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1 Corintios 16: Proyectos prácticos

Pastor Lionel

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Despedida y saludos

Estad alerta. Manteneos firmes en la fe. Portaos como hombres. Haceos fuertes. Que el amor presida todas vuestras relaciones.

Hermanos, os insisto: ya sabéis que la familia de Esteban fueron las primicias de la cosecha de Dios en Acaya, y que se han consagrado a ayudar a los que son de Cristo; pues que vosotros seáis también obedientes a tales personas y a todos los que participan en la obra común del Evangelio y se esfuerzan por él. Me ha dado una alegría inmensa la llegada de Esteban, Fortunato y Acaico, porque han completado la información que yo tenía sobre vosotros. Me han confortado el espíritu, como han hecho también con vosotros. Mostrad todo vuestro aprecio a personas así. Las iglesias de Asia os mandan sus saludos. Muchos recuerdos en el Señor de Áquila y Prisca, con toda la iglesia que se reúne en su casa. Todos los hermanos os mandan sus saludos. Saludaos unos a otros de nuestra parte con un beso santo.

Aquí tenéis mi saludo, de mi puño y letra: Pablo. El que no ame al Señor Jesucristo, que se pierda. El Señor está cerca. La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros. Todo mi amor hacia todos vosotros en Jesucristo. Amén.

Este pasaje es interesante por su naturaleza eminentemente práctica y porque, con la máxima sencillez, arroja un torrente de luz sobre la vida cotidiana de la Iglesia Primitiva.

Pablo empieza con una serie de cinco imperativos. Es posible que los cuatro primeros tengan un trasfondo militar y sean como las órdenes de un oficial a sus soldados. < Como centinelas, estad siempre alerta. Cuando os ataquen, manteneos firmes en la fe y no retrocedáis ni un centímetro. A la hora de la batalla, portaos corno héroes. Como soldados bien equipados y entrenados, pelead con bravura por vuestro Rey.» A continuación, la metáfora cambia. Cualquiera que sea la actitud del soldado cristiano para con las personas y las cosas que amenazan al Evangelio desde fuera, para con los que están dentro de la iglesia su actitud debe estar inspirada siempre por la camaradería y el amor. En la vida cristiana tienen que estar siempre presentes el coraje que no retrocede jamás y el amor que nunca falla.

En Éfeso, a Pablo le habían ido a ver Esteban, Fortunato y Acaico, y le habían llevado noticias frescas que llenaban los huecos de su información de lo que sucedía en Corinto. Su elogio de Esteban es muy interesante: Esteban merecía respeto porque se había puesto al servicio de la iglesia. En la Iglesia Primitiva el servicio voluntario y espontáneo era el principio del ministerio reconocido. Uno llegaba a ser un líder en la iglesia, no tanto por un nombramiento humano como por el hecho de que su testimonio y trabajo le señalaban como persona a la que las demás debían respetar. T. C. Edwards dice: < En la iglesia hay muchos que hacen algo, pero pocos que trabajan.» (El D.R.A.E. dice que trabajar es, entre otras cosas, «aplicarse uno con desvelo y cuidado a la ejecución de alguna cosa»).

Los versículos 19 y 20 contienen una serie de saludos. Áquila y Prisca son los únicos que se mencionan por nombre. Estos dos, marido y mujer, circulan por el escenario de las cartas de Pablo y el Libro de los Hechos como Pedro por su casa. Eran judíos y, como Pablo, fabricantes de tiendas de campaña. En un principio estaban instalados en Roma; pero el año 49 ó 50 el emperador Claudio publicó un decreto por el que expulsaba de Roma a todos los judíos. Áquila y Prisquilla se encaminaron a Corinto, donde encontraron a Pablo por primera vez (Hechos 18:2). De Corinto pasaron a Éfeso, desde donde Pablo manda ahora sus saludos a sus anteriores compañeros de Corinto. Por Romanos 16:3 deducimos que habían vuelto a Roma y estaban establecidos otra vez allí. Una de las cosas interesantes sobre Aquila y Prisquilla es que nos muestra lo fácilmente que se trasladaba la gente en aquellos tiempos, especialmente tal vez los judíos. Llevados por su trabajo fueron de Palestina a Roma, de Roma a Corinto, de Corinto a Éfeso y de Éfeso otra vez a Roma.

Hay algo especial en esos dos que no debemos pasar por alto. En aquellos días no habían tal cosa como iglesias, en el sentido de locales para el culto cristiano. De hecho, no sabemos que las hubiera hasta el siglo III. Las pequeñas congregaciones se reunían en casas particulares en las que hubiera una habitación suficientemente grande y conveniente. Pues bien: dondequiera que iban Áquila y Prisquilla, su casa era la iglesia. Cuando estaban en Roma, Pablo manda saludos para ellos y para la iglesia que se reúne en su casa (Romanos 16:3-5). Cuando escribe desde Efeso, manda recuerdos de ellos y de la iglesia que se reúne en su casa. Áquila y Prisquilla eran dos de aquellos cristianos maravillosos que ofrecían sus hogares como centros de la luz y el amor de Cristo, recibiendo a muchos huéspedes y viandantes porque Cristo era siempre su huésped invisible, Que convertía sus casas en refugios de descanso y paz y amistad para los solitarios y tentados y tristes y deprimidos. Homero dedica un gran cumplido a uno de sus personajes cuando dice de él: «Vivía en una casa al borde del camino, y era amigo de todos los viandantes.» El peregrino cristiano siempre encontraba alojamiento acogedor donde vivían Aquila y Prisquilla. ¡Que Dios nos ayude a hacer que sean así nuestros hogares! < Saludaos unos a otros de nuestra parte con un beso santo,» les dice Pablo. El beso de la paz era una costumbre preciosa de la Iglesia Primitiva. Puede que fuera una práctica judía, que los cristianos adoptaron en las iglesias. Aparentemente se daba después de las oraciones e inmediatamente antes de la Santa Cena. Era la señal y el símbolo de que estaban a la mesa del amor unidos en perfecto amor. Cirilo de Jerusalén escribe acerca de esto: «No penséis que este beso es como los que se dan los amigos en el mercado.» No era producto de la rutina ni de la sensualidad. Es verdad que en tiempo posterior no se daban besos entre hombres y mujeres sino sólo entre los hombres o entre las mujeres. A veces se daba, no en los labios, sino en la mano.

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