Jesús calma la tempestad

Marcos 4: Enseñando por parábolas

Jesús se puso a enseñar otra vez a la orilla del lago. Se reunió para escucharle una multitud tan grande de gente que El tuvo que subirse a una barca, y sentarse en ella en el lago. Toda la inmensa multitud de gente estaba a la orilla, mirando hacia el lago. Él se puso a enseñarles muchas cosas por parábolas; y en Su enseñanza empezó a decirles:

-¡Escuchad! ¡Mirad! ¡El sembrador ha salido a sembrar!

En esta sección vemos a Jesús iniciando una nueva etapa. Ya no estaba enseñando en la sinagoga, sino a la orilla del lago. Había intentado llegar al pueblo de una manera ortodoxa; ahora tenía que seguir métodos menos convencionales.

Haremos bien el fijarnos en que Jesús estaba dispuesto a utilizar nuevos métodos. Estaba dispuesto a trasladar la predicación y la enseñanza fuera del ambiente convencional de la sinagoga al aire libre y entre las multitudes de hombres y mujeres corrientes. John Wesley fue durante muchos años un servidor fiel y ortodoxo de la Iglesia de Inglaterra. Su amigo George Whitefield estaba en Bristol predicando a los mineros, tantos como veinte mil a la vez, al aire libre; y en su audiencia se convertían a centenares. Mandó a buscar a John Wesley. Wesley dijo: «A mí me encanta un salón amplio, un cojín blandito y un púlpito bonito.» Lo de la predicación al aire libre más bien le escandalizaba. Se decía a sí mismo: «Difícilmente podía identificarme al principio con esos métodos extravagantes -habiendo sido toda mi vida, hasta bien tarde, tan cumplidor de todo lo relativo a la decencia y al orden-, hasta tal punto que habría creído que era casi un pecado salvar almas si no se hacía en la iglesia.» Pero Wesley vio que la predicación al aire libre ganaba almas, y dijo: «No puedo discutir una cuestión de Hechos.»

Tiene que haber habido muchos entre los judíos ortodoxos que consideraran esta nueva salida como acrobática y sensacionalista; pero Jesús era suficientemente sabio para saber cuándo hacían falta nuevos métodos, y era lo suficientemente aventurero como para usarlos. Sería bueno que la Iglesia fuera igualmente sabia y emprendedora. Esta nueva etapa requería un método nuevo; y el nuevo método que escogió Jesús consistía en hablarle a la gente por parábolas. Parábola quiere decir literalmente algo que se pone al lado de algo; es decir, una comparación. Es una historia terrenal con un sentido celestial. Algo de la Tierra se compara con algo del Cielo, para que la verdad celestial se pueda captar mejor a la luz de la ilustración terrenal. ¿Por qué escogió Jesús este método? ¿Y cómo llegó ‹a serle tan característico que llegó a ser el Maestro de la parábola?

(i) La primera y principal razón es que Jesús eligió el método parabólico para hacer que la gente Le escuchara. Ya no Se estaba dirigiendo a una audiencia de personas religiosas en una sinagoga, que estaban más o menos obligadas a permanecer allí hasta que terminara el culto. Tenía una audiencia multitudinaria y diversa al aire libre, que tenía libertad para marcharse cuando quisiera. Por tanto, la prioridad esencial era despertar y mantener su interés. En caso contrario, sencillamente se marcharían. Sir Philip Sidney habla del secreto del poeta: «Con una historia peregrina viene a ti, con un cuento que hace que los niños dejen de jugar y los viejos abandonen la chimenea.» La mejor manera de despertar el interés de la gente es contarles historias, y Jesús lo sabía.

(ii) Además, cuando Jesús usaba el método parabólico estaba siguiendo un método que les era totalmente familiar a las audiencias y los maestros judíos. Hay parábolas en el Antiguo Testamento, la más famosa de las cuales es la historia de la corderita que Natán le contó a David cuando se había deshecho traicioneramente de Urías y tomado posesión de Betsabé (2Sa_12:1-7 ). Los rabinos usaban parábolas corrientemente en su enseñanza. Se decía de Rabí Meír que hablaba una tercera parte de cuestiones legales; otra tercera parte de explicaciones, y otra tercera parte en parábolas.

Aquí tenemos dos ejemplos de parábolas rabínicas. La primera es de Rabí Yehudá ha-Nasí, Judá el Príncipe (c. 190 d C.). El emperador romano Antonino le preguntó cómo podía haber castigo en el más allá; porque, puesto que el cuerpo y el alma no podían haber cometido pecado después de separarse, podrían echarse las culpas mutuamente por los pecados cometidos en este mundo. El rabino le contestó con una parábola:

Un cierto rey tenía un hermoso huerto que daba una fruta excelente; y puso a cargo de él a dos vigilantes, uno ciego y el otro cojo. El cojo le dijo al ciego: «Veo una fruta exquisita en el huerto. Llévame allí para que la coja, y nos la comeremos entre los dos.» El ciego estuvo de acuerdo, y ambos se comieron la fruta. Después de algunos días llegó el amo del huerto, y les preguntó a los guardianes por la fruta. Entonces el cojo le dijo: «Como yo no tengo piernas, no podía llegar allí; así es que no es culpa mía.» Y el ciego le dijo: «Como yo soy ciego, ni siquiera podía ver la fruta; así es que no es culpa mía.» ¿Qué hizo el amo del huerto? Hizo que el ciego cargara con el cojo, y así demostró la culpabilidad de ambos. Así repondrá Dios las almas en sus cuerpos, y los castigará juntos por sus pecados.

Cuando Abín, el hijo de Rabí Jiyya, murió a la temprana edad de veintiocho años, Rabí Zera pronunció la oración fúnebre utilizando una parábola:

Un rey tenía una viña en la que empleó a muchos trabajadores, uno de. los, cuales era especialmente capaz y hábil. ¿Qué fue lo que hizo el rey? Retiró a ese trabajador de la faena, y estuvo paseando por toda la viña con él. Cuando los obreros fueron a cobrar su sueldo por la tarde, el obrero habilidoso apareció entre ellos, y recibió del rey la totalidad del salario del día. Los otros trabajadores se enfadaron mucho, y dijeron: «Nosotros hemos trabajado todo el día, mientras que este no ha trabajado más que dos horas. ¿Por qué le da el rey a él el mismo sueldo que a nosotros?» El rey les contestó: «¿Por qué os enfadáis? Con su habilidad, él ha hecho más en las dos horas que vosotros en todo el día.» Así ha sucedido con Rabí Abín ben fiyya: En los veintiocho años de su vida, él ha aprendido más que otros en cien años; así que él ha cumplido el trabajo de su vida, y se le ha permitido entrar en el Paraíso desde su trabajo en la Tierra antes que otros; y no se perderá nada de su recompensa.

Cuando Jesús usaba el método parabólico de enseñanza estaba usando un método al que los judíos estaban acostumbrados y podían entender muy bien.

(iii) Y aún más: cuando Jesús usó el método parabólico de enseñanza estaba haciendo concretas las ideas abstractas. Pocas personas son capaces de captar las ideas abstractas; casi todos pensamos en imágenes. Podríamos pasar mucho tiempo hablando de la belleza, y ninguno sacaríamos nada en claro; pero reconocemos a una mujer bella. Podemos pasar mucho tiempo hablando de la bondad sin llegar a una definición; pero todos reconocemos una buena acción cuando la vemos. Hay un sentido en el que toda palabra tiene que hacerse carne; cada idea se tiene que encarnar en una persona. Cuando el Nuevo Testamento habla de la fe, pone el ejemplo de Abraham para que la idea de la fe se haga carne en la persona de Abraham. Jesús era un maestro sabio. Sabía que era inútil esperar que las mentes sencillas captaran las ideas abstractas; así es que incorporó las ideas abstractas en historias concretas; las mostró en acción; las presentó en personas, para que la gente las pudiera captar y comprender.

(iv) Por último, la gran virtud de la parábola es que obliga a la persona a pensar por sí misma. Obliga a todo el mundo a hacer su propia deducción y a descubrir la verdad por sí. La peor manera de ayudar a un niño es hacerle los deberes. No le ayuda en absoluto el que le hagamos sus sumas, le escribamos sus redacciones, le resolvamos sus problemas y le hagamos sus traducciones. Sí le ayuda de veras que le ayudemos a hacer las cosas por sí mismo. Eso era lo que Se proponía Jesús. La verdad tiene siempre un doble impacto cuando es un descubrimiento personal. Jesús no quería ahorrarnos el sudor mental de pensar; quería hacernos pensar. No quiere hacer mentes perezosas, sino activas. No quiere asumir la responsabilidad por nadie, sino que cada uno la asuma por sí. Así es que usó el método parabólico, no para pensar por nadie, sino para animar a cada uno a pensar por sí mismo. Presentaba la verdad de manera que, si hacía el debido esfuerzo con la debida actitud, cada uno podía descubrirla por sí, y por tanto poseerla de una manera que la hacía real y verdaderamente suya propia.

DE LA TIERRA AL CIELO

-¡Escuchad! ¡Fijaos! El sembrador salió a sembrar. Cuando estaba sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del sendero, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte de la semilla cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra; y brotó en seguida, porque no tenía profundidad de tierra, pero cuando salió el sol se agostó y se secó completamente porque no tenía raíz. Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y los espinos la ahogaron hasta el punto de quitarle la vida, y no produjo nada. Y otra parte cayó en buena tierra; y como creció y se desarrolló bien produjo fruto, dando treinta, sesenta y ciento por uno. -Y añadió Jesús-: El que tenga oídos para oír, que oiga.

Dejamos la interpretación de esta parábola para cuando lleguemos a la interpretación que nos da Marcos, y de momento la consideramos sólo como un ejemplo de la enseñanza parabólica de Jesús en acción. La escena es a la orilla del lago; Jesús está sentado en la barca, un poco separada de la orilla. La costa desciende suavemente hasta el borde del agua, y forma un anfiteatro natural para la multitud. Mientras está hablando, Jesús ve a un sembrador trabajando en su campo cerca del lago. «¡Fijaos! -dijo-. El sembrador ha salido a sembrar.» Aquí encontramos toda la esencia del método parabólico.

(i) Jesús partió del aquí y ahora para llegar al allí y entonces. Partió de algo que estaba sucediendo en aquel preciso momento en la tierra a fin de conducir los pensamientos de Sus oyentes al Cielo. Partió de algo que todos podían ver para llegar a cosas que no eran visibles; partió de algo que todos conocían para llegar a algo que no se figuraban. Esa era la misma esencia de la enseñanza de Jesús. El no alucinaba a la gente empezando con cosas que fueran extrañas y abstrusas y rebuscadas; empezaba por cosas tan sencillas que hasta un niño las podía entender.

(ii) Al hacerlo así, Jesús mostraba que creía que hay un parentesco real entre la Tierra y el Cielo. Jesús no habría estado de acuerdo en que «La tierra es un valle de lágrimas.» Jesús creía que en las cosas normales y corrientes de cada día se podía ver a Dios. Como decía William Temple: «Jesús enseñó a la gente a ver la obra de Dios en lo regular y en lo normal -en la salida del sol y en la caída de la lluvia y en el crecimiento de la planta.» Hace mucho ya Pablo tuvo la misma idea cuando dijo que el mundo visible está diseñado para darnos a conocer las cosas invisibles de Dios (Rom_1:20 ). Para Jesús este mundo no era un lugar malo y perdido, sino la vestidura del Dios viviente. Sir Christopher Wren fue enterrado en la catedral de San Pablo, la gran iglesia que su propio genio había planificado y construido. En su tumba hay una sencilla inscripción en latín que quiere decir: «Si quieres ver su monumento, mira a tu alrededor.» Jesús habría dicho: «Si quieres ver a Dios, mira a tu alrededor.» Jesús encuentra en las cosas normales de la vida una mina inagotable de señales que conducen a las personas a Dios si quieren leerlas como es debido.

(iii) La verdadera esencia de las parábolas consiste en que eran espontáneas, improvisadas y no ensayadas. Jesús mira a Su alrededor buscando un punto de contacto con la multitud. Ve al sembrador, y al instante lo toma como su texto de predicación. Las parábolas no eran historias elaboradas en la tranquilidad de un estudio; no eran cuidadosamente pensadas y pulimentadas y ensayadas. Su suprema grandeza consiste en que Jesús compuso estas breves historias inmortales en un instante, ante la demanda de la ocasión y en el fragor del debate.

C. J. Cadoux dijo de las parábolas: «Una parábola es arte enjaezado para el servicio y el conflicto. Aquí tenemos la razón de que las parábolas sean tan poco frecuentes. Requiere un grado considerable de arte, pero de arte ejercitado en condiciones difíciles. En tres parábolas típicas de la Biblia, el que las dijo se estaba jugando la vida. Jotam (Jue_9:8-15 ) refirió su parábola de Los Árboles a los hombres de Siquem, e inmediatamente después salió huyendo. Natán (2Sa_12:1-7 ) con la parábola de La Corderita le declaró a un déspota oriental su pecado. Jesús, en la parábola de Los Viñadores Malvados usó Su propia sentencia de muerte como un argumento a Su favor …. En su utilización más característica, la parábola es un arma de controversia, no pulida como un soneto en la ininterrumpida concentración del despacho, sino improvisada en el conflicto para salir al paso de una situación imprevista. En su uso más elevado, muestra la sensibilidad del poeta; la iniciativa, rapidez e imaginación del protagonista, y el valor que permite a tal mente obrar, sin .trabas en la refriega y el peligro de los conflictos mortales.»

Cuando tenemos presente que las parábolas de Jesús son repentinas o, improvisadas, su encanto se multiplica por cien.

(iv) Esto nos trae a un punto que debemos recordar siempre en nuestros intentos de interpretar las parábolas. No eran, en primera instancia, para ser leídas, sino para ser escuchadas. Es decir: en primera instancia nadie se podía sentar a estudiarlas frase por frase y palabra por palabra. Se dijeron, no para ser estudiadas extensa y tranquilamente, sino para producir un impacto y una reacción inmediatos. Es decir: las parábolas no se deben tratar nunca como alegorías. En una alegoría, cada escena y personaje y detalle de la historia encierra un significado. El Peregrino de Juan Bunyan es una alegoría; en él, todos los acontecimientos y las personas tienen un sentido simbólico. Una alegoría es para ser leída y estudiada y examinada; pero una parábola es algo que se oye una vez y sólo una vez. Por tanto, lo que debemos buscar en una parábola no es una situación en la que todos los detalles representan algo, sino una situación en la que se presenta una gran idea que reluce como un relámpago. Siempre es erróneo intentar hacer que todos los detalles de una parábola quieran decir algo. Siempre es correcto decir: «¿Qué idea única resaltaría en la mente de una persona que oyera esta historia por primera vez?»

EL MISTERIO DEL REINO

Cuando Jesús estaba solo, el círculo más íntimo de Su gente, con los Doce, Le preguntó acerca de las parábolas. Jesús les dijo:

A vosotros se os concede el conocimiento del Reino de Dios que solamente pueden conocer los iniciados. Para los que están fuera, todo se expone por medio de parábolas, para que puedan, sí, ver, y sin embargo no perciban el sentido de las cosas; y puedan, sí, oír, sin comprender, no sea que en cualquier momento se arrepientan y sean perdonados.

Este pasaje siempre ha sido uno de los más difíciles de los evangelios. La versión Reina-Valera habla del misterio del Reino de Dios. Esta palabra misterio tiene un sentido técnico en griego; no quiere decir algo que es muy complicado y misterioso en el sentido normal de la palabra; quiere decir algo que es ininteligible para la persona que no ha sido iniciada en su significado, pero que está perfectamente claro para la persona que ha sido debidamente iniciada.

En los tiempos del Nuevo Testamento, en el mundo pagano, una de las grandes ofertas de la religión popular era lo que se llamaban Religiones misteriosas o de Misterio. Estas religiones prometían la comunión con un cierto dios, y hasta la identificación con él, mediante la cual desaparecían todos los terrores de la vida y de la muerte. Casi todas estas religiones misteriosas estaban basadas en la historia de algún dios que había sufrido, muerto y resucitado; casi todas ellas se presentaban como una representación de pasión.

Uno de los misterios más famosos era el que se llamaba el Misterio de Isis. Osiris era un rey sabio y bondadoso. Set, su malvado hermano, le odiaba, y con setenta y dos conspiradores le persuadió a que asistiera a un banquete. Allí le indujo a meterse en un ataúd artificioso que tenía sus mismas medidas. Cuando estaba dentro, se cerró la tapa, y echaron el ataúd al Nilo. Isis, su fiel esposa, después de una prolongada y dolorosa búsqueda, encontró el ataúd y se lo llevó en duelo a casa. Cuando ella estaba ausente, llegó otra vez el malvado Set, robó el cuerpo, lo cortó en catorce trozos y los desperdigó por todo Egipto. Una vez más, Isis inició su pesada y triste búsqueda. Acabó por encontrar todos los trozos, y con sus poderes mágicos los unió y le devolvió la vida a Osiris; y desde aquel momento él se convirtió en el rey inmortal de los vivos y los muertos.

Lo que sucedía era lo siguiente. El candidato pasaba por una larga preparación de purificación y de ayuno y de ascetismo y de instrucción en cuanto al sentido interior de la historia. Entonces se ,representaba el drama, con su dolor y su angustia y su muerte y su resurrección y su triunfo final como un drama de la pasión. La música y el incienso y la iluminación y la espléndida liturgia se usaban para crear una atmósfera tensa. Conforme se iba representando el drama, el adorador se sentía uno con el dios tanto en sus sufrimientos como en su triunfo. Pasaba por la muerte y entraba en la inmortalidad en unión con el dios. Lo importante es que para una persona no iniciada todo aquello no tendría ningún sentido; pero para el iniciado estaba henchido del sentido que se le había enseñado a ver.

Ese es el significado técnico de esta palabra mystérion. Cuando el Nuevo Testamento habla del misterio del Reino, no quiere decir que el Reino sea remoto y abstruso y difícil de comprender; lo que sí quiere decir es que es totalmente ininteligible para la persona que no le haya entregado su corazón a Jesús, y que solamente la persona que ha recibido a Jesús como Maestro y Señor puede entender lo que significa el Reino de Dios.

La dificultad real de este pasaje se encuentra en lo que viene a continuación. Si lo tomamos en el sentido que parece tener, dice que Jesús enseñaba por parábolas a propósito para ocultarles el significado a los hombres y las mujeres corrientes. Cualquiera que fuera el sentido original del pasaje, no puede haber querido decir eso, porque si algo está tan claro como el agua es que Jesús usaba las parábolas, no para tapar el significado y ocultar la verdad, sino para permitirle a Su audiencia recibirlo y entenderlo.

¿Entonces, cómo llegó este pasaje a su forma actual? Es una cita de Isa_6:9 s. Desde hace mucho tiempo viene causando problemas a los intérpretes. Se habían pasado más de doscientos años preocupándose antes de que Jesús hiciera uso de él. El texto hebreo dice, como traduce la Reina-Valera,95:

Y dijo: Anda, y dile a este pueblo: « Oíd bien, y no entendis; ved por cierto, pero no comprendáis». Embota el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos ni su corazón entienda, ni se convierta y haya para él sanidad.

A primera vista parece que Dios le está diciendo a Isaías que tiene que seguir un camino diseñado a propósito para hacer que el pueblo no entienda.

En el siglo ffl a C. se tradujeron las Escrituras hebreas al griego, y la versión griega, llamada la Septuaginta, llegó a ser uno de los libros que ejercieron mayor influencia en el mundo, porque llevó el Antiguo Testamento a dondequiera que se hablaba el griego. Los traductores de la Septuaginta estaban alucinados con este pasaje, y lo tradujeron dándole otro sentido: y Él dijo: « Ve y dile a este pueblo: «De hecho oiréis, pero no entenderéis; y en cuanto a ver, veréis, pero no percibiréis. « Porque el corazón de este pueblo se ha embotado, y con sus oídos oyen pesadamente, y han cerrado los ojos, no sea que alguna vez vieran con sus ojos y oyeran con sus oídos y comprendieran con su corazón y fueran convertidos y Yo los sanara.»

La versión griega no dice que Dios tuviera la intención de que el pueblo fuera tan torpe que no entendiera; dice que ellos se habían vuelto tan torpes que no podían entender -lo que es una cosa muy diferente. La explicación es que no hay nadie que pueda traducir o expresar por escrito un tono de voz. Cuando hablaba Isaías, hablaba medio en ironía y medio en desesperación, pero con un amor total. Él estaba pensando: «Dios me envió a llevarle Su verdad a este pueblo; y a pesar de todo el bien que les estoy haciendo, parece que les he sido enviado para cerrarles la mente al mensaje. Podría estar hablando a un muro de piedra. Se.. paría pensar que Dios les había cerrado la mente a Su mensaje.»

Así es como usaba sus palabras Jesús. Su intención era que iluminaran las mentes para comprender la verdad de Dios. Pero en muchos ojos Él veía una torpe incomprensión. Veía tantas personas cegadas por los prejuicios, ensordecidas por sus propios deseos, demasiado perezosas para pensar. Se volvió a Sus discípulos y les dijo: «¿Os acordáis de lo que dijo una vez Isaías? Dijo que cuando él llegada con el mensaje de Dios al pueblo de Dios en su tiempo, la gente era tan torpe para entenderlo que se hubiera pensado que Dios les había cerrado la mente en lugar de abrírsela; así Me siento Yo hoy.» Cuando Jesús dijo aquello, no lo dijo con ira o irritación o amargura o desesperación; lo decía con el anhelo ardiente de un amor frustrado, con el dolor punzante de un Hombre que quería hacer un regalo estupendo, pero que Su pueblo era ciego y no quería aceptar.

Si leemos esto, no escuchando un tono de amargura sino de amor anhelante y dolido, nos sonará diferente. Nos enseñará, no que Dios cegó a la gente aposta y le ocultó Su verdad, sino que los hombres eran tan torpes de entendimiento, que parecía que no tenía sentido ni siquiera para Dios el tratar de penetrar el telón de acero de su incomprensión perezosa. ¡Que Dios nos libre de escuchar Su Palabra así!

LA COSECHA ES SEGURA

-¿No entendéis esta parábola? -les dijo Jesús-. Entonces, ¿cómo vais a entender todas las parábolas? Lo que está sembrando el sembrador es la Palabra. La clase de personas que representa la semilla que cayó al borde del camino son aquellas en las que se siembra la Palabra; pero en cuanto la oyen, inmediatamente llega Satanás y arrebata la Palabra que se ha sembrado en ellos. Así también, las personas representadas por la semilla que se sembró en terreno rocoso son las que, en cuanto oyen la Palabra, acto seguido la reciben con alegría; pero no tienen raíz en sí, por lo que son completamente inestables; y después, cuando se les presentan problemas y persecuciones a causa de la Palabra, en seguida tropiezan y caen. También hay algunos que están representados por la semilla que se siembra entre espinos. Estas son las personas que oyen la Palabra, pero las ansiedades de este mundo y la atracción engañosa de la riquezas y los deseos de otras cosas penetran en ellas y ahogan la vida de la Palabra, que no tiene ninguna oportunidad de producir fruto. La clase de personas que están representadas por la semilla que cayó en buena tierra son los que oyen la Palabra, y la reciben, y llevan fruto, treinta, sesenta y ciento por uno.

Todos los detalles de esta parábola les sonarían a la audiencia de Jesús, porque estaban tomados de la vida diaria. Se mencionan cuatro clases de terreno.

(i) Había un suelo duro al borde del camino. La semilla podría ser que cayera en esta clase de suelo por dos razones. Los campos de Palestina tenían la forma de tiras largas y estrechas. Estas tiras estaban divididas por senderillos de tierra que permitían el paso. El resultado era que se habían puesto duros de tanto pasar la gente por allí. Cuando el sembrador echaba la semilla, una parte era inevitable que cayera allí; y no tenía posibilidad de crecer.

Pero había otra manera de sembrar. Algunas veces se ponía un saco de semilla en un burro, se le abría un agujerito en el extremo del saco, y cuando el animal iba arriba y abajo la semilla se iba cayendo. Inevitablemente, cuando el burro llegaba cerca del camino del campo, algo de la semilla caía en el camino; y no se podía evitar que los pájaros vinieran y se la comieran.

Hay algunas personasen cuyos corazones no puede penetrar la verdad cristiana. Esto es debido a la falta de interés del oyente; y esa falta de interés es debida a la incapacidad de darse cuenta de lo importante que es la decisión cristiana. El Evangelio no consigue hacer un impacto en tales personas, no porque sean hostiles, sino porque son indiferentes. Creen que es irrelevante para la vida, y que se pueden pasar sin él perfectamente. Eso podría ser verdad si la vida fuera siempre un camino fácil en el que no hubiera ni tensiones ni lágrimas; pero de hecho le viene a toda persona un tiempo cuando necesita un poder que no tiene. La tragedia es que muchos se dan cuenta de esto demasiado tarde.

(ii) Había un terreno rocoso. No es que estuviera lleno de piedras; era más bien una capita de tierra que cubría una lancha de roca caliza. Gran parte de Galilea era así. En muchos terrenos se podía ver aflorar la roca. La semilla que caía allí germinaba pronto; pero, como el suelo era tan superficial y contenía tan pocos nutrientes y humedad, el calor del sol pronto secaba las plantitas que brotaban.

Siempre es más fácil empezar una cosa que acabarla. Cierto famoso evangelista decía: « Hemos aprendido que requiere algo así como el cinco por cierto del esfuerzo el ganar a una persona para Cristo, y el noventa y cinco por ciento el mantenerle en Cristo hasta que alcanza la madurez.» Muchas personas empiezan la vida cristiana para quedarse poco después en la cuneta.

Hay dos problemas que causan este colapso. Uno es el no conseguir pensar la cosa del todo y a fondo, no llegar a darse cuenta de lo que quiere decir y de lo que cuesta, antes de empezar. El otro es el hecho de que hay miles de personas que se sienten atraídas por el Cristianismo, pero que nunca penetra más allá de la superficie de sus vidas. Es un hecho que el Evangelio es una cuestión de todo o nada. Uno está a salvo solamente cuando se ha entregado totalmente a Cristo.

Efímera es la vida y sus placeres, los goces huyen, la ilusión fenece; mas quien está a Tu lado no perece, y nada teme, porque espera en Ti.

(iii) Había un terreno que estaba lleno de espinos. Los campesinos palestinos eran perezosos. Cortaban lo que sobresalía de las malas plantas; a veces hasta quemaban lo de fuera, y el campo puede que pareciera limpio; pero las raíces seguían allí por debajo de la superficie; y a su debido tiempo brotaban con toda su fuerza. Y crecían con tal rapidez y virulencia que ahogaban la vida de la buena semilla.

Es fácil llenar la vida con tantos intereses que no queda tiempo para Cristo. Como dijo un poeta, los cuidados de la vida pueden ser como el polvo que atasca hasta tal punto que «nos olvidamos porque nos vemos obligados, no porque queremos.» Cuanto más complicada se hace la vida más necesario es tener las prioridades en su sitio; porque hay muchas cosas que tratan de desplazar a Cristo del lugar supremo que Le corresponde.

(iv) Había un terreno bueno, limpio y profundo en el que la semilla germinaba y llevaba fruto.

Si hemos de beneficiarnos del mensaje cristiano, la parábola nos dice que debemos hacer tres cosas.

(a) Debemos oírla, y no podemos oírla si no escuchamos. Es característico de muchos de nosotros que estamos tan ocupados hablando, que no tenemos tiempo para oír; tan ocupados discutiendo, que no tenemos tiempo para escuchar; tan ocupados exponiendo nuestras propias opiniones, que no tenemos tiempo para prestar atención a las opiniones de Cristo; tan ajetreados, que no tenemos tiempo para la calma esencial.

(b) Hemos de recibirla. Cuando oímos el mensaje cristiano debemos realmente darle entrada en nuestra vida. La mente humana es una máquina extraña y peligrosa. Estamos Hechos de tal manera, en la sabia providencia de la creación, que siempre que un cuerpo extraño amenaza con metérsenos en un ojo, se nos cierra automáticamente. Esa es una acción instintiva, refleja. Siempre que la mente oye algo que no quiere oír, automáticamente le cierra la puerta. Hay veces que la verdad puede hacer daño; pero otras hay que aceptar una medicina que no nos gusta o un tratamiento desagradable para conservar la salud. El cerrar la mente a la verdad que no queremos oír puede que sea escoger un camino que conduce al fracaso y a la tragedia.

(c) Hemos de ponerla en acción. El producto en la parábola era del treinta, sesenta o ciento por uno, lo cual era verdaderamente provechoso; pero el suelo volcánico de Galilea era famoso por sus cosechas. La verdad cristiana siempre debe manifestarse en acción. En último análisis, el cristiano recibe el desafío, no a especular, sino a actuar.

Todo esto es el significado de esta parábola cuando nos sentamos a estudiarla tranquilamente. Pero es totalmente imposible el que todo eso surja instantáneamente en la mente humana cuando se oye por primera vez. Entonces, ¿cuál sería la única cosa que le sugeriría a la multitud que la oía por primera vez junto al mar de Galilea? Sin duda esta: Que, aunque parte de la semilla nunca crezca, el hecho es que al final se recoge una cosecha espléndida. Esta es la parábola que acaba con la desesperación. Puede que parezca que mucho de nuestro esfuerzo no produce resultados; puede que parezca que una gran parte de nuestra labor se pierde. Ese sería el sentir de los discípulos cuando veían a Jesús desterrado de la sinagoga y tenido por sospechoso. En muchos lugares, Su mensaje parecía haber fracasado, y estaban desanimados y deprimidos. Pero esta parábola les decía, y nos dice a nosotros: «¡Paciencia! Haz tu labor. Siembra la semilla. Déjale a Dios el resto. La cosecha es segura.»

LA LUZ ESTÁ PARA QUE SE VEA

Este era uno de los dichos de Jesús: «¿Verdad que no se trae una lámpara para meterla debajo de un cajón de medir o debajo de la cama? ¿Es que no se trae más bien para ponerla en el candelero?»

Los versículos 21-25 son interesantes porque muestran los problemas con los que se enfrentaban los evangelistas. Estos versículos contienen cuatro dichos diferentes de Jesús. En el versículo 21 tenemos el dicho acerca de la lámpara; en el 22 hay un dicho sobre revelar cosas secretas; en el 24 hay un dicho que establece que recibiremos conforme a la medida que hayamos usado para dar, y en el 25 está el dicho acerca de que al que tiene se le dará todavía más. En Marcos, estos versículos vienen seguidos uno detrás de otro; pero el versículo 21 aparece en Mat_5:15 ; el 22, en Mat_10:26 ; el 24, en Mat_7:2 ; y el 25, en Mat_13:12 , y también en Mat_25:29 . Los cuatro versículos consecutivos de Marcos están desperdigados por todo: Mateo. Aquí surge una cuestión práctica para nuestro estudio. No debemos tratar de encontrar ninguna conexión entre estos versículos. Está claro que no tienen ninguna reía= ción entre sí, así es que vamos a tomarlos uno por uno.

¿Cómo fue eso de que Marcos pusiera estos dichos de Jesús uno detrás de otro y Mateo los desperdigara por todo su evangelio? La razón es bien sencilla. Jesús tenía un dominio único del lenguaje. Podía decir las cosas más pintorescas y las cosas más jugosas. Podía decir las cosas de tal manera que se grabaran en la memoria y se resistieran a ser olvidadas. Además, Él tiene que haber dicho muchas de estas cosas más de una vez. Iba pasando de un lugar a otro y de una audiencia a otra, y tiene que haber repetido mucho de Su enseñanza por dondequiera que iba. En consecuencia, la gente recordaba las cosas que había dicho Jesús -las decía de tal manera que no se podían olvidar-, pero olvidaba la ocasión en que las había dicho. El resultado fue que hubo muchos de los dichos de Jesús que se quedaron, como si dijéramos, «huérfanos». Un dicho echaba raíces en la memoria de las personas y era recordado para siempre, pero el contexto y la ocasión se olvidaban. Así es que tenemos que tomar estos dichos gráficos y examinarlos independientemente.

El primero era que no se enciende una lámpara y se pone debajo de.,an cajón de medir, que sería como ponerle una caja encima, ni se pone debajo de la cama. La lámpara está para que se ponga a la vista y para que se vea. De este dicho podemos aprender dos cosas.

(i) La verdad es para que se vea. No está para que se la oculte. Puede que haya veces cuando sea peligroso decir la verdad; cuando sea la manera más rápida de atraerse la persecución y los problemas. Pero la persona veraz, y el verdadero cristiano, estarán de parte de la verdad frente a todo.

Cuando Lutero decidió adoptar su postura frente a la Iglesia Católica Romana, en primer lugar atacó las indulgencias. Las indulgencias eran para todos los efectos remisiones de pecados que uno podía comprar de un sacerdote por un precio. Lutero trazó noventa y cinco tesis contra las indulgencias. ¿Y qué hizo con aquellas noventa y cinco tesis? Había una iglesia en Wittenberg que se llamaba la Iglesia de Todos los Santos. Estaba íntimamente relacionada con la universidad donde Lutero era profesor. Los anuncios de la universidad se solían poner en las puertas de aquella iglesia, entre ellos los de los debates académicos. No había otro tablón de anuncios en la ciudad. En aquella puerta fijó Lutero sus tesis. ¿Cuándo? El día que iba a aquella iglesia más gente, que era el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Resultaba ser el aniversario de aquella iglesia, y había varios oficios religiosos a los que acudía mucha gente. Fue en la víspera del día de Todos los Santos cuando Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia. Si hubiera sido un hombre cauteloso, en primer lugar no habría escrito sus noventa y cinco tesis. Si hubiera sido un hombre preocupado por su propia seguridad, nunca las habría clavado a la puerta de la iglesia. Y, si tenía que clavarlas allí, cualquier idea de seguridad propia le habría aconsejado no escoger el día de Todos los Santos para hacer su declaración. Pero Lutero tenía el sentimiento de que había descubierto la verdad; y lo único que le interesaba era exponerla y ofrecer su vida por ella.

En cualquier circunstancia de la vida hay veces que sabemos perfectamente lo que exige la verdad, lo que se debe hacer y lo que un cristiano tiene obligación de hacer. En cualquier nivel de vida hay veces que dejamos de actuar como debiéramos porque sería arriesgar nuestra popularidad, y aun cosas peores. Deberíamos recordar que la lámpara de la verdad se ha de poner bien alta y no ocultarse por los intereses de una seguridad cobarde.

(ii) Nuestro Cristianismo se ha de ver. En la Iglesia Primitiva, algunas veces el mostrarse cristiano suponía la muerte. El imperio romano era tan extenso como el mundo civilizado. Para conseguir alguna clase de unidad vinculante en aquel vasto imperio se inició el culto al emperador. El emperador era la personificación del estado, y se le daba culto como a un dios. Ciertos días señalados se exigía que cada ciudadano fuera e hiciera un sacrificio a la deidad del emperador. Era realmente una prueba de lealtad política. Después le daban a uno un certificado en el que se decía que había cumplido con aquel deber, y entonces podía ir a dar culto al dios que quisiera.

Se conservan muchos de aquellos certificados. Decían lo que sigue:

A los que están a cargo de los sacrificios de Inareus Akeus del pueblo de Theoxenis, juntamente con sus hijos Ajax y Hera, que viven en el pueblo de Theadelpheia. Nosotros sacrificamos regularmente a los dioses; y ahora en tu presencia, como está mandado, hemos sacrificado y derramado nuestra libación y probado las ofrendas, y te pedimos que nos des el certificado correspondiente. Que te vaya bien.

Y aquí seguía la atestación:

Nosotros, Serenas y Hermás, damos fe de que habéis sacrificado.

Todo lo que un cristiano tenía que hacer era prestarse a cumplir aquel acto formal, recibir el certificado, y ya estaba a salvo. Y el hecho de la Historia es que miles de cristianos murieron antes que hacerlo. Podían haber ocultado el hecho de que eran cristianos con la mayor facilidad; podían haber seguido siendo cristianos privadamente sin ninguna dificultad. Pero para ellos su Cristianismo era algo de lo que tenían que dar fe y testificar en presencia del mundo. Estaban orgullosos de que todos supieran lo que eran. A los tales les debemos que el Cristianismo haya llegado hasta nosotros.

A menudo es más fácil no decir que pertenecemos a Cristo y a Su Iglesia; pero nuestro Cristianismo debe ser siempre como la lámpara que todos pueden ver.

LA VERDAD QUE NO SE PUEDE SOSLAYAR

« Porque no hay nada secreto que no se haya de descubrir; no se hace nada para mantenerlo escondido, sino para exponerlo y que todos lo vean. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Jesús estaba completamente convencido de que la verdad no se puede mantener siempre escondida. Este dicho se aplica en dos direcciones.

(i) Se aplica a la verdad misma. Hay algo en la verdad que es indestructible. La gente puede que se niegue a arrostrarla; puede que trate de eliminarla; puede que hasta intente borrarla; puede que se niegue a aceptarla, pero « grande es la verdad, y al final prevalecerá.»

A principios del siglo XVI, un astrónomo llamado Copérnico hizo el descubrimiento de que la Tierra no es el centro del universo; que de hecho se mueve alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. Era un hombre prudente, y mantuvo secreto su descubrimiento durante treinta años. Pero en 1543, cuando ya tenía sobre sí el aliento de la muerte, persuadió a un impresor aterrado a que imprimiera su gran obra Las órbitas de los cuerpos celestes. Copérnico murió poco después; pero otros heredaron la tempestad.

A principios del siglo XVII, Galileo aceptó la teoría de Copérnico y lo afirmó públicamente. En 1616 le citó la Inquisición a Roma, y condenó su teoría. Se pronunció el veredicto: « La primera proposición de que el Sol es el centro, y no gira alrededor de la Tierra, es necia, absurda, falsa en teología y herética, porque contradice la Sagrada Escritura… La segunda proposición, que la Tierra no es el centro sino que gira alrededor del Sol, es absurda, falsa en filosofía, y desde un punto de vista teológico por lo menos, opuesta a la verdadera fe.» Galileo cedió. Prefirió someterse a morir; y durante años guardó silencio.

Un nuevo papa ascendió a la Santa Sede, y Galileo pensó que Urbano VIII era un hombre con amplia simpatía y más cultura que su predecesor; así es que, una vez más, salió al exterior con su teoría. Estaba equivocado en su esperanza. Esta vez tuvo que firmar una recantación o sufrir tortura. Firmó: « Yo, Galileo, estando en mi septuagésimo años, estando prisionero y de rodillas, y en presencia de vuestras eminencias, teniendo ante mis ojos el Santo Evangelio, sobre el que pongo mi mano, abjuro, maldigo y detesto el error y la herejía del movimiento de la Tierra.» Su recantación le salvó de la muerte, pero no de la cárcel; y al final se le negó el derecho a ser enterrado en el panteón familiar.

No fue sólo la Iglesia Católica Romana la que trató de suprimir la verdad. Lutero escribió: «La gente ha prestado oído a un aprendiz de astrónomo -quería decir Copérnico-, que se empeñó en demostrar que la Tierra se mueve, y no los cielos o el firmamento, el Sol y la Luna… Este necio quería desbaratar toda la ciencia de la astronomía; pero la Sagrada Escritura no nos dice que Josué mandó pararse a la Tierra, sino que mandó pararse al Sol.»

Pero el tiempo sigue su marcha. Se puede amenazar con torturar a una persona para descubrir la verdad se la puede llamar estúpida y tratar de echarla del tribunal con burlas; pero eso no altera la verdad. « No está en vuestro poder -dijo el reformador escocés Andrew Melville- ahorcar o desterrar la verdad.» La verdad se puede atacar, aplazar, ocultar o insultar; pero con el tiempo prevalece. Uno tiene que tener cuidado, no sea que esté luchando contra la verdad.

(ii) Se aplica a nosotros y a nuestra propia vida y conducta.

Cuando uno hace una cosa mala, lo que quiere es que no se descubra. Eso es lo que hicieron Adán y Eva cuando desobedecieron el mandamiento de Dios (Gen_3:8 ). Pero la verdad se las arregla para salir a la luz. En último análisis nadie puede ocultarse la verdad a sí mismo; y el que trata de mantener algo secreto no puede ser nunca feliz. La tela de araña del engaño no es nunca un escondite de confianza. Y, cuando se llega al final de la cosa, nadie puede guardarle secretos a Dios. A fin de cuentas es literalmente cierto que no hay nada que no se haya de revelar en la presencia de Dios. Cuando tenemos presente esto, estamos abocados a desear por encima de todo que nuestra vida sea tal que todo el mundo la pueda contemplar, y que Dios le pueda pasar revista sin que nos consuma la vergüenza.

EL EQUILIBRIO DE LA VIDA

Este fue otro de los dichos de Jesús: «¡Atención a lo que estáis oyendo! Lo que recibís depende de lo que dais. Será lo que deis lo que se os devuelva con creces.»

En la vida siempre se nivelan las cosas. Lo que obtenga una persona estará determinado por lo que dé.

(i) Esto es verdad del estudio. Cuanto más estudio se esté preparado a dedicarle a un asunto, tanto más se sacará de él. En la antigua nación de los partos no se le daba nunca de comer a los jóvenes hasta que la habían sudado. Tenían que trabajar antes que comer. Así son todos los temas de estudio: dan placer y satisfacción en proporción al esfuerzo que se les aplique. Así sucede especialmente con el estudio de la Biblia. Puede que a veces pensemos que hay ciertas partes de la Biblia que no nos dicen nada; pero si las estudiamos a menudo e intensamente llegan a ser las que nos dan una cosecha más abundante. Un estudio superficial de un asunto ni siquiera nos despertará interés; mientras que un estudio realmente intensivo nos dejará encantados y satisfechos.

(ii) Es verdad del culto. Cuanto más llevemos al culto de la casa de Dios, tanto más recibiremos en él. Cuando vamos al culto en la iglesia, hay tres actitudes equivocadas que debemos evitar.

(a) Podemos ir sólo para recibir. Si vamos de esa manera, lo más probable es que critiquemos al organista, y al coro, y le encontremos faltas a la predicación y a todo lo demás. Juzgaremos todo el culto como si fuera un espectáculo programado para entretenernos. Debemos ir preparados a dar; debemos recordar que el culto es un acto corporativo, y que cada uno de nosotros tiene que contribuir con algo. Si preguntamos, no: « ¿Qué puedo yo sacar de este culto?» sino: « ¿Qué puedo yo contribuir a este culto?», sacaremos mucho más de él que si hubiéramos venido simplemente para recibir.

(b) Podemos ir sin ilusión. Sólo por costumbre o por rutina. Puede que sea simplemente una parte del programa de la semana. Pero, después de todo, vamos a tener un encuentro con Dios, y en tales circunstancias pueden suceder cosas realmente maravillosas.

(c) Podemos ir sin prepararnos. Es fácil ir al culto de la casa de Dios sin ninguna preparación de mente o de corazón simplemente porque tenemos que darnos prisa para llegar a tiempo. Pero sería muy diferente si, antes de ir, pasáramos algún tiempo tranquilos en oración. Como los rabinos judíos decían a sus discípulos: «Oran mejor juntos los que antes han orado a solas.»

(iii) Es verdad de las relaciones personales. Una de los grandes principios de la vida es que vemos nuestro reflejo en otras personas. Si estamos enfadados y cabreados y de mal genio, probablemente los demás nos resultarán igualmente desagradables. Si somos criticones y no hacemos más que encontrar faltas, lo más probable es que los demás nos parezcan iguales. Si somos suspicaces y desconfiados, lo más probable es que los demás nos lo parezcan. Si queremos que los demás nos quieran, tenemos que empezar por quererlos. Como decía el sabio, el que quiera tener amigos tiene que empezar por portarse como un amigo (Pro_18:24 ). Era precisamente porque Jesús creía en las personas por lo que las personas creían en Él.

LA LEY DE LA RENTABILIDAD

«Al que ya tenga, se le dará todavía más; y al que no tenga, se le quitará hasta lo que tenga.»

Este puede parecer un dicho injusto; pero la vida nos enseña que es inevitable y profundamente cierto.

(i) Es verdad del conocimiento. Cuanto más sabe una persona, tanto más es capaz de conocer. Uno no puede entrar en las riquezas de la literatura griega sin antes haber trillado su camino a través de la gramática griega. Cuando ya tiene la gramática elemental, se le pueda dar más, pero no si no. Uno no puede disfrutar de lo mejor de la música hasta que aprende algo de la estructura de una sinfonía. Pero, cuando tiene ese conocimiento, se le abren las puertas para que disfrute más y más de las riquezas y bellezas de la música. Es igualmente cierto que a menos que una persona se dedique a la tarea de aumentar sus conocimientos, a fin de cuentas perderá hasta los conocimientos que tenía. Muchas personas, de jóvenes tenían un conocimiento suficiente de un idioma extranjero, o de ciencias naturales o de historia cuando estaban estudiando; pero dejaron de cultivarlo, y han perdido hasta el conocimiento que tenían.

Cuantos más conocimientos tenga una persona, más fácil le será adquirir más. Y si no está dispuesta a aumentarlos, pronto perderá los que tenía. Los maestros judíos tenían un dicho extrañamente expresivo. Decían que el estudiante tenía que ser tratado como un becerro joven: cada día se le debía aumentar la carga un poco. En el conocimiento no nos podemos quedar parados: o estamos ganando o perdiendo todo el tiempo.

(ii) Es verdad del esfuerzo. Cuanta más fuerza física tenga un hombre, tanta más podrá adquirir dentro de los límites de la naturaleza. Cuanto más entrene su cuerpo, tanto más podrá hacer con él. Por otra parte, si deja que su estructura física se vuelva blanda y perezosa, acabará por perder hasta la forma que tenía. A veces haremos bien en recordar que nuestros cuerpos pertenecen a Dios tanto como nuestras almas. Muchos se han visto imposibilitados de conseguir un trabajo porque se han dejado llegar a una condición física que los incapacita.

(iii) Así sucede con cualquier arte o habilidad. Cuanto más desarrolla una persona la habilidad de sus manos, o de sus ojos, o de su mente, tanto más será capaz de desarrollarla. Si se contenta con ir a la deriva no intentando hacer nada nuevo nunca, no adoptando nunca ninguna nueva técnica, se quedará atascado en un trabajo sin progresar. Si descuida su habilidad particular se encontrará después con que la ha perdido completamente.

(iv) Eso sucede con la capacidad para asumir responsabilidad. Cuanta más responsabilidad asuma una persona, más podrá asumir. Cuantas más decisiones haya estado obligado a hacer, mejor capacitado estará para hacer más. Pero si una persona evita sus responsabilidades, si se desmarca de las decisiones y vacila todo el tiempo, a fin de cuentas será una criatura blanducha y sin firmeza, y totalmente incapaz de asumir responsabilidad y tomar ninguna decisión.

Una y otra vez en Sus parábolas, Jesús deja bien sentado que la recompensa de un trabajo bien hecho es más trabajo para hacer. Es una de las leyes fundamentales de la vida, una ley que es peligroso olvidar, que cuanto más se ha ganado, más se puede ganar; y que, si no se hace ningún esfuerzo, se acaba perdiendo hasta lo que se tuvo.

EL CRECIMIENTO INVISIBLE Y EL RESULTADO SEGURO

 

Jesús les dijo también:

-Os diré a lo que se parece el Reino de Dios. Es como lo que pasa cuando una echa la semilla en la tierra. El labrador duerme y se despierta noche y día, y la semilla brota y crece ¡sin que él sepa cómo! La tierra produce fruto sin que nadie la ayude; primero el tallo, luego la espiga, luego el grano lleno en la espiga. Y cuando el tiempo lo permite, inmediatamente se coge la hoz, porque ha llegado la hora de recoger la cosecha.

Esta es la única parábola que no nos cuenta más que Marcos. El Reino de Dios quiere decir literalmente el reinado de Dios. Quiere decir el día cuando la voluntad de Dios se cumpla tan perfectamente en la Tierra como se cumple en el Cielo. Ese es el objetivo de Dios para todo el universo. Esta parábola es corta, pero está llena de verdades insoslayables.

(i) Nos habla de la impotencia humana. El labrador no hace crecer la semilla. En último análisis, ni siquiera sabe cómo crece. La semilla tiene el secreto de la vida y del crecimiento en sí misma. Nadie ha poseído nunca el secreto de la vida. Ninguna persona ha creado nunca nada en el sentido exacto de la palabra. El ser humano puede descubrir cosas; puede organizarlas; puede desarrollarlas; pero no puede crearlas. Nosotros no creamos el Reino de Dios; el Reino es de Dios. Es verdad que lo podemos frustrar o impedir; y que podemos producir una situación en el mundo en la que se le da la oportunidad de que venga más plenamente y más rápidamente. Pero por detrás de todas las cosas está Dios, y el poder y la voluntad de Dios.

(ii) Nos dice algo acerca del Reino. Es un hecho notable el que Jesús usara tan a menudo ilustraciones del crecimiento de la naturaleza para describir la venida del Reino de Dios.

(a) El crecimiento natural es a menudo imperceptible. Si vemos una planta todos los días no nos damos cuenta de su crecimiento. Es sólo cuando la vemos de tarde en tarde cuando notamos la diferencia. Así sucede con el Reino. No nos cabe la menor duda que el Reino está avanzando si comparamos, no hoy con ayer, sino este siglo con cualquiera de los pasados.

Cuando Elizabeth Fry fue a la cárcel de Newgate en 1817, encontró en el pabellón de las mujeres a trescientas mujeres e innumerables niños apiñados en dos pequeñas salas. Vivían y cocinaban y comían y dormían en el suelo. Los únicos que estaban a cargo eran un anciano y su hijo. Las mujeres estaban apelmazadas, medio desnudas, casi como bestias, mendigando dinero que gastaban en bebida alcohólica en el bar de la misma cárcel. Elizabeth encontró allí a un chico de nueve años que estaba esperando que le ahorcaran por romper una ventana y robar unos dibujos valorados en dos peniques. En 1853, los tejedores de Bolton estaban de huelga pidiendo un sueldo de diez peniques y medio al día, y los mineros de Stafford estaban en huelga pidiendo una paga de dos chelines y medio a la semana. (2 peniques son ahora 1 peseta; había 12 peniques en 1 chelín).

Ahora esas cosas no se pueden ni imaginar. ¿Por qué? Porque el Reino sigue avanzando. Puede que el crecimiento del Reino, como el de la planta, sea imperceptible de un día para otro; pero con el paso de. los años es indudable.

(b) El crecimiento natural es constante. Noche y día, mientras el campesino duerme, el crecimiento prosigue. No hay nada irregular en la obra de Dios. Lo malo del esfuerzo humano y de la bondad humana es que son espasmódicos. Un día damos un paso adelante, y al día siguiente retrocedemos dos. Pero la obra de Dios prosigue calladamente; Dios desarrolla Su plan sin cesar.

(c) El crecimiento natural es inevitable. No hay nada tan poderoso como el crecimiento. Un árbol puede quebrar una acera de hormigón con el poder de su crecimiento. Una planta puede asomar su cabecita verde en un camino de asfalto. Nada puede detener el crecimiento. Así sucede con el Reino. A pesar de la rebeldía y la desobediencia humanas, la obra de Dios sigue adelante; y nada puede acabar por detener el plan de Dios.

(iii) Nos dice que hay una consumación. Llegará el día de la cosecha. Inevitablemente, cuando llegue la cosecha sucederán dos cosas, que son como las dos caras de la misma moneda: los frutos buenos se recogen, y los hierbajos y la cizaña se destruyen. La cosecha y el juicio van inseparablemente de la mano. Cuando pensamos en ese día por venir, se nos imponen tres cosas.

(a) Se nos convoca a la paciencia. Somos criaturas del momento, e inevitablemente pensamos en términos del momento. Dios tiene toda la eternidad para realizar Su obra. « Mil años para Ti son como el día de ayer, que ya ha pasado, y como una de las vigilias de la noche» Sal_90:4 ). En vez de la prisa humana malhumorada, impaciente, nerviosa, debemos cultivar en nuestra alma la paciencia que aprende a esperar en Dios.

(b) Se nos convoca a la esperanza. Estamos viviendo hoy en día en una atmósfera de desesperación. Se desespera de la Iglesia; se desespera del mundo; se otea el futuro con un estremecimiento de temor. «El hombre -dijo H. G. Wells- que empezó en una cueva a cubierto del viento terminará en las ruinas infectadas de un chabolario.» Entre las dos guerras mundiales, Sir Philip Gibbs escribió un libro en el que miraba hacia adelante pensando en la posibilidad de una guerra de gases asfixiantes; y decía algo así como: «Si huelo un gas asfixiante en la calle principal de Kensington, no voy a ponerme una máscara antigás. Voy a salir a la calle, y llenarme bien los pulmones, porque sabré que la farsa ha terminado.» Eso es lo que piensa mucha gente. Ahora bien: nadie puede pensar eso si cree en Dios. Si Dios es el Dios en Quien creemos, no cabe el pesimismo. Puede que haya remordimientos y pesar; puede que haya arrepentimiento y contrición; puede que haya examen de conciencia y reconocimiento del fracaso y del pecado; pero no puede haber nunca lugar para la desesperación.

(c) Se nos convoca a estar preparados para la consumación. Será demasiado tarde para prepararnos› cuando se nos eche encima. Tenemos que estar preparados, literalmente, para encontrarnos con nuestro Dios.

Si vivimos en la paciencia que no puede ser derrotada, en la esperanza que no puede resultar fallida y en la preparación que contempla siempre la vida a la luz de la eternidad, por la gracia de Dios estaremos listos para la consumación de Su plan cuando llegue.

DE PEQUEÑO A GRANDE

Jesús dijo:

-¿Cómo podremos encontrar algo con lo que comparar el Reino de Dios? ¿O qué imagen usaremos para representarlo? Es como un granito de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de todas las semillas que se ponen en la tierra; pero cuando se siembra, se pone acrecer, y llega a ser más grande que todas las hortalizas, y echa grandes ramas de tal manera que las aves de los cielos pueden encontrar cobijo a su sombra.

Hay en esta parábola dos cuadros que cualquier judío podría reconocer fácilmente. Primero, en Palestina se usaba proverbialmente el grano de mostaza como la cosa más pequeña que se pudiera imaginar. Por ejemplo, «una fe como un grano de mostaza» quiere decir «la cantidad más pequeña imaginable de fe.» Este grano de mostaza crecía de hecho hasta hacerse algo como un árbol. Un viajero en Palestina nos habla de haber visto una planta de mostaza que, en altura, sobrepasaba a un caballo con su jinete. A los pájaros les encantan las semillitas negras del árbol, y era corriente ver una nube de pájaros en una planta de mostaza.

Segundo, en el Antiguo Testamento se describe un gran imperio como un árbol, y los países súbditos como las aves que encuentran cobijo a la sombra de sus ramas (Eze_17:22 ss; 31:1ss; Dan_4:10; Dan_4:21 ). La figura de un árbol con pájaros en sus ramas representa por tanto un gran imperio y las naciones que forman parte de él.

(i) Esta parábola dice: No te desanimes nunca por los principios humildes. Puede parecer que de momento no pueden producir más que un efecto muy pequeño; pero si ese efecto pequeño se repite y se repite, llegará a ser muy grande. Hay un experimento científico que muestra el efecto de los tintes. Se tiene una gran vasija de agua clara, y un frasquito de tinte. Gota a gota se deja caer el tinte en el agua clara. Al principio parece que no produce absolutamente ningún efecto, y el agua no parece colorearse lo más mínimo. Pero poco a poco el agua empieza a teñirse de color; poco a poco el color se hace más intenso hasta que todo el recipiente se colorea. Es el efecto de las gotas repetidas sucesivamente.

Algunas veces pensamos que, para todo lo que podemos hacer, realmente apenas vale la pena empezarlo. Pero debemos siempre tener presente esto: Todo tiene que tener un principio. Nada nace como Minerva de la cabeza de Zeus en la mitología griega, teniendo su forma definitiva. Debemos hacer lo que podamos; y el efecto acumulativo de todos los pequeños esfuerzos acabará produciendo un resultado sorprendente.

(ii) Esta parábola habla del imperio de la Iglesia. El árbol y los pájaros, como hemos visto, representan un gran imperio y todas las naciones que encuentran cobijo en él. La Iglesia empezó por una persona, y está diseñada para abarcar todo el mundo. Hay dos direcciones en las que esto es verdad.

(a) La Iglesia es un imperio en el que pueden tener su lugar todas las opiniones y todas las teologías. Tenemos la manía de tachar de herejes a todos los que no piensan como nosotros: John Wesley fue el mayor ejemplo de tolerancia de la Historia. «Pensamos -decía-, y dejamos pensar.» «Yo no tengo más derecho -decía- a objetar a uno que tiene una opinión diferente de la mía del que tengo a diferir de uno porque lleva peluca mientras que yo tengo todavía mi pelo.» Wesley tenía un saludo: «¿Es tu corazón como el mío? ¡Entonces, dame la mano!» Está bien que uno esté seguro de tener razón; pero eso no es razón para pretender que ningún otro la tenga.

(b) La Iglesia es un imperio en el que tienen cabida todas las naciones. Una vez, se estaba construyendo una iglesia. Una de sus muchas bellezas iba a ser una vidriera de colores. El comité de construcción buscaba un tema, y finalmente se decidió por los versos del himno Del trono eterno en derredor niñitos mil están.

Contrataron a un gran artista para que hiciera el modelo del que luego se haría la vidriera. Tan pronto como empezó su trabajo, se entregó a él totalmente. Cuando lo terminó, se acostó y se quedó dormido; pero por la noche creyó oír un ruido en el estudio. Fue a investigar, y vio a un extraño, con la paleta y el pincel en la mano, trabajando en su pintura. «¡Estate quieto! -gritó- ¡Vas a estropearme el cuadro!» «Creo -dijo el extraño- que ya lo has estropeado tú.» «¿Por qué me dices eso?» -preguntó el artista. «Porque -le contestó el otro- tú tienes muchos colores en la paleta, pero no has usado nada más que blanco para los rostros de los niños. ¿Quién te dijo que el Cielo es un lugar en el que no hay más que niños blancos?» «Nadie -confesó el artista-; pero así es como yo me lo figuré.» «¡Mira! -dijo el extraño-. Voy a poner algunas de sus caritas amarillas, y otras negras, y otras rojas, y otras grises. Todos están allí, porque han aceptado Mi invitación.» «¿Tu invitación? ¿Quién eres Tú?» El Extraño sonrió, y dijo: «Una vez hace mucho Yo dije: «Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino del Cielo» -¡Y lo sigo diciendo!» Entonces el artista se dio cuenta de que era el Maestro en persona; y cuando se dio cuenta, Él desapareció. El cuadro parecía tanto más maravilloso ahora que tenía niños negros y amarillos y rojos y grises y blancos. Por la mañana, el artista se despertó y fue corriendo al estudio. Su cuadro estaba corno lo había dejado el día antes; y se dio cuenta de que todo había sido un sueño. Aunque aquel mismo día venían los del comité a ver el cuadro, él cogió los pinceles y la paleta, y empezó a pintar los niños de todos los colores que tienen las razas humanas en todo el mundo. Cuando llegó el comité, todos pensaron que el cuadro era maravilloso; y uno dijo conmovido: «¡Vamos a tener la familia de Dios en nuestra iglesia!»

La Iglesia es la familia de Dios; y en esa Iglesia que empezó en Palestina tan pequeña como un granito de mostaza, hay sitio para todas las naciones del mundo. No hay barreras en la Iglesia de Dios. Los hombres las levantan, pero Dios en Cristo las elimina.

EL SABIO MAESTRO Y EL ALUMNO APROVECHADO

Era con muchas parábolas así como Jesús seguía comunicándoles la Palabra, acomodando Su enseñanza a la capacidad que ellos tenían. Tenía la costumbre de no hablarles sin una parábola; y cuando estaban en privado, les descubría a Sus discípulos lo que quería decir todo.

Aquí tenemos una definición breve pero perfecta tanto del sabio maestro como del alumno sabio. Jesús acomodaba Su enseñanza a la capacidad de Su audiencia. Esa es la primera necesidad de la enseñanza sabia.

Hay dos peligros que un maestro sabio debe evitar a toda costa.

(a) Debe evitar todo exhibicionismo. El deber de un maestro no es llamar la atención, sino dirigir la atención a su tema. El deseo que exhibirse puede hacer que uño intente alucinar a expensas de la verdad. Puede hacerle pensar más en las maneras sorprendentes de decir una cosa que en la cosa misma. O puede hacerle desear desplegar su propia erudición hasta tal punto que se hace tan oscuro y elaborado y rebuscado que las personas normales no le pueden entender en absoluto. No hay ninguna virtud en hablar por encima de las cabezas de la audiencia. Como ha dicho alguien: «El tirar por encima del blanco sólo demuestra que se es mal tirador.» Un buen maestro debe estar enamorado de su asignatura, y de sus alumnos, pero no de sí mismo.

(b) Debe evitar un sentimiento de superioridad. La verdadera enseñanza no consiste en decirle cosas a la gente, sino en aprender juntamente. La idea de Platón era que la enseñanza quería decir sencillamente extraer de la mente y la memoria de los alumnos lo que ya sabían. El maestro que se pone en un pedestal y habla de arriba abajo no tendrá nunca éxito. La verdadera enseñanza consiste en compartir y en descubrir la verdad juntos. Es una exploración en equipo de los paisajes de la mente. Bien lo dijo Antonio Machado:

¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

Hay ciertas cualidades que siempre debe tratar de adquirir el que desea enseñar.

(a) El maestro debe tener comprensión. Una de las grandes dificultades del experto es comprender por qué el no experto encuentra una cosa tan difícil de entender o de hacer. Al maestro le es necesario pensar con la mente del alumno, y ver con los ojos del alumno antes de poder realmente explicar o impartir ninguna clase de conocimiento.

(b) El maestro debe tener paciencia. El rabino judío Hillel establecía: «Un hombre irascible no puede ser maestro,» e insistía en que la primera cualidad esencial de un maestro es la tranquilidad. Los judíos establecían que si un maestro se daba cuenta de que sus alumnos no comprendían una cosa tenía que empezar otra vez desde el principio sin rencor ni irritación, y explicarlo todo de nuevo. Eso era precisamente lo que hacía Jesús siempre.

(c) El maestro debe tener amabilidad. Las reglas de la enseñanza judía prohibían los castigos excesivos, especialmente los que humillaran al estudiante. El deber del maestro era siempre animar, y nunca desaniMarcos Anna Buchan cuenta que su anciana abuela tenía una frase favorita: «Nunca desanimes a un joven.» Al maestro le es fácil usar el látigo de la lengua con un discípulo de mente saltarina. A menudo es una tentación a apuntarse un tanto haciendo de ese alumno la meta de sarcasmos y agudezas que le convierten en el hazmerreír de la clase. El maestro que es amable nunca lo haría.

Este pasaje también nos muestra al alumno sabio. Nos pinta el cuadro del círculo íntimo al que Jesús podía explicar las cosas real y verdaderamente.

(a) El alumno sabio no se olvida cuando se marcha de la clase. Cuando se va, piensa en lo que ha oído. Lo rumia hasta digerirlo y asimilarlo. Epicteto, el sabio maestro estoico, solía molestarse con algunos de sus alumnos. Decía que las personas deberían usarla filosofía que aprendían, no para discutir, sino para vivir. En una metáfora cruda, decía que las ovejas no vomitan la hierba para que vea el pastor cuánto han comido, sino la digieren y la convierten en lana y leche. El alumno sabio se va, no para olvidar lo que ha aprendido, ni para presumir de ello, sino para meditarlo reposadamente hasta descubrir lo que quiere decir en su caso y en su vida.

(b) Por encima de todo, el alumno sabio busca la compañía de su maestro. Después de oír a Jesús, las muchedumbres se dispersaban; pero había una pequeña compañía que se quedaba con Él y no tenía prisa en marcharse. Era a ellos a los que Jesús desarrollaba el sentido de cada cosa. En último análisis, si uno es de veras un gran maestro no es tanto su enseñanza lo que se quiere conocer, sino a él mismo. Su mensaje siempre consistirá, no tanto en lo que dice sino en cómo es. Él que quiere aprender de Cristo debe buscarle y estar en Su compañía. Si lo hace ganará, no sólo conocimientos, sino la vida misma.

LA PAZ DE LA PRESENCIA

Cuando llegó la tarde de aquel día, Jesús les dijo: -Vamos a cruzar a la otra orilla.

Así que se apartaron de las multitudes y Le tomaron a Jesús tal como estaba en su barca. Y había otras barcas allí.

Entonces se levantó una gran tempestad de viento, y las olas combatían la barca, que estaba a punto de anegarse. Y Jesús estaba a la popa, durmiendo apoyado en un cabezal. Los discípulos Le despertaron diciéndole:

-¡Maestro! ¿Es que no te importa que perezcamos?

Así que, cuando Le despertaron, El se dirigió con autoridad al viento , y al mar y les dijo:

-¡Cállate! ¡Cálmate!

Y el viento amainó, y se produjo una gran calma. Jesús, les dijo:

¿Por qué teníais miedo? ¿Es que todavía no tenéis fe? Y ellos estaban embargados de un profundo temor, y se decían unos a otros:

-¿Quién va a resultar Éste? ¡Porque hasta el viento y la mar Le obedecen!

El lago de Galilea era famoso por sus tempestades. Se producían inesperadamente y tan de pronto que sorprendían y aterraban. Un escritor las describe de la siguiente manera: «No es raro ver aparecer terribles tempestades, hasta cuando el cielo está perfectamente despejado, sobre estas aguas que están ordinariamente tranquilas. Los numerosos arroyos que desembocan por la parte superior del lago, por el Nordeste y el Este, actúan como peligrosos desfiladeros por los que se lanzan los vientos de las alturas de Haurán, la meseta de Traconítide y la cima del monte Hermón, y se encauzan y comprimen de tal manera que, precipitándose con una fuerza tremenda por un espacio estrecho y luego soltándose de pronto, agitan el pequeño lago de Genesaret de una manera aterradora.» Uno que fuera cruzando el lago siempre estaba expuesto a encontrarse con una de estas tempestades repentinas. Jesús iba en la barca en la posición que se le permitiría a cualquier huésped distinguido. Se nos dice que «en estos barquitos, el lugar para cualquier extranjero distinguido es un pequeño asiento colocado en la popa, donde suele haber una esterilla y un cojín. El timonel suele ir de pie un poco más adelante en la cubierta, aunque cerca de la popa, para tener una visión clara hacia adelante.»

Es interesante notar que las palabras que Jesús le dirigió al viento y a las olas son exactamente las mismas que le dijo al poseso de Mar_1:25 . Lo mismo que un malvado demonio poseía a aquel hombre, así el poder destructor de la tormenta era, así lo creían en Palestina en aquellos días, el poder malvado de los demonios actuando en el reino de la naturaleza.

No le hartamos justicia a esta historia si la tomáramos sólo en un sentido literal. Si no describe más que un milagro físico en el que Jesús calmó una tempestad, es muy maravillosa, y es algo que nos produce admiración, pero que solamente sucedió una vez y no se repetirá nunca. En tal caso es algo totalmente externo a nosotros. Pero si la leemos también en un sentido simbólico es de mucho más valor. Cuando los discípulos se dieron cuenta de que la presencia de Jesús estaba con ellos, la tempestad se convirtió en calma. Una vez que se dieron cuenta de que Él estaba allí, una paz intrépida vino a sus corazones. Viajar con Jesús era viajar en paz aun en medio de la tormenta. Ahora bien: eso es universalmente cierto. No es algo que sucedió una vez y no más; es algo que sigue sucediendo, y que nos puede suceder a nosotros también. En la presencia de Jesús podemos tener paz aun en medio de las más violentas tempestades de la vida.

(i) Jesús nos da la paz en la tormenta del duelo. Cuando nos viene una pérdida como es inevitable, Jesús nos habla de la gloria de la vida por venir. Él cambia la oscuridad de la muerte en la luminosidad del pensamiento de la vida eterna. El nos habla del amor de Dios. Hay una antigua historia de un jardinero que tenía en su jardín una flor favorita que quería mucho. Cierto día llegó al jardín, y se encontró con que aquella flor no estaba. Se entristeció y enfadó mucho, y se puso a proferir queSantiago En medio de su resentimiento se encontró con el dueño del jardín, al que comunicó sus quejas también. « ¡Cállate! -le dijo el dueño- La he recogido yo para mí.» En la tormenta del duelo, Jesús nos dice que los que amamos han ido para estar con Dios, y nos da la seguridad de que nos reuniremos otra vez con los que hemos amado y perdido por un tiempo.

(ii) Jesús nos da la paz cuando los problemas de la vida nos envuelven en una tempestad de duda y tensión e incertidumbre. Hay momentos en los que no sabemos qué hacer; cuando nos encontramos en alguna, de las encrucijadas de la vida, y no sabemos qué camino seguir. Si entonces nos volvemos a Jesús y Le decimos: « Señor, ¿qué quieres que haga?» -el camino aparecerá claro. Lo trágico no es no saber qué hacer, sino que a menudo no nos sometemos humildemente a la dirección de Jesús. El buscar Su voluntad y someternos a ella es el camino a la paz en tales momentos.

(iii) Jesús nos da la paz en las tormentas de la ansiedad. El principal enemigo de la paz es la preocupación, por nosotros, acerca del futuro desconocido, y por los que amamos. Pero Jesús nos habla de un Padre Cuya mano no causará nunca a Sus hijos una lágrima innecesaria, y de un amor más allá del cual ni nosotros ni los que amamos podemos ser arrastrados nunca. En la tormenta de la ansiedad Jesús nos trae la paz del amor de Dios.

Jesús hablaba por parábolas y, a través de las historias que contaba, enseñaba a la gente. Esas historias eran parábolas. La parábola usa escenas conocidas para explicar verdades espirituales. Este método de enseñanza obliga al oyente a pensar. Y oculta la verdad a quienes son demasiado obstinados o tienen prejuicios para atender la enseñanza que se les da. La mayoría de las parábolas tiene un punto central, por lo cual debemos ser cuidadosos en no ir más allá de lo que Jesús quiso enseñar.

La semilla se plantaba o sembraba a mano. Los agricultores iban por el terreno lanzando puñados de semillas que sacaban de unos sacos grandes que llevaban colgados de los hombros. Las plantitas no crecían en el orden que crecen ahora gracias a la maquinaria que se usa para plantarlas. Por diestros que fueran los agricultores, no podían evitar que las semillas cayeran en el camino o entre las piedras y las espinas, ni que las arrastrara el viento. Lanzaban las semillas en abundancia y lograban que gran parte de estas cayeran en buena tierra asegurando la cosecha.

Escuchamos con nuestros oídos, pero hay una forma más profunda de oír, con el corazón, necesaria para captar el sentido espiritual de las palabras de Jesús. Algunas personas en la multitud buscaban alguna evidencia en contra de El; otros en realidad querían aprender y crecer. Las palabras de Jesús son para los que le buscan con sinceridad.

Algunas personas no entienden la verdad de Dios porque no están listas. Dios revela su verdad a los que desean andar en ella, a los que quieren vivirla. Cuando usted habla de Dios, sin duda no lo entenderán si no están aún preparados. Sea paciente y aproveche cada oportunidad para hablar de la verdad de Dios; pida que el Espíritu Santo abra el corazón de sus oyentes para que reciban la verdad y la experimenten.

Las cuatro clases de suelo representan cuatro maneras diferentes en que la gente reacciona a la Palabra de Dios. Por lo general, pensamos que Jesús hablaba de cuatro clases distintas de personas. Pero El también hablaba de: (1) diversas épocas o fases en la vida de la persona, o (2) cómo estamos dispuestos a recibir el mensaje de Dios en algunos aspectos de nuestra vida y cómo lo rechazamos en otros. Por ejemplo, usted quizás sea receptivo a Dios en cuanto a su futuro, pero cerrado respecto a cómo usar su dinero. A lo mejor es como la buena tierra en cuanto a las demandas de adoración de Dios, pero como el rocoso respecto a sus demandas de dar a los necesitados. Debemos procurar, siempre, ser como la buena tierra en cada aspecto de nuestra vida.

Las preocupaciones mundanas, la falsa sensación de seguridad que produce la prosperidad y el deseo por las cosas, plagaron a los discípulos del primer siglo tal como lo hacen hoy. Con cuánta facilidad las rutinas diarias se recargan de cosas. Una vida llena de búsquedas materiales nos dejan sordos ante la Palabra de Dios. Manténgase firme a fin de oír cuando Dios habla.

Si una lámpara no ayuda a ver, de nada sirve. ¿Está nuestra vida mostrando a otros cómo es posible encontrar a Dios y vivir para El? Si no es así, pregúntese qué «almudes», ocultan su luz. La autocomplacencia, el resentimiento, la dureza de corazón o la desobediencia pueden ser «almudes», que impiden que la luz de Dios brille a través de usted para bendición de otros.

La luz de la verdad de Jesús se nos revela, no se esconde. Pero no estamos en capacidad de ver ni usar toda esa verdad ahora mismo. Solo en la medida que ponemos las enseñanzas de Dios en práctica entenderemos y veremos más de esa verdad. La verdad es clara, pero nuestra capacidad para comprenderla es imperfecta. En la medida que obedezcamos, iremos aguzando nuestra visión y aumentando nuestra comprensión (véase Jam_1:22-25).

Esta frase significa simplemente que tenemos el deber de usar bien lo que tenemos. No es cuestión de cuánto tenemos, sino de cómo usamos lo que tenemos.

Esta parábola acerca del Reino de Dios, narrada únicamente por Marcos, revela que el crecimiento espiritual es un proceso continuo y gradual que culmina en una cosecha de madurez espiritual. Podemos entender el proceso de crecimiento espiritual comparándolo con el lento pero seguro crecimiento de una planta.

Jesús usó esta parábola para explicar que aun el cristianismo tenía un comienzo muy pequeño, llegaría a crecer hasta transformarse en una comunidad mundial de creyentes. Cuando se sienta solo en su relación con Dios, acuérdese que El está construyendo un reino mundial. Tiene fieles seguidores en cada parte del mundo y nuestra fe, no importa cuán pequeña sea, puede juntarse con la de otros para lograr grandes cosas.

Jesús adaptó sus métodos a la capacidad y los deseos de entender de su audiencia. No habló en parábolas para confundir, sino a fin de desafiar a los que sinceramente lo buscaban a descubrir el verdadero sentido de sus palabras. Muchas de las enseñanzas de Jesús fueron en contra de la hipocresía y los motivos impuros, tan comunes en los líderes religiosos. Si hubiera hablado directamente en contra de ellos, su ministerio público se habría visto estorbado. Los que escuchaban de verdad a Jesús podían entenderlo.

El mar de Galilea está a poco más de doscientos metros bajo el nivel del mar y se encuentra rodeado de montañas. Los vientos soplan con bastante intensidad en las regiones cercanas al mar y provocan violentas e inesperadas tormentas. Los discípulos eran pescadores experimentados, toda su vida pescaron en aquel lago, pero en esta tempestad el pánico los dominó.

Los discípulos se asustaron porque la tempestad amenazaba destruirlos y parecía que Jesús no se daba cuenta ni se preocupaba de lo que pasaba. Era una tempestad física, pero hay tormentas que se producen también en otro sentido. Piense en las tormentas de su vida, en las circunstancias que provocan en usted gran ansiedad. Cualquiera que sea su dificultad, tiene dos opciones: preocuparse y suponer que a Jesús no le importa o resistir el miedo y poner toda su confianza en El. Cuando el pánico quiera hacer presa de usted, confiese su necesidad a Dios y confíe en que El cuidará de su vida.

Los discípulos andaban con Jesús, pero lo subestimaban. No comprendían que su poder se aplicaba también a aquella situación. Jesús ha estado con nosotros durante veinte siglos y pese a ello, al igual que los discípulos, subestimamos su poder en cuanto a resolver las crisis de nuestras vidas. Los discípulos todavía no conocían bien a Jesús, pero nosotros no tenemos la misma excusa.

El poder sobre la naturaleza

El primero del grupo de milagros es uno ante la “naturaleza”. Jesús, quien ya se había mostrado como Señor sobre los demonios y las enfermedades, ahora se hacía ver como Señor sobre la naturaleza. El relato está lleno de detalles dados por un testigo ocular (p. ej. el cabezal del v. 38). Nos parece poder ver la tormenta sobre el lago y a los horrorizados discípulos (¿sería un cuadro de la iglesia perseguida en Roma, o en nuestras tierras de hoy?). Los discípulos asustados implícitamente reprendieron a Jesús (38), y él reprendió al viento y a la tormenta, y éstos obedecieron sus órdenes (39). Ninguno más que el Creador mismo hubiera podido hacer esto. En el AT sólo Dios es el que causa tormentas y las calma. Los discípulos, a medias, comprendieron la verdad y estaban demasiado horrorizados para expresarla (41). La principal lección para nosotros en la reprensión de Jesús a sus discípulos era su falta de confianza en él. Tenemos que aprender a confiar completamente, aunque nuestra obediencia nos conduzca hacia las tormentas, sean éstas persecución u otra cosa. (Fue Jesús, y no los discípulos, quien sugirió cruzar el lago; ellos no estaban fuera de la voluntad del Señor.) A veces asumimos que las tormentas muestran desobediencia, pero esto no siempre es cierto.

Algunos dirán que el decir esto es “espiritualizar” un milagro que tuvo que ver con calmar una tormenta sobre el lago. Piensan que debemos confiar en Jesús para calmar las tormentas mismas y salvarnos cuando estamos de viaje. Por supuesto, Dios puede hacer lo que él quiere, pero para Pablo Dios no calmó la tormenta (Hech. 27) a pesar de que Pablo era un hombre de enorme fe. En esta ocasión los discípulos tuvieron poca fe, de manera que el calmar o no calmar una tormenta no parece depender de la fe, sino de la voluntad de Dios. Dios fortaleció a Pablo para que pudiera aguantar las tormentas con una fe quieta. Dios, a ve ces, nos libra de los problemas; o nos salva durante los problemas; o nos salva de la muerte física; o usa nuestra muerte para glorificar su nombre. ¿Acaso, también podríamos reprender a los vientos y las olas, como lo hizo Jesús? Según los Evangelios, sólo Jesús realizaba milagros de la “naturaleza” (ya que sólo Jesús es Dios), y no hay sugerencia alguna de que él jamás diera este poder a sus discípulos. Sólo Dios puede hacer la obra de Dios.

Ahora Puedes adquirir los Libros de Estudio

Al adquirir tus libros de estudios estarás ayudando este Ministerio para cumplir con la Gran Comisión de «Id y llevad el Evangelio a toda criatura en todo lugar. Contamos con tu ayuda. Dios te Bendice rica, grande y abundantemente.

Comparte esta publicacion en tus redes favoritas

También hemos publicado para ti

Bienes invisibles

Tomás es un chico de siete años que vive con su mamá, una pobre costurera, en su solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en su cama,

Seguir Leyendo »
Hay esperanza

Hay esperanza

Leslie Weatherhead narró una historia de esperanza en medio de los días obscuros de la Segunda Guerra Mundial y de los bombardeos relámpagos de los nazis contra Londres, extraída de uno de los museos

Seguir Leyendo »

Mark

Un día Mark iba caminando de regreso de la escuela y se dirigía a su casa. Al poco rato de caminar se dio cuenta de que el chico que iba delante de él había

Seguir Leyendo »