Mateo 21: El principio del último acto del drama

Categorías: Mateo y Nuevo Testamento.

 Cuando llegaron cerca de Jerusalén, a la altura de Betfagué, en el Monte de los Olivos, Jesús envió por delante a dos de Sus discípulos y les dijo:

-Entrad en la aldea que tenemos delante, y en seguida os encontraréis una asna atada con su pollino. Soltadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: «El Maestro los necesita. Luego los devolverá.»

Esto se hizo para que se cumpliera lo que se dijo por medio del profeta cuando dijo: «Decidle a la Hija de Sión: «Fíjate: Tu Rey viene a ti, benigno y cabalgando en una asna con su asnillo, hijos de animal de yugo. «»

Así que los discípulos fueron, y cumplieron las órdenes de Jesús, y trajeron el asna y el asnillo, pusieron sus túnicas sobre ellos, y Él se montó encima.

El gentío innumerable extendía las túnicas en el camino. Otros cortaban ramas de los árboles y las extendían a Su paso. Y la gente que iba delante y la que iba detrás gritaban:

-¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito en el nombre del Señor sea el Que viene! ¡Hosanna en las alturas!

Cuando entraba en Jerusalén, toda la ciudad se conmocionó.

-¿Quién es Este? -preguntaban; y la gente decía:

-¡Este es el profeta Jesús, que viene de Nazaret de Galilea!

Con este pasaje nos introducimos en el último acto de la vida de Jesús; y aquí tenemos un momento dramático de veras en un doble sentido.

Era el tiempo de la Pascua, y Jerusalén y todo el país de alrededor estaba abarrotado de peregrinos. Treinta años después, un gobernador tuvo que hacer el censo de los corderos que se mataron en Jerusalén para la Pascua, y descubrió que su número se aproximaba al cuarto de millón. La norma de, la Pascua era que tenían que reunirse por lo menos diez: personas para cada cordero, lo que quiere decir que en esa Pascua hubo en Jerusalén más de dos millones y medio de personas. La ley era que todos los varones judíos que vivieran en un radio de cuarenta kilómetros de Jerusalén tenían que venir a la Pascua; pero no solo venían judíos de Palestina, sino de todos los rincones del mundo para estar presentes en la mayor de sus fiestas nacionales. Jesús no podía haber escogido un momento más dramático. Se dirigió a una ciudad abarrotada de gente y cargada de expectaciones religiosas.

No creemos que esta fuera una decisión repentina de Jesús, adoptada casualmente en un momento. Era algo que había preparado de antemano. La impresión que nos hace el relato es que Él estaba llevando a cabo planes que había preparado de antemano. Envió a sus discípulos «a la aldea» para recoger la asna y su asnillo. Mateo menciona Betfagué solamente; pero Marcos menciona también a Betania (Mar_11:1 ). Sin duda se trataba de Betania. Jesús ya había hecho los preparativos para que Le prepararan una asna y su asnillo, porque debe de haber tenido muchos amigos en Betania; y la frase: «El Maestro los necesita» parece haber sido una contraseña convenida para que los amos de los animales supieran que había llegado la hora convenida por Jesús.

Así es que Jesús entró cabalgando en Jerusalén. El hecho de que el asno no se había usado nunca antes es especialmente apropiado para el santo propósito. La becerra roja que se usaba en ceremonias de purificación debía ser un animal «sobre el cual no se había puesto yugo» (Num_19:2 ; Deu_21:3 ); la carreta en el que se llevaba el arca del Señor había de ser una que no se hubiera usado antes para ningún otro propósito (1Sa_3:7 ). La especial santidad de la ocasión se subrayaba por el hecho de que en el asna no había cabalgado antes ninguna persona.

La multitud recibió a Jesús como Rey. Extendieron sus túnicas a Su paso. Eso había sido lo que habían hecho los amigos de Jehú cuando le proclamaron rey (2Ki_9:13 ). Arrancaron ramas de los árboles y ondearon ramas de palmera. Eso es lo que habían hecho cuando entró en Jerusalén Simón Macabeo después de una de sus más notables victorias (1 Macabeos 13:51).

Recibieron a Jesús con el saludo que se daba a los peregrinos que venían ala fiesta: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!» (Psa_118:26 ).

Gritaban: «¡Hosanna!» Debemos tratar de comprender lo que esto quería decir. Hosanna quiere decir salva ahora, y era la llamada de auxilio que un pueblo en angustia dirigía a su rey o a su Dios. Es realmente una cita del Psa_118:25 : «¡Sálvanos, Te suplicamos, oh Señor!» La frase «¡Hosanna en las alturas!» debe de querer decir: «¡Que hasta los ángeles en lo más alto de las alturas del Cielo griten a nuestro Dios: «¡Salva ahora!»»

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