1 de Reyes 17: El Profeta Elías y el Rey Acab

1 de Reyes 17: El Profeta Elías y el Rey Acab

1 de Reyes 17:1  El Profeta Elías y el Rey Acab (17.1–22.40)  Elías predice la sequía[a]  Entonces Elías,[b] el tisbita,[c] que era uno de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: «¡Vive Jehová, Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, hasta que mi boca lo diga!».[d]

Dios respondió al peor de los reyes de Israel levantando a uno de los más grandes y poderosos profetas del AT, Elías tisbita . Lo de tisbita alude a que era de la ciudad de Tisbe, en Galaad . El significado de la profecía que anunciaba el cese de las lluvias se entiende mejor cuando recordamos que quienes adoraban a Baal creían en que este dios controlaba las lluvias. En efecto, Elías atacó a fondo al baalismo y retó a su así denominado dios, proclamando que Jehová Dios de Israel era quien dominaba los elementos de la naturaleza.

Elías fue uno de los primeros de una larga línea de profetas importantes que Dios envió tanto a Israel como a Judá. Israel, el reino del norte, no tuvo reyes fieles a lo largo de su historia. Cada uno de los reyes fue malvado, y llevaron al pueblo a la adoración de dioses paganos. Quedaban ya muy pocos sacerdotes de la tribu de Leví, la mayoría se habían ido a Judá, y los sacerdotes designados por los reyes de Israel eran corruptos e ineficaces. Debido a que no había algún rey o sacerdote que llevara la Palabra de Dios al pueblo, Dios llamó profetas para que trataran de rescatar a Israel de su decadencia moral y espiritual. Durante los siguientes trescientos años, estos hombres y mujeres jugarían un papel vital en ambas naciones, al alentar al pueblo y a los líderes a que regresaran a Dios.

Aquellos que adoraban a Baal creían que era el dios que traía las lluvias y las cosechas abundantes. Así que, cuando Elías entró a la presencia de este rey que adoraba a Baal, y le dijo que no habría lluvia durante varios años, Acab se quedó consternado. Acab había construido una fuerte defensa militar, pero esta no ayudaría en nada durante la sequía. Tenía muchos sacerdotes de Baal, pero no podían hacer llover. Elías confrontó con valor al hombre que había llevado el pueblo al mal, y le habló de un poder mayor que cualquier dios pagano: el Señor, Dios de Israel. Cuando la rebelión y la herejía estaban en pleno apogeo en Israel, Dios respondió no solo con palabras sino con acciones.

1 de Reyes 17:2  Llegó a él una palabra de Jehová, que decía:

1 de Reyes 17:3  «Apártate de aquí, vuelve al oriente y escóndete en el arroyo Querit, que está frente al Jordán.[e]

La ubicación geográfica de Querit no se conoce. Evidentemente, esta área no estaba bajo la jurisdicción de Acab.

1 de Reyes 17:4  Beberás del arroyo; yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer».

1 de Reyes 17:5  Él partió e hizo conforme a la palabra de Jehová, pues se fue y vivió junto al arroyo Querit, que está frente al Jordán.

1 de Reyes 17:6  Los cuervos le traían pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía del arroyo.

1 de Reyes 17:7  Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

1 de Reyes 17:8 Elías y la viuda de Sarepta[f] Luego llegó a Elías una palabra de Jehová, que decía:

1 de Reyes 17:9  «Levántate, vete a Sarepta de Sidón[g] y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente».

1 de Reyes 17:10  Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Cuando llegó a la puerta de la ciudad, había allí una mujer viuda que estaba recogiendo leña. Elías la llamó y le dijo: –Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso para que beba.

En una nación en la que la ley requería que se cuidara a sus profetas, es irónico que Dios se valió de cuervos (pájaros inmundos) y de una viuda (una extranjera del territorio natal de Jezabel) para cuidar de Elías. Dios tiene ayuda donde menos la esperamos. Nos bendice de formas que van más allá de nuestras pobres definiciones o expectativas. No importa cuán amargas puedan ser nuestras pruebas o cuán desesperanzada parezca nuestra situación, debemos buscar la mano generosa de Dios. ¡Podremos encontrar su providencia en algunos lugares extraños!

1 de Reyes 17:11  Cuando ella iba a traérsela, él la volvió a llamar y le dijo: –Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tus manos.

1 de Reyes 17:12  Ella respondió: –¡Vive Jehová, tu Dios, que no tengo pan cocido!; solamente tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en una vasija. Ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo. Lo comeremos y luego moriremos.

1 de Reyes 17:13  Elías le dijo: –No tengas temor: ve y haz como has dicho; pero hazme con ello primero una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela. Después la harás para ti y para tu hijo.

Cuando la viuda de Sarepta se encontró con Elías, ella pensó que estaba preparando su última comida. Pero un simple acto de fe produjo un milagro. Ella confió en Elías y le dio todo lo que le quedaba para comer. La fe es el paso entre la promesa y la seguridad. Los milagros parecen tan fuera de nuestro alcance debido a nuestra fe débil. Pero todo milagro, pequeño o grande, comienza con un acto de obediencia. Quizá no veamos la solución hasta que demos el primer paso de fe.

1 de Reyes 17:14  Porque Jehová, Dios de Israel, ha dicho así: “La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra”.

1 de Reyes 17:15  La viuda fue e hizo como le había dicho Elías. Y comieron él, ella y su casa,[h] durante muchos días.

Sarepta : Ciudad de la costa mediterránea en Fenicia donde se realizó el primer milagro de Elías. A una mujer viuda que apenas tenía que comer, Elías le pidió le entregara el último bocado que le quedaba. Si lo hacía, Dios le daría provisiones que no se agotarían. La mujer se sobrepuso al temor, respondió con fe, y Dios cumplió su promesa

1 de Reyes 17:16  No escaseó la harina de la tinaja, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías.

Debes darle una oportunidad a Dios. Semilla de fe. Este episodio nos enseña a invitar a Dios a usar su ilimitado poder en el contexto de nuestros limitados recursos y circunstancias. En él encontramos dos importantes principios para nuestra edificación.

Primero, debemos ofrecer algo que nos sea necesario. Este es el tipo de dádiva que requiere nuestra fe. Esta mujer tenía necesidades personales y familiares, pero ofrendó para sostener el ministerio y la vida de Elías, el profeta de Dios. Entonces Dios le proporcionó abundante provisión.

Segundo, esta mujer dio primero. Su ofrendar activó el milagroso proceso de la provisión de Dios. Por espacio de casi tres años Dios multiplicó su pan.

Tus dádivas son la causa de que algo suceda de acuerdo con los eternos principios de la siembra y la siega. Hay un viejo dicho que merece repetirse: «Sin Dios tú no puedes, sin ti Dios no puede». Dios ya ha provisto de su parte. Ahora debemos dedicarle nuestras ofrendas. Ello hará que fluyan sus provisiones para nuestra existencia terrenal. ¡Siembra! ¡Dios lo multiplicará!

1 de Reyes 17:17  Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa. La enfermedad fue tan grave que se quedó sin aliento.

Aun cuando Dios ha obrado un milagro en nuestras vidas, nuestros problemas pueden no haberse acabado. El hambre es una experiencia terrible, pero lo peor estaba por venir. La provisión de Dios nunca se nos da para que podamos descansar en ella. Debemos depender de El tan pronto como surja una nueva prueba.

1 de Reyes 17:18  Entonces dijo ella a Elías: –¿Qué tengo que ver yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido aquí a recordarme mis pecados y a hacer morir a mi hijo?

1 de Reyes 17:19  –Dame acá tu hijo –le dijo él. Lo tomó entonces Elías de su regazo, lo llevó al aposento donde él vivía y lo puso sobre su cama.

1 de Reyes 17:20  Luego clamó a Jehová diciendo: «Jehová, Dios mío, ¿también a la viuda en cuya casa estoy hospedado vas a afligir, haciendo morir su hijo?».

1 de Reyes 17:21  Se tendió sobre el niño[i] tres veces y clamó a Jehová: «Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma a este niño».

1 de Reyes 17:22  Jehová oyó la voz de Elías, el alma volvió al niño y este revivió.

1 de Reyes 17:23  Tomó luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, lo entregó a su madre y le dijo: –Mira, tu hijo vive.

1 de Reyes 17:24  Entonces la mujer dijo a Elías: –Ahora reconozco que tú eres un varón de Dios y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.

El segundo milagro de Elías fue devolverle la vida al hijo de la viuda de Sarepta. Algunas personas han dicho que el muchacho no estaba realmente muerto, sino sólo inconsciente. Sin embargo, los vv. 18, 20, 22 y 23, no dejan dudas sobre la muerte del muchacho. Reyes incluye estos incidentes en el cap. 17 para demostrar que el Señor Dios de Israel era más poderoso que Baal

Paréntesis profético : Elías y Eliseo

Como ya se ha visto, en un sentido el reinado de Acab solo sirve para dar trasfondo a la introducción de la persona verdaderamente importante: Elías. Para el historiador bíblico, Elías es todo lo que Acab no es. Es decir, el profeta es aliado y vocero de Dios; Acab es sacrílego, apóstata e idólatra. No se nos escapa que el nombre de Elías significa “Jehová es Dios”. Respecto al significado de su nombre, Elías es la contrafigura de Etbaal, el suego de Acab, pero en el caso de Elías su nombre se refiere al Dios de Israel.

Primer enfrentamiento de Elías con Acab

El anuncio de la sequía

Con el comienzo de este capítulo se ejecuta un cambio radical en el fluir de la narración. En lugar de centrarse en una letanía de cronologías de los respectivos reyes, fuesen estos de Judá o Israel, ahora se fija la atención en “profetas”. La verdad es que el libro de Reyes tiene más que ver con profetas que con reyes. Es decir, para el deuteronomista es el ungido profeta de Dios el que viene siendo el movedor de la historia, no los reyes. Son más importantes los profetas que los mismos reyes, porque aquellos saben interpretar los eventos históricos a la luz de su relación con el Dios de Israel. Todo lo que nosotros solemos llamar “historia secular” es visto por los profetas como acción de Dios. Los matices teológicos vienen siendo a veces más importantes que los hechos fríos de una mera cronología.

Es interesante observar también que estos capítulos que se centran en el profeta Elías carecen mucho de la teología clásicamente deuteronómica. Es decir, no están presentes aquellos matices que se han señalado anteriormente como parte y parcela de la teología del deuteronomista. Esto significa que los materiales acá son historias más antiguas que el mismo escritor bíblico, y las emplea durante sus experiencias en el exilio babilónico para demostrar una gran verdad: el haber seguido a los reyes resultó en la “muerte de la nación” en Babilonia. Quiere decir que, para el deuteronomista, en lugar de gobernar en el nombre y el espíritu de Dios, los reyes, por su rebeldía y su apostasía, llevaron la nación a la ruina. El descubrimiento y la expresión de esta verdad es uno de los logros didácticos más singulares del autor de Reyes.

El profeta Elías aparece repentinamente en la historia. No se sabe casi nada de su origen, parientes, etc. “He aquí un gran hombre sin una gran presentación”, escribe un comentarista. Lo que sí se nos da es su lugar de origen: una aldea llamada Tisba; por ende se le clasifica a Elías como tisbita. La aldea pertenecía a Galaad en la Transjordania. Hay algunos que opinan, no obstante, que el adjetivo tisbita no alude a una región geográfica sino a una clase de persona, específicamente, un residente extranjero. Según esta suposición, la palabra “tisba” deriva de toshab  H8453, palabra heb. que se refiere a un extranjero.

Este mismo profeta, anteriormente desconocido, obedeciendo la voz de Jehová, anuncia al rey Acab una tremenda y duradera sequía. Dios le iba a dar a su pueblo una lección muy dolorosa que se iba a sentir por todo el pueblo. Primero: Demostrar que Jehová es el único y verdadero Dios; que él es el Señor y soberano de la creación. Los dioses de los idólatras eran la lluvia, el sol, el trueno; es decir, todos los poderes de la naturaleza. Al no llover, la tierra no daría su fruto, el ganado moriría. Todo se quemaría bajo el ardiente calor. Dios quería sanar a Israel de esta mortal enfermedad: la idolatría. La sequía iba a probar que toda la naturaleza dependía de su creador para poder vivir. Segundo: Castigar a Israel por su idolatría.

A este punto, llama la atención que el escritor bíblico no describe la relación de Elías con Jehová, ni siquiera lo tilda de profeta. Más extraño aun es que no se hable nada de la respuesta de parte del rey Acab. Es más, no se vuelve a hablar del rey por largo rato. Es claro que el deuteronomista se interesa más en Elías que en Acab. El hecho de que Dios le dice a Elías que se esconda puede sugerir que el rey se disgusta por el anuncio y que Elías está en peligro, ya que posiblemente lo acuse de ser el causante de la sequía.

Lo que sí es patente: la sensibilidad y acato a la palabra de Jehová por parte de Elías. Aunque el escritor bíblico no usa el término “profeta”, sin duda éste hace el papel de uno.

Se considera a Elías como la mayor personalidad religiosa que se levantó desde los días de Moisés. Se le llama “el solitario, el hijo del desierto”, como a Juan el Bautista. Por su manera de vestir y de vivir, le llaman también “el nazareno”. Pero una cosa es notable: Elías aparece, en el tiempo de Dios, en un momento oportuno y de mucha necesidad. Es cuando Israel está en la más grosera y oscura idolatría, y cuando hasta los mismos sacerdotes se habían apartado de Jehová. Entonces surge un hombre diferente, con un ministerio diferente: el profeta Elías. Aunque es cierto que en todos los tiempos hubo profetas como Moisés, Samuel y otros, también es verdad que estos no lo eran propiamente de oficio. El rey debía haberse sentido muy privilegiado de tener frente a sí a un hombre del tamaño de Elías.

Después del anuncio de la sequía, Dios dirigió a Elías a un lugar de retiro. ¿Sería para su propia seguridad? Como ya se ha sugerido, lo más probable es que sí. ¿Sería para alentarlo y prepararlo? Aunque parezca extraño que aves inmundas alimenten a Elías, y el arroyo se seque, Dios hace milagros para sostener a su profeta. Después lo haría por medio de una viuda. El que alimenta las aves del cielo, ¿no podrá usar los cuervos para sustentar a su siervo en las dificultades? ¿Quién no recuerda el maná y las codornices en el tiempo de Moisés? ¡Cuánto se parecen Elías y Moisés!

Elías y la viuda en Sarepta

Por haberse secado el arroyo, la provisión de Dios para el profeta tiene que encontrar otra expresión. En efecto, hay una transición en el relato, justamente debido a la sequía que Elías mismo había predicho. Entonces la palabra de Jehová vino a Elías : al igual que en el primer episodio, llega la palabra de Dios al profeta con instrucciones que seguir.

Sarepta de Sidón era una aldea costanera que quedaba unos 16 km. al sur de Sidón, territorio fenicio. En realidad, esta aldea quedaba entre dos puntos importantes en la costa del mar Mediterráneo: Sidón y Tiro. Una mujer viuda… Ahora Elías, siempre bajo la dirección de Dios, se sale de los límites de Israel para ser alimentado por una mujer gentil. Las viudas eran la clase social más humilde y necesitada, y por quienes Dios siempre ha tenido una gran preocupación. El que el profeta haya tenido que depender de una mujer extranjera para su sustento va en contra de todo sentimiento y costumbre de los hebreos. Ella era una “doña nadie”. Pareciera que Dios quería que Elías reconociera su propia vulnerabilidad, sometiéndose al socorro del estrato más vulnerable de la sociedad antigua. Brueggemann sugiere que el relato permite una analogía con la historia de Jesús y la mujer samaritana. Tanto Elías como Jesús pidieron agua primero. Ambos a la postre van en socorro, pero son socorridos. Sigue el tema de la vulnerabilidad. Pareciera que Dios quería enseñarle a Elías la misma lección que aprendió el Apóstol: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

Se contrastan las dos actitudes de la viuda ante las peticiones de Elías. Cuando pide agua, se apresura a dársela. Cuando se trata de comida, la mujer rehúsa por razones que se hacen patentes después. Es más, pronuncia una especie de juramento en el nombre de Jehová. Esto no debe sorprendernos, dada la sociedad politeísta en la que vivía. Ella solo reconocía que Elías seguía al Dios de Israel y no a los dioses de Sidón. Es seguro que la petición de Elías debió sorprender y preocupar a esta viuda. ¿Quién sabe si preparaba su última comida? ¿Cómo podría compartirla?

La respuesta de Elías a las palabras desesperadas de la mujer reflejan el mismo formato que las palabras de Jehová a Elías anteriormente: hay un mandato, seguido por una explicación esperanzadora. No tengas temor…, son palabras que amortiguan la petición posterior. Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel…, representa la expresión clásica de los profetas al entregar un oráculo de Dios. Sería únicamente por el poder de este mismo Dios que se satisfarían las necesidades del profeta y las de la viuda. Ella responde con fe y obedece al profeta. Su generosidad fue milagrosamente recompensada, y más allá de la necesidad. Sin duda que esta mujer de Sidón recibió una prueba del amor de Dios, la que sería un testimonio para todos. Alguien escribió: “La fe de un gentil vale más que la incredulidad de diez judíos juntos, aunque aquella sea del tamaño de un grano de mostaza.” Más importante aun, Jesús mismo alaba a esta mujer.

A partir de este versículo, ya no es el hambre el problema principal, sino la muerte. Es de sumo interés notar las actitudes paralelas de la viuda que acusa al profeta y las del profeta que acusa a Dios por la muerte del hijo. ¿Qué tengo yo contigo, oh hombre de Dios? Pese el haber obedecido al profeta y así proveerle de alimento, arriesgándose ella, la viuda se encuentra decepcionada. Acusa al profeta de haber ocasionado la muerte de su hijo por causa del pecado de ella. El haber reconocido a Elías como profeta (hombre de Dios) no suaviza la recriminación; la hace aun más severa. Ella aparentemente es de la opinion de que la misma presencia del profeta acarrea el castigo de Dios.

Elías, siguiendo la costumbre de antaño, lleva al hijo de la viuda a su habitación. Existía la creencia de que el contacto físico entre una persona vigorosa y otra enferma (en este caso muerta) permitiría la restauración de la vida. Solo hay que recordar algo similar ya visto en el caso del anciano David y la joven. En este caso particular, el profeta acuesta al hijo sobre su cama y empieza a recriminar a Dios por causar esta aflicción. Le recuerda a Dios que él mismo lo había mandado a la viuda. ¿Su obediencia ahora repercute en la muerte del hijo? Son palabras ásperas pero no desesperadas. Elías se acuesta sobre el cadáver del hijo y pide que el mismo Dios a quien acusaba le restaure la vida (heb. nefes, alma) al muerto. Conviene recordar que nefes quiere decir el principio vital en el hombre, unión entre ruach (espíritu, que solo proviene de Dios) y basar (materia o carne). Elías simplemente pide que Dios le restaure el principio vital o vida a la carne ya inerte. Más aun, que esta resucitación no es “el primer, genuino e indisputable ejemplo de la resurrección de entre los muertos en el AT”. En una resucitación, el anteriormente muerto vuelve a morir. En el sentido de una resurrección neotestamentaria, hay solo una: la de Jesús. No se debe encontrar en el AT todo lo que se halla en el NT. Lo bueno de este relato es que Dios escuchó la plegaria de Elías y respondió con la resucitación del hijo.

¿Cuál sería la actitud de la mujer ante todo esto? El colmo de la prueba para la viuda fue la muerte de su único hijo. ¿Pensaría esta mujer que todo esto era un castigo de Dios? ¿Acaso la visita del profeta despierta en ella el remordimiento por algún pecado oculto? Pero Dios envió a Elías para fortalecer la fe de aquella mujer, y también la del mismo profeta. Los siervos de Dios tienen también sus propias necesidades; y Dios las usa, a veces, para traernos a un conocimiento más completo de él y a una fe más firme en su Palabra.

¿Tendría la viuda alguna duda de quién era Elías? ¿Sería un verdadero profeta de Dios? Si acaso no le reconoció por su manera de vestir o de hablar como un israelita, ahora sí estaba bien convencida de quién era Elías. Para terminar esta parte, nos preguntamos: ¿Testificaría esta gentil de este milagro a otros de su propia raza?

Los profetas de 1 Reyes

Natán “dado por Dios“

Natán fue un profeta de la corte de David; desempeñó un papel importante en su reino. Fue él quien anunció a David que su sucesor construiría el templo, y quien culpó a David por la muerte de Urías, esposo de Betsabé. Cuando supo el plan de Adonías de hacerse rey en el lugar de su padre David, Natán astutamente llevó a cabo un plan con Betsabé para asegurar que Salomón, y no Adonías, sucedería a David en el trono. Es probable que Natán se diera cuenta de que su plan también serviría para salvar su propia vida, porque no fue incluido como un aliado de Adonías en su complot. Sus hijos fueron prominentes en la administración salomónica de Israel.

Ajías “hermano (amigo) de Jehová“

Las profecías de Ajías de Silo están relacionadas con el reino de Jeroboam, el primer rey del reino norteño. En una actuación profética dramatizada en el camino en las afueras de Jerusalén, Ajías rasgó su manto nuevo en doce pedazos, y dio diez de ellos a Jeroboam. Significaba que Jeroboam recibiría diez de las doce tribus de Israel como consecuencia de su rebelión contra Roboam, el hijo y sucesor de Salomón. Dios prometió por medio de Ajías que Jeroboam tendría una descendencia real si andaba en los caminos de Jehová. Después de no hacerlo, Ajías, ya viejo, tuvo que anunciarle a Jeroboam que su línea no seguiría. Efectivamente, su hijo Nadab reinó solamente dos años y la línea se rompió.

Semaías “aquel a quien Jehová ha escuchado y respondido“

Cuando Jeroboam encontró las circunstancias apropiadas para tomar las diez tribus del norte y así cumplir la profecía de Ajías, Roboam reunió sus tropas de Judá y Benjamín para luchar contra Jeroboam y retomar el poder. El profeta Semaías tuvo el papel importantísimo de detenerlo y convencerlo de que la rebelión de Jeroboam fuera en los planes de Jehová. Según 2 sw Cronicas 12:15, Semaías fue el coautor de un libro de historia sobre la familia real.

“El profeta de Judá“ sin nombre

Este extraño profeta aparece al lado de uno de los altares prohibidos que Jeroboam había construido para que los norteños no tuvieran que descender a Jerusalén para adorar. La última vez que Jeroboam había escuchado una palabra profética, por medio de Semaías, la palabra fue bienvenida, pues legitimó su rebelión y toma de poder. Por su desobediencia recibió de este profeta sin nombre las indicaciones de que Jehová no estaba contento con sus acciones y que su línea real no duraría. Esto fue comprobado luego por la profecía de Semaías y por la historia.

Luego, el mismo profeta se encontró dudando y desobeciendo la palabra de Jehová sobre sus propias acciones y un león lo mató. Como Jeroboam, quien fue el objeto de su profecía, el profeta de Judá no confiaba en la primeras instrucciones que le fueron dadas por el Señor. Triste e irónicamente, seguía sus propias ideas acerca de su destino, igual que Jeroboam.

El historiador Josefo indica que este profeta se llamaba Nadon, que significa “juez”.

El “profeta anciano“ sin nombre

No hay indicaciones de que este profeta seguía en función como profeta, y quizá el adjetivo “anciano” indique lo contrario. De todas formas, su intervención en la historia del profeta de Judá es muy rara. Sus palabras contradijeron las instrucciones que el profeta de Judá había recibido de Jehová. Fue un mentiroso y desvió al profeta activo y fiel de su camino. Su mentira causó la muerte de su colega.

Jehú “Jehová es él“

Le tocó a Jehú, hijo de Hanani, entregar las noticias malas al rey Baasa que, como sucesor de la línea de Jeroboam, tampoco podría esperar una línea real. Baasa había asumido el trono después de matar a Nadab, hijo de Jeroboam, menos de tres años después de la muerte de Jeroboam, cumpliendo así las profecías de Semaías y el profeta sin nombre de Judá. El mensaje de Jehú fue que, en lugar de reformar las prácticas religiosas que habían sido tan torcidas por Jeroboam, Baasa simplemente había matado a sus enemigos y continuado con las mismas prácticas. Por seguir los mismos caminos malos en lugar de reformarlos los descendientes de Baasa no reinarían sobre Israel. La profecía de Jehú se cumplió cuando Ela, el hijo de Baasa, fue asesinado por Zimri en su segundo año en el trono.

Elías “mi Dios es Jehová“

Elías el tisbita no fue “un” profeta; fue “el” profeta. Llegó a ser el símbolo de profecía y de la vida de un profeta por excelencia. El AT termina mencionando la figura de Elías como el paradigma de él quien “hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres. Los discípulos de Jesús le confesaron que algunos judíos contemporáneos creían que él era Elías reencarnado y esta posibilidad dejó perplejo al rey Herodes. Quizá el ayuno de Jesús de 40 días y 40 noches siguió el patrón del ayuno de Elías.

Elías es más conocido, quizá, por su lucha contra el baalismo, que tuvo su clímax en el encuentro en el monte Carmelo. Como Baal era el rival principal de Jehová, Jezabel, esposa vil y tiránica del rey Acab, lo fue de Elías. Elías enfrentaba constantemente a Jezabel, quien controlaba a su esposo y personificaba el mal que caracterizaba a Israel en el tiempo de Elías. Aunque Elías y Jehová ganaron la competencia en el monte Carmelo y mataron a 400 profetas de Baal allí, la lucha continuaba y Jezabel buscaba matarlo. Después de un período de desánimo, Elías entiende que la lucha entre el bien y el mal continuaría con su sucesor, Eliseo, y los futuros reyes de Israel y Siria.

Entretejidos en los relatos de su lucha contra Baal están los milagros que acompañaron el ministerio de Elías. Hubo por lo menos ocho eventos milagrosos en su ministerio.

1.     Los cuervos le llevaron pan y carne durante la sequía que él había predicho.

2.     La harina y el aceite de la viuda de Sarepta no se acabaron hasta el fin de la sequía, para que ella, su hijo y Elías tuvieran que comer.

3.     El hijo de la viuda de Sarepta murió y fue revivido por las ministraciones de Elías.

4.     Llamó fuego del cielo para consumir el holocausto, el altar y el agua en el encuentro con los profetas de Baal en el monte Carmelo.

5.     Fue alimentado milagrosamente en el desierto, rumbo a Horeb.

6.     Para probar la veracidad de su ministerio, llamó fuego del cielo que consumiera oficiales y tropas del rey Ocozías.

7.     Golpeó las aguas del Jordán para que él y Eliseo pasaran.

8.     Ascendió al cielo en un torbellino.

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