Introducción a la Segunda Carta de Pedro

Introducción a la Segunda Carta de Pedro

 El libro arrumbado y su contenido

Segunda de Pedro es uno de los libros olvidados del Nuevo Testamento. Pocos pretenderán haberlo leído, y aún menos haberlo estudiado en detalle. E. F. Scott dice: «Es con mucho inferior en todos los respectos a Primera de Pedro; es el menos valioso de todos los escritos del Nuevo Testamento.» Tuvo las mayores dificultades para entrar en el Nuevo Testamento, y pasaron muchos años sin que la Iglesia Cristiana pareciera haberse dado cuenta de su existencia. Pero, antes de considerar su historia, echémosle una ojeada a su contenido.

Los hombres despiadados

Segunda de Pedro se escribió para combatir las creencias y actividades de ciertas personas que eran una amenaza para la Iglesia. Empieza insistiendo en que los cristianos se han desconectado de la corrupción del mundo, y deben tener presente siempre que han sido purificados de sus antiguos pecados. Se les impone el deber de la bondad moral, que culmina en la gran virtud cristiana del amor.

Vamos a reseñar las características de las personas a las que se opone Segunda de Pedro. Tergiversan las Escrituras para que estén de acuerdo con sus propios propósitos (1:20; 3:16). Desacreditan la fe cristiana (2:2). Codician ganancias materiales y explotan a sus semejantes (2:3, 14s). Están condenados y compartirán la suerte de los ángeles rebeldes (2:4), de la generación que precedió al diluvio (2:5), de los habitantes de Sodoma y Gomorra (2:6) y del falso profeta Balaam.(2:15). Son criaturas bestiales, gobernadas por sus bajos instintos (2:12) y dominadas por la concupiscencia (2:10, 18). Tienen los ojos llenos de adulterio (2:14). Son presuntuosos, soberbios y arrogantes (2:10, 1-8). Pasan hasta las horas del día en orgías de lujuria incontrolada (2:13). Hablan mucho de libertad, pero lo que llaman libertad es realmente una permisividad sin límites, y ellos mismos son esclavos de sus vicios (2:19). No sólo están engañados, sino que engañan y descarrían a los demás (2:14, 18).

La negación de la segunda venida

Además, estos hombres malvados negaban la Segunda Venida (3:3s). Discutían que este es un mundo estable en el que las cosas permanecen inalterablemente las mismas y que Dios retrasa las cosas de tal manera que es posible suponer que la Segunda Venida no va a suceder nunca. La respuesta de Segunda de Pedro es que este no es un mundo estable; que, de hecho, ya fue destruido por el agua en el diluvio y que será destruido por el fuego en la conflagración final (3:5-7). Lo que aquellos hombres consideraban retraso era de hecho que Dios estaba reteniendo Su mano con paciencia para darle a la humanidad todavía otra oportunidad para que se arrepienta (3:8s). Pero el día de la destrucción está próximo (3:10). Cielos nuevos y una nueva Tierra están a punto de aparecer; por tanto, la bondad es una necesidad absoluta si una persona ha de ser salva el Día del Juicio (3:11-14). Con esto estaba de acuerdo Pablo, aunque sus cartas fueran difíciles de entender, y como quiera que los falsos maestros las malinterpretaran deliberadamente (3:15s). El deber del cristiano es mantenerse firme, inalterablemente fundado en la fe y crecer en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo (3:17s).

Las dudas de la iglesia primitiva

Tal es el contenido de la carta. Durante mucho tiempo se la miraba con dudas y hasta con una especie de suspicacia. No hay ni rastro de ella hasta después del año 200 d.C. No se la menciona en el Canon de Muratori de 170 d.C., que fue la primera lista oficial de los libros del Nuevo Testamento. No existía en la antigua versión latina de las Escrituras; ni en el Nuevo Testamento de la Iglesia Siria primitiva.

Los grandes maestros de Alejandría, o no la conocían o tenían dudas acerca de ella. Clemente de Alejandría, que escribió los resúmenes de los libros de la Escritura, no parece haber incluido 2 Pedro. Orígenes dice que Pedro nos dejó una epístola que es universalmente aceptada; « tal vez también una segunda, pero esta es una cuestión disputada.» Dídimo el Ciego, siglo IV, la comentó, pero concluyó su libro diciendo: « No se debe olvidar que esta carta es espúrea; se puede leer en público; pero no es parte del canon de la Escritura.»

Eusebio, el gran maestro de Cesarea, que hizo una cuidadosa investigación de la literatura cristiana de su tiempo, llega a la conclusión de que: « De Pedro, una epístola, que se llama su epístola anterior, que todos reconocen; de ella hicieron los antiguos presbíteros un uso frecuente en sus escritos como indiscutiblemente genuina; pero en cuanto a la que circula como su segunda epístola, hemos recibido que no es canónica aunque, puesto que parecía serles útil a muchos, se ha leído diligentemente con las otras escrituras.»

Hasta bien entrado el siglo IV la Segunda de Pedro no fue incluida definitivamente en el canon del Nuevo Testamento.

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