Jesus cura un paralitico en sabado

Marcos 3: Jesús cura en sábado

CONFLICTO DE IDEAS

Jesús fue otra vez a la sinagoga; y había allí un hombre que tenía un brazo seco; y estaban observando cuidadosamente a Jesús para ver si le curaría en sábado, para presentar una acusación contra Él. Jesús le dijo al hombre que tenía el brazo seco:

Levántate, y ponte aquí en medio de la congregación. Entonces dijo dirigiéndose a todos: ¿Es conforme a la Ley el hacer una buena obra en sábado o hacer una mala obra? ¿Salvar una vida o matar?

Y todos se quedaron callados. Jesús miró a Su alrededor con ira, porque estaba dolorido por la dureza de corazón de ellos, y le dijo al hombre:

-¡Extiende el brazo!

Y él lo extendió, y se le puso bueno del todo.

Los fariseos salieron inmediatamente, y empezaron a urdir una conspiración con los del bando de Herodes para eliminar a Jesús.

Este es un incidente crucial en la vida de Jesús. Ya estaba claro que Él y los líderes ortodoxos de los judíos tenían posturas irreconciliables. Para Él, el volver a la sinagoga era dar muestras de un valor extraordinario. Era la acción de un Hombre que rehusaba buscar Su seguridad, y que estaba decidido a arrostrar una situación peligrosa. En la sinagoga se encontraba una delegación del Sanedrín. Eran inconfundibles, porque los primeros asientos eran los sitios de honor, y allí se encontraban. Uno de los deberes del Sanedrín era descubrir y pararle los pies a cualquiera que pudiera descarriar al pueblo apartándolo del camino correcto. Y eso era precisamente lo que aquella delegación consideraba que estaba haciendo Jesús. Lo que menos les interesaba era el culto o la predicación de la Palabra de Dios. Estaban allí para investigar las acciones y las palabras de Jesús con la intención de eliminarle.

En la sinagoga había un hombre con un brazo paralizado. La palabra griega indica que no era una incapacidad de nacimiento, sino el resultado de alguna enfermedad o accidente. El Evangelio según los Hebreos, un evangelio que se ha perdido salvo unos pocos fragmentos, nos dice que aquel hombre era mampostero, y que Le pidió a Jesús que le ayudara porque su medio de vida estaba en sus manos y le daba vergüenza pedir limosna. Si Jesús hubiera sido cauto y astuto habría evitado encontrarse con aquel hombre en público; porque Él sabía muy bien que el curarle en sábado era buscarse problemas. Estaba prohibido hacer ningún trabajo en sábado, y curar a un enfermo era un trabajo. La ley judía era definida y detallada en este punto. La atención médica se podía otorgar solamente si había peligro de muerte. Para dar algunos ejemplos: Se podía ayudar el sábado a una mujer que estuviera de parto; se podía tratar una infección de garganta; si se le caía un muro encima a alguien, se le podía descubrir lo suficiente para ver si estaba vivo; si estaba vivo, se le podía ayudar; pero si estaba muerto, se dejaba allí el cuerpo hasta el día siguiente. No se podía entablillar una fractura. No se podía echar agua fresca en una mano o en un pie dañados. Se podía vendar un corte con un vendaje sencillo, pero no se podía poner ungüento. Es decir: que como mucho se podía procurar que el enfermo o herido no se pudiera peor, pero no que se pusiera mejor.

Nos es sumamente difícil comprender una actitud así. Lo mejor que podemos hacer para comprender aquel punto de vista tan estricto acerca del sábado es recordar que un judío ortodoxo rehusaría defender su vida en sábado. En las de los Macabeos, cuando se inició la resistencia, algunos’ los rebeldes judíos se refugiaron en cuevas. Los soldados s’ los persiguieron. El historiador judío Josefo nos dice que= ofrecieron que se rindieran, pero ellos se negaron; «así que atacaron en sábado, y los abrasaron cuando se encontraban r las cuevas sin que ellos ofrecieran la menor resistencia siquiera para impedirles la entrada en las cuevas. Se negar a defenderse a sí mismos aquel día porque no estaban dispuestos a quebrantar el honor que debían al sábado ni siquiera para salvar sus vidas; porque nuestra Ley nos manda descansar e día.” Cuando el general romano Pompeyo estaba sitian Jerusalén, los defensores se refugiaron en el recinto del templo. -Pompeyo se puso a construir una empalizada hasta la altura conveniente desde la que pudiera atacarlos. Conocía las costumbres de los judíos, y construía en sábado; y los judíos no movieron ni una mano para defenderse o para impedir la construcción, aunque sabían que con su inactividad sabática estaban firmando su propia sentencia de muerte. Los Romanos; que tenían servicio militar obligatorio, tuvieron que acabar por eximir de él a los judíos, porque se negaban a pelear en sábado: La actitud judía ortodoxa para con el sábado era totalmente rígida e inflexible.
Jesús lo sabía. La vida de aquel hombre no corría peligro en absoluto. Físicamente no estaría peor si se le hacía esperar hasta el día siguiente. Para Jesús esto era una prueba, y El se enfrentó con ella limpia y claramente. Le dijo al hombre que se levantara y se pusiera donde todos le pudieran ver. Probablemente eso lo hizo por dos razones. Una sería, para despertar la compasión de los presentes hacia aquel desgraciado mostrándoles a todos su desgracia. Y también porque Jesús quería dar aquel paso de tal manera que nadie pudiera por menos de verlo.

Entonces les hizo a los maestros de la Ley dos preguntas: “¿Qué es conforme a la Ley, hacer una buena obra en sábado o hacer un*mala obra?” Jesús los puso en un aprieto. Estaban obligados a admitir que era legal hacer el bien, y era una buena obra lo que El se proponía hacer. Estaban obligados a negar que fuera legal hacer mal; y sin embargo, seguramente no cabía duda que era una mala obra dejar a un hombre en una situación lastimosa cuando se tenía la posibilidad de ayudarle. Y entonces les preguntó: «¿Es legal salvar una vida o destruirla?” Aquí Jesús estaba poniendo el dedo en la llaga. Él estaba haciendo lo posible para salvarle la vida a aquel hombre; ellos estaban programando acabar con Él. Se mirara como se mirara, no cabía duda de que era mejor pensar en ayudar a un hombre que pensar en matar a un hombre. ¡No nos sorprende que no pudieran contestarle!

Entonces Jesús, con una palabra de poder, sanó al hombre; y los fariseos salieron y trataron de urdir un complot con los herodianos para matarle. Esto muestra hasta dónde estaban dispuestos a llegar los fariseos. Ningún fariseos tendría nada que ver con un gentil o con un hombre que no guardara la Ley. Tales personas eran inmundas. Los herodianos eran los funcionarios de herodes. Estaban relacionados permanentemente con los Romanos. En todos los sentidos normales los fariseos los consideraban inmundos; pero ahora estaban dispuestos a entrar con ellos en lo que siempre les habría parecido una alianza impía. Tenían tal odio en el corazón que no se paraban ante nada.

Este pasaje es fundamental, porque muestra la colisión entre dos conceptos de religión.

(i) Para los fariseos religión era ritualismo. Consistía en obedecer ciertas reglas y normas. Jesús quebrantaba aquellas reglas, y ellos estaban genuinamente convencidos de que era una mala persona. Eran como el que cree que -la religión consiste en ir a la iglesia, leer la Biblia o rezar, dar gracias a Dios antes de las comidas, hacer el culto familiar o rezar el rosario, y llevar a cabo todos los actos externos que se consideran religiosos, y que sin embargo nunca está dispuesto a hacer nada por nadie, que no siente nunca compasión ni tiene ningún deseo de sacrificarse por nadie; que tiene bastante con su religiosidad, y que es sordo a la llamada de la necesidad ‘ ciego a las lágrimas del mundo.
(ii) Para Jesús religión era servicio. Era amar a Dios y a las personas. El ritual era irrelevante comparado con el amor en acción. Para Jesús la cosa más importante del mundo no er i: llevar a cabo correctamente un ritual, sino la respuesta espontánea al clamor de la necesidad humana.

EN MEDIO DE LAS MULTITUDES

Así que Jesús se retiró con Sus discípulos a la orilla del lago, y le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judasa y de Jerusalén; y de Idumea y la región de Transjordania; y del territorio alrededor de Tiro y de Sidón; venía a El gran cantidad de gente, porque se enteraban de las cosas maravillosas que hacía.

Jesús les dijo a Sus discípulos que tuvieran preparada una barca esperándole a causa de la multitud, para que no Le aplastaran; porque Él sanó a muchos, y el resultado fue que todos los que sufrían los azotes de la enfermedad se lanzaban hacia Él para tocarle. Y tan pronto como Le veían los espíritus inmundos se postraban en tierra ante Él gritando:

-¡Tú eres el Hijo de Dios!

Muchas veces Jesús les prohibía terminantemente que Le dieran a conocer.

A menos que Jesús quisiera verse involucrado en una colisión frontal con las autoridades, tenía que dejar de utilizar las sinagogas. No es que se retirara por temor a las consecuencias; sino que Su hora no había sonado todavía. Le quedaba todavía mucho por hacer y por decir antes que llegara el conflicto mal.

Así que se retiró de las sinagogas y salió a la orilla del lago y al aire libre. Hasta allí Le siguieron en tromba las multitudes viniendo desde lejos. Procedían de toda Galilea; muchos habían recorrido más de ciento cincuenta kilómetros desde Jerusalén y otros lugares de Judasa para verle y escucharle. ldumea era el antiguo reino de Edom, en el extremo Sur, entre la frontera de Palestina y Arabia. También venían del Este del Jordán; y hasta de territorio extranjero, de las ciudades fenicias de Tiro y de Sidón en la costa del Mediterráneo al Noroeste de Galilea.

Tan numerosas eran las multitudes que la cosa se puso peligrosa, y había que tener una barca dispuesta cerca de la orilla en caso de que el gentío estuviera a punto de aplastarle. Las curaciones Le atraían aún más número; aún más peligro, porque los enfermos ni siquiera esperaban a que los tocara, sino se lanzaban a tocarle ellos.

Para entonces tenía que enfrentarse con un problema especial: el de los que estaban poseídos por demonios. Recordemos que, sea cual sea nuestra opinión acerca de ese asunto, aquellas personas estaban convencidas de que estaban poseídas por un poder malo ajeno a sí mismos. Aquellos llamaban a Jesús Hijo de Dios. ¿Qué querían decir con eso? Seguramente no usaban la expresión en lo que podríamos llamar un sentido teológico. En el mundo antiguo, hijo de Dios no era un título infrecuente. Los reyes de Egipto se autoproclamaban hijos de Ra, su dios. Desde Augusto en adelante, muchos de los emperadores Romanos se describen en las inscripciones como hijos de Dios. El Antiguo

Testamento tiene cuatro maneras de usar esta expresión.

(i) Los ángeles son los hijos de Dios. La antigua historia de Gen_6:2  dice que los hijos de Dios vieron a las hijas de los hombres y se sintieron fatalmente atraídos por ellas. Job_1:6  nos habla del día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor. Era un título corriente para los ángeles.
(ii) El pueblo de Israel era el hijo de Dios. Dios llamó a Su hijo para que saliera de Egipto Hos_11:1 ). En Exo_4:22  Dios dice de la nación: «Israel es mi primogénito.»
(iii) El rey de Israel era el hijo de Dios. Samuel 7:14, la promesa que se le hace al rey es: «Yo seré  su Padre, y él será Mi hijo.»
(iv) En los libros posteriores, que escribieron entre los dos Testamentos, un hombre bueno es’ hijo de Dios. Para Sirá, la promesa que se le hace al que bueno con los huérfanos es: Así llegarás a ser un hijo del Altísimo, y ÉL te amará más que tu propia madre. (Eclesiástico 4:10)

En todos estos casos el término hijo describe a alguien q` está especialmente cerca de Dios. Tenemos paralelos de e en el Nuevo Testamento que nos muestran algo de su significado. Pablo llama a Timoteo su hijo (1 Timoteo_1:2 ; 1 Timoteo_1:1  Ti no era ni siquiera pariente de Pablo; pero no ha otro, como Pablo les dice a los Filipenses (2:19-22), que conociera y estuviera de acuerdo con él tanto como Tiimoteo. Pedro llama a Marcos su hijo (1Pe_5:13 ), porque no ha otro que pudiera interpretar su pensamiento tan bien co Marcos. Cuando nos encontramos este título en la sencillez la historia evangélica no tenemos que pensar en términos teología o en la doctrina de la Trinidad; tenemos que verl como una manera de expresar el hecho de que la relación d Jesús con Dios era tan íntima que ninguna otra palabra podría describirla nada más que Hijo. Ahora bien, aquellos poseído por demonios sentían que había en ellos un espíritu malo independiente; y se daban cuenta de alguna manera de que Jesús estaba cerca y muy próximo a Dios; se daban cuenta de que en la presencia de esa proximidad a Dios los demonios no podían vivir, y por tanto tenían miedo.

Debemos preguntarnos: «¿Por qué les ordenaba Jesús tan seriamente que guardaransilencio? La razón era muy sencilla y necesaria. Jesús era el Mesías, el Rey Ungido por Dios; pero Su idea del mesiazgo era totalmente diferente de la idea popular. Él veía en el mesiazgo un camino de servicio, de sacrificio y de amor, con una Cruz al final de él. La idea popular del Mesías era como un Rey conquistador que barrería a los Romanos y conduciría a los judíos a un dominio universal con sus poderosos ejércitos. Por tanto, si se difundía el rumor de que el Mesías había llegado, la consecuencia inevitable serían rebeliones y levantamientos, especialmente en Galilea, donde la gente estaba dispuesta a seguir a cualquier líder nacionalista.

Jesús pensaba en el mesiazgo en términos de amor; el pueblo, en términos de nacionalismo judío. Por tanto, antes de que pudiera haber ninguna proclamación de Su mesiazgo, Jesús tenía que enseñarle al pueblo el verdadero sentido que tenía para El. En aquella etapa, sólo daño y problemas y desastres serían la consecuencia de la proclamación de que el Mesías había llegado. Sólo habría desembocado en una guerra inútil y en un baño de sangre. Lo primero que todos tenían que aprender era la verdadera idea de la misión y el carácter del Mesías; un anuncio prematuro podría haber sido la ruina de toda la misión de Jesús.

LA COMPAÑÍA ELEGIDA

Jesús subió a la montaña e invitó a Su servicio a los hombres que había escogido; y nombró a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos como Sus heraldos y para que tuvieran poder para echar demonios. Escogió a Simón, al que le puso por nombre Pedro; a Santiago hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a los que puso por mote Boanergues, que quiere decir ” hijos del trueno»; a Andrés y a Felipe y a Bartolomé y a Mateo y a Tomás, y a Santiago hijo de Alfeo y a Tadeo y a Simón el Cananeo y a Judas Iscariote que fue el que Le traicionó.

Jesús había llegado a un momento muy importante de vida y obra. Se había presentado con Su mensaje; había seguido Su método; había recorrido Galilea predicando y sanando. Para entonces ya había hecho un impacto considerable la opinión pública. Ahora tenía que enfrentarse con dos blemas muy prácticos. En primer lugar, tenía que encontrar, manera de hacer que ermaneciera Su mensaje en caso de algo Le sucediera a El, y que ese algo había de sucederle .. lo dudaba. Segundo, tenía que encontrar la manera de extender Su mensaje; y en una edad en que no había tal cosa como periódicos o libros, ni ninguna manera de alcanzar grandes audiencias a la vez, esa no era una tarea fácil. No había nada más que una forma de resolver los dos problemas: tenía escoger algunas personas para escribir Su mensaje en corazones y vidas, y que salieran de Su presencia para decirlo a los cuatro vientos. Eso exactamente es lo que Le vemos hacer aquí.
Es significativo que el Cristianismo empezó con un grupito. La fe cristiana es algo que estaba diseñado desde el principio que se había de descubrir y vivir en compañía. La esencia de la manera de vivir de los fariseos era que separaba a los hombres de su entorno. El mismo nombre de fariseo quiere decir separado; la esencia del Cristianismo es que vincula a cada uno con sus semejantes, y le presenta la tarea de vivir en compañía con los demás.

Además, el Cristianismo empezó con un grupo muy heterogéneo. En él se encontraban los dos extremos: Mateo era cobrador de contribuciones, y por tanto un marginado; era un renegado y un traidor a sus compatriotas; y Simón el Cananeo, al que Lucas llama correctamente el Celota; y los celotas eran una pandilla de nacionalistas ardientes y violentos que se comprometían hasta a cometer crímenes y asesinatos para librar a su país del yugo extranjero. El hombre que había perdido totalmente el sentido de patriotismo y el patriota fanático estaban juntos en aquel grupo, y sin duda habría entre aquellos dos extremos tJda clase de trasfondos y opiniones. El Cristianismo empezó insistiendo en que las personas más diferentes deben vivir juntas, y ofreciéndoles la oportunidad de hacerlo conviviendo con Jesús. A juzgar por los baremos del mundo, los hombres que escogió Jesús no tenían ninguna cualificación especial. No eran ricos, ni tenían una posición social especial, ni tenían una cultura elevada, ni tenían preparación teológica, ni tenían una posición elevada en la iglesia. Eran doce personas normales y corrientes. Pero sí tenían dos cualificaciones especiales. La primera: habían sentido la atracción magnética de Jesús. Había algo en Él que les había hecho querer tenerle por Maestro. Y la segunda: tenían el coraje de mostrar que estaban de Su parte. No nos equivoquemos: aquello requería coraje. Ahí estaba Jesús, pasando tranquilamente por alto normas y reglas; ahí estaba Jesús siguiendo un camino que conducía inevitablemente a una colisión con los líderes ortodoxos; ahí estaba Jesús, ya marcado como pecador y como hereje; y sin embargo tuvieron el coraje de asociarse con Él. Ningún grupo de hombres lo arriesgó todo nunca antes ni después a una esperanza trasnochada como aquellos galileos, y ninguna banda de hombres lo hizo ni lo haría nunca jamás con los ojos más abiertos que ellos. Aquellos Doce tenían toda clase de faltas; pero dijérase lo que se dijera de ellos, amaban a Jesús y no tenían miedo de decirle al mundo que Le amaban -y eso es ser cristianos.

Jesús los eligió con dos propósitos. Primero, los eligió para que estuvieran con Él; los eligió para que fueran Sus constantes y fieles compañeros. Otros podrían ir y venir; la multitud podría estar allí un día y no al siguiente; otros puede que fluctuaran y cambiaran en su relación con Él; pero estos Doce habían de identificar sus vidas con Su vida y vivir con Él todo el tiempo. Segundo, los eligió para enviarlos. Quería que fueran Sus representantes; que le hablaran a otros de Él. Ellos mismos habían sido ganados para que pudieran ganar a otros.

Para la tarea, Jesús los equipó con dos cosas. En primer lugar, les dio un mensaje. Habían de ser Sus heraldos. Un sabio dijo una vez que nadie tiene ningún derecho a ser maestro ; a menos que tenga una enseñanza propia que ofrecer, o la enseñanza de otro que desee apasionadamente propagar. La gente siempre escuchará al que tenga un mensaje. Jesús les dio a Sus amigos algo que decir. Segundo, les dio un poder. También habrían de echar demonios. Porque estaban en Su compañía, algo de Su poder se reflejaba en sus vidas.
Si queremos aprender lo que es el discipulado, haremos bien en fijarnos en estos primeros discípulos.

EL VEREDICTO DE LOS SUYOS

Jesús entró en una casa; e inmediatamente se reunió otra vez un gentío tan compacto que no se podía ni tomar un bocado. Cuando Su propia gente supo lo que estaba pasando, salieron a buscarle para llevársele a casa, porque decían: ” Ha perdido el juicio.”

Algunas veces a una persona se le escapa una observación que no se puede interpretar sino como el producto de una amarga experiencia. Una vez, cuando Jesús estaba enumerando las cosas que una persona tendría que arrostrar por seguirle a

Él, dijo: «Los enemigos de una persona serán los de su propia familia» (Mat_10:36 ). Su propia familia había llegado a la conclusión de que Jesús había perdido el juicio, y de que ya era hora de que se Le llevaran a casa. Veamos si podemos entender lo que les hizo pensarlo.

(i) Jesús Se había marchado de casa y del taller de carpintero de Nazaret. Parece ser que era un trabajo seguro, en el que por lo menos Él podía ganase la vida. Y de pronto lo tiró todo por la borda y salió como predicador ambulante. Ningún hombre sensato, tienen que haber pensado, abandonaría un negocio en el que entraba regularmente todas las semanas un sueldo seguro, para convertirse en un vagabundo que no tuviera ni dónde reclinar la cabeza.
(ii) Jesús iba camino de llegar a una colisión frontal con los líderes ortodoxos de Su tiempo. Hay ciertas personas que le pueden perjudicar mucho a un hombre; personas con las que conviene llevarse bien, cuya posición puede ser muy peligrosa. Ninguna persona sensata, deben de haber estado pensando, se enfrentaría con los estamentos superiores. Nadie se podía enfrentar con los escribas y los fariseos y los líderes ortodoxos, y tener esperanzas de salirse con la suya.
(iii) Jesús había iniciado hacía poco una pequeña sociedad particular y, por cierto, muy particular. Había en ella algunos pescadores; un cobrador de impuestos convertido, y un nacionalista fanático. No eran la clase de personas con las que ningún hombre ambicioso querría relacionarse especialmente. Desde luego que no eran la clase de personas que podrían ser de utilidad para uno que empezara una carrera. Ningún hombre sensato, deben de haber estado pensando, escogería una pandilla de amigos así. Desde luego, no eran la clase de gente con la que se querría mezclar un hombre prudente.

Con Sus acciones, Jesús había dejado bien claro que las tres leyes por las que los hombres tienden a organizar sus vidas no tenían ninguna importancia para Él.

(i) Había tirado por la borda la seguridad. La única cosa que la mayor parte de la gente quiere más que ninguna otra es esa precisamente. Por encima de todo se quiere un trabajo y una posición seguros, y en los que haya los menos riesgos materiales y económicos posibles.
(ii) Había tirado por la borda el mantenerse a salvo. La mayor parte de la gente tiende siempre a estar a salvo. Les preocupa más esto en cualquier empresa que su calidad moral, su legalidad o su ilegalidad. Un curso de acción que implica riesgo es algo de lo que se desmarca uno instintivamente.
(iii) Se había mostrado totalmente indiferente al veredicto de la sociedad. Había dado muestras de no importante lo más mínimo lo que se dijera de Él. De hecho, como decía H. G. Wells, para la mayor parte de la gente “la voz de sus vecinos suena más alto que la voz de Dios.» «¿Qué dirá la gente?” es una de las primeras preguntas que la mayor parte de nosotros tenemos costumbre de preguntar.

Lo que más horrorizaba a los familiares de Jesús eran los riesgos que estaba asumiendo; riesgos que, pensaban ellos, ninguna persona sensata asumiría.

Cuando Juan Bunyan estaba en la cárcel, tenía muchos temores. “Mi encarcelamiento pensaba podría acabar en el patíbulo por lo que yo puedo ver.» No le gustaba pensar que le ahorcaran. Pero llegó un día cuando se avergonzó de haber tenido miedo. «Pensé que me avergonzaría morir por una causa como esta con el rostro demacrado y las rodillas temblorosas.» Así es que llegó a la conclusión, viéndose subir la escalera del patíbulo: «Por tanto, pensé, estoy decidido a seguir adelante y a arriesgar el todo por el todo con Cristo, tenga aquí consuelo o no; si Dios no interviene, pensé, pegaré un salto a ojos cerrados de la escalera a la eternidad, me hunda o nade, sea al Cielo o al infierno; Señor Jesús, si me quieres recoger, recógeme; si no, yo me lo juego todo por Tu nombre.» Eso era precisamente lo que Jesús estaba decidido a hacer. Yo me lo juego todo por Tu nombre. Esa era la esencia de la vida de Jesús, y esa -ni a salvo ni estar seguro- debería ser el lema del cristiano y el manantial de la vida cristiana.

¿ALIANZA O CONQUISTA?

Los maestros de la Ley vinieron desde Jerusalén, y dijeron:

-¡Tiene a Belzebub de Su parte! Es por medio del jefe de los demonios como echa los demonios.

Jesús los llamó aparte, y les habló por medio de una alegoría:

-¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, no podrá mantenerse. Y si una casa está dividida contra sí misma, no podrá mantenerse en pie. Pues lo mismo si Satanás se levanta contra sí mismo y está dividido: no podrá mantenerse. ¡Está acabado! Nadie puede penetrar en la casa de un hombre poderoso y saquearla a manos que primero ate al poderoso: entonces sí podrá desmantelar su casa.

Los representantes oficiales del Sanedrín nunca pusieron en duda el poder de Jesús para echar demonios. No tenían por qué; porque el exorcismo era entonces un fenómeno corriente, como lo es todavía en Oriente. Lo que sí dijeron fue que el poder de Jesús era debido al hecho de que estaba en coalición con el rey de los demonios; que, como dice un comentador: «Era de acuerdo con el gran demonio como Jesús echaba a los demonios pequeños.» La gente ha creído siempre en la «magia negra», y eso era lo que pretendían que Jesús practicaba.

Jesús no tuvo dificultad en desbaratar ese argumento. La esencia del exorcismo consiste en que el exorcista invoca la ayuda de un poder superior para echar a los demonios inferiores. Así es que Jesús dijo: “¡Figuraos! Si hay una disensión interna en un reino, ese reino no puede durar mucho. Si hay peleas en una casa, esa casa no durará mucho. Si Satanás está en guerra con sus propios demonios, entonces está acabado como poder a tener en cuenta, porque ha empezado una guerra civil en su reino.» «Para decirlo de otro modo -dijo Jesús-, supongamos que alguien quiere robar en la casa de un hombre muy poderoso. No hay manera de hacerlo, hasta que haya sometido a ese hombre poderoso. Cuando le tiene bien atado, entonces podrá desmantelar sus bienes, pero no antes.» La derrota de los demonios no mostraba que Jesús estuviera aliado con Satanás, sino que las defensas de Satanás se habían resquebrajado. Se había presentado un

Nombre superior y más poderoso. La conquista de Satanás había empezado.

Dos cosas surgen de aquí.

(i) Jesús reconoce que la vida es un conflicto entre el poder del mal y el poder de Dios. No perdió el tiempo con especulaciones acerca de problemas cuya solución no podemos alcanzar los seres humanos. No se detuvo a discutir de dónde viene el mal; pero sí lo combatió de la manera más efectiva. Una de las cosas más curiosas es que pasamos mucho tiempo discutiendo el origen del mal, pero dedicamos muy poco tiempo a poner en práctica métodos para resolverlo. Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: Supongamos que uno se despierta, y se encuentra con que en su casa se ha producido un incendio. No se sienta en una silla y se pone a leer un libro sobre ” El origen de los fuegos en las casas particulares,» sino echa mano de los medios a su alcance,, y se pone a combatir el fuego. Jesús vio el conflicto esencial entre el bien y el mal que está en el centro de la vida y cebándose en el mundo. No se puso a especular acerca del mal; se enfrentó con él, y dio a otros el poder para vencer el mal y obrar el bien.
(ii) Jesús consideraba la derrota de la enfermedad como parte de la conquista del reino de Satanás. Esto es una parte esencial del pensamiento de Jesús. Él deseaba, y podía, salvar los cuerpos de las personas lo mismo que sus almas. El médico y el hombre de ciencia que se enfrentan con el desafío de la enfermedad están colaborando en la derrota de Satanás tanto como el predicador del Evangelio. El médico y el pastor no están luchando en frentes diferentes, sino en el mismo. No son rivales, sino colaboradores en la guerra de Dios contra el poder del mal.

EL PECADO IMPERDONABLE

-Esto que os’ digo es la pura verdad: Todos los pecados se les podrán perdonar a los seres humanos; quiso decir, todas las blasfemias que digan; pero al que insulte al Espíritu Santo no se le perdonará nunca, porque habrá cometido el pecado que ni siquiera la eternidad puede borrar. Esto lo dijo Jesús porque habían dicho que Él tenía un espíritu inmundo.

Si hemos de entender lo que quiere decir esta terrible palabra debemos primero entender las circunstancias en que se dijo. Lo dijo Jesús cuando los escribas y los fariseos declararon que las curas que Él obraba, no las realizaba por el poder de Dios, sino por el del diablo. Aquellos hombres habían contemplado el amor de Dios encarnado, y creían que era el poder encarnado de Satanás.

Debemos empezar por reconocer que Jesús no se referiría al Espíritu Santo con todo el sentido de la doctrina cristiana. El Espíritu no vino al mundo en toda Su plenitud hasta que Jesús volvió a la gloria. Fue en Pentecostés cuando los creyentes tuvieron la experiencia suprema del Espíritu Santo. Jesús hizo referencia al Espíritu Santo en un sentido que Sus oyentes podían entender. Ahora bien, en el pensamiento judío el Espíritu Santo tenía dos funciones principales: La primera, revelaba la verdad de Dios a las personas; la segunda, capacitaba a las personas para que reconocieran esa verdad cuando la vieran. Esto nos dará la clave del sentido de este pasaje.

(i) El Espíritu Santo permitía a las personas reconocer la verdad de Dios cuando entraba en sus vidas. Pero, si una persona se niega a ejercitar alguna facultad dada por Dios, acabará por perderla. Si vive en la oscuridad suficiente tiempo, acabará por perder la capacidad de ver. Si permanece en la cama demasiado tiempo, perderá la capacidad de andar. Si se resiste a hacer ningún estudio serio, perderá la capacidad de estudiar. Y si una persona rechaza la dirección del Espíritu de Dios insistentemente, acabará por incapacitarse para reconocer la verdad cuando la vea. El mal se convertirá para él en bien, y el bien en mal. Podrá contemplar la bondad de Dios y llamarla la obra de Satanás.
(ii) ¿Por qué no tiene perdón ese pecado? H. B. Swete dice: ” El identificar la fuente del bien con la representación del mal implica una ruina moral para la que la misma Encarnación no ofrece remedio.» A. J. Rawlinson lo llama ” la maldad esencial;» como si aquí tuviéramos la quintaesencia de todo mal. Bengel dice que todos los otros pecados son humanos, pero este es satánico. ¿Por qué es así?

Consideremos el efecto que hace Jesús en una persona. La primera impresión es hacerle ver su propia indignidad esencial en comparación con la belleza y la amabilidad de la vida de Jesús. «¡Apártate de mí -dijo Pedro-, porque soy un pecador!» (Luk_5:8 ). Cuando Tockichi Ishii leyó por primera vez el Evangelio, dijo: “Me paré. Estaba como si me hubieran atravesado el corazón con un puñal de una cuarta. ¿Le puedo llamar a eso el amor de Cristo? ¿O Su compasión? No sé cómo llamarlo; sólo sé que yo creí, y que la dureza de mi corazón desapareció.» Su primera reacción fue como sentirse apuñalado. El resultado de ese sentimiento y el resultado de ese corazón apuñalado es un arrepentimiento profundo y sincero, y el arrepentimiento es la única condición para el perdón. Pero, si una persona ha llegado a un estado en el que, por haberse negado repetidas veces a prestar atención a las advertencias del Espíritu Santo, no puede ver nada atractivo en Jesús, entonces el contemplar a Jesús no le producirá ningún sentimiento de pecado; como no tiene sentimiento de pecado, no puede arrepentirse; y como no puede arrepentirse no puede recibir el perdón.Una de las leyendas de Lucifer nos cuenta que un día un sacerdote vio en su congregación a un joven maravillosamente atractivo. Después de la misa, el joven se quedó para confesarse. Confesó tantos y tan terribles pecados que al sacerdote se le ponían los pelos de punta. «Tienes que haber vivido mucho tiempo para hacer todo eso -le dijo el sacerdote.» «Mi nombre es Lucifer -le contestó el joven-; y yo caí del Cielo al principio del tiempo.» «Pues, a pesar de todo -le dijo el sacerdotes di que lo sientes, di que te arrepientes, y aun tú mismo serás perdonado.» El joven se quedó mirando al sacerdote un momento, y después se dio la vuelta y se marchó. No podía ni quería decirlo, y por tanto tenía que marcharse desolado y condenado.

Sólo hay una condición para recibir el perdón, y es el, arrepentimiento. Siempre que una persona vea lo preciosa que es la vida de Cristo; siempre que odie su pecado, aunque no lo pueda dejar, aunque esté en el polvo y en el cieno, se le puede perdonar. Pero si una persona, por rechazar repetidamente la dirección de Dios, ha perdido la capacidad de reconocer la bondad cuando la ve; si tiene los valores morales tan invertidos que llama bien al mal y mal al bien, entonces, aun cuando se encuentre cara a cara con Cristo, no tendrá ninguna conciencia de pecado; no se podrá arrepentir, y por tanto no se le podrá perdonar nunca. Ese es el pecado contra el Espíritu Santo.

CONDICIONES DEL PARENTESCO

Llegaron la madre y los hermanos de Jesús. Se quedaron fuera, y mandaron a alguien que entrara a darle un recado a Jesús. Toda la gente estaba sentada alrededor de Él.

-¡Mira! -Le dijeron- tu madre y tus hermanos están ahí fuera preguntando por Ti.

-¿Quiénes son Mi madre y Mis hermanos? -dijo Jesús; y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de Él dijo-: ¡Mirad! ¡Mi madre y Mis hermanos! Todos los que hacen la voluntad de Dios son Mis hermanos y mis hermanas y Mi madre.

Aquí Jesús establece las condiciones del verdadero parentesco. No es cosa de carne y sangre exclusivamente. Puede suceder que una persona esté realmente más cerca de uno que no es pariente suyo que de los que están relacionados con ella por los lazos más estrechos de parentesco y de sangre. Entonces, ¿de qué depende, el verdadero parentesco?

(i) El verdadero parentesco depende de una experiencia común, especialmente cuando es una experiencia en la que dos o más personas han pasado por situaciones importantes juntas. Se ha dicho que dos personas llegan a ser realmente amigas cuando se pueden decir la una a la otra: ” ¿Te acuerdas?» Y entonces siguen hablando acerca de cosas que han pasado juntas. Uno conoció una vez a una anciana negra. Se le había muerto una amiga. «Habrás sentido mucho -le dijo- que se haya muerto esa señora.» «Sí» -respondió ella, no dando señales de mucho dolor. “Os vi la semana pasada -le dijo el otro- hablando y riendo entre vosotras. Tenéis que haber sido grandes amigas.» “Sí -contentó ella-. Éramos amigas. Nos lo pasábamos bien juntas. Pero, para ser realmente amigas, las personas tienen que llorar juntas.» Eso es profundamente cierto. La base de un verdadero parentesco radica en una común experiencia; y los cristianos comparten la experiencia de ser pecadores perdonados.
(ii) El verdadero parentesco depende de un interés común. A. M. Chirgwin nos dice una cosa muy interesante en su La Biblia en el evangelismo internacional. Una de las mayores dificultades que tienen los colportores y los distribuidores de las escrituras no es tanto vender sus libros como hacer que la gente los lea. Y prosigue: “Un colportor en la China precomunista había mantenido por años la costumbre de ir de tienda en tienda y de casa en casa. Pero a menudo se llevaba un chasco, porque muchos de sus nuevos lectores de la Biblia perdían el interés; hasta que se le ocurrió un plan: ponerlos en contacto entre sí y formar con ellos un grupo de adoración y estudio, que a su tiempo llegaban a organizarse como iglesia.» Sólo cuando esas unidades aisladas llegaban a ser parte de un grupo unido por un interés común se daba entre ellas el verdadero parentesco. Los cristianos tenemos ese interés común, por ser personas que deseamos conocer a Jesucristo más íntimamente.
(iii) El verdadero parentesco depende de una obediencia común. Los discípulos eran un grupo muy heterogéneo. Entre ellos se daban toda clase de creencias y opiniones. Un cobrador de impuestos como Mateo y un nacionalista fanático como Simón el Celota tendrían que haberse odiado mutuamente a muerte, y probablemente se habrían odiado antes. Pero ahora estaban vinculados, porque habían aceptado a Jesucristo como su Maestro y Señor. Cualquier pelotón de soldados estará formado por hombres de diferentes trasfondos y profesiones y convicciones; sin embargo, si están un tiempo suficiente juntos, formarán un grupo de camaradas a causa de la obediencia que comparten. Las personas pueden llegar a ser amigas cuando comparten un jefe en común. Las personas pueden amarse solamente cuando aman a Jesucristo.(iv) El verdadero parentesco consiste en una meta común. No hay nada que una tanto a las personas como una finalidad común. Aquí hay una gran lección para la Iglesia. A. M. Chirgwin, hablando de un interés renovado en la Iglesia, pregunta: “¿Señala esto la posibilidad de un nuevo enfoque al problema ecuménico, basado más bien en consideraciones bíblicas que en cuestiones eclesiásticas?» Las iglesias nunca se aproximarán entre sí mientras discutan acerca de la ordenación de sus ministros, la forma de gobierno eclesiástico, la administración de los sacramentos y todo lo demás. La única cosa en la que se pueden encontrar es el hecho de que todas están tratando de ganar almas para Jesucristo. Si el parentesco viene de una finalidad común, entonces los cristianos poseemos el secreto por encima de todos los demás seres humanos, porque todos nos estamos esforzando por conocer mejor a Jesucristo e introducir a otros en Su Reino. Aunque no estemos de acuerdo en otras cosas, en eso podemos encontrar y reconocer nuestra unidad.

Ya los líderes judíos se declararon en contra de Jesús. Están celosos de su popularidad, sus milagros y su autoridad al hablar. Valoran tanto su posición en la comunidad y sus oportunidades de ganancia personal que perdieron de vista la meta de todo líder religioso: conducir la gente a Dios. Si alguien debía haber reconocido al Mesías, eran ellos, pero no quisieron hacerlo porque no estaban dispuestos a perder sus apreciadas posiciones ni su poder. Cuando Jesús puso al descubierto sus verdaderas actitudes, automáticamente se transformaron en enemigos del Mesías y empezaron a buscar la forma de que la gente también se volviera en contra suya para detener su creciente popularidad.

Jesús se enojó al ver la actitud despiadada de los fariseos. Enojarse, en sí mismo, no es malo. Depende de lo que nos hace enojar y lo que hacemos con el enojo. Con mucha frecuencia expresamos nuestro enojo de manera egoísta y perjudicial. Jesús en cambio expresó su enojo corrigiendo un problema: sanó la mano al hombre. Aplique su enojo a buscar soluciones constructivas más que a agravar el problema provocando pena en la gente.

Los fariseos eran un grupo religioso que con celo seguía la Ley del Antiguo Testamento así como sus tradiciones. Eran respetados en la comunidad, pero odiaban a Jesús porque se enfrentó a sus orgullosas actitudes y a sus poco honorables motivaciones.

Los herodianos eran un partido político judío que esperaba restaurar en el trono la línea de Herodes el Grande. Jesús era una amenaza para ellos porque desafiaba sus ambiciones políticas. Fariseos y herodianos, por lo general enemigos, unieron sus fuerzas en contra de Jesús porque este los desenmascaraba y socavaba su poder y reputación.

Jesús realizó una buena obra, pero los fariseos lo acusaron de quebrantar la Ley que prohibía brindar atención médica el día de reposo, salvo en casos de vida o muerte. Irónicamente, los fariseos que acusaban a Jesús de quebrantar el día de reposo al sanar a alguien, planeaban un asesinato.

Aunque Jesús era blanco del fuego de los líderes religiosos, seguía ganando popularidad entre el pueblo. Algunos eran curiosos, otros buscaban sanidad, otros evidencias para usarlas en su contra y otros querían saber si en realidad era el Mesías. La mayoría no entendía la verdadera dimensión de lo que ocurría entre ellos. Hoy en día, la gente sigue al Señor por idéntica variedad de razones. ¿Cuál es la razón primordial por la que usted sigue a Jesús?

Los demonios sabían que Jesús era el Hijo de Dios, pero no querían renunciar a sus malos propósitos. Saber de Jesús o incluso creer que El es el Hijo de Dios no garantiza la salvación. También hay que desear seguirle y obedecerle (Jam_2:17).

Jesús advirtió a los demonios que no divulgaran que era el Mesías, porque no deseaba que alimentaran falsas ideas populares. La inmensa multitud estaba a la espera de un líder político y militar que los libertara del yugo de Roma. La enseñanza recibida decía que el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento sería esa clase de hombre. Jesús quería enseñarle al pueblo la clase de Mesías que era, tan distinto al de sus expectativas. Su reino es espiritual. Y comenzaría, no con el derrocamiento de los gobernantes, sino con el derrocamiento del pecado en los corazones de la gente.

Jesús estaba rodeado de seguidores, de los cuales escogió a los doce que serían sus compañeros da cada día. No los seleccionó en base a su fe, porque era vacilante. Tampoco los escogió por talentos y habilidades que a lo mejor tenían, porque ninguno se destacaba por sus habilidades. Los discípulos representaban una amplia gama de trasfondos y experiencias de la vida, pero al parecer no tenían más potencial de liderazgo que los que no se escogieron. La única característica que tenían todos era su decisión de obedecer y seguir a Jesús. Después de la ascensión fueron llenos con el Espíritu Santo y jugaron papeles determinantes en el crecimiento de la iglesia primitiva. No nos descalifiquemos en nuestro servicio a Cristo por no tener las mejores credenciales. Para ser un buen discípulo sencillamente hay que estar listo a seguir a Jesús con un corazón dispuesto.

¿Por qué Jesús escogió doce hombres? El número doce corresponde a las doce tribus de Israel (Mat_19:28), con lo cual se muestra la continuidad entre el antiguo sistema religioso y el nuevo basado en el mensaje de Jesús. Muchos seguían a Jesús, pero los doce recibieron la preparación más intensa. Podemos ver el impacto de estos hombres en el resto del Nuevo Testamento.

Los zelotes eran judíos nacionalistas que se oponían a la ocupación romana en Palestina.

Con las multitudes presionándolo, Jesús ni siquiera tenía tiempo para comer. De ahí que sus amigos y familiares viajaron desde Nazaret para llevarlo a su casa (3.31-32). Pensaban que se había convertido en un fanático religioso. Les preocupaba esta posibilidad, pero no tomaban en cuenta el propósito de su ministerio. Aun sus más allegados fueron lentos en comprender su verdadera identidad.

Los fariseos no podían negar los milagros de Jesús ni su poder sobrenatural. Negaban, sin embargo, que viniera de Dios, porque de aceptarlo habrían tenido que reconocer también que era el Mesías. Y su orgullo no les permitió dar ese paso. Por eso, en un intento por destruir su popularidad entre la gente, lo acusaron de actuar con el poder de Satanás. En la respuesta de Jesús, versículos 23 al 26, vemos que el argumento de estos líderes judíos no tenía ningún sentido (Beelzebú se refiere a Satanás).

Aunque permite a Satanás actuar en el mundo, Dios sigue en control de todo. Jesús, en su condición de Dios, tiene poder sobre Satanás; puede echar fuera demonios y poner fin a sus terribles obras en la vida de la gente. Un día, Satanás será derrotado para siempre y nunca más volverá a actuar en el mundo (Rev_20:10).

Algunas veces los cristianos se preguntan si han cometido el pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo. Este no es un pecado del cual los cristianos deben preocuparse, pues se trata de una actitud de incredulidad y falta de arrepentimiento. Rechazar a propósito la acción del Espíritu Santo es blasfemia porque es rechazar a Dios mismo. Los dirigentes religiosos acusaron a Jesús de blasfemia, pero irónicamente blasfemaron cuando cara a cara lo acusaron de estar poseído por Satanás.

María era la madre de Jesús (Luk_1:30-31) y sus hermanos sin duda eran los hijos que María y José tuvieron después de Jesús (véase también 6.3). Muchos cristianos, sin embargo, creen la antigua tradición según la cual María tuvo un solo hijo. Si esto es verdad, tal vez los “hermanos” de Jesús eran sus primos (en esa época se acostumbraba llamar hermanos a los primos). Hay quienes dan otra alternativa: cuando José se casó era viudo y estos hermanos de Jesús eran hijos del primer matrimonio de José. En ese caso, serían medios hermanos de Jesús (véase Mar_6:3-4). Según vemos en el versículo 21, la familia de Jesús no logró entender a plenitud el ministerio de Jesús. Jesús explicó que nuestra familia espiritual establece relaciones que en último término pueden ser más importantes y perdurables que las relaciones formadas en nuestras familias carnales.

La familia de Dios es de brazos abiertos y no excluye a nadie. Aunque Jesús amaba a su madre y a sus hermanos, también amaba a quienes lo amaban. Jesús no hacía acepción de personas, sino que concedía a todos el privilegio de obedecer a Dios y ser parte de su familia. En nuestro mundo, cada vez más computarizado e impersonal, las relaciones afectuosas entre los miembros de la familia de Dios adquieren una mayor importancia. La iglesia puede dar amor y cuidado personal que mucha gente no encuentra en ninguna otra parte.

La familia de Jesús (ver Mat. 12:46-50; Luc. 8:19-21). Los malentendidos del reino de Dios y sus demandas continúan. En el v. 21 aun su propia familia había pensado que Jesús había perdido la cordura y querían llevarlo al hogar. En esta ocasión, su madre y sus hermanos vinieron a buscarlo; ¿sería por la misma razón? Tanto éstos como la multitud hubieran asumido que Jesús interrumpiría su enseñanza de inmediato y saldría a verlos, por el respeto a los padres que era uno de los diez mandamientos. En cambio, Jesús señaló a una lealtad y a un orden mucho más básico, un reclamo por parte de Dios que era mucho más profundo que los reclamos de una familia terrenal. Las prioridades del reino de Dios son diferentes, y han de resultar como piedra de tropiezo ante el mundo. Jesús dijo que aquel que hace la voluntad de Dios (notemos el contraste entre lo meramente “oído” y lo “hecho”) es de mayor intimidad para él que cualquier familiar de relación sanguínea. Recordemos que aun sus familiares no creían en él, y aun María no lo comprendía completamente, o ella no hubiera hecho este viaje. Esta palabra dará consuelo grande a algunos de nosotros que fuimos rechazados por el hogar y la familia cuando llegamos a ser cristianos, pero quienes encontramos en esta “familia de Cristo” amor y apoyo. No significa que Jesús abandonó el amor y el cuidado de su madre, o que los cristianos no tienen responsa bilidades con sus propias familias que no aceptan a Cristo. Lo único es que Jesús debe siempre ser primero, sin importar cuánto dolor nos cause a nosotros o a otros. Sólo los que aman a Cristo más que a sus familiares más cercanos y queridos pueden ser sus discípulos.

Sin embargo, esto es totalmente diferente de las enseñanzas de diversos grupos religiosos que insisten en una separación física total de los miembros de sus familias quienes no se unen a dicha secta. Hay algunos grupos cristianos extremos que también sostienen este concepto erróneo.

Ahora Puedes adquirir los Libros de Estudio

Al adquirir tus libros de estudios estarás ayudando este Ministerio para cumplir con la Gran Comisión de «Id y llevad el Evangelio a toda criatura en todo lugar. Contamos con tu ayuda. Dios te Bendice rica, grande y abundantemente.

Comparte esta publicacion en tus redes favoritas

También hemos publicado para ti

La telaraña

En un país muy lejano vivía un príncipe que se quejaba continuamente de que Dios hubiese creado insectos tan inútiles y tan molestos como las arañas y los mosquitos. Su padre lo amonestaba diciéndole

Seguir Leyendo »
Aguila o Pato

Aguila o pato

Rodrigo estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto cuando un taxista se acercó, lo primero que notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer bien vestido con una camisa blanca,

Seguir Leyendo »
Día de las Madres

Día de las Madres

Hace cuarentidos años que mi amigo y yo cargamos un Corvette 427 azul metálico con neveras portátiles bermudas y camisetas, y pasamos frente a la lúgubre fachada de la policía militar de sombrío semblante

Seguir Leyendo »