Zacarías 8  Promesa de la restauración de Jerusalén

Zacarías 8: Promesa de la restauración de Jerusalén

Zacarías 8:1 Promesa de la restauración de Jerusalén[a] Recibí de Jehová de los ejércitos esta palabra:

El Dios celoso por Sion promete restaurarla y morar en medio de Jerusalén . El sentido amplio que tienen las palabras de Zacarías, junto con las semejanzas con Ezequiel 43, las categoriza como escatológicas. Algunos ven este pasaje como parcialmente cumplido con la creación por Dios de un nuevo pueblo en la era de la Iglesia, con su mensaje central sobre el pueblo perfecto de Dios, que participa de un culto perfecto, en la Nueva Jerusalén de Apocalipsis 21.

Zacarías 8:2 «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sión con gran celo, y con gran ira la celé.[b]

Celé, qanah: Ser celoso, estar lleno de celo, emoción, o pasión. Tener envidia, o ser excesivamente posesivo en relación con algo o alguien. Qanah y sus derivados aparecen aproximadamente 90 veces en el Antiguo Testamento, a menudo en el contexto de los celos que provoca en el Señor el coqueteo de su pueblo con falsos dioses. Esta palabra no posee un significado negativo, ya que debido al celo de Jehová vendrá el reino eterno del Mesías. En este pasaje, Dios arde en celos por Sion, por su amada Jerusalén. Cada nación tiene sus planes para Jerusalén; Dios también tiene sus planes los cuales sobrepasarán todos los esquemas humanos.

Zacarías 8:3 Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará ciudad de la Verdad,[c] y el monte de Jehová de los ejércitos, monte de Santidad.

Algún día Cristo reinará y todo su pueblo vivirá con El. Esta verdad nos alienta a anhelar que llegue el reino del Mesías.

Zacarías 8:4 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos:» Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con un bastón en la mano por lo avanzado de su edad.[d]

Zacarías 8:5 Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas.

En los tiempos difíciles, los muy ancianos o los muy jóvenes son los primeros en sufrir y morir. Pero ambos grupos abundan en esta visión, llenando las calles con sus actividades cotidianas. Esta es una señal de la paz y la prosperidad completas de la nueva tierra de Dios.

Zacarías 8:6 »Así dice Jehová de los ejércitos: »Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo[e] en aquellos días, ¿también será imposible para mí?,[f] dice Jehová de los ejércitos.

El remanente era un pequeño grupo de cautivos que regresó de Babilonia para reconstruir Jerusalén y el templo. Al luchar por sobrevivir en la tierra, se desalentaron por la oposición que a menudo enfrentaron de sus vecinos hostiles. Era difícil de creer que algún día Dios mismo reinaría desde esta ciudad, pero «para Dios todo es posible»

Zacarías 8:7 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol; Zacarías 8:8 los traeré y habitarán en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios en verdad y en justicia.[g]

Zacarías 8:9 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Cobrad ánimo, vosotros que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el Templo.[h]

Zacarías 8:10 Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que entraba, a causa del enemigo, pues yo dejé que todos los hombres se enfrentaran unos con otros.[i]

Zacarías 8:11 Mas ahora no haré con el resto de este pueblo como en aquellos pasados días, dice Jehová de los ejércitos.

Zacarías 8:12 Porque habrá simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra, su producto, y los cielos, su rocío;[j] y haré que el resto de este pueblo posea todo esto.

Zacarías 8:13 Y así como fuisteis maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel,[k] así os salvaré y seréis bendición. ¡No temáis! ¡Cobrad ánimo!

Zacarías 8:14 »Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí,

Zacarías 8:15 así en cambio he pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días. No temáis.[l]

Los días del juicio ya han pasado, y Dios piensa hacer bien a Jerusalén . En consecuencia, se amonesta a su pueblo que no tema en acercársele con íntima devoción.

Dios y sus profetas instaron al pueblo por más de quince años para que terminaran la construcción del templo. Una vez más Dios lo alentó con visiones del futuro. Nos vemos tentados a dilatar las cosas por varias razones: la gente no responde; nos sentimos agotados física o emocionalmente; los obreros no cooperan; la obra es desagradable; o muy difícil; o no vale el esfuerzo requerido. Las promesas de Dios acerca del futuro nos deben alentar ahora. El conoce cuáles serán los resultados de nuestro trabajo y por lo tanto puede darnos una perspectiva que nos ayudará a continuar en su obra.

Zacarías 8:16 Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas.

La restauración de las relaciones con Dios comienza con el arrepentimiento y asumiendo una actitud solidaria hacia nuestros prójimos.

Zacarías 8:17 Ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso, porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová».[m]

Dios prometió dar a su pueblo grandes recompensas; y le aseguró que a pesar de los castigos que sufrieron, El no cambiaría su forma de pensar para bendecirlos. Pero además dijo que tenían una tarea que realizar. Dios será fiel, pero también nosotros tenemos responsabilidades: decir la verdad, ser justos y vivir en paz. Si usted espera que Dios haga su parte, asegúrese de hacer la suya.

Zacarías 8:18 Recibí esta palabra de Jehová de los ejércitos:

Zacarías 8:19 «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Los ayunos[n] del cuarto, el quinto, el séptimo, y el décimo mes, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en fiestas solemnes. Amad, pues, la verdad y la paz.

Estos ayunos conmemoran varios acontecimientos en la historia de Israel. El ayuno del cuarto mes conmemora la captura de Jerusalén en el 587 a.C.; el ayuno del séptimo es el Día de la Expiación, o una fecha que recuerda el asesinato de Gedalías, gobernador de Judá tras la caída de Jerusalén; el ayuno del décimo se celebra en memoria del sitio de Jerusalén en el 588 a.C.

Zacarías 8:20 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Aún vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades.

Zacarías 8:21 Vendrán los habitantes de una ciudad a otra y dirán: “¡Vamos a implorar el favor de Jehová y a buscar a Jehová de los ejércitos!”. ¡Yo también iré!

Zacarías 8:22 Y vendrán muchos pueblos y naciones poderosas a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén y a implorar el favor de Jehová.

Llegará un día en el que el ayuno por los pecados se reemplazará por fiesta y gozo. Las personas de todas las naciones adorarán a Dios y pedirán su bendición y ayuda. Esto también se promete en 2.11, 12.

Zacarías 8:23 »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, y le dirán: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”».[ñ]

La predisposición de Dios a otorgarle su gracia a Sion suscita un interés universal por el Dios de Israel, de manera que muchos pueblos y fuertes naciones vendrán a buscar al Señor e implorar su favor.

En el pasado, Jerusalén a menudo fue centro de burlas crueles de otras naciones. La ciudad no se respetaba, sus ciudadanos pecaron tanto, que Dios les permitió a sus enemigos que los maltrataran. Pero a la larga, dice Zacarías, Jerusalén será un lugar santo, respetado en gran manera en todo el mundo debido a que su pueblo cambiará su corazón hacia Dios. La gente de otras naciones verá cómo Dios recompensa a su pueblo por su fidelidad y querrá que la incluya en sus grandes bendiciones.

Jehová vuelve a morar en Jerusalén

El celo de Jehová por Jerusalén

En este capítulo encontramos una verdad que debe ser objeto de un estudio profundo: el celo de Jehová por Jerusalén. Concebir a un Dios celoso solo tiene cabida si pensamos en la santidad de Dios. En el AT, la relación que guardaba Jehová con su pueblo (Israel/Jerusalén/Sion) siempre fue representada por la relación entre esposos. Todo matrimonio basado en el verdadero amor se caracteriza por un celo santo, un celo de pureza y bienestar; el libertinaje no tiene lugar en una relación saludable. Al usar Zacarías la idea del celo de Jehová, lo debemos entender en esa dimensión de un celo santo que anhela exclusividad y pureza.

Jerusalén, la esposa del rey, merecía todo el respeto y pureza, pero fue mancillada muchas veces. Había sido destruida sin piedad en varias ocasiones a causa del pecado de sus habitantes. El templo fue profanado y los elementos sagrados del culto a Jehová fueron objeto de sacrilegio; los vasos de oro y de plata fueron usados por Belsasar para beber él, sus nobles, sus mujeres y sus concubinas. Por esto Dios condenó el reinado de Belsasar, tal como aparece en Daniel 5. La sentencia era que cualquiera que mancillara a Jerusalén, no quedaría impune de tal ofensa.

En la teología del AT, Jerusalén ocupaba un lugar prominente; era símbolo de la presencia de Jehová, morada del rey; pero había perdido su lugar. Era una ciudad deshonrada, mancillada, destruida, sin valor alguno; solo una restauración completa lograría situarla nuevamente en el lugar de honor que siempre había merecido.

En la restauración, lo más valioso es que Jehová habitará allí, en su trono y ordenará nuevamente todo. La promesa de Jehová de morar en Sion representa una garantía de la restauración total. No habrá enemigo que destruya la ciudad, ni adversario que impida la reconstrucción del templo. No debemos perder de vista que el objetivo de Zacarías, por lo menos en estos primeros ocho capítulos, era animar al pueblo a reiniciar la construcción del templo suspendida por causa de los enemigos y de la negligencia del mismo pueblo.

Saber que Jehová viene a morar nuevamente es como recordarle al pueblo las grandes maravillas que Dios ha hecho con ellos desde el momento en que salieron de Egipto, cuando el Señor los acompañaba a través de una nube que les servía de sombra en el día y luz en la noche, a través del arca del testimonio que les ofrecía protección y confianza, y posteriormente en el templo, en donde residía la gloria de Jehová, la shekinah.

La ciudad sería reconstruida física y espiritualmente. El profeta declara que la ciudad tendría una doble característica: sería una Ciudad de Verdad y Monte de Santidad. Dios es el único que cuenta con estos atributos, que serán transferidos a la ciudad únicamente cuando el Dios de Verdad y Santidad more nuevamente allí.

La verdad es una virtud de la que han carecido los pueblos desde la antigüedad hasta nuestros días. Las falsedades que a diario observamos constituyen un atentado contra los valores humanos; esta falta de veracidad nos ha conducido a muchas de las injusticias que a diario vivimos en el mundo. La santidad es otra de las características que tendrá esa ciudad. La santidad que Dios pide es más que apartarse del pecado. Aunque la idea está implícita, la exigencia es más bien la exclusividad; Dios no quiere compartir su pueblo con nadie; la santidad es una entrega total al Dios santo.

La ciudad de Jerusalén era nido de mentirosos e idólatras; el cambio era urgente. Si iba a ser nuevamente la ciudad de Jehová debía ser una Ciudad de Verdad y Monte exclusivo de Jehová porque él es un Dios celoso.

El mensaje tiene a la vez un sentido escatológico; solo en la consumación final de los siglos podremos ver a la nueva Jerusalén como una ciudad de verdad y como una ciudad santa, como novia adornada con estas dos perlas preciosas.

La restauración de Jerusalén comenzará con la presencia de Jehová, y cuando esto suceda, se podrán empezar a notar todas las bendiciones que Dios desea impartir. Largura de días, ver a los ancianos y ancianas con bastones caminando en las plazas, disfrutando de la vejez y de una vida realizada; ver niños y niñas jugando, son símbolos de bendiciones y, sobre todo, de bienestar integral y tranquilidad. Estas dos situaciones parecen milagrosas, pero no lo son; para Jehová no hay nada imposible. En tiempos de guerra las personas más afectadas son los niños y los ancianos, quienes sufren por la pérdida de sus padres unos, y otros por sus hijos. Los niños y los ancianos no solo son víctimas de la guerra; en muchas de nuestras sociedades son víctimas de la injusticia social. Si los niños y los ancianos viven bien, lo más probable es que la población está pasando por un tiempo de bonanza.

Un tiempo de paz vendrá sobre Israel; este debe ser un tiempo de verdadera renovación espiritual, en donde los valores morales y espirituales sean restaurados. Hogares restituidos, comunidades cambiadas, se hacen realidad con la presencia de Jehová. El mensaje del evangelio viene para hacer realidad el deseo de Dios de brindarle al hombre vida en abundancia desde el día de su nacimiento hasta la hora de la muerte. La teología bíblica va aun más allá: Dios cuida del ser humano desde su concepción. Este es un mensaje de reflexión para un mundo donde el anciano está perdiendo su lugar de consejero y hombre de respeto, para ser visto como una carga; donde abundan los niños que viven en las calles de las grandes ciudades; donde el aborto es practicado con impunidad. La voz profética de la iglesia debe elevarse para llevar el reino de Dios a estas comunidades olvidadas.

Muchos de los judíos todavía estaban fuera de sus tierras a causa del cautiverio del que habían sido objeto a manos de los babilonios. Jehová los traería de nuevo a su tierra, como un acto portentoso y soberano de Jehová para el bien de su pueblo. El mensaje personal de Jehová Yo salvaré a mi pueblo es motivo de confianza para un pueblo que enfrenta los problemas de reubicación.

Los judíos serían nuevamente pueblo de Jehová. No que hubieran perdido esa posición; se alejaron de Jehová y fueron castigados, y estando en Babilonia recibieron la influencia de toda clase de inmundicias y contaminaron su corazón con las prácticas del mundo pagano. Volverán con un corazón nuevo. Aunada a la declaración de restitución, está la declaración paralela, y yo seré su Dios. El requerimiento de los pregoneros de Dios en todas las épocas de la historia de Israel fue siempre el mismo: Dios requiere de un pueblo que vuelva su corazón a él, que se aparte del pecado, porque él es un Dios santo, y todo aquel que desee una comunión íntima con él deberá guardarse santo.

Estos dos versículos usan un lenguaje propio de un pacto. La instalación del pueblo en la tierra prometida y la reconstrucción del templo son señales de la renovación del pacto. Revelan una salvación grandiosa, como un acto personal de Dios, pues la salvación depende única y exclusivamente de Jehová. Notemos las tres acciones de Dios:

1) Yo salvaré a mi pueblo. La liberación del pueblo dependía únicamente de él; aquí el concepto de salvación supera en mucho a la idea común de la salvación en nuestros días. Nosotros concebimos la salvación como una liberación espiritual, mientras que el pasaje está hablando de una liberación integral, o sea física y espiritual.

2) Los traeré y habitarán en medio de Jerusalén. Este aspecto de la salvación es la liberación física; serán reubicados nuevamente en la tierra de promisión en el monte de la santidad. Esto representará la reunión de todo un pueblo, la comunión unos con otros, una fiesta en familia.

3) Yo seré su Dios. El punto más relevante en este concepto de salvación está en el hecho de la implicación espiritual: una persona salvada reconocerá a Jehová como su Dios, o a Cristo como Señor. Notamos pues en estos tres actos personales de Dios una salvación integral. Dios no solo se interesa por el bienestar espiritual, se interesa también por el bienestar físico. Nuestras iglesias han revertido el orden; nos hemos interesado más en la salvación de las almas, a veces sin ocuparnos de las necesidades físicas del hombre. La necesidad más grande del hombre es la de conocer a su Creador, pero a veces está tan agobiado por sus necesidades físicas que no alcanza a ver su necesidad espiritual.

Para reforzar su promesa de ser el Dios de ellos, Jehová menciona dos de sus atributos: la fidelidad y la justicia (versículo 8). En el versículo 3 vimos que la ciudad sería llamada Ciudad de Verdad y Monte de Santidad; esto tiene una similitud con lo que sigue. Las palabras fidelidad y verdad tienen, en el heb., la misma raíz (emet). Y es que existe una relación muy estrecha entre estos dos conceptos; la fidelidad de una persona está basada en la verdad, y la verdad es parte integral de la fidelidad. En esto notamos similitud, mientras que las palabras justicia y santidad marcan una diferencia entre Dios y su pueblo; él exige santidad y a cambio ofrece justicia.

La palabra hebrea saddiq usada aquí para designar la justicia de Dios, es la más frecuente en el AT. Posee un significado sumamente amplio y a veces hasta controversial. Mucho se ha escrito sobre este término y realmente no tiene una aceptación única; el término sugiere la idea de conformidad con la norma, y muy usado para señalar la conducta basada en la ley divina. Se usa frecuentemente para indicar el cumplimiento de alguna promesa; por esta razón es que en algunas ocasiones esta palabra es traducida como fidelidad. Saddiq se usa comúnmente en un contexto de relaciones, como el que se establece en un pacto. Dios se ha relacionado con su pueblo por medio de pactos que él mismo ha establecido. Podría el pueblo fallar, y Dios quedaría libre del pacto; pero Dios no puede fallar con su pacto porque esto iría en contra de su naturaleza, en contra de la norma que él mismo se ha establecido como Dios. Al actuar Dios de acuerdo con su norma, está actuando en justicia. Por esto es importante notar que los dos pares de palabras tienen un cierto parecido, pero también diferencia. El monte debe ser un Monte de Verdad, y Dios promete fidelidad. Dios ofrece justicia, pero ellos deben vivir en santidad.

Exhortación y palabras de ánimo para el pueblo de Dios, 8:9-15. El pueblo debía recordar la fecha del inicio de la reconstrucción del templo porque era señal de Jehová para cumplir su promesa. Habían vivido una época económicamente mal por causa de la guerra, pero este pueblo pequeño que Dios establece nuevamente en la tierra será objeto de una bendición especial. La bendición que Dios promete traer sobre la tierra es abundancia de alimentos, producto de una gran cosecha.

El pecado se paga carísimo; la desobediencia de los padres había tocado a esta generación, las secuelas del mal vivir de los antecesores reinaba en la tierra de promisión. El versículo 10a dice: …no había recompensa para el hombre, ni…. para el ganado. Esta no era la promesa desde un principio; corresponde únicamente a un pueblo que ha desobedecido y que está sufriendo el castigo. Nada abundaba en esta tierra; recibían “su jornal en bolsa rota”. Y a causa del enemigo no había paz. La violencia que imperaba en esa tierra era tal, que nadie garantizaba regresar a su casa en paz y con bendiciones. Es como leer los periódicos de hoy donde abundan las noticias de violencia, destrucción, hambre y muerte.

Su semilla será paz, podemos pensar en esta como una expresión lit. y también simbólica. Lit., una semilla que da su fruto a tiempo. La semilla que saldrán a plantar será plantada en ambiente de paz, de regocijo por el reposo que Dios dará a la tierra. Sembrar la semilla podría ser un símbolo de estabilidad política; hasta ahora habían sembrado en un clima de terror. La historia de Israel está llena de estos sufrimientos, el pueblo en muchas ocasiones no pudo disfrutar del fruto de sus manos, no cosecharon el fruto de la tierra. En Jueces 6:1-6, encontramos unos de estos episodios dramáticos y dolorosos. Así que la promesa literal es de sumo consuelo para una nación que ha vivido en un largo período de inestabilidad.

Si tomamos esta expresión Su semilla será paz en forma simbólica, podemos pensar en una profecía futura. De los hijos del pueblo nacerá la paz o quien establecerá la paz; en este caso el profeta Zacarías se estaría remontando a la era mesiánica, profetizando la reconciliación que la simiente de Abraham trajo al mundo por medio de nuestro Señor Jesucristo.

La vid dará su fruto.

El fruto de la vid es símbolo de gozo, mientras que el producto de la tierra es bienestar y prosperidad. Para cerrar este círculo de ideas, anuncia la bendición del rocío del cielo, que garantizará la producción agrícola. Recordemos que Palestina es una tierra cálida, en donde la lluvia es escasa y donde las temporadas de sequía son frecuentes. Nadie puede proyectar una gran cosecha si no hay suficiente rocío para regar las plantas. Teniendo la promesa del rocío, la tierra está esperando las manos esforzadas del pueblo para labrar y sembrar la semilla que dará fruto en abundancia. No temáis; más bien, esfuércense vuestras manos. Se debe notar el énfasis que se da en la necesidad de esforzarse

Si Dios cuando pensó hacerles mal cumplió su palabra, ahora también cumplirá su promesa de hacer bien al pueblo. No temáis (versículo 13); ha terminado la hora de la desesperación y de la maldición, está amaneciendo un nuevo día de esperanza, un día de bendiciones que cambiará el clima de terror por un clima de paz y seguridad, un clima de prosperidad.

Recomendaciones para una mejor convivencia

Ahora que el pueblo se ha establecido como tal, debe observar ciertas normas para una mejor convivencia social; un pueblo que vive en armonía es un pueblo que agrada a Dios. Los pueblos necesitan de leyes, pero estas deben estar basadas en los requerimientos de Dios:

1) Hablad verdad cada cual con su prójimo; la mentira denigra a la persona que la practica y generalmente se emplea para dañar a otras personas.

2) Juzgad en vuestros tribunales con juicio de paz; juicios libres de presiones y de pasiones. La aplicación de la justicia debe llegar por la vía de la equidad y el respeto, y nunca por la prepotencia de los que tienen el poder.

3) Ninguno de vosotros piense en su corazón mal contra su prójimo. Santiago dice que las guerras tienen su origen en nuestras pasiones, producto de malos pensamientos. ¿Como sería nuestra nación si todos pensáramos en el bienestar de los demás? Se acabarían las guerras fratricidas que tantas víctimas han cobrado; podríamos describir a nuestros países como verdaderos paraísos terrenales.

4) No améis el falso juramento; este es el último requerimiento para esta nueva nación renovada por Dios mismo. Como una renovación del pacto antiguo, con los mismos requerimientos para un estilo de vida que no dañe a los demás y agrade al Dios santo. El Señor Jesucristo demandó de sus discípulos firmeza en sus declaraciones; sus palabras deben estar siempre acordes con su manera de actuar: “Sea vuestro ‘sí’, ‘sí’, y vuestro ‘no’, ‘no’”.

Estas cuatro demandas forman parte del cimiento sólido de una sociedad y cualquier sociedad que carece de esto es una sociedad en declive. Estas son demandas que debieran cumplir los líderes nacionales y exigir al pueblo su cumplimiento; demandas que aun los líderes religiosos debieran observar para librarse de la corrupción que azota a nuestra sociedad.

Bendiciones del verdadero ayuno

En 7:3 se formuló la pregunta sobre el ayuno, y esta sección está dedicada a responder a dicho interrogante. Los ayunos, señales de tristeza y una práctica ritual para recordar sucesos desagradables, deben ser convertidos en una fiesta, en una celebración de gozo y alegría por las proezas del Dios de la salvación.

En 8:3 vimos que la ciudad tendrá la doble característica de ser Ciudad de Verdad y Monte de Santidad, mientras que aquí se exige amor hacia la verdad y la paz. Amar la verdad es más que estar en contra de la mentira, es buscarla afanosamente y defenderla; amar la paz es buscar el bienestar de todos, no es simplemente evitar los conflictos.

En los versículos 20-23 se presenta un mensaje escatológico que une esta primera parte del libro con los caps. 9-14. Se puede notar fácilmente que el anhelo de Dios es tener un solo pueblo; si bien es cierto que ha escogido a Israel. Esto fue para cumplir una función sacerdotal (intermediario entre Dios y los hombres) y para cumplir una función profética de anunciar el mensaje de Dios para la humanidad; pero Israel no cumplió con su objetivo sacerdotal, ni profético.

La renovación espiritual que experimentará el pueblo les otorgará de nuevo su ministerio sacerdotal y profético. Personas de otras ciudades se unirán en caravanas para buscar el rostro de Dios e implorar el favor de Jehová. El panorama de la ciudad de Jerusalén que presenta este pasaje es el de una capital espiritual, idea común en la teología del AT; la gloria de Dios se buscaba en el templo y se limitaba solo a la ciudad de Jerusalén. En el NT, el Señor Jesucristo enseñó que los verdaderos adoradores deben adorar a Dios en espíritu y verdad, sin importar el lugar.

Vendrán muchos pueblos y fuertes naciones denota que las guerras habían concluido y la economía había mejorado; el poderío militar y económico no sería lo más importante, sino el bienestar espiritual. Nuevamente señalamos que el profeta está hablando de una época mesiánica y escatológica, anunciando el reinado universal de Dios sobre todos los pueblos e imperios, el reconocimiento de la humanidad entera de que Jehová es el único Dios que satisface las necesidades integrales del ser humano.

El que otras naciones busquen el rostro de Jehová e imploren su favor tiene básicamente dos implicaciones:

1) La aceptación universal de Jehová como Dios único y verdadero.

2) La idea de implorar el favor implica básicamente la aceptación de un Dios misericordioso y a la vez soberano para impartir sus favores.

Los judíos alcanzarán la bendición de ser reconocidos como seguidores y adoradores de un Dios verdadero. Hombres de toda lengua y lugar vendrán para unirse al pueblo de Dios, porque Dios está en medio de ellos. El número 10 es un número determinativo para una cantidad indefinida.

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