Marcos 3: Jesús cura en sábado

CONFLICTO DE IDEAS

Jesús fue otra vez a la sinagoga; y había allí un hombre que tenía un brazo seco; y estaban observando cuidadosamente a Jesús para ver si le curaría en sábado, para presentar una acusación contra Él. Jesús le dijo al hombre que tenía el brazo seco:

Levántate, y ponte aquí en medio de la congregación. Entonces dijo dirigiéndose a todos: ¿Es conforme a la Ley el hacer una buena obra en sábado o hacer una mala obra? ¿Salvar una vida o matar?

Y todos se quedaron callados. Jesús miró a Su alrededor con ira, porque estaba dolorido por la dureza de corazón de ellos, y le dijo al hombre:

-¡Extiende el brazo!

Y él lo extendió, y se le puso bueno del todo.

Los fariseos salieron inmediatamente, y empezaron a urdir una conspiración con los del bando de Herodes para eliminar a Jesús.

Este es un incidente crucial en la vida de Jesús. Ya estaba claro que Él y los líderes ortodoxos de los judíos tenían posturas irreconciliables. Para Él, el volver a la sinagoga era dar muestras de un valor extraordinario. Era la acción de un Hombre que rehusaba buscar Su seguridad, y que estaba decidido a arrostrar una situación peligrosa. En la sinagoga se encontraba una delegación del Sanedrín. Eran inconfundibles, porque los primeros asientos eran los sitios de honor, y allí se encontraban. Uno de los deberes del Sanedrín era descubrir y pararle los pies a cualquiera que pudiera descarriar al pueblo apartándolo del camino correcto. Y eso era precisamente lo que aquella delegación consideraba que estaba haciendo Jesús. Lo que menos les interesaba era el culto o la predicación de la Palabra de Dios. Estaban allí para investigar las acciones y las palabras de Jesús con la intención de eliminarle.

En la sinagoga había un hombre con un brazo paralizado. La palabra griega indica que no era una incapacidad de nacimiento, sino el resultado de alguna enfermedad o accidente. El Evangelio según los Hebreos, un evangelio que se ha perdido salvo unos pocos fragmentos, nos dice que aquel hombre era mampostero, y que Le pidió a Jesús que le ayudara porque su medio de vida estaba en sus manos y le daba vergüenza pedir limosna. Si Jesús hubiera sido cauto y astuto habría evitado encontrarse con aquel hombre en público; porque Él sabía muy bien que el curarle en sábado era buscarse problemas. Estaba prohibido hacer ningún trabajo en sábado, y curar a un enfermo era un trabajo. La ley judía era definida y detallada en este punto. La atención médica se podía otorgar solamente si había peligro de muerte. Para dar algunos ejemplos: Se podía ayudar el sábado a una mujer que estuviera de parto; se podía tratar una infección de garganta; si se le caía un muro encima a alguien, se le podía descubrir lo suficiente para ver si estaba vivo; si estaba vivo, se le podía ayudar; pero si estaba muerto, se dejaba allí el cuerpo hasta el día siguiente. No se podía entablillar una fractura. No se podía echar agua fresca en una mano o en un pie dañados. Se podía vendar un corte con un vendaje sencillo, pero no se podía poner ungüento. Es decir: que como mucho se podía procurar que el enfermo o herido no se pudiera peor, pero no que se pusiera mejor.

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