70 m. de altura para que todos pudieran verlo. El monte Carmelo estaba rodeado de una gran llanura. Además, el monte estaba ubicado en la costa palestina, el punto de un antiguo centro de adoración.

El propósito fundamental no era que se supiese cuál de los dos dioses era el más grande y poderoso, sino cuál era el único y verdadero Dios para Israel. El pecado no era rechazar a Jehová, sino combinarlo o mezclarlo con la adoración a Baal (el sincretismo). El pueblo vacilaba, es decir, “cojeaba”, no tenía firmeza. Quería servir a Jehová y a Baal al mismo tiempo. ¿Eran renuentes o tenían temor de romper con alguna forma de adoración?

Muchos nos dicen hoy que “debemos tener una mente abierta. Que no debemos ser estrechos en nuestra manera de pensar”. Pero la verdad es una sola. Cuando la dividimos o la mezclamos con una mentira, ya deja de ser verdad. En las cosas de Dios, no hay lugar para combinaciones. Ser indecisos o neutrales en las cosas espirituales es algo que no agrada a Dios; es una demostración de hipocresía.

Dennos, pues, dos toros… Veamos ahora que Elías, con una actitud propia de un verdadero profeta de Jehová, inicia los preparativos para el gran evento. El sabio y astuto profeta es quien establece las condiciones:

(1) Habrá dos cultos separados. Habría problemas en unir el culto a Dios con el de Baal, y de ese modo sería más fácil llegar a una decisión.
(2) El fuego del cielo sería la respuesta milagrosa y verdadera para tomar una decisión final; y no por una ley u opinión de personas.

Ellos tomaron el toro que les fue dado, y lo prepararon. Luego invocaron el nombre de Baal… Los profetas de Baal tuvieron la oportunidad de tener el primer culto. Este les ocupó casi todo el día, quizá hasta las tres de la tarde. Su ritual llegó a tal extremo que algunos perdieron el sentido y actuaron como locos. El cortarse con cuchillos era una costumbre en los cultos paganos. Entre el “dios adorado y el adorador” se hacía como un “pacto de sangre”. Daban gritos y danzaban; perdieron el control, no sabían lo que hacían. ¿Tratarían de llamar la atención y de inspirar lástima en sus dioses? ¡Cuán lejos está todo esto del culto racional que enseñan las Escrituras! A pesar de tanta bulla y ritual, aquello fue un culto muerto. Baal fue sordo a la oración de sus sacerdotes. Los dioses del fuego no respondieron. Las “burlas proféticas” de Elías  fueron una realidad. Sus palabras suenan hasta chistosas, pero el profeta hablaba con el más severo sarcasmo y la más profunda ironía. Los profetas de Baal debían seguir en su frenesí, porque tal vez su dios estaba haciendo sus necesidades, y no los podía atender en el momento. Baal, el gran ausente e impotente, había sido derrotado. ¿Quién es el verdadero Dios? Jehová no tiene rival.

Elías tomó doce piedras… Vamos ahora al sencillo culto del profeta de Dios. Antes de ello, el altar es reparado. El que Elías haya tenido que reparar el altar indica que el monte Carmelo había sido un lugar de adoración a Jehová. La persecución sistemática del culto a Jehová de parte de la reina Jezabel abarcaba no tan solo a sus adoradores sino también los lugares de adoración. Las 12 piedras parecen figurar la unidad gloriosa del antiguo Israel. The Interpreter´s OneVolume Commentary of the Bible opina que el uso del número 12 tendría que ser un agregado tardío, ya que sería difícil que un documento del norte no hablara de 10 tribus en lugar de 12. Tal vez sería así si 1 de Reyes fuera un documento norteño; hay que recordar que el deuteronomista escribe mucho después de los eventos descritos, y él piensa en un Israel unido e ideal.

Elías construye el altar en el nombre de Jehová. Ya que toda la historia gira en torno a los nombres de Baal y Jehová, es patente que el nombre de Jehová se usa varias veces en este relato como una fuerza poderosa.

Elías hace todos los preparativos prescritos para la presentación de un sacrificio a Jehová. Todo el proceso sigue lo estipulado en el versículo 23 con excepción de la zanja. No hay indicios de que una zanja figurara en el sistema sacrificial de los hebreos. Todo esto sería una acción misteriosa para los observadores hebreos. La zanja es los suficientemente grande como para contener 15 litros. Esta zanja simplemente se llenaría del excedente de agua que no quedó absorbido por el sacrificio y la leña. El propósito de la zanja se revela en los versículos 34, 35. La cantidad exacta de agua derramada no se sabe, pero era lo suficiente como para dejar a la gente atónita.

!Oh, Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel… Luego, el hombre de Dios eleva una sola, sencilla pero poderosa, oración intercesora; y esta “plegaria del hombre justo” es suficiente para que suceda el milagro. Desde el cielo cae el fuego sobre el sacrificio y lo consume todo. Un comentarista hace más dramática la escena: “Las nubes que anunciaban la lluvia se juntaron. Hubo un rayo o una descarga eléctrica que cayó para consumir el sacrificio”. Es interesante, no obstante, que The Interpreter’s OneVolume Bible Commentary, no conocido por su postura demasiado conservadora, comenta al respecto: “Es una insensatez intentar racionalizar esta historia, identificando así el fuego como un rayo o relámpago. El punto esencial es la divina intervención milagrosa. Para los hebreos, así obraba Dios”. El profeta demuestra que si Jehová respondía, no era por medio de un ritual, sino por medio de un milagro. Venía en respuesta al clamor de un hombre justo para que todo el pueblo supiese quién era el verdadero y único Dios de Israel.

¿Cuáles fueron los resultados de este hecho tan extraordinario? La respuesta no se hizo esperar: (1) Israel respondió: !Jehová es Dios! !Jehová es Dios! Esta aclamación, alegre y segura, es una expresión de verdadera adoración; fue hecha con admiración y temor, como un reconocimiento de la soberanía del Señor Jehová. 2) El juicio de Dios tampoco se hizo esperar. ¿Parece muy dura y cruel la pena de muerte para los falsos profetas? La ley establecía que los idólatras debían ser castigados con la muerte. Algunos piensan que este castigo es contrario al espíritu de gracia del evangelio. No obstante, debemos recordar que Dios es amor pero también es justicia.

Con todo, hay que recordar, además, que las prácticas sanguinarias de algunos de los hombres de Dios en el Antiguo Pacto obedecían también a las costumbres en boga durante el día; reflejaban el común comportamiento de sus tiempos. Solo hay que leer de nuevo algunas historias en torno a Saúl, David y otros para comprobar que tal era el caso. No hay que justificar prácticas cruentas y salvajes como si fuesen la perfecta voluntad de Dios para hoy; hay que recordar que Elías no tenía la revelación de Dios en Jesucristo.

Pese a ello, vale la pena elogiar la conducta del profeta Elías. ¡Cuán asombrosa es su fidelidad a Dios! No le importa que toda una nación como Israel sea odiosa a los ojos de su Dios. ¡Cuánto luchó, hasta para derrotar a su pueblo, si éste no era fiel a Dios! Si en alguna cosa podemos estar de acuerdo con la perversa Jezabel, es en ver a Elías como su enemigo más peligroso. ¡Cuántos Elías nos hacen falta hoy en el pueblo de Dios!

Elías anuncia el fin de la sequía

Elías dijo a Acab… Es notable que hasta ahora aparezca de nuevo Acab. Durante toda la lucha entre Jehová y Baal en el monte Carmelo no se menciona siquiera al rey. Es obvio que los personajes más importantes no son el rey, Baal y sus profetas, ni Elías. Aunque mucha de la acción gira en torno al profeta de Dios, el que realmente actúa milagrosamente es el Dios de Elías. Sube, come y bebe; porque se oye el ruido de una fuerte lluvia… No hay indicio de que Acab mismo haya oído tal ruido, pero ya que el Dios de Israel ha sido totalmente vindicado en la lucha, no hay porqué no atender el consejo de su mensajero. Hacía falta hacer los preparativos necesarios para volver a su casa. Elías es ahora el dueño de la situación. Manda al rey a preparase antes de que venga la lluvia. Era preciso esto porque Jezreel quedaba a unos 23 km. de Carmelo, y era la capital invernal de Acab.

Postrándose en la tierra… El profeta asume una postura de sumisión o meditación y ora a su Dios. Walsh dice que el verbo empleado es rarísimo en el heb. bíblico. Se presume que su postura impide que el mismo profeta mire, y por lo tanto ordena que su criado (cuyo nombre se ignora y hasta ahora se habla de él) le vaya avisando de las señales de la lluvia. He aquí, veo una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre… El siervo hace varios viajes a la cumbre para divisar la llegada de la lluvia. Dirige su mirada hacia el mar Mediterráneo, que fácilmente se veía desde Carmelo. Las lluvias, si es que aparecían, vendrían de allí. La expresión descriptiva de la nube parece ser una metáfora común para describir algo muy pequeño.

Cayó una fuerte lluvia. Por fin Dios levanta el castigo. Una gran cantidad de nubes acompañadas por fuertes vientos anuncian el fin del largo verano. Una vez más se demuestra que Baal no es el dios de la lluvia. Dios cumple su promesa de enviar lluvia al pueblo que se arrepiente. Una vez más, la verdad triunfa, aunque, a veces, los resultados parezcan ser temporales.

…pero la mano de Jehová estuvo sobre Elías. Todo esto es obra de Dios por medio de un hombre justo que se deja dirigir por su Espíritu. Elías demuestra su fidelidad a Dios. ¿Por qué se adelanta Elías en su viaje? ¿Ocuparía las fuerzas dadas por Dios para anunciar al pueblo el cese de la sequía? ¿Esperaría que Acab se arrepintiera y renovara su pacto con Jehová? De todas maneras la fe de Elías es impresionante. Veámoslo olvidarse de sí mismo para postrarse en oración. Oigamos cómo manda decir a Acab que se apure para pasar el arroyo, antes que crezca y no pueda pasar. Pero lo más grande de todo es que la mano del Señor sostuvo a su profeta.

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