1 Corintios 15: El Señor resucitado

¿Por qué consideraba Pablo tan esencial la fe en la Resurrección de Jesús? ¿Qué grandes valores y verdades conserva? Es la demostración de cuatro hechos fundamentales que cambian radicalmente el concepto de la vida aquí y en el más allá.

(i) La Resurrección demuestra que la verdad es más fuerte que la falsedad. Según el Cuarto Evangelio, Jesús les dijo a Sus enemigos: «Ahora estáis buscando la manera de matarme por la sola razón de que os he dicho la verdad» (Juan 8:40). Jesús trajo la idea verdadera acerca de Dios y de la bondad; Sus enemigos procuraban Su muerte porque no querían que desaparecieran sus puntos de vista equivocados. Si hubieran conseguido deshacerse de Jesús, la falsedad habría resultado más fuerte que la verdad. En cierta ocasión, el conde de Morton, que era el regente de Escocia, mandó detener al reformista Andrew Melville. «No habrá ninguna tranquilidad en este país -le dijo- hasta que ahorquemos o desterremos a la mitad de vosotros.» «¡Venga, señor! ¡Amenazad así a vuestros cortesanos! A mí me da lo mismo pudrirme en el aire o en la tierra… Pero, ¡gloria a Dios, no está en vuestro poder el ahorcar o desterrar Su verdad!» La Resurrección es la prueba definitiva de que la verdad es indestructible.

(ii) La Resurrección demuestra que el bien es más fuerte que el mal. Para citar otra vez el Cuarto Evangelio, en él se representa a Jesús diciéndoles a Sus enemigos: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo» (Juan 8:44). Las fuerzas del mal crucificaron a Jesús y, si no hubiera habido Resurrección, esas fuerzas habrían triunfado. J. A. Froude, el gran historiador, escribió: «Una lección, y sólo una, puede decirse que la Historia repite claramente: Que el mundo está fundado sobre una base moral, y que, a la larga, el bien prevalece y el mal desaparece.» Pero, si la Resurrección no hubiera tenido lugar, ese gran principio habría fallado, y ya no podríamos estar seguros de que el bien es más fuerte que el mal.

(iii) La Resurrección demuestra que el amor es más fuerte que el odio. Jesús era la encarnación del amor de Dios. Por otra parte, la actitud de los que procuraron Su crucifixión era la del odio más virulento, tan amargo que acabó por atribuirle el encanto y la gracia de Su vida al poder del diablo. Si no hubiera habido Resurrección, eso habría querido decir que el odio humano había acabado por derrotar al amor de Dios. La Resurrección es el triunfo del amor sobre todo lo que el odio pueda hacer. Este poema resume todo el tema: Oí hablar a dos soldados que bajaban la colina, la colina del Calvario, oscura, inhóspita y fría. Y uno dijo: «Ya es de noche, y no han muerto todavía.» Dijo el otro: «Me da miedo, no sé qué me atemoriza. »

Oí llorar a dos mujeres que bajaban la colina; una, una rosa tronchada; la otra, como una llamita. Dijo una: «Lamentaremos eternamente este día.» La otra: «¡Mi Hijo, mi Hijo!», entre lágrimas decía. Oí cantar a dos ángeles, no era el alba todavía, vestidos con ropas blancas, tan blancas que relucían. Cantaban con voces de oro: «¡Ya la muerte está vencida! ¡Cielos y Tierra, gozaos! ¡El Amor vence y conquista!»

El Cantar de los cantares había dicho del amor: «Fuerte como la muerte es el amor» (8:6). Pero la Resurrección de Jesús es la prueba definitiva de que el amor es más fuerte que la muerte y que el odio.

(iv) La Resurrección demuestra que la vida es más fuerte que la muerte. Si Jesús hubiera muerto y no hubiera resucitado, habría quedado claro que la muerte podía tomar la vida más admirable y perfecta que haya conocido el mundo jamás, y destrozarla cruelmente en una Cruz.

Un día durante la II Guerra Mundial, una cierta iglesia de la ciudad de Londres estaba toda decorada para la celebración del domingo de acción de gracias por la cosecha. En medio de todos los demás frutos había un haz de trigo. El culto no llegó a celebrarse, porque hubo un bombardeo brutal aquella noche que dejó la iglesita convertida en un montón de ruinas. Pasaron los meses; llegó la primavera, y algunos se dieron cuenta de que donde había estado la iglesia todo estaba verdecito. Meses más tarde se vio que eran espigas de trigo que habían crecido entre los escombros. Ni siquiera las bombas y la destrucción de la guerra habían podido matar la vida de aquellas espigas de trigo que habían traído para el culto de acción de gracias a Dios por la cosecha. La Resurrección es la prueba definitiva de que la vida es más fuerte que la muerte.

Pablo insistía en que, si la Resurrección de Jesús no fuera un hecho, el Evangelio estaría basado en una mentira, y los muchos miles que habían muerto creyéndolo se habrían perdido para siempre, porque no habría nada después de la muerte. Sin la realidad de la Resurrección, los valores más auténticos de la vida no tienen garantía de sobrevivir. «Suprimid la Resurrección -decía Pablo-, y habréis destruido la base y la realidad del Evangelio.»

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