Salmo 137 El Amor de los Cautivos por Sion

Salmo 137: El Amor de los Cautivos por Sion

Salmo 137:1 Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sion.

Babilonia estaba situada en una planicie donde las lluvias son escasas, y dependía de un intrincado sistema de ríos y canales artificiales para abastecerse de agua.

Salmo 137:2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.

Aunque la composición de cánticos decayó, y las arpas fueron colgadas sobre los sauces , el poder restaurador de Dios permitió a los judíos cantar de nuevo en su propia tierra. Esto se evidencia en el hecho de que la mayor parte de los salmos de los libros cuarto y quinto del Salterio fueron escritos después del exilio, en el período del segundo templo.

Salmo 137:3 Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sion.

Salmo 137:4 ¿Cómo cantaremos la canción del SEÑOR en tierra extraña?

La idea es que el cántico de Jehová es para ser entonado en el culto de adoración, no como mero entretenimiento.

Salmo 137:5 Si me olvido de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza.

Diestra . . . lengua : Esto es, incapaz de cantar.

Salmo 137:6 Péguese mi lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no enaltezco a Jerusalén sobre mi supremo gozo.

Salmo 137:7 Recuerda, oh SEÑOR, contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, quienes dijeron: Arrasadla, arrasadla hasta sus cimientos.

Edom miraba con cruel satisfacción los infortunios de Israel. Los edomitas estaban emparentados con los israelitas, ambas naciones descendían de Isaac y de su padre Abraham. A pesar de que Israel compartía su frontera sur con Edom, había un gran odio entre ambas naciones. Los edomitas no prestaron su ayuda cuando el ejército babilónico sitió la ciudad de Jerusalén. Es más, se alegraron cuando la destruyeron.

Salmo 137:8 Oh hija de Babilonia, la devastada, bienaventurado el que te devuelva el pago con que nos pagaste.

Estas son las mismas atrocidades que sufrieron los judíos y el salmista está invocando el «ojo por ojo». Dios destruyó a Babilonia y su descendencia por su asalto soberbio en contra de Dios y su Reino. Los medos y los persas destruyeron Babilonia en 539 a.C. Muchos de los que oprimieron vivieron para ver la victoria. La frase acerca de los niños es dura porque el salmista clama por juicio: «Trata a los babilonios de la manera que ellos nos trataron a nosotros».

Salmo 137:9 Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña.

Himno. Cántico de Sión : nostalgia por Jerusalén

Este lindo Salmo sin duda fue escrito poco después del regreso del cautiverio babilónico en 538 a. de J.C. Los israelitas fueron llevados al cautiverio por haber dejado de seguir a Jehová; pero estando allá recordaron lo bueno que era alabar a Dios en Jerusalén. A menudo no apreciamos lo que Dios nos ha dado hasta que se nos quita.

Se destaca en el Salmo el contraste entre el espíritu tierno de la primera parte y la dura imprecación al final.

Dolor

La llanura de Babilonia era regada por una red de canales entre los ríos. Los israelitas vivían en aldeas al lado de estos canales. Allí, cuando recordaban sus tiempos en Palestina, especialmente sus fiestas de alabanza a Dios, lloraban; no podían cantar, entonces colgaban sus liras en los sauces (algunos traducen “álamos”).

Nos pedían cantares. En el mundo antiguo, los israelitas fueron conocidos por sus cantos. Cuando Senaquerib llevó botín y cautivos de Judá (701 a. de J.C.), según sus anales escritos en cuneiforme, llevó cantores y cantoras.

Nostalgia y lealtad

No podrían cantar sus canciones alegres porque estaban tristes, pero aun más sería un sacrilegio cantar estas alabanzas a Jehová para entretener a los adoradores de ídolos. Entonces, el salmista anuncia una autoimprecación: “Si me secularizo y olvido mis raíces espirituales, que pierda mi habilidad de cantar.”

Imprecación

El salmista pide a Dios que él haga justicia. Cuando los caldeos derrotaron a Jerusalén en 587 a. de J.C., los edomitas ayudaron a matar a los israelitas y a destruir la ciudad. Jeremías 51:56 proclama la destrucción de Edom.

También, el salmista quiere juicio sobre Babilonia. Pide que reciban lo mismo que ellos hicieron. El versículo 9 es una imprecación muy dura; nótese la semejanza con las profecías de Isaias 13:16 y 14:21. No es fácil compaginar estas imprecaciones con la enseñanza del NT, pues en el Nuevo Pacto hemos de bendecir a los enemigos. Sobre los salmos imprecatorios véase Salmo 109. Vale notar aquí que por lo menos el salmista no toma la venganza en sus propias manos; pide a Dios el juicio. También es celoso por la honra de Dios; y usa dichos fuertes porque siente profundamente la injusticia y quiere despertar las emociones de los oyentes.

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