Romanos 2: La responsabilidad del privilegio

Así que tú, hombre, que juzgas a los demás, tampoco tienes defensa. Cuando juzgas a otros te condenas a ti mismo; porque, aunque te eriges en juez, haces lo mismo que todos. Sabemos que los que hacen ciertas cosas están bajo el juicio de Dios, que no se basa más que en la realidad. ¿Estás haciéndote la cuenta, hombre, tú que te pones de juez de los que hacen esas cosas, que tú también haces, de que vas a escapar de la sentencia condenatoria de Dios? ¿O es que tratas con ligereza la riqueza de su amabilidad y aguante y paciencia, sin querer darte cuenta de que lo que pretende la amabilidad de Dios es conducirte al arrepentimiento? Lo que haces con tu insensatez y con tu corazón impenitente es almacenar ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios, que ajustará las cuentas a todas las personas según sus obras. A los que buscan gloria y honor e inmortalidad con constantes buenas obras, les asignará la vida eterna. Pero los que estuvieron dominados por la ambición, fueron desobedientes a la verdad y obedientes al mal, para ellos habrá ira e indignación, tribulación y aflicción. Estas son las cosas que sobrevendrán a todas las almas humanas que obran el mal, el alma de los judíos en primer lugar y también de los griegos; pero gloria y honor y paz serán la porción de todos los que obran el bien, el judío en primer lugar y también el griego, porque Dios no hace discriminaciones.

En este pasaje Pablo se dirige concretamente a los judíos. Su pensamiento se desarrolla de la manera siguiente.. En el pasaje anterior, Pablo ha descrito con los colores más sombríos el mundo pagano, que se encontraba bajo la condenación de Dios. Los judíos estarían totalmente de acuerdo con todos los términos de esa condenación; pero no considerarían ni por un momento que ellos se encontraban en la misma situación. Creían que ocupaban una posición privilegiada, porque Dios podría ser el Juez de los paganos, pero era el Protector especial de los judíos. Aquí Pablo les dice a los judíos que son tan pecadores como los gentiles, y que al condenar a los gentiles se están condenando a sí mismos; porque Dios los juzgará, no sobre la base de su herencia racial, sino por la clase de vida que viven.

Los judíos siempre se consideraban en una posición especialmente privilegiada con Dios. «Dios decían- no ama más que a Israel entre todas las naciones del mundo.» «Dios juzgará a los gentiles con una medida, y a los judíos con otra.» «Todos los israelitas tendrán parte en el mundo venidero.» « Abraham se sienta delante de la puerta del infierno, y no deja entrar a ningún israelita por malo que sea.» Cuando Justino Mártir estaba discutiendo con un judío acerca de la posición de los judíos en el Diálogo con Trifón, el judío decía: «Los que son descendientes de Abraham por naturaleza participarán del Reino eterno aunque sean pecadores e incrédulos y desobedientes a Dios.» El autor del Libro de la Sabiduría, comparando la actitud de Dios hacia los gentiles y los judíos, dice: «Porque a éstos probaste enseñándoles como padre; mas a los otros, como severo rey, condenándolos los pusiste en tormento» (11:9, Biblia del Oso). «Así que cuando a nosotros castigas, mil veces más azotas a nuestros enemigos» (12:22, ídem). Los judíos creían que todos tendrían que pasar por el juicio menos ellos; y que se librarían de la ira de Dios, aunque no fueran mejores que los demás, simplemente por ser judíos. Para salir al paso de esta situación, Pablo les recuerda cuatro cosas a los judíos.

(i) Les dice claramente que están comerciando con la misericordia de Dios. En el versículo 4 usa tres grandes palabras. Les pregunta: « ¿No será que estáis abaratando la riqueza de su amabilidad y aguante y paciencia?» Vamos a fijarnos en estas tres grandes palabras.

(a) Amabilidad (jréstótés). (R-V benignidad). Trench dice: «Es una hermosa palabra, y expresa una idea hermosa.» En griego hay dos palabras para bueno: son agathós y jréstós. Tienen matices diferentes. La bondad de uno que es agathós puede desembocar en reprensión, disciplina y castigo; pero la bondad de uno que es jréstós es siempre esencialmente amable. Jesús fue agathós cuando echó del Templo a los cambistas y a los vendedores de palomas con una ira al rojo vivo; pero fue jréstós cuando trató a la mujer pecadora que le ungió los pies y a la que había sido sorprendida en adulterio (Lucas 7 y Juan 8). Lo que Pablo dice realmente es: «Vosotros, judíos, estáis sencillamente tratando de sacar ventaja de la gran amabilidad de Dios.»

(b) Aguante (anojé). (R-V paciencia). Anojé es la palabra para tregua. Es verdad que quiere decir cese de hostilidades, pero que tiene un límite. Pablo les está diciendo a los judíos en realidad: «Creéis que estáis a salvo porque no os ha caído todavía el juicio de Dios; pero lo que Dios os está dando no es carte blanche para pecar, sino una oportunidad para arrepentiros y enmendaros.» Nadie puede seguir ofendiendo a Dios impunemente por tiempo indefinido.

(c) Paciencia (makrothymía). (R-V longanimidad). Makrothymía es una palabra que indica expresamente paciencia con las personas. Crisóstomo la definía como la cualidad del que se puede vengar y escoge deliberadamente no hacerlo. Pablo les está diciendo a los judíos: « No penséis que si Dios no os castiga es porque no puede. El que Su castigo no siga inmediatamente al pecado no es una señal de impotencia, sino de paciencia. Le debéis vuestra vida a la paciencia de Dios.»

Un gran comentarista ha dicho que casi todos tenemos «una vaga e indefinida esperanza en la impunidad», algo así como decirse: « No me pasará nada.» Los judíos llegaban todavía más lejos: Se atribuían abiertamente estar exentos del juicio de Dios. Jugaban con Su misericordia, lo mismo que siguen haciendo muchas personas todavía.

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