Marcos 2 La fe que mueve montañas

Marcos 2: La fe que mueve obstáculos

Algún tiempo después, cuando volvió Jesús a Cafarnaum, se corrió la voz de que estaba en una casa, y se abarrotó de gente de tal manera que no quedaba sitio para nadie más ni siquiera a la puerta. Cuando Jesús estaba dándoles Su mensaje llegó un grupo trayéndole a Jesús a un paralítico al que llevaban entre cuatro. Como no podían llegar hasta Él a causa de la gente, descubrieron una parte de la cubierta de la casa donde estaba, e hicieron un agujero por el que bajaron la camilla con el paralítico. Cuando Jesús vio la fe de ellos le dijo al paralítico:

Hijo, tus pecados se te han perdonado.

Cuando Jesús terminó su campaña en las sinagogas, volvió a Cafarnaum. En seguida se corrió la voz de que había vuelto.

La vida era muy abierta en Palestina. Por la mañana se abría la puerta de las casas, y cualquiera podía entrar o salir. No se cerraba nunca la puerta a menos que se quisieran evitar las visitas. Una puerta abierta era una invitación a todos los que quisieran entrar.

En las casas más humildes, como esta tiene que haber sido, no había recibidor, y la puerta de la calle daba acceso al interior de la casa directamente. Así es que, de pronto, un gentío considerable había abarrotado la casa y se extendía por fuera de la puerta; y todos estaban escuchando atentamente el mensaje de Jesús.

A esta multitud llegó un grupo de hombres que llevaban en una camilla a un amigo suyo que estaba paralítico. No pudieron abrirse paso entre la gente; pero eran personas de iniciativa. La techumbre de las casas de Palestina era plana, como terraza, que se usaba para estar tranquilos y para descansar así es que era corriente que hubiera una escalera exterior p subir. Los materiales de la cubierta se prestaban a lo q , hicieron estos cuatro amigos decididos. La cubierta esta formada por vigas planas que iban de una pared a otra se radas cosa de un metro entre sí. El espacio entre las vigas llenaba de cañizo y de tierra, y la superficie se alisaba por fuera. La mayor parte de la cubierta era de tierra, y no era que creciera la hierba en el tejado de la casa palestina. Fue cosa más fácil del mundo descubrir una parte del relleno en dos vigas, hacer un agujero suficientemente grande y bajar él al enfermo justamente a los pies de Jesús. Aquello no un destrozo considerable, ya que sería fácil dejarlo como esta antes. Cuando Jesús vio la fe que se reía de los obstáculos, de  haber sonreído complacido y comprensivo. Miró al hombre y le dijo: «Hijo, tus pecados se te han perdonado.»

Esta puede parecernos una manera un poco extraña comenzar una cura. Pero en Palestina, en tiempos de Jesús, era natural e inevitable. Los judíos relacionaban necesariamente pecado y el sufrimiento. Creían que si una persona esta sufriendo, sería porque había pecado. Ese era de hecho razonamiento de los amigos de Job. «Piensa ahora, ¿q inocente se pierde? ¿Dónde los rectos son destruidos?> (Jo 4: 7). Los rabinos tenían un dicho: «Ningún enfermo puede curarse hasta que todos sus pecados se le hayan perdonado. Todavía seguimos encontrando estas mismas ideas entre pueblos primitivos. Paul Tournier escribe: «¿Es que no informan los misioneros de que la enfermedad es una deshonra a los ojos del salvaje? Hasta los que se convierten al Cristianismo no osan ir a la comunión cuando están enfermos, porque se consideran rechazados por Dios.» Para los judíos, un enfermo era alguien con quien Dios estaba enfadado. Es verdad que gran número de, enfermedades se deben al pecado; y más verdad todavía que vez tras vez se deben, no al pecado del que padecía enfermedad, sino de otros. Nosotros no establecemos la relación de causa a efecto que hacían los judíos; pero cualquier judío habría estado de acuerdo en qué el perdón de los pecados era condición previa y sine qua non para la curación.

Bien puede ser, sin embargo, que esta historia nos quiera decir más que eso. Los judíos establecían esa relación entre la enfermedad y el pecado, y bien puede ser que en este caso la conciencia del hombre estuviera de acuerdo, y bien puede ser que esa conciencia de pecado hubiera producido de hecho la parálisis. El poder de la mente, especialmente del inconsciente, sobre el cuerpo es sorprendente e innegable.

Los psicólogos citan el caso de una chica que tocaba el piano en un cine en los tiempos del cine mudo. Normalmente se encontraba bien; pero, en cuanto se apagaban las luces, y el local se llenaba del humo de los cigarrillos, empezaba a paralizarse. Ella trataba de combatirlo; pero la parálisis acabó por hacerse permanente, y había que hacer algo. Un examen reveló que no había ninguna causa física. Bajó hipnosis se descubrió que cuando era muy pequeña, una bebé de pocas semanas, estaba acostada en una de aquellas cunas antiguas muy elaboradas, con un lazo de tul por encima de la cara. Su madre se inclinó una vez hacia ella fumando un cigarrillo, y se prendieron los adornos de la cuna. El fuego se apagó inmediatamente, y ella no sufrió ningún daño físico; pero su mente inconsciente recordaba aquel terror. La oscuridad, además del olor del tabaco, actuaba en su inconsciente y le paralizaba el cuerpo -y ella no sabía por qué.

El hombre de esta historia puede ser que estuviera paralítico porque, consciente o inconscientemente, su conciencia le acusaba de que era pecador, y ese pensamiento le produjo la enfermedad que él creía que era la consecuencia inevitable del pecado. Lo primero que Jesús le dijo fue: «Hijo, Dios no está enfadado contigo. No te preocupes.» Era como hablarle con cariño a un chiquillo atemorizado en la oscuridad. La carga del terror de Dios y del alejamiento de Dios desaparecieron de su corazón, y aquel mismo hecho fue decisivo para su curación.

Es una historia preciosa, porque lo primero que Jesús hace por cada uno de nosotros es decirnos:  Hijo, Dios no este enfadado contigo. Vuelve a casa, y no tengas miedo.»

LA PRUEBA IRREFUTABLE

Marcos 2:7-12 Algunos de los maestros de la Ley estaban allí sentados, y se pusieron a cavilar para sus adentros: -¿Cómo puede hablar así este tipo? ¡Está blasfemando! ¿Es que hay alguien que pueda perdonar l pecados más que Dios? Jesús Se dio cuenta inmediatamente en Su interior lo que se les estaba pasando a ellos por la mente, así e, que les dijo: -¿Por qué estáis cavilando en vuestro interior? ¿Que es más fácil, decirle a un paralítico: «Tus pecados está perdonados>, o decirle: «Levántate, carga con tu camilla, y ponte a andar»? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la Tierra para perdonar los pecados -entonces le dijo al paralítico- , esto te lo digo a ti: ¡Levántate, carga con tu camilla y  vete a casa! Y el paralítico se levantó, e inmediatamente cargó con su cama y salió delante de todos ellos. Todos reaccionaron quedándose alucinados, y no dejaban de alabar a Dios ni de repetir: – ¡Esto es algo que no se había visto nunca en la vida!

Jesús, como ya hemos visto, ya había atraído a las multitudes. En consecuencia, también había suscitado la atención de, los responsables oficiales-de los judíos. El Sanedrín era su: tribunal supremo, y una de sus funciones era ser guardián de< la ortodoxia. Por ejemplo: uno de los deberes del Sanedrín era descubrirla los falsos profetas. Aquí parece que el Sanedrín había mandado un comando teológico para comprobar quién era Jesús; y allí estaban en Cafarnaum. Sin duda se habían reservado unos puestos honorables en primera fila, y estaban sentados observando críticamente todo lo que sucedía.

Cuando oyeron a Jesús decirle al paralítico que sus pecados estaban perdonados, aquello los escandalizó en extremo. Era una parte esencial de la fe judía que sólo Dios podía perdonar los pecados. El que una persona pretendiera perdonar pecados era por tanto una blasfemia, y el castigo del blasfemo era morir apedreado (Levítico 24:16). Inmediatamente se dispusieron a lanzarse al ataque en público, pero no le era difícil a Jesús ver lo que se les estaba pasando por la mente. Así es que Él decidió lanzarles un desafío y encontrarse con ellos en su propio terreno. Era la firme creencia de ellos que el pecado y la enfermedad eran inseparables. Una persona enferma era una persona que había pecado; así es que Jesús les preguntó: ¿Qué es más fácil, decirle a este hombre: «Tus pecados están perdonados,» o decirle: «Levántate y  anda»? Cualquier charlatán podría decir: «Tus pecados están perdonados.» No habría posibilidad de demostrar si sus palabras eran verdad o no. Esa afirmación no se podía comprobar de ninguna manera. Pero el decir: «Levántate y anda,» era algo que se podía comprobar inmediatamente si era un farol o una manifestación de un poder más que humano. Así es que Jesús dijo: « ¿Vosotros decís que Yo no tengo derecho a perdonar pecados? ¿Vosotros mantenéis como un artículo de fe que si este hombre está enfermo es porque es un pecador, y no se puede curar hasta que se le perdone? Pues bien, entonces, ¡fijaos en esto!» Entonces Jesús dio la orden, y el hombre fue curado. A los maestros de la Ley les salió el tiro por la culata. Según sus propias creencias oficiales, el hombre no podía curarse a menos que se le perdonaran los pecados. Fue curado, Y por tanto, había sido perdonado. Por tanto, el derecho de Jesús de perdonar pecados tenía que ser auténtico. Jesús tiene que haberlos dejado totalmente boquiabiertos a aquellos maestros de la Ley; y, peor: tiene que haberlos dejado con rabia tanto mayor cuanto impotente. Ahí tenían un problema que tenían que resolver; si la cosa continuaba, toda su religión ortodoxa se colapsaría y destruiría. En este incidente Jesús firmó Su propia sentencia de muerte a sabiendas.

Por todo lo cual este es un incidente sumamente difícil ¿Qué quiere decir que Jesús puede perdonar el pecado? Hay tres posibles maneras de considerar esto.

(i) Podemos tomarlo en el sentido de que Jesús estaba comunicando a los hombres el perdón de Dios. Después de t reprensión de Natán, David reconoció su pecado con temor;: el profeta le dijo: «El Señor ha perdonado tu pecado; morirás» (2 Samuel 12:1-13). Natán no le perdonó su pecado a David, sino le comunicó el perdón de Dios, y le dio como señal de la seguridad del perdón el hecho de que no moriría Así podemos decir que lo que Jesús hizo fue asegurarle al hombre el perdón de Dios, comunicándole algo que Dios y le había concedido. Esto es indudablemente cierto; pero no parece agotar toda la verdad.

(ii) Podríamos tomarlo como que Jesús estaba actuando como representante de Dios. Juan dice: «El Padre no juzga nadie, sino que ha dejado todo el juicio al Hijo» (Juan 5:22). Si se Le ha encargado del juicio a Jesús, también se Le tiene que haber encargado del perdón. Tomemos una analogía humana. Las comparaciones son siempre imperfectas, pero no podemos prescindir de ellas. Una persona puede darle a otra unos poderes notariales. Eso quiere decir que le ha confiado sus bienes y propiedades. Está conforme con lo que su representante haga en su nombre, y que las acciones de su representante se consideren tan vinculantes como si fueran realizadas por él mismo. Podemos tomarlo como que eso es lo que Dios hizo con Jesús: delegar en Él Sus poderes y privilegios de tal manera que la palabra de Jesús no fuera menos que la palabra de Dios mismo.

(iii) Podemos tomarlo todavía en otro sentido. Toda la esencia de la vida de Jesús es que en Él se nos muestra claramente la actitud de Dios para con los hombres. Ahora bien, esa actitud era todo lo contrario de lo que la gente había pensado antes que era la actitud de Dios. No era una actitud de justicia hosca, severa, austera, ni una actitud de constante demanda. Era una actitud de perfecto amor de un corazón anhelante de perdonar.

Veamos de nuevo una analogía humana. Lewis Hind nos cuenta en uno de sus ensayos cómo descubrió realmente el amor de su padre. Él siempre había respetado y admirado a su padre; pero siempre le había tenido un poco de miedo. Un domingo estaba en la iglesia con su padre. Hacía un calor pegajoso. Él empezó a sentir cada vez más sueño, hasta el punto de que no podía mantener los   ojos abiertos, y se le caía la cabeza hacia adelante. Las olas del sueño amenazaban anegarle totalmente. Vio levantarse el brazo de su padre hacia él, y creyó que le iba a zarandear o a golpear; y entonces vio a su padre sonreirle cariñosamente y rodearle con su brazo. Le estrechó con ternura para que pudiera descansar sin caerse de lado o hacia adelante, y le mantuvo así abrazado cariñosamente. Aquel día descubrió Lewis Hind que su padre no era como él había pensado, y que su padre le amaba. Eso es lo que Jesús hizo por nosotros y por Dios. Literalmente trajo a la humanidad el perdón de Dios. Sin Él, no habríamos tenido nunca ni la más remota idea acerca de Dios. «Yo os digo -nos dijo-, y os lo digo aquí y ahora en la Tierra, que estáis perdonados.» Jesús mostró perfectamente la actitud de Dios hacia la humanidad. Él podía decir: « Yo perdono,» porque en Él Dios estaba diciendo: «Yo perdono.»

INVITANDO AL QUE TODOS ODIABAN

Marcos 2:13s Así es que Jesús salió otra vez a la orilla del lago, y toda la gente salió a buscarle, y Él siguió enseñándoles. Cuando iba andando por allí vio a Leví hijo de Ale sentado en la cabina donde se pagaban las aduanas,: le dijo:

– ¡Sígueme!

Y Leví se levantó y siguió a Jesús.

Cautelosa e inexorablemente la puerta de la sinagoga se le iba cerrando a Jesús. Los guardianes de la ortodoxia judía L habían declarado la guerra. Ahora Jesús enseñaba, no en l sinagoga, sino a la orilla del lago. Su iglesia estaría al aire libre sin más techumbre que el cielo azul, y con la colina o la barca de pesca como púlpito. El Hijo de Dios fue excluido de lo que se consideraba la casa de Dios.

Jesús iba paseando por la orilla del lago y enseñando. Esa era una de las maneras más corrientes de enseñar que tenía los rabinos. Cuando los rabinos judíos iban de camino de u lugar a otro o se daban un paseo al aire libre, sus discípulos se agrupaban a su alrededor andando con ellos y escuchando la que les decían. Jesús estaba haciendo lo que cualquier rabino.

Galilea era uno de los grandes centros de comunicaciones del mundo antiguo. Se ha dicho que  Judea no estaba de camino a ningún sitio; Galilea estaba de paso a todo el mundo. Palestina era una tierra puente entre Europa y África; todo el tráfico terrestre tenía que pasar por ella. La gran carretera del mar iba desde Damasco, pasando por Galilea, por Cafarnaum, por debajo del Carmelo, a lo largo de la llanura de Sarón, pasando por Gaza y hacia Egipto. Era una de las grandes carreteras del mundo. Otra carretera iba desde Acre en la costa, atravesaba el Jordán y seguía hacia Arabia y las fronteras del imperio, una carretera transitada constantemente por regimientos y caravanas.

Palestina estaba dividida por aquel tiempo. Judea era una provincia romana bayo un procurador romano; Herodes Antipas, uno de los hijos de Herodes el Grande, gobernaba Galilea; el territorio hacia el Este que incluía Gaulonítida, Traconítila y Batanea, era gobernado por Felipe, otro de los hijos de Herodes. De camino entre el territorio de Felipe y el de Herodes, Cafarnaum era la única población que encontraba el viajero. Por tanto, era como un pueblo fronterizo; y de ahí que fuera también un centro aduanero. En aquellos días se pagaban impuestos de importación y exportación, y Cafarnaum tiene que haber sido un lugar donde se cobraban. Allí era donde trabajaba Mateo. Es verdad que él no estaba, como Zaqueo, al servicio de los romanos; era un funcionario de Herodes Antipas; pero era igualmente un odiado publicano. (La versión Reina-Valera sigue usando esta palabra heredada de la Vulgata via Biblia del Oso y otras traducciones de la Reforma. Publicano, del latín publicanus, era centre los romanos, arrendador de los impuestos o rentas públicas y de las minas del estado», como dice el D.R.A.E.).

Esta historia nos revela algunas cosas tanto de Mateo como de Jesús.

(i) Mateo era un hombre muy odiado. Los cobradores de impuestos nunca son populares en ninguna comunidad, pero en el mundo antiguo eran odiados. La gente no sabía nunca exactamente cuánto tenía que pagar; los cobradores de impuestos les sacaban todo lo que podían y se forraban los bolsillos con el extra que les quedaba después de pagar al estado la parte convenida. Hasta un escritor griego como Luciano asocia a los cobradores de impuestos con «adúlteros, alcahuetes, aduladores y sicofantas.» Jesús quiso al que nadie quería. Le ofreció Su amistad al que todos se habrían avergonzado de considerar su amigo.

(ii) Mateo tiene que haber sido en aquel momento un hombre con un gran vacío en el corazón. Tiene que haber oído acerca de Jesús, o probablemente había escuchado Su mensaje desde el borde de la multitud; y algunas veces tiene que haberle vibrado el corazón. No podría haberse dirigido a los buenos ortodoxos de su tiempo. Para ellos eran inmundo y se habrían negado a relacionarse con él. Hugh Redwood nos cuenta la historia de una mujer que vivía en el distrito de los astilleros de Londres, que venía a la reunión de señoras. Había estado viviendo con un chino, y te un bebé mestizo que llevaba con ella. Le gustaba la reuní y volvía una y otra vez. Entonces el pastor se dirigió a ella t le dijo: < Debo pedirle que no vuelva por aquí.» La mujer l devolvió la pregunta con la mirada; y él le contestó: « otras mujeres dicen que dejarán de venir si usted continua viniendo.» Ella se le quedó mirando con una sorpresa dolorida y le dijo: «Señor, ya sé que soy una pecadora; ¿pero no hay ningún sitio adonde pueda ir una pecadora?» Afortunadamente el Ejército de Salvación encontró a aquella mujer y la rescató para Cristo.

Eso era precisamente lo que Mateo tenía que arrostrar h que encontró a Uno que vino al mundo a buscar y a salvar 1 que se había perdido.

(iii) Esta historia nos dice algo acerca de Jesús. Fue cuando iba paseando por la orilla del lago cuando llamó a Mateo. Como decía un gran profesor: «Hasta cuando estaba dándose un paseo estaba buscando oportunidades.» Jesús no estaba nunca fuera de servicio. Si podía encontrar a una persona para Dios mientras se estaba dando un paseo, la encontraba. ¡Qué cosecha. podríamos reunir si buscáramos gente para Cristo cuando vamos andando por ahí!

(iv) De todos los discípulos, Mateo fue el que renunció a más. Literalmente lo dejó todo para seguir a Jesús. Pedro y Andrés, Santiago y Juan podían volver a la pesca. Siempre habría peces que pescar y siempre podrían volver a su antiguo trabajo; pero Mateo quemó las naves definitivamente. En una sola acción, en un momento del tiempo, con una rápida decisión, se excluyó de su trabajo para siempre; porque una vez que se dejaba el trabajo de cobrador de impuestos, ya no se podía recuperar. Requiere un gran hombre el hacer una gran decisión; y sin embargo, a toda vida le llega el momento de decidir.

Cierto hombre famoso tenía la costumbre de darse largos paseos por el campo en Dartmoor. Cuando llegaba a un arroyo demasiado ancho para cruzarlo fácilmente, lo primero que hacía era tirar la chaqueta al otro lado. Así se comprometía a no darse la vuelta. Hacía la decisión de pasar al otro lado, y se aseguraba de no claudicar.

Mateo fue un hombre que se lo jugó todo por Cristo, y no se equivocó.

(v) De su decisión sacó Mateo por lo menos tres cosas.

(a) Salió con las manos limpias. Desde aquel momento podía mirarle a la cara a todo el mundo. Puede que fuera mucho más pobre, y que la vida le resultara mucho más dura, y que se le acabaran los lujos y las comodidades; pero desde`aquel momento tuvo las manos limpias; y, porque tenía las manos limpias, tenía la mente en paz.

(b) Perdió un trabajo, pero consiguió otro mucho mejor. Se ha dicho que Mateo lo dejó todo menos una cosa: la pluma. Los investigadores no creen que el Primer Evangelio, tal como lo tenemos ahora, sea obra de Mateo; pero sí creen que incorpora uno de los más importantes documentos de toda la Historia, el primer compendio escrito de las enseñanzas de Jesús, y que ese documento sí fue escrito por Mateo. Con su mente ordenada, su manera metódica de trabajar, su familiaridad con la pluma, Mateo fue el primer hombre que le dio al mundo un libro de las enseñanzas de Jesús.

(c) Lo curioso es que la decisión repentina de Mateo le proporcionó la única cosa que estaría buscando – le trajo una fama inmortal y universal. Todo el mundo conoce el nombre de Mateo como el de uno que hizo posible que se conociera la historia de Jesús. Si Mateo se hubiera negado a aceptar la llamada de Jesús, se le habría recordado localmente por un cierto tiempo como seguidor de una profesión despreciable que todos odiaban; al aceptar la llamada de Jesús ganó una fama internacional como el hombre que nos dejó el primer compendio de las enseñanzas de Jesús. Dios nunca se queda corto con el que se lo juega todo por Él.

DONDE ES MAYOR LA NECESIDAD

Marcos 2:15-17 Jesús era uno de los comensales en casa de Leví; muchos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados con Jesús y Sus discípulos, porque eran muchos los que buscaban Su compañía. Cuando los maestros de la Ley, que pertenecían a escuela de los fariseos, vieron que Jesús estaba comiendo en compañía de pecadores y cobradores de impuestos, empezaron a decirles a Sus,discípulos: – ¡Es con cobradores de impuestos y pecadores con los que está comiendo y bebiendo vuestro Maestro!

Jesús los oyó, y dijo:

Los que necesitan un médico no son los que disfrutan de buena salud, sino los que están enfermos. Y no he venido a invitar a los que creen que no tiene defectos, sino a los que saben que son pecadores.

Una vez más Jesús está lanzando el guante del desafío a los escribas y los fariseos. Cuando Mateo se entregó a Jesús, Le invitó a su casa. Le parecía lo más natural, una vez que había descubierto a Jesús por sí mismo, el compartir su gran descubrimiento con sus amigos -y sus amigos eran como él. No podían ser de otra= manera. Mateo había escogido un trabajo que le excluía de la sociedad de todas las personas ortodoxas y respetables, y había tenido que buscar sus amigos entre los marginados como él. Jesús aceptó encantado aquella invitación; y aquellos marginados de la sociedad decente buscaron Su compañía.

No hay nada que pueda mostrar mejor la diferencia que había entre Jesús, y los escribas y los fariseos y las buenas personas ortodoxas de Su tiempo. Estos no eran la clase de gente cuya compañía habría buscado un pecador. Le habrían mirado sin una actitud de condenación y de superioridad arrogante. Se le habrían helado hasta los huesos en tal compañía aun antes de ser admitido en ella.

Había una clara diferencia entre los que guardaban la Ley y los que aquellos llamaban la gente de la tierra, que eran las personas corrientes que no cumplían todas las reglas y normas de los escribas. Los primeros tenían prohibida toda relación con los segundos en absoluto. No debían hablar con ellos, ni hacer un viaje con ellos. El casar a una hija con uno de ellos les parecía tan horrible como entregársela a una fiera. No debían aceptar hospitalidad de ninguno de ellos ni ofrecérsela. Por el hecho de ir a la casa de Mateo y sentarse a la mesa en compañía de aquella gente, Jesús estaba desafiando los convencionalismos ortodoxos de Su tiempo.

No tenemos que suponer ni por un momento que todas esos fueran pecadores en el sentido moral de la palabra. La palabra pecador (hamartólós) tenía dos significados. Quería decir una persona que quebrantaba la Ley moral; pero también querían decir una persona que no cumplía la ley de los escribas. El hombre que cometía adulterio y el que comía cerdo eran pecadores los dos; el que era culpable de robo o asesinato y el que no se lavaba las manos todas las veces que requería el ritual eran ambos pecadores. Entre los invitados de Mateo probablemente habría muchos que habían quebrantado la Ley moral y que iban por libres en la vida; pero sin duda se incluían muchos cuyo único pecado era que no observaban las reglas y normas de los escribas.

Cuando acusaron a Jesús de conducta escandalosa, Su respuesta fue muy sencilla: Un médico -dijo- va donde se le necesita. La gente que goza de buena salud no le necesita, y sí los enfermos. Eso es lo que hago Yo: voy a los que están enfermos del alma y más Me necesitan.

El versículo 17 está muy concentrado. A primera vista parece como si Jesús no tuviera interés en las buenas personas; pero el detalle es que la única persona por la que Jesús no puede hacer nada es la que se considera tan buena que no necesita nada de Él; y la única persona por la que Jesús puede hacerlo todo es la persona que es y se sabe _ pecadora, y anhela de corazón la cura. No tener ningún sentido de necesidad es haber erigido una barrera entre nosotros y Jesús; te un sentimiento de necesidad es poseer el pasaporte a Su presencia.

La actitud de los judíos ortodoxos para con los pecado se componía realmente de dos cosas.

(i) Se componía de desprecio. «El hombre ignorante de la Ley -decían los rabinos- no puede nunca ser piadoso.» El filósofo griego Heráclito era un aristócrata arrogante. Un cierto Escitino se propuso poner en verso los discursos de Heráclito ‹› para que la gente menos intelectual pudiera leerlos y entenderlos. La reacción de Heráclito se plasmó en un epigrama «Heráclito soy. ¿Por qué me arrastráis arriba y abajo, vosotros ignorantes? No fue para vosotros para los que yo trabajé, si para los que me entienden. Uno de ellos a mis ojos vale treinta mil, mientras que las hordas innumerables no valen que uno de ellos.»

La masa no le inspiraba más que desprecio Los escribas y los fariseos despreciaban a las personas corrientes; Jesús las amaba. Los escribas y los fariseos se colocaban en sus pequeños pedestales de piedad ritualista, y miraban por encima del hombro al pecador; Jesús se acercaba a él, y sentarse a su lado le elevaba.

(ii) Se componía de miedo. Los judíos ortodoxos le tenía un miedo terrible al contagio del pecado; tenían miedo de que se les pegara algo malo del pecador. Eran como un médico que se negara a tratar un caso de enfermedad infecciosa no fuera que la contrajera. Jesús era Uno que se olvidaba de Sí mismo en Su gran deseo de salvar a otros. C. T. Studd, el gran misionero de Cristo, tenía un epigrama de cuatro versos que le encantaba citar:

Hay quienes quieren vivir en el radio
que alcanzan las campanas de su iglesia;
yo tengo mi servicio de rescate
a un palmo del infierno.

El que tiene desprecio y miedo en el corazón no puede ser nunca pescador de hombres.

LA GOZOSA COMPAÑÍA

Marcos 2:18-20 Los discípulos de Juan tenían costumbre de ayunar, lo mismo que dos fariseos. Así es que vinieron a Jesús y Le preguntaron: -¿ Cómo es que los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y los Tuyos no?

-No cabe duda -les contestó Jesús- que los que están convidados a una boda no se ponen a ayunar cuando el novio está con ellos. Mientras tienen al novio, no ayunan. Pero sucederá que algún día el novio les será arrebatado; y entonces, ese día ayunarán. Entre los judíos más estrictos, el ayuno era una práctica regular. En la religión judía había solamente un día de ayuno obligatorio, el del Día de la Expiación. El día que la nación entera confesaba su pecado y recibía el perdón era El Ayuno por excelencia. Pero los judíos estrictos ayunaban dos días por semana, los lunes y los jueves. Conviene notar que el ayuno no era tan serio como parece, porque duraba desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, y después se podía comer normalmente.

Jesús no estaba en contra del ayuno como tal. En el Sermón del Monte lo incluyó entre los pilares de la piedad juntamente con la oración y la limosna (Mateo 6:1-18). Hay muy buenas razones para practicar el ayuno. Uno puede abstenerse de cosas que le gustan por mor de la disciplina personal, para estar seguro de que las domina, y no ellas a él; para estar seguro de no llegar a depender~de ellas tanto como para no poder vivir sin ellas. Puede negarse por algún tiempo comodidades y cosas agradables para poder apreciarlas aún más. Una de las mejores maneras de aprender a apreciar nuestros hogares es tener pasar algún tiempo fuera de ellos; y una de las mejores maneras de apreciar los dones de Dios es prescindir de ellos por al tiempo.

Estas son buenas razones para ayunar. Lo malo de fariseos era que en demasiados casos ayunaban por exhibicionismo, para llamar la atención de la gente a su piedad. Llegaban hasta a pintarse la cara de blanco y salir descuidadamente vestidos los días de ayuno para que no se pudiera por menos de notar que estaban ayunando, y para que todos observaran y admiraran su devoción. Era para llamar la atención de D› a su piedad. Creían que ese acto especial de piedad extra h que Dios se fijara en ellos. Su ayuno era un rito y un ritual exhibicionismo. Para tener algún valor, el ayuno no debe ser rito; debe ser la expresión de un sentimiento del corazón. Jesús usó una alegoría gráfica para decirles a Sus objeto por qué Sus discípulos no ayunaban.

Después de una boda judía, la pareja no se iba para la luna de miel, sino se queda en casa. Durante una semana o así mantenían su casa abierta y estaban de fiesta y de celebración. En un tiempo en que vida era tan dura, la semana de la boda era la más feliz de 1 vida de una persona. Los más íntimos amigos y amigas de lo novios estaban invitados aquella semana; y se los llamaba  los hijos del tálamo nupcial.» Jesús comparó Su pequeña compañía con los hijos del tálamo nupcial, los huéspedes especiales e una fiesta de bodas. Había una disposición rabínica concreta que decía: «Todos los que están al servicio del novio queda relevados de todas las prácticas religiosas que hubieran reducido su alegría.» Los invitados a una boda estaban exentos de, ayunar.

Este incidente nos dice que la actitud característicamente cristiana en la vida es la alegría. El descubrir a Cristo y el estar en Su compañía es la clave de la felicidad. Hubo un famoso criminal japonés llamado Tockichi Ishii. Era un despiadado total y bestial. Había asesinado brutalmente a hombres, mujeres y niños en su carrera de crímenes. Le detuvieron y metieron en la cárcel. Dos señoras canadienses le visitaron en la prisión. No consiguieron hacerle hablar; solamente las observaba con un gesto de fiera. Cuando se marcharon le dejaron un ejemplar de la Biblia con la esperanza de que la leyera. El la leyó, y la historia de la Crucifixión de Jesús le hizo un hombre cambiado.  Más tarde, cuando llegó el carcelero a llevar al condenado a la ejecución, no encontró al bruto endurecido y hosco que esperaba, sino a un hombre con una sonrisa radiante. Porque el asesino había nacido de nuevo.» La señal de su nuevo nacimiento era una sonrisa radiante. La vida que se vive en Cristo no puede ser más que una vida de alegría.

Pero el pasaje termina con un presagio nebuloso. Sin duda cuando Jesús habló del día en que se les había de arrebatar el novio, sus amigos no Le entendieron en aquel momento. Pero aquí, tan al principio de Su carrera, Jesús ya veía la Cruz que Le esperaba. La muerte no Le pillaría desprevenido; ya Él había contado el precio y escogido el camino. Aquí tenemos el verdadero coraje en acción; aquí tenemos la figura de un Hombre que no se aparta del camino aunque al final de él Le espere una Cruz.

SE NECESITA UNA MENTE JOVEN

Marcos 2:21s No se cose un remiendo de tela nueva en una ropa vieja; porque si se hace eso el trozo que se suponía que taparía el agujero lo rasga más todavía, tirando lo nuevo de lo viejo, ¡y el desgarrón se hace peor! Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos; porque el vino reventaría los odres, y se perderían tanto el vino como los odres. ¡El vino nuevo requiere odres nuevos!

Jesús sabía muy bien que había venido con un medio alucinantemente nuevo; y también sabía que su manera de predicar era alucinantemente diferente de la de un rabino ortodoxo. También sabía lo difícil que les es a las mentes humanas aceptar y retener una verdad nueva; y usa aquí dos ilustraciones para mostrar lo necesario que es tener una mente abierta. Nadie tuvo jamás un don comparable al de Jesús de descubrir y utilizar ilustraciones hogareñas. Una y otra encuentra en las cosas sencillas caminos e indicadores que apuntan a Dios. No ha habido nadie tan experto en guiar «aquí y ahora» al «allí y entonces.» Para Jesús la Tierra es henchida de Cielo. Jesús vivía tan cerca de Dios que todo hablaba de Dios.

Alguien ha dicho que los sábado por la tarde solía ir a dar un paseo por el campo con uno de los más famosos predicadores escoceses. Tenían largas conversaciones. Hablando de ellas después, decía: «De cualquier tema en que empezara nuestra conversación, él siempre encontraba el atajo que conducía a Dios.» Dondequiera que Jesús fijaba la mirada veía un destello de Dios.

(i) Jesús nos habla aquí del peligro de coser un remiendo de tela nueva en una ropa vieja. La palabra que se usa aquí quiere decir que la tela nueva no se había lavado nunca, y por tanto no había encogido; así que, cuando la ropa se mojó por la lluvia o por lo que fuera, el remiendo encogió, y como era mucho más fuerte que la tela vieja, la rasgó todavía más. Llega un momento cuando ya no se pueden seguir poniendo parches y hay que plantearlo todo de nuevo. En los tiempos de Lutero ya no era posible remendar más los abusos de la Iglesia Católica Romana. Había llegado el momento de la Reforma. En tiempos de John Wesley, por lo menos para él, el tiempo de remendar la Iglesia de Inglaterra había pasado. No quería salirse, pero al final tuvo que hacerlo, porque sólo una nueva manera de vivir la vida cristiana podía bastar. Puede ser que haya veces que tratemos de. poner parches, cuando lo que se necesita es prescindir totalmente de lo viejo y aceptar totalmente lo nuevo,.

(ii) El vino se guardaba en odres. Cuando los odres eran nuevos tenían una cierta elasticidad; pero al hacerse viejos se ponían duros y no cedían. El vino nuevo está todavía fermentando; produce gases; estos gases producen presión; si el odre es nuevo cede a la presión, pero si es viejo y duro y seco se revienta, y el vino y el odre se pierden irremisiblemente. Jesús estaba recomendando una cierta elasticidad de mente. Es fatalmente fácil plantarse en las cosas viejas. J. A Findlay cita el dicho de uno de sus amigos: Cuando llegas a una conclusión, estás muerto.» Lo que quería decir era que cuando nuestras mentes se fijan y establecen y adoptan posturas inmovilistas, cuando se vuelven incapaces de aceptar nuevas verdades y de contemplar nuevas posibilidades, puede que estemos físicamente vivos, pero estamos mentalmente muertos.

Conforme nos vamos haciendo más viejos, casi todos desarrollamos un rechazo instintivo de todo lo que es nuevo y no nos resulta familiar. Nos volvemos reacios a hacer cualquier ajuste en nuestros hábitos y formas de vida. Lesslie Newbigin, que estuvo implicado en las discusiones que dieron origen a la Iglesia Unida de la India del Sur, nos cuenta que una de las cosas que más detenían las cosas era que algunos no hacían más que preguntar: «Pero, si hacemos eso, ¿adónde vamos a parar?» Al final, alguien tenía que decir tajantemente: « El cristiano no tiene derecho a preguntar adónde va.» Abraham salió sin saber adónde iba (Hebreos 11:8). Hay un gran versículo en ese mismo capítulo de Hebreos: «Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre el extremo de su bastón» (Hebreos 11:21). Con el aliento de la muerte ya sobre él, el viejo viajero todavía tenía el bordón de peregrino en la mano. Hasta el fin del día, con el ocaso a la vista, seguía dispuesto a emprender el camino. Si vamos a ponernos de veras a la altura del desafío cristiano debemos conservar la mente aventurera. Yo recibí una vez una carta que terminaba: « Tu amigo de 83 años, todavía creciendo…» -Y con las inescrutables riquezas de Cristo por delante, ¿por qué no?

PIEDAD, VERDADERA Y FALSA

Marcos 2:23-28 Cierto sábado, Jesús iba pasando por unos trigales. Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas cuando iban pasando por allí y a comerse los granos. Los fariseos empezaron a decirle a Jesús: – ¡Fíjate! ¿Por qué están haciendo lo que no es permitido hacer en sábado?

-¿Es que no habéis leído nunca – les contestó, Jesús- lo que hizo David cuando él y sus amigos estaban necesitados y hambrientos? ¿No habéis leído nunca entró en la Casa de Dios, cuando Abiatar era el s sacerdote, y comió los panes de la proposición, que podía comer nadie más que los sacerdotes, y les dio también a sus amigos? El sábado -continuó diciéndoles Jesús- se hizo para el servicio de las personas; no las personas para el servicio del sábado. Por tanto el Hijo del Hombre también es el Señor del sábado.

Una vez más Jesús entró en conflicto con las reglas y normas de los escribas. Cuando Él y Sus discípulos iban pasando por unos trigales en sábado, Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cualquier otro días de la semana aquello estaba totalmente permitido (Deuteronomio 23:25). Siempre que el viajero no usara una hoz, podía` arrancar las espigas. Pero esto lo hicieron un sábado, y el, sábado estaba terminantemente prohibido hacer ningún trabajo. Los trabajos se clasificaban en treinta y nueve categorías diferentes, que se llamaban  los trabajos padres, cuatro de los cuales eran segar, aventar, trillar y preparar una comida. Con su acción, los discípulos eran culpables de haber quebrantado estas cuatro prohibiciones. A nosotros nos parecerá algo fantástico; pero para los rabinos judíos era una cuestión de pecados mortales y de vida o muerte. Los fariseos aprovecharon inmediatamente la ocasión para acusar a los discípulos de Jesús de quebrantar la Ley. Sin duda esperaban que Él los parara inmediatamente. Pero Jesús les contestó en su propio lenguaje. Citó la historia que se cuenta en 1 Samuel 21:1-6. David iba huyendo para salvar la vida; llegó al tabernáculo de Nob; pidió algo de comida, y no había más que los panes de la proposición. Éxodo 25:23-30 nos dice lo que era este pan. Consistía en doce panes que se colocaban en una mesa de oro de un metro de longitud por medio de anchura y medio de altura. La mesa estaba en el tabernáculo delante del lugar santísimo, y los panes eran una especie de ofrenda a Dios. Se cambiaban una vez por semana; los que se retiraban podían comerlos los sacerdotes, pero nadie más (Levítico 24:9). Sin embargo entonces, en su necesidad, David y sus amigos comieron de aquel pan. Jesús mostró que la misma Escritura contiene un precedente de que la necesidad humana tiene prioridad aun sobre la Ley divina.

El sábado -les dijo- fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.» Era evidente: El ser humano fue creado antes de que se promulgaran las elaboradas leyes del sábado. El ser humano no fue creado para ser la víctima y el esclavo de las reglas y .normas sabáticas, que se hicieron en un principio para hacerles la vida mejor y más fácil a las personas. El hombre no debe ser un esclavo del sábado, que existe realmente para su bien. Este pasaje nos enfrenta con algunas verdades esenciales que sería peligroso olvidar.

(i) El Cristianismo no consiste en cumplir normas y reglas. Vamos a referirnos a un asunto parecido al de este pasaje evangélico. La observancia del Día del Señor -es lo que quiere decir la palabra domingo- es importante; pero si el Cristianismo consistiera en no trabajar e ir a misa o al culto el domingo, rezar o leer la Biblia y abstenerse de ciertas cosas, ser cristiano sería muy fácil. Siempre que nos olvidamos del amor y del perdón y del servicio y de la misericordia que son el corazón del Cristianismo, y los sustituimos por el cumplimiento de reglas y normas, el Cristianismo ha perdido su esencia. Cristianismo siempre ha consistido mucho más en hacer cosas que en abstenerse de hacer cosas.

(ii) La primera obligación es la de atender a la necesidad humana. Hasta todos los catecismos y las confesiones de admiten que es perfectamente legal en el Día del Señor cumplimiento del deber y la práctica de las buenas obras y misericordia. Si la religiosidad de una persona no la mueve ~i ayudar a los que están en necesidad, su religión no merece nombre. La gente importa más que los sistemas; las persona. son mucho más importantes que el ritual; la mejor manera honrar a Dios es ayudar a nuestros semejantes.

(iii) La mejor manera de usar las cosas santas es usarlas para ayudar a nuestros semejantes necesitados. En realidad, esa es, la única manera de dedicarle las cosas a Dios. Una de las historias más encantadoras es la de El Cuarto Rey Mago. Se llamaba Artabán. Había decidido seguir la estrella, y llevaba un zafiro, un rubí y una perla de precio incalculable como regalos para el Rey. Iba cabalgando a toda prisa. para encontrarse en el lugar convenido con sus, tres amigos Melchor, Gaspar y Baltasar. Iba con el tiempo justo; le dejarían atrás si llegaba tarde. Pero de pronto vio una figura confusa en el suelo por delante de él. Era otro viajero, que había contraído unas fiebres. Si Artabán se detenía a ayudarle, perdería a sus amigos. Y se detuvo a ayudar al necesitado hasta que se puso bueno. Pero ahora estaba solo. Necesitaba camellos y mozos que le ayudaran a cruzar el desierto, porque había perdido a sus amigos y su caravana. Tuvo que vender el zafiro para cubrir sus necesidades; Le dio pena que esa preciosa joya no fuera para su Rey. Siguió su viaje, y a su debido tiempo llegó a Belén; pero de nuevo era demasiado tarde. José y María y el Niño se habían ido. Entonces llegaron los soldados para cumplir las crueles órdenes de Herodes y matar a todos los niños. Artabán estaba en una casa en la que había un niño. Los soldados llegaron a la puerta. Se oía a las otras madres llorar su desconsuelo. Artabán se puso a la puerta, alto y oscuro de piel como era, con el rubí en la mano, y sobornó al capitán para que no entrara. Así se salvó el niño de la casa, y la madre estaba gozosa; pero Artabán ya no tenía el rubí para su Rey. Durante años vagó por todas partes buscando en vano a su Rey. Más de treinta años después llegó a Jerusalén. Había una crucifixión aquel día. Cuando Artabán se enteró de que era a Jesús al Que iban a crucificar, comprendió que era su Rey, y se dirigió a toda prisa al Calvario. Podría ser que su perla, la más maravillosa del mundo, pudiera comprar la vida del Rey. Calle abajo corría una joven huyendo de un grupo de soldados. « ¡Mi padre tiene deudas -gritaba-, y me van a vender como esclava para pagarlas! ¡Sálvame!» Artabán vaciló un instante; pero en seguida sacó la perla, y se la dio a los soldados para comprar la libertad de la joven. De pronto los cielos se oscurecieron. Hubo un terremoto, y una piedra volante le golpeó a Artabán en la cabeza. Cayó medio inconsciente en el suelo, y la chica le sujetó la cabeza en su regazo. De pronto, él empezó a mover los labios: « No, Señor, ese no puedo ser yo; porque ¿cuándo Te he visto hambriento y te he dado de comer? ¿O sediento y Te he dado de beber? ¿Cuándo Te he recibido cuando eras forastero? ¿O desnudo y Te he vestido? ¿Cuándo he sabido que estabas en la cárcel y he ido a visitarte? Llevaba treinta y tres años buscándote; pero no había visto nunca Tu rostro, ni Te he prestado ningún servicio, mi Rey. Y entonces se oyó una voz, como un susurro que llegara de muy lejos: « De cierto te digo, que en cuanto lo has hecho con Mis hermanos necesitados, Me lo has hecho a Mí. Y Artabán sonrió al morir, porque supo que el Rey había recibido sus dones.

La mejor manera de consagrarle cosas a Dios es usándolas para ayudar a los necesitados. Se ha sabido de niños a los que no se permitía entrar en una iglesia porque era un monumento y estaba llena de cosas valiosas. Desgraciadamente puede que una iglesia esté más preocupada por la solemnidad de su ritual que de ayudar a los humildes y aliviar a los pobres. Pero las cosas realmente sagradas se deben usar para remediar el dolo y la necesidad. Los panes de la proposición no fueron nunca tan sagrados como cuando se usaron para alimentar a un hambrientos.
El sábado no fue nunca tan sagrado como cuan se usó para ayudar a los necesitados. El árbitro final acerca del uso de todas las cosas es el amor y no la ley.
La necesidad del paralítico movió a sus amigos a la acción y lo llevaron a Jesús. ¿Actúa cuando reconoce la necesidad de alguien? Muchas personas tienen necesidades físicas y espirituales que usted puede suplir por usted mismo o junto con otros que también tienen compasión o interés en el caso. La necesidad humana movió a estos cuatro hombres. Deje que otras necesidades también le conduzcan a usted a una acción compasiva.

Las casas en los tiempos bíblicos se construían de piedra. Tenían techos planos hechos con barro mezclado con paja, y escaleras exteriores que conducían al techo. Estos amigos quizás llevaron al inválido por las escaleras exteriores hasta el techo. Allí, fácilmente, pudieron haber roto el techo de lodo y paja para bajar a su amigo hasta donde estaba Jesús.

En lugar de decirle al paralítico: “Estás sano”, Jesús le dijo: “Tus pecados te son perdonados”. Para los líderes judíos era una blasfemia pretender hacer algo que solo Dios podía hacer. De acuerdo a la Ley judía, este pecado merecía la muerte (Lev_24:15-16).

Los líderes religiosos entendieron muy bien que Jesús afirmaba que era el Mesías, pero el juicio que emitieron fue erróneo. Jesús no blasfemó, porque lo que dijo era cierto. Jesús es Dios y lo demostró sanando al paralítico (Lev_2:9-11).

Esta es la primera vez en Marcos que Jesús se refiere a sí mismo como el “Hijo del Hombre”. El título Hijo del Hombre enfatiza que es totalmente hombre, mientras que Hijo de Dios (véase como ejemplo Joh_20:31) enfatiza que es totalmente Dios. Como Hijo de Dios, Jesús tiene la autoridad de perdonar pecados. Como hombre, puede identificarse con nuestras profundas necesidades y sufrimientos y ayudarnos a vencer el pecado (véase la nota a 8.29-31).

Leví es otro nombre con el que se conoce al discípulo Mateo, el que escribió el Evangelio que lleva su nombre. Si desea más información acerca de Mateo, véase su perfil en Mateo 9.

Capernaum era un centro militar clave para las tropas romanas, así como una floreciente comunidad comercial. Varios caminos de importancia se cruzaban en Capernaum y por ellos pasaban los comerciantes que viajaban a Egipto, en el sur, o a Mesopotamia, en el norte.

Leví (Mateo) era un judío nombrado por los romanos para recolectar impuestos en aquella zona. Recaudaba no solo de los habitantes de la ciudad, sino también de los comerciantes que pasaban por la misma. El sistema establecía que estos funcionarios podían quedarse con un porcentaje de los impuestos que cobraban, pero se quedaban con mucho más, con lo que se enriquecían desmesuradamente. Los judíos odiaban a los cobradores de impuestos por su fama de estafadores y por estar al servicio de Roma. A los judíos les dolía pensar que parte del dinero recolectado era para financiar religiones y templos paganos.

El día que Leví se encontró con Jesús, organizó una reunión en su casa para presentarlo. No desperdició ni un minuto en empezar a testificar. Algunas personas creen que los nuevos creyentes deben esperar, madurar o recibir preparación antes de empezar a hablar de Cristo. Pero como Leví, los nuevos creyentes deben enseguida hablar a otros de su fe, sea cual fuere el conocimiento, los recursos o la experiencia que tengan.

“Esa chusma”, decían los fariseos santurrones para describir a la gente con la que Jesús comía. Pero la asociación de Jesús con los pecadores obedecía a que los amaba y a que sabía que necesitaban lo que tenía que decirles. Le dedicó tiempo a quien necesitaba o quería escuchar su mensaje: pobres, ricos, malos, buenos. Nosotros también debemos ser amistosos con quienes necesitan a Cristo, aunque sean personas que no se vean como la mejor compañía. ¿Habrá personas ante cuya reputación usted se comporta con negligencia? Quizás esas personas sean las más necesitadas de ver y oír el mensaje del amor de Cristo en usted y a través de usted.

Juan tenía dos propósitos: hacer que la gente se arrepintiera de sus pecados y prepararla para la venida de Cristo. Este fue un tiempo de seria reflexión que incluía ayuno, señal externa de humillación y pena por el pecado. El ayuno despoja al cuerpo de comida; el arrepentimiento despoja nuestra vida de pecado. Los discípulos de Jesús no necesitaban ayunar en preparación para su venida, porque El estaba con ellos. Jesús, sin embargo, no condena el ayuno. El mismo ayunó cuarenta días (Mat_4:2). Pero enfatiza el ayuno con buen propósito. Los fariseos ayunaban dos veces a la semana para mostrar cuán santos eran. Jesús explicó que el que ayuna solamente para impresionar a otros lo hace por gusto.

Jesús se comparó a sí mismo con un esposo porque en el Antiguo Testamento el término equivalente a esposa se aplica a menudo a Israel y esposo a Dios que ama a Israel (Isa_62:5; Mat_25:1-14; Rev_21:2).

Un odre era una piel de cabra cocida por los bordes para formar una bolsa hermética. El vino nuevo, al fermentar con el tiempo, hace que el odre se estire. El vino nuevo, sin embargo, no puede ponerse en un odre estirado porque la piel demasiado rígida se rompe.

Los fariseos eran tan rígidos como aquellos viejos odres. No podían aceptar que la fe en Jesús no fuera restringida ni limitada a ideas o reglas de hombres. Nuestro corazón, al igual que un odre, se puede endurecer e impedir que aceptemos la nueva vida que Cristo nos ofrece. Mantengamos nuestros corazones abiertos y dóciles para aceptar la verdad del mensaje transformador de Jesús.

Jesús y sus discípulos no robaban cuando recogieron granos de trigo en aquel sembrado. Lev_19:9-10 y Deu_23:25 dicen que los agricultores judíos tenían que dejar sin segar las esquinas y los lados de las porciones de tierra que sembraron para que los viajeros y los pobres lo tomaran y comieran. Jesús, al caminar junto al sembrado, no violaba la propiedad privada, pues comía del trigo dejado para ese propósito.

La Ley de Dios decía que las cosechas no podían recogerse en el día de reposo (Exo_34:21). Esta Ley prevenía a los agricultores de codicia y les exigía no olvidarse de Dios en el día de reposo. También protegía a los cosechadores de que los sometieran a un exceso de trabajo.
Los fariseos creían que Jesús y sus discípulos, al arrancar las espigas y frotarlas en sus manos para limpiar el trigo, cosechaban. De ahí que acusaron a Jesús de quebrantar la Ley. Pero era evidente que Jesús y sus discípulos no arrancaban el trigo por lucro, sino que buscaban algo de comer. Los fariseos interpretaron tan obcecadamente la Ley, que pasaron por alto su verdadera intención.

Los dirigentes religiosos judíos estaban tan enredados en sus leyes que perdieron de vista lo que era bueno y correcto. En Mar_3:4 Jesús enmarca que el día de reposo es para descansar y adorar, pero que eso no significa que no movamos un dedo para ayudar a otros. No dejemos que nuestro día de reposo llegue a ser un tiempo de egoísta indulgencia.

Jesús usó el ejemplo del rey David para señalar lo ridículas que eran las acusaciones de los fariseos. Jesús dijo que Dios estableció el día de reposo para nuestro beneficio, no para el suyo. Dios no se beneficia con que descansemos el día de reposo, pero al descansar y concentrarnos en Dios, nos recuperamos física y espiritualmente. Para los fariseos, las leyes sabáticas llegaron a ser más importantes que el propósito mismo del día de reposo. David y Jesús entendieron que la verdadera intención de la Ley de Dios es promover el amor a Dios y a los demás. No guardamos ciegamente una ley sin mirar con cuidado la razón de ser de tal ley. El espíritu de la ley es por lo general más importante que la letra.

Los “panes de la proposición” eran los que se ponían delante de Dios en el tabernáculo. Cada sábado, doce panes cocidos se colocaban sobre la mesa en el Lugar Santo. Después los sacerdotes comían los panes viejos. Si desea más información sobre los panes de la proposición, véanse Exo_25:30 y Lev_24:5-9.

PROMINENTES GRUPOS RELIGIOSOS Y POLITICOS JUDIOS

FARISEOS Mat_5:20 Mat_23:1-36 Luk_6:2 Luk_7:36-47 : Estricta secta religiosa de judíos que propugnaron obediencia meticulosa a la Ley y tradiciones judías. Muy influyente en las sinagogas.
De acuerdo con Jesús:  Respeto por la Ley, creencia en la resurrección de los muertos, comprometidos a obedecer la voluntad de Dios.
En desacuerdo con Jesús :  Rechazaban la afirmación de Jesús de que era el Mesías porque no seguía todas sus tradiciones y se reunía con gente de notoria mala conducta.

SADUCEOS Mat_3:7 Mat_16:11-12 Mar_12:18.   Ricos, partido sacerdotal judío de clase alta. Rechazaron la autoridad de la Biblia más allá de los cinco libros de Moisés. Obtenían ganancias de negocios en el templo. Ellos, junto con los fariseos, conformaron los partidos mayoritarios del concilio judío.
De acuerdo con Jesús:  Gran respeto por los cinco libros de Moisés, así como también por la santidad del templo.
En desacuerdo con Jesús :  Negaban la resurrección del cuerpo. Pensaban que el templo también podía usarse como lugar para efectuar transacciones comerciales.

ESCRIBAS Mat_7:29 Mar_2:6 Mar_2:16.    Intérpretes profesionales de la Ley. Enfatizaban especialmente las tradiciones. Muchos escribas fueron fariseos.
De acuerdo con Jesús:  Respeto a la Ley. Entrega a la obediencia a Dios.
En desacuerdo con Jesús :  Rechazaban la autoridad de Jesús para interpretar la Ley. Desecharon a Jesús como Mesías porque no obedecía todas sus tradiciones.

HERODIANOS Mat_22:16 Mar_3:6 Mar_12:13.   Partido político judío de aliados al rey Herodes.
De acuerdo con Jesús:  Desconocido. En los Evangelios procuraron atrapar a Jesús con preguntas y tramaron darle muerte.
En desacuerdo con Jesús :  Temían que Jesús causara inestabilidad política. Vieron en El una amenaza a su futuro político, así como también a su intento por recobrar de Roma algo de su poder político perdido.

ZELOTES Luk_6:15 Act_1:14.  Grupo de patriotas judíos violentos dedicados a determinar el fin del gobierno de Roma en Israel.
De acuerdo con Jesús:  Preocupación por el futuro político de Israel. Creencia en el Mesías, pero sin reconocer en Jesús al enviado de Dios.

En desacuerdo con Jesús :  Creían que el Mesías sería un líder político que liberaría a Israel de la ocupación romana.

ESENIOS  Grupo monástico de judíos de práctica ritual y pureza ceremonial, así como también de santidad personal.
De acuerdo con Jesús:  Enfatizaban la justicia, la honestidad y el compromiso.
En desacuerdo con Jesús :  Creían que los rituales ceremoniales los hacían justos.
Este pasaje nos presenta otra vez a nuestro Señor en Capernaúm. Otra vez volvemos a encontrarlo trabajando como de costumbre, predicando  la palabra y curando enfermos.

Vemos en estos versículos de que privilegios espirituales tan grandes gozan algunas personas, y de los cuales no hacen, sin embargo, ningún uso.

Es esta una verdad que confirma de una manera notable la historia de Capernaúm. Ninguna ciudad de Palestina parece haber gozado tanto como esta de la  presencia de Nuevo Testamento Señor, durante su ministerio terrenal. Fue el lugar en que habitó después que salió de Nazaret. Mt. 4.13. Allí fue donde hizo  muchos de sus milagros, y donde pronunció muchos de sus sermones. Pero al parecer, nada de lo que Jesús dijo o hizo, produjo ningún efecto en el corazón de  sus habitantes. Acudían a oírlo, según vemos en este pasaje, “hasta que no había lugar en torno de la puerta” se admiraban, se sorprendían, se llenaban de  asombro al contemplar sus obras portentosas, pero no se convertían. Vivían bajo los rayos refulgentes del Sol de Justicia en su cenit, y a pesar de eso, sus  corazones permanecían endurecidos. Y arrancaban de los labios de nuestro Señor la condenación más terrible que pronunció contra ningún lugar, excepto  Jerusalén: “Y tu Capernaúm, que estáis ensalzada hasta el cielo, serás abatida hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los milagros que en ti,  subsistiera aún hoy día. Por eso te digo, que el país de Sodoma será castigado con menos rigor que tu en el día del juicio” Mateo 11.23-24 Buenos es que todos nosotros nos fijemos bien en ese hecho de Capernaúm. Estamos muy dispuestos a suponer que tan solo se necesita predicar el Evangelio  con fuerza para convertir almas, y que tan pronto como la Buena Nueva es proclamada en un lugar, todo el mundo debe allí creer. Olvidamos el poder  extraordinario de la incredulidad, y lo profundo de la enemistad del hombre contra Dios. Olvidamos que los habitantes de Capernaúm escudaron la  predicación más intachable, que la vieron confirmada por los milagros más sorprendentes, y sin embargo, permanecieron muertos en sus transgresiones y  pecados. Debemos recordar que el mismo Evangelio que es poder de vida para unos, es poder de muerte para otros, y que el mismo fuego que ablanda la cera  endurece el barro. Efectivamente, nada endurece más el corazón del hombre, como oír regularmente el Evangelio, y preferir deliberadamente el servicio del  pecado y del mundo. Nunca hubo un pueblo tan altamente favorecido como el de Capernaúm, y nunca tampoco se vio un pueblo que pareciera más  endurecido. Guardémonos de seguir sus huellas. Debemos repetir con frecuencia la plegaria, “De la dureza de corazón líbranos, buen Señor”.

Vemos en segundo lugar en estos versículos, cuan gran bendición suelen resultar las aflicciones para el alma del hombre.
Se nos dice que un paralítico fue llevado a nuestro Señor en Capernaúm para que lo curase. Inválido e impotente, fue llevado en su cama por cuatro buenos  amigos suyos, y colocado en el centro del lugar en donde Jesús estaba predicando. Consiguió el hombre inmediatamente el objeto de sus deseos; el gran  Médico del alma y del cuerpo lo vio, y le dio rápido alivio y al fin le restauró salud y fuerza. Le concedió el don mucho más grande del perdón de sus pecados.
En una palabra el hombre que aquella mañana había sido sacado de su casa, débil y enfermo de cuerpo y alma, volvió a ella regocijado.

¿Quién puede dudar que hasta el fin de sus días este hombre dio gracias a Dios por haber estado paralítico? Sin esa circunstancia probablemente hubiera  vivido y muerto en completa ignorancia y nunca hubiera visto a Cristo. A no ser por esa circunstancia, hubiera estado toda su vida paciendo sus ovejas en los  verdes collados de Galilea y nunca hubiera sido llevado a Cristo, y nunca tampoco hubiera oído sus benditas palabras, “tus pecados te son perdonados”. La  parálisis fue realmente una bendición. ¿No podríamos decir que fue para su alma el comienzo de la vida eterna? ¡Cuántos en todos tiempos pueden asegurar que por ellos ha pasado lo que experimentó este paralítico! Las aflicciones los han enseñado; los pesares han sido  en último resultado misericordias, las pérdidas ganancias, y las enfermedades los han conducido al gran Médico de las almas, los ha dirigido a la Biblia, los  han apartado del mundo, los han hecho ver su propia necedad y por fin los han enseñado a orar. Millares de personas pueden decir como David, “es un bien  par mi verme afligido, para que así pueda aprender tus estatutos” Salmo 119.71 Guardémonos de murmurar cuando nos vemos afligidos; que toda cruz es una necesidad y hay razones muy sabias para toda prueba. Las enfermedades y los  pesares son mensajeros bondadosos de Dios, que se propone así llamarnos más cerca de El. Supliquémosle que nos haga comprender la lección que quiera  darnos en las aflicciones, no sea que “cerremos nuestros oídos cuando El nos habla”.

Vemos, finalmente, en estos versículos, el poder sacerdotal que, para perdonar pecados posee nuestro Señor Jesucristo.
Leemos en ellos que nuestro Señor dijo al paralítico, “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Su intención tuvo al decir estas palabras. Conocía el corazón de  los escribas que lo rodeaban. Quiso probarles que era el Gran Sacerdote verdadero con poder de absolver a los pecadores, aunque entonces rara vez usaba de  su prerrogativa; pero les dijo expresamente que tenía el poder de hacerlo. “el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados,” dijo: y al  decir, “Tus pecados te son perdonados”, no hizo más que ejercer una facultad que de derecho le pertenecía.

¡Consideremos cuan grande debe de ser la autoridad de quien tiene poder de perdonar los pecados! Solo Dios puede hacerlo, Ni ángeles, ni hombres, ni  iglesias reunidas en concilio, ni ningún ministro de ninguna denominación religiosa pueden aliviar la conciencia del pecador del peso del pecado y  establecerlo en paz con Dios. Pueden indicarles la fuente inagotable que lava todos los pecados; pueden anunciarles con autoridad que pecados está Dios  dispuesto a perdonarles; pero no pueden absolverlos ni cancelar las transgresiones. Esta es prerrogativa de Dios que ha delegado en su Hijo Jesucristo.

¡Pensemos por un momento que gran bendición es para nosotros que Jesús sea nuestro Gran Sacerdote y que sepamos a donde podemos ir para conseguir la  absolución! Necesitamos de un Sacerdote y de un Sacrificio entre nosotros y Dios. La conciencia demanda una expiación por nuestros muchos pecados; la  Santidad de Dios la hace indispensable. Sin un Sacerdote que presenta la expiación no puede haber paz para el alma. Jesucristo es ese Sacerdote que  necesitamos, poderoso para excusar y perdonar, misericordioso y ansioso de salvar.

Preguntémonos ahora si reconocemos al Señor Jesús como nuestro Gran Sacerdote. ¿Hemos acudido a El? ¿Le hemos pedido la absolución? Si no lo hemos  hecho aún estamos sumidos en nuestros pecados. No reposemos hasta que el Espíritu de testimonio a nuestro espíritu que nos hemos sentado a los pies de  Jesús y odio su voz que nos dice, “Hijo, tus pecados te son perdonados.

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