1 de Crónicas 6: Descendientes de Leví

Ciudades asignadas a los levitas

Las ciudades aludidas en esta sección son las que habitaban los levitas cuya asignación se originó en órdenes de Moisés. No ha de entenderse que sólo los levitas las ocupaban o que éstas pasaban a ser propiedad de ellos. El libro de Deuteronomio contempla a los levitas como viviendo en todas partes del territorio casi en calidad de extranjeros; los dueños de los predios (las otras tribus) tenían la responsabilidad de cuidar de los levitas, porque éstos no tenían heredad. El Cronista, siguiendo a Josué 21, les atribuye 48 ciudades con ejidos cercanos para uso de los levitas. Se sabe bien que a los levitas no les correspondían territorios en la tierra de promisión (como propiedad suya), porque “lo mismo ellos como sus posesiones estaban a cargo de la Providencia de una manera especial; siendo Dios su porción, también era su provisión”.

Es digno de notar que los levitas vivían en todo el territorio israelita. A los levitas aarónicos (los sacerdotes), se les asignó ciudades en los territorios de Benjamín y Judá. Esto es natural, ya que ellos serían los oficiantes en los sacrificios del tabernáculo en tiempos presalomónicos y en el templo después. Interesa notar también que algunas de las ciudades asignadas a los levitas eran consideradas como “ciudades de refugio”. Estas eran seis en total, tres en el lado oriental y tres en el lado occidental del Jordán. Según se describe, una ciudad de refugio tenía la mira de dar un lugar de seguridad para aquellos que habían matado sin alevosía, es decir sin querer. Una vez llegado a una de estas ciudades no se permitía venganza de sangre contra él de parte de los parientes del muerto. Eso sí, el que huía a una ciudad de refugio tenía que permanecer allí hasta la muerte del sumo sacerdote en función.

Los versículos 54-65 hablan de las ciudades dadas a los sacerdotes oficiantes, o sea a los descendientes de los cohatitas. Nuestro texto reza: … a ellos les tocó la primera suerte. Para esta lectura los traductores se han valido de lecturas variantes en las versiones Siríaca y Arábiga. Además, aunque el hebreo en este texto omite la expresión primera suerte, hay buena base para incluirla. Se debe explicar que los territorios y las ciudades se daban mediante “suertes”. Los hebreos antiguos consideraban este sistema una forma de determinar la voluntad de Dios. Un ejemplo de esto es el Urim y Tumim. Claro, la idea es que Dios cuidaba primero a los levitas aarónicos y sus necesidades. A éstos les tocaba Hebrón, pero tuvo que hacerse un arreglo, ya que Caleb había conquistado la ciudad. A los sacerdotes se les dio la ciudad de Hebrón y los ejidos cercanos. A los descendientes de Caleb se les dieron los terrenos del campo. Se sabe que los calebitas eran más agricultores y por ende rurales. Los sacerdotes eran más urbanos por su misma profesión.

Según el Cronista, a los sacerdotes les tocaban 13 ciudades, pero sólo nos da los nombres de 11 de ellas. Hay que ver el pasaje paralelo en Josué 21 para reponer los nombres omitidos: Juta y Gabaón.

A los cohatitas también se les dieron ciudades en los territorios allende del río Jordán en predios de la media tribu de Manasés. Eran 10 en total. A los gersonitas les correspondían ciudades en los territorios de Isacar, Aser, Neftalí y de la parte oriental del campo de Manasés. Esta distribución de ciudades fuera de Judá iba a resultar, a la postre, en cultos de adoración aparte del culto en Jerusalén. Esta práctica iba a acarrear dificultades posteriores.

Se ha notado que el Cronista depende casi exclusivamente de Josué 21 para su información. Aunque algunos estudiosos opinan que ciertas partes de esta sección bajo consideración (versículos 65-81) fueron agregadas por otras manos en lugar del Cronista, lo más acertado es que toda esta sección es interpretación del mismo historiador. Claro está, el Cronista no simplemente copió su fuente intacta, pues hace ciertos cambios respecto a nombres, actualizando su ortografía para su propio día. A cada paso hay que tener presente que la redacción del libro de Josué es mucho más antigua que la del Cronista.

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