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Nehemías 2: Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén

Nehemías 2:1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,

Nisán era el cuarto mes después de Quisleu. Nehemías temía aparecer triste ante el rey en un momento inapropiado, porque los coperos debían esconder sus emociones para agradarlo. Violar esto se castigaba con la muerte.

Nehemías 2:2 me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.

El rey notó la tristeza de Nehemías. Este tuvo miedo pues era peligroso mostrar pesar ante el rey, quien podía ejecutar a cualquiera que lo desagradara. Cualquiera que llevara ropas de cilicio (ropa de luto) no podía ni siquiera entrar en el palacio.

Nehemías 2:3 Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?(A)

A Nehemías no le dio pena confesar su temor, y no permitió que el temor le impidiera hacer las cosas que Dios lo había llamado a realizar. Cuando permitimos que nuestros temores gobiernen nuestra vida, los hacemos más poderosos que Dios. ¿Hay alguna tarea que Dios quiere que usted haga y el temor lo detiene? Dios es mayor que todos nuestros temores. Reconocer la razón de su miedo es el primer paso en entregar ese miedo a Dios. Tome conciencia de que si Dios lo ha llamado para alguna tarea, El lo ayudará a realizarla.

Nehemías 2:4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,

Con muy poco tiempo para pensar, Nehemías oró a Dios rápidamente. Ocho veces leemos en este libro que oró espontáneamente. Nehemías oró en todo momento, incluso cuando hablaba con otros. Sabía que Dios siempre está a cargo de la situación, siempre está presente, y escucha y responde toda oración. Podía orar con confianza a Dios a lo largo del día debido a que había establecido una relación íntima con El durante los momentos de oración más extensos. Si queremos alcanzar a Dios con nuestras oraciones de emergencia, necesitamos tomarnos el tiempo para cultivar una fuerte relación con Dios por medio de momentos de oración intensa.

Nehemías 2:5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.

Nehemías 2:6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.

( Y la reina estaba sentada junto a él ) indica el papel tradicional que desempeñaba la reina: ejercer influencia sobre su marido, para que éste se comportara más amable y gentil.

El rey preguntó a Nehemías por cuánto tiempo se iría. La Biblia no registra la respuesta inmediata de Nehemías, pero permaneció en Jerusalén doce años.

Nehemías 2:7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;

Después de su oración, Nehemías pidió permiso al rey para ir a Judá. Tan pronto obtuvo una respuesta positiva, comenzó por pedir una ayuda adicional. Algunas veces, cuando tenemos necesidades tememos pedir ayuda a las personas adecuadas. ¡Este no era el caso de Nehemías! Fue directamente a la persona que más lo podía ayudar. No tema preguntar a los que pueden ayudarlo más. Quizá estén más interesados y más accesibles de lo que usted piensa. Las respuestas de Dios a la oración pueden llegar cuando pedimos a otros.

Nehemías 2:8 y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.

Nehemías tenía condiciones, poder y muchas habilidades excelentes para la organización, pero reconoció que la mano misericordiosa de Dios estaba sobre él. Sabía que sin la fortaleza de Dios sus esfuerzos serían en vano. ¿Reconoce usted a Dios como su fuente de poder y el dador de sus dones?

Nehemías 2:9 Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.

Cuando Nehemías llegó a Judá, tuvo que enfrentar oposición. Durante más de noventa años, los que se habían establecido en la región cuando los judíos fueron llevados cautivos se oponían a la reconstrucción de Jerusalén. En toda generación existen los que odian al pueblo de Dios y tratan de obstaculizar el propósito divino. Cuando trate de hacer la obra de Dios, alguien se opondrá, e incluso algunos desearán que fracase. Si sabe que habrá oposición, estará preparado y no sorprendido (1Jo_3:13). Saber que Dios respalda lo que usted hace es el mejor incentivo para seguir adelante a pesar de la oposición.

Nehemías 2:10 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.

Sanbalat era gobernador de Samaria y Tobías era probablemente gobernador de Transjordania bajo los persas. ¿Por qué estos funcionarios del gobierno estaban tan preocupados por la llegada de Nehemías y de su pequeño grupo de desterrados? Hay varias razones posibles:

(1) Cuando Zorobabel regresó primero con su grupo, su rechazo de la ayuda de los samaritanos pudo haber originado malas relaciones.

(2) Nehemías no era un exiliado común: era consejero personal y copero del rey, y llegaba a Jerusalén con la aprobación del rey para construir y fortificar la ciudad. Si había alguien que podía reconstruir Jerusalén, ese era él. Una Jerusalén reconstruida era una amenaza contra la autoridad de los funcionarios samaritanos que habían estado a cargo de la zona desde que se inició el cautiverio de Judá.

(3) Este era el tercer grupo que regresaba del cautiverio. El creciente número de personas en Jerusalén hizo que Sanbalat y Tobías se pusieran nerviosos. No querían que los cautivos que regresaban tomaran control de la tierra y pusieran en peligro sus puestos.

Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros

Nehemías 2:11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días,

Nehemías llegó calladamente a Jerusalén y pasó varios días observando y evaluando cuidadosamente el daño de los muros. Después de este tiempo de consideración y análisis, presentó su plan con determinación. Nehemías demostró un excelente enfoque para la solución del problema. Obtuvo información de primera mano y consideró con cuidado la situación. Luego presentó una estrategia práctica. Antes de iniciar un proyecto, siga el ejemplo de Nehemías y planee con anticipación. Revise la información para asegurarse de que sus ideas son realizables. Sea realista. Así podrá presentar su plan con confianza.

Nehemias viaja a Jerusalén : Nehemías trabajaba en Susa como ayudante personal del rey en el vasto Imperio Medo-Persa. Cuando escuchó que los proyectos de reconstrucción en Jerusalén progresaban lentamente, preguntó al rey si podía ir a ayudar a su pueblo a terminar la tarea de reconstrucción de los muros de la ciudad. Como el rey estuvo de acuerdo en dejarlo ir, salió lo más pronto que pudo, y siguió casi la misma ruta que utilizó Esdras.

Nehemías 2:12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.

Como líder sabio al fin, Nehemías se abstuvo de compartir sus ideas con el pueblo hasta no calcularlo bien todo y consultarlo con Dios.

Nehemías 2:13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.

Nehemías 2:14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.

Los muros estaban tan destruidos que la cabalgadura de Nehemías no pudo pasar a través de ellos. Tuvo que inspeccionar esa sección a pie.

Nehemías 2:15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.

Nehemías mantuvo en secreto su misión e inspeccionó los muros a la luz de la luna para evitar murmuraciones dañinas acerca de su llegada y para evitar que los enemigos se enteraran de sus planes. Solo después de haberlo planeado cuidadosamente haría pública la misión que Dios le había encomendado. Un anuncio prematuro hubiera causado rivalidad entre los judíos por buscar la forma más adecuada de comenzar. En este caso, Nehemías no necesitaba sesiones tediosas de planificación. Necesitaba un plan que promoviera una acción rápida.

Nehemías 2:16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.

Nehemías 2:17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.

Tras la noche de la revisión de los muros, se puso de manifiesto la verdadera razón del nombramiento del nuevo gobernador. El pueblo reconoció que Nehemías había sido comisionado por Dios y le ofreció su total cooperación.

La renovación espiritual a menudo comienza con la visión de una persona. Nehemías tuvo una visión, y la transmitió con entusiasmo, inspirando así a los líderes de Jerusalén para la reconstrucción de los muros.

Con frecuencia subestimamos a la gente y no hacemos que nuestros sueños para la obra de Dios en el mundo representen un reto para ellos. Cuando Dios plante una idea en su mente para realizar algo para El, transmítala a los demás y confíe que el Espíritu Santo los impresione con pensamientos similares. No se vea como el único por medio del cual Dios está obrando. A menudo Dios utiliza una persona para expresar la visión y otras para hacerla realidad. Cuando alienta e inspira a otros, usted está trabajando en equipo para lograr las metas de Dios.

Nehemías 2:18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.

Nehemías 2:19 Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?

Sanbalat (cuyo nombre es babilonio y significa: «La diosa luna da vida») era el principal enemigo de Nehemías. Sin mucha convicción, se puso al lado de los servidores de Jehová, lo que queda demostrado con los nombres hebreos que les puso a sus hijos. Horonita probablemente indica que vivía al norte de Jerusalén, en Bet-horón. Fue gobernador de Samaria hasta el 408 a.C.

Tobías (cuyo nombre era misteriosamente hebreo), era un amonita, lo cual indica que se trataba de un pagano. Parece que era el colega más joven de Sanbalat. Gesem el árabe fue quizás gobernador de la provincia persa de Arabia, justamente al sur de Judá, o a lo mejor un poderoso jefe tribal que vivía como un nómada cerca de las áreas urbanas, tal como sucede con los actuales beduinos en el Medio Oriente. Abraham fue un jefe tribal tan poderoso que era capaz de levantar un ejército para rescatar a reyes vecinos y sus pueblos.

Nehemías 2:20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

En lugar de argüir con ellos, Nehemías afirma la soberanía de Dios, y declara que tales líderes no poseen ya ningún derecho legal, civil o religioso en Jerusalén

Sanbalat y Tobías catalogaron la reconstrucción de los muros de Jerusalén como un acto de rebelión en contra del rey, probablemente con la amenaza de reportar como traidores a los constructores. Además, ridiculizaron a Nehemías, diciendo que los muros nunca podrían reconstruirse debido a que los daños eran demasiado graves. Nehemías no les dijo que ya contaba con el permiso del rey para reconstruirlos. En vez de ello, simplemente dijo que tenía la aprobación de Dios, y eso era suficiente.

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