Miqueas 3: Acusación contra los dirigentes de Israel

Categorías: Antiguo Testamento y Miqueas.

Miqueas 3:1 Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes de la casa de Israel: ¿No concierne a vosotros saber lo que es justo?

Miqueas denunció los pecados de los líderes, sacerdotes y profetas. Estos tenían el deber de enseñar al pueblo lo bueno y lo malo. Los ancianos, quienes se suponían que vivían entre el pueblo, se habían trasladado a Jerusalén y se convirtieron en una clase especial de gobierno. Los líderes, quienes debían haber conocido la ley y debían enseñarla al pueblo; la habían echado a un lado y llegaron a ser los peores pecadores. Se aprovecharon del mismo pueblo al que debían servir. Todo pecado es malo, pero el pecado que descarría a los demás es el peor de todos.

La línea divisoria entre el bien y el mal a menudo parece confusa, pero los líderes espirituales tienen el deber de ayudar a que los demás la vean. La Biblia es el manual de Dios para mostrarnos la forma en que podemos distinguir entre bien y mal. Los líderes deben entender los principios bíblicos y enseñarlos a los demás. Los líderes no pueden forzar a la gente a hacer el bien, pero deben dirigirlos hacia esa dirección por medio de su enseñanza y ejemplo.

Miqueas 3:2 Vosotros que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos;

Miqueas 3:3 que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla.

La analogía del canibalismo no intenta decir que quienes aman el mal maten a la gente y la cocinen en ollas hirvientes, sino que denuncia a los líderes inmorales que oprimen a los indefensos, privándolos de sus pertenencias e impidiéndoles ganarse la vida.

Los líderes no tuvieron compasión ni respeto por aquellos a los que debían servir. Trataron al pueblo de una manera terrible para poder satisfacer sus propios deseos, y luego cuando se vieron en problemas tuvieron el descaro de pedir la ayuda de Dios. Nosotros, al igual que los líderes, no debemos tratar a Dios como un interruptor de luz para encenderlo solo cuando lo necesitemos. Por el contrario, siempre debemos depender de El.

Miqueas 3:4 Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras.

Clamaréis a Jehová : «Elevaréis una oración al Señor», no «lloraréis ante el Señor», porque una oración de sincero arrepentimiento traerá el perdón y la restauración que buscan.

Miqueas 3:5 Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, y claman: Paz, cuando tienen algo que comer, y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él:

Cuando tienen algo que comer : El canibalismo, que se manifiesta con la práctica de comerse al pueblo hasta consumirlo (véase versículo 3) se extiende también a los profetas.

Miqueas permaneció fiel a su llamamiento y proclamó la Palabra de Dios. En contraste, los mensajes de los falsos profetas se adaptaban a los favores que recibían. No todos aquellos que declaran tener mensajes que proceden de Dios realmente los tienen. Miqueas profetizó que un día los falsos profetas serían avergonzados por sus acciones.

Miqueas 3:6 Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos.

Miqueas 3:7 Y serán avergonzados los profetas, y se confundirán los adivinos; y ellos todos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios.

Miqueas 3:8 Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.

Miqueas tiene que enfrentarse a los profetas que ha denunciado en versículos 5-7. Al Espíritu del Señor se debe el poder que le permite enfrentarse a sus contemporáneos para denunciar sus pecados.

Miqueas atribuyó el poder de su ministerio al Espíritu de Dios. Nuestro poder proviene de la misma fuente. Jesús dijo a sus seguidores que recibirían poder para testificar acerca de El cuando llegará a ellos el Espíritu Santo. Usted no puede testificar de una manera eficaz si confía en su propia fuerza, porque el miedo le impedirá hablar en el nombre de Dios. Solo al confiar en el poder del Espíritu Santo podrá vivir y testificar para El.

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