Marcos 1

Marcos 1: El principio de la historia

Este es el principio de la historia de cómo Jesucristo, el Hijo de Dios, trajo la Buena Noticia a la humanidad. Hay un pasaje del libro del profeta Isaías que dice: «¡Fíjate! Yo envío a Mi mensajero por delante de Ti, y él Te preparará el camino. Será como una voz clamando: «¡Preparadle el camino al Señor en el desierto, allanad la senda por la que ha de venir!»

Esto se cumplió cuando Juan el Bautista surgió en el desierto anunciando un bautismo que era la señal de un arrepentimiento por el que una persona podía encontrar el perdón de sus pecados.

Marcos empieza la historia de Jesús desde muy atrás. No empezó con el nacimiento de Jesús; ni siquiera con la predicación de Juan el Bautista en el desierto; empezó con los sueños de los profetas mucho tiempo atrás; es decir: empezó mucho, mucho tiempo antes: en la mente de Dios.

Los estoicos creían firmemente en el plan ordenado de Dios. «Las cosas de Dios -decía Marco Aurelio- están henchidas de previsión. Todas las cosas fluyen del Cielo.» Hay cosas que podemos muy bien aprender aquí.

(i) Se ha dicho que «los pensamientos de la juventud son pensamientos largos, muy largos,» y así son los pensamientos de Dios. Dios Se caracteriza por ser un Dios que lleva a cabo Sus propósitos. La Historia no es un caleidoscopio fortuito de acontecimientos inconexos; es un proceso dirigido por el Dios que ve el final desde el principio.

(ii) Nosotros estamos en ese proceso; y por estar en él podemos contribuir a que se cumpla o a que se frustre. En cierto sentido es tan gran honor el ayudar en algún gran proyecto como es un privilegio el ver su culminación final. La vida sería muy diferente si, en lugar de anhelar algún objetivo distante e inalcanzable en el presente, hiciéramos todo lo posible para acercarlo.

Cuando era más joven, como no era cantante, ni siquiera intenté hacer una canción; ni plantar arbolitos al borde del ‹camino que tardarían mucho en llegar a sazón.

Pero ahora, que los años me han hecho más prudente, sé que, aunque humilde, puedo hacer mi aportación plantando un arbolito para que otros lo rieguen, o para que otros canten dejarles mi canción.

Los objetivos no se alcanzarán nunca a menos que haya algunos que se esfuercen para hacerlos posibles.

La cita profética que usa Marcos es sugestiva: Yo envío a Mi mensajero por delante de Ti, y él Te preparará el camino. Está tomada de Mal_3:1 . En su contexto original, es una amenaza. En los tiempos de Malaquías, los sacerdotes estaban incumpliendo sus deberes. Las ofrendas eran de animales defectuosos y tarados; el culto del templo les resultada fastidioso. El mensajero había de limpiar y purificar el culto del templo antes de que surgiera en la tierra el Ungido de Dios. Así que la venida de Cristo fue una purificación de la vida, y el mundo necesitaba esa purificación. Séneca llamaba a Roma «un pozo negro de iniquidad.» Juvenal hablaba de ella como «la atarjea asquerosa por la que fluían las heces fétidas de las corrientes sirias y aqueas.» Dondequiera que llega el Evangelio trae purificación.

Eso se puede demostrar claramente con Hechos. Bruce Barton nos cuenta cómo le llegó la primera asignación periodística importante para escribir una serie de artículos encaminados a ridiculizar al evangelista Billy Sunday. Se escogieron tres ciudades. « Yo hablé con los comerciantes -escribe Bruce Barton-, y me dijeron que durante el tiempo de los cultos y después la gente se acercaba al mostrador para pagar cuentas tan antiguas que ya se habían -borrado de los libros.» Fue a visitar al presidente de la cámara de comercio de una ciudad que había visitado Billy Sunday hacía tres años. « Yo no soy miembro de ninguna iglesia -le dijo-, pero te diré una cosa: Si se propusiera traer a Billy Sunday a esta ciudad ahora, y si supiéramos anticipadamente tanto acerca de los resultados de su trabajo como sabemos ahora; y si las iglesias no reunieran el dinero necesario para traerle, yo podría reunir el dinero en medio día entre personas que no van nunca a la iglesia. Nos costó once mil dólares traerle la otra vez; pero cualquier circo que venga aquí se lleva esa cantidad en un día y no deja nada. El dejó una atmósfera moral diferente.» El reportaje que se suponía que había de hacer Bruce Barton para poner en ridículo a Billy Sunday resultó ser una proclamación del poder purificador del. mensaje cristiano.

Cuando Billy Graham predicó en Shreveport, Lousiana, las ventas de licores descendieron un 40 %, y la venta de biblias se triplicó. Durante una misión en Seattle, entre los resultados se dijo sencillamente: « Se cancelaron varios trámites de divorcio que estaban pendientes.» En Greensboro, North Carolina, el informe fue que « la estructura social total de la ciudad había sido afectada positivamente.»

Una de las grandes historias de lo que el Evangelio puede hacer surgió de la « rebelión a bordo» del navío Bounty. Los amotinados fueron desembarcados en la isla de Pitcairn. Había nueve amotinados, seis varones nativos, diez mujeres nativas y una chica de 15 años. Uno de ellos consiguió producir alcohol crudo. Se produjo una situación terrible. Todos murieron, excepto Alexander Smith. Resultó que Smith se encontró una Biblia. La leyó, y decidió construir un estado con los indígenas de aquella isla basado directamente en la Biblia. Pasaron veinte años antes de que una corbeta americana atracara en la isla. Encontraron una comunidad totalmente cristiana. No había cárcel, porque no había crímenes. No había hospital, porque no había enfermedades. No había manicomio, porque no había locos. No había analfabetos; y en ningún lugar del mundo estaban tan seguras la vida y la propiedad humanas. El Evangelio había limpiado aquella sociedad.

Donde y cuando se Le permite la entrada a Cristo, el antiséptico del Evangelio limpia el veneno moral de la sociedad y la deja pura y limpia.

Juan vino anunciando un bautismo de -arrepentimiento. Los judíos estaban familiarizados con las abluciones rituales. Levítico 11-15 nos las detalla. « Los judíos -dice Tertuliano- se lavan todos los días porque todos los días están contaminados.» El lavamiento simbólico y el de purificación estaban entretejidos en la misma textura del ritual judío. Un gentil era inmundo por necesidad, porque nunca había cumplido nada de la ley judía. Por tanto, cuando un gentil se hacía prosélito, es decir, cuando se convertía a la fe judía, tenía que someterse a tres cosas. La primera era la circuncisión, que era la señal del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento; la segunda, se tenía que ofrecer un sacrificio por él, porque estaba necesitado de reconciliación con Dios, y sólo la sangre podía hacer expiación por su pecado; y la tercera, tenía que someterse al bautismo, que simbolizaba su purificación de toda la contaminación de su vida pasada. Por tanto, naturalmente, el bautismo no consistía en rociar con un poco de agua, sino en un baño en el que todo el cuerpo se sumergía.

Los judíos conocían el bautismo; pero lo sorprendente del bautismo de Juan era que él, un judío, estaba pidiéndoles a los judíos que se sometieran, laque se suponía que los gentiles eran los únicos que lo necesitaban. Juan había hecho el tremendo descubrimiento de que no era el ser judío en el sentido racial lo que hacía ser miembro del pueblo escogido de Dios; un judío podía encontrarse en exactamente la misma posición que un gentil; no la vida judía, sino la vida limpia era lo que pertenecía a Dios.

El bautismo iba acompañado de la confesión. En cualquier vuelta a Dios, la confesión ha de hacerse a tres personas.

(i) Una persona tiene que hacerse la confesión a sí misma. Es parte de la naturaleza humana el cerrar los ojos a lo que no queremos ver, y sobre todo a nuestros propios pecados. Alguien contó de la siguiente manera cómo dio el primer paso hacia la gracia. Cuando se estaba afeitando una mañana, se miró la cara al espejo, y de pronto se dijo: « ¡Eres un cerdo asqueroso!» Y desde ese día empezó a ser otro hombre.

Cuando el hijo pródigo se marchó de casa se creería un tipo simpático y aventurero. Antes de dar el primer paso de vuelta al hogar tuvo que mirarse a sí mismo y decirse: «Me levantaré, y volveré a casa, y le diré a mi padre que soy un desastre.»

No hay nadie en todo el mundo a quien nos cueste más trabajo arrostrar que a nosotros mismos; y el primer paso al arrepentimiento y a la debida relación con Dios es reconocernos a nosotros mismos nuestro pecado.

(ii) Una persona debe hacer confesión a los que ha ofendido o defraudado. No servirá de mucho el decirle a Dios que lo sentimos hasta que les digamos que lo sentimos a los que hemos ofendido y dañado. Las barreras humanas tienen que desaparecer antes que las barreras divinas. En la iglesia del Este de África, un hombre y su mujer eran miembros de un grupo. Uno de ellos vino e hizo confesión de que había una pelea en su casa. En seguida el pastor dijo: «No deberías haber venido a confesar esa pelea aquí; deberías haberla resuelto, y entonces venir a confesarla.»

Muchas veces puede que nos resulte más fácil hacerle la confesión a Dios que a otras personas. Pero no puede haber perdón sin humillación.

(iii) Uno debe hacer confesión a Dios. El final del orgullo es el principio del perdón. Es cuando uno dice: «He pecado,» cuando Dios tiene ocasión de decir: «Yo te perdono.» No es el que desea encontrarse con Dios en igualdad de términos el que descubre el perdón, sino el que se arrodilla en humilde confesión y musita avergonzado: «Dios, ten piedad de mí, pecador.

EL HERALDO DEL REY

Marcos 1:5-8

Y todo el país de Judasa salió a su encuentro, y lo mismo todos los habitantes de Jerusalén, y fueron bautizado por él en el río Jordán cuando confesaban sus pecado

Juan llevaba un túnica de pelo de camello que se sujetaba por la cintura con un cinto de cuero; y se allí mentaba de langostas y miel silvestre.

El tema de su predicación era:

-Uno que es más poderoso que yo viene detrás de mí. Yo no merezco ni postrarme a desatarle la correa de las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero Él os bautizará con el Espíritu Santo.

Está claro que el ministerio de Juan era poderosamente eficaz, porque acudían a escucharle y a someterse a su bautismo. ¿Por qué razón hizo Juan tal impacto en su nación?

(i) Era un hombre que vivía su mensaje. No sólo sus palabras, sino toda su vida era una protesta. Había tres cosas en él que marcaban la realidad de su protesta contra  la vida contemporánea.

(a) Estaba el lugar en que vivía: el desierto de Judasa. Entre el centro de Judasa y el Marcos Muerto se extiende uno de los desiertos más terribles del mundo. Es un desierto de piedra caliza; parece informe y retorcido; hierve bajo un calor agobiante; la roca está ardiendo -y abrasada, y suena a hueca cuando se pisa como si hubiera un horno gigantesco por debajo; se extiende hacia el Marcos Muerto, y de pronto desciende en precipicios e in escalables hasta la misma orilla. En el Antiguo Testamento se lo llama a veces Yeshimón, que quiere decir la devastación. Juan no era un habitante de la ciudad. Era un hombre del desierto y de sus soledades y desolaciones. Era un hombre que se daba la oportunidad de escuchar la voz de Dios.

(b) Estaba la ropa que llevaba: una túnica tejida de pelo de camello sujeta por la cintura con un cinto de cuero. Así era como había vestido Elías (2Ki_1:8 ). Al ver a este hombre, uno se acordaba, no de los oradores de moda del momento, sino de los antiguos profetas, que vivían al borde de las grandes sencilleces y evitaban los lujos blandos y afeminados que matan el alma.

(c) Estaba la comida de que se alimentaba: langostas y miel silvestre. Resulta que las dos palabras se prestan a dos interpretaciones. Las langostas podían ser los saltamontes que la Ley permitía comer Lev_11:22 s); pero también puede que fuera una especie de judía o fruto seco, el jarob, la algarroba, que era el alimento de los más pobres de los pobres. La miel puede que fuera la que hacían las abejas silvestres; o puede que fuera una especie de sabia dulce que destila la corteza de algunos árboles. No importa mucho lo que quieran decir las palabras exactamente. En cualquier caso, la dieta de Juan era de lo más simple.

Así surgió Juan. La gente tenía que prestarle atención a un hombre así. Se decía de Carlyle que «predicó el evangelio del silencio en veinte volúmenes.» Muchos vienen con un mensaje que niegan con sus vidas, con una cómoda cuenta corriente y predicando que no se deben hacer tesoros en la Tierra. Muchas personas exaltan las bendiciones de la pobreza desde un hogar confortable y aun lujoso. Pero en el caso de Juan, el hombre era el mensaje, y por eso le escuchaba la gente.

(ii) Su mensaje era eficaz porque le decía a la gente lo que ya sabía en lo más íntimo del corazón, y le traía lo que estaba esperando en lo más hondo del alma.

(a) Los judíos tenían un dicho: «Si Israel cumpliera la Ley de Dios perfectamente un solo día, el Reino de Dios se haría realidad.» Cuando Juan convocó al pueblo al arrepentirme estaba invitando a una decisión que todos sabían en lo más íntimo de su corazón que debían hacer. Mucho tiempo ante Platón había dicho que la educación no consistía en decirle a la gente cosas nuevas, sino en extraer de su memoria lo que ya sabía. Ningún mensaje es tan eficaz como el que habla la propia conciencia de la persona, y ese mensaje llega a se casi irresistible cuando el que lo presenta es una persona que tiene derecho a hablar.

(b) El pueblo de Israel era plenamente consciente de que hacía trescientos años que había estado callada la voz de 1 profecía. Estaba esperando alguna auténtica palabra de Dio; Y en Juan la oyó. Al experto se le puede reconocer en cualquier estrato de la vida. Un famoso violinista nos dice que tan pronto como Toscanini llegaba al atril la orquesta sentía una ola de autoridad que fluía de él hacia ella. Reconocemos en seguid al médico que tiene verdadera ciencia. Reconocemos instantáneamente al conferenciante que domina su tema. Juan había venido de Dios, y no lo podía por menos de notar cualquier que le oyera.

(iii) Su mensaje era efectivo porque él era totalmente humilde. Su propio veredicto acerca de sí mismo era que no merecía hacer ni la labor de un esclavo. Las sandalias estaba hechas sencillamente de una suela de material que se sujetaba al pie con unas correas que pasaban entre los dedos. La; carreteras no estaban pavimentadas. En tiempo seco estaba llenas de polvo, y en tiempo húmedo, de barro. El quitarle la; sandalias al que llegaba a la casa era algo que no correspondía nada más que a un esclavo. Juan no esperaba nada para s mismo, y sí todo para el Cristo al Que proclamaba. Se olvidaba totalmente de sí mismo, se entregaba totalmente, se perdí totalmente en su mensaje, y eso era lo que hacía que la gente le escuchara.

(iv) Su mensaje era eficaz porque señalaba a algo y a alguien más allá de sí mismo. Le decía a la gente que si bautismo los empapaba de agua, pero el que venía lo empapa del Espíritu Santo; y mientras el agua podía limpiar el cuerpo de una persona, el Espíritu Santo podía limpiar su vida interior y corazón. El doctor G. J. Jeffrey tenía una ilustración favorita: Cuando estaba haciendo una llamada telefónica por medio del operador y había algún retraso, el operador solía decir: «Estoy tratando de ponerle a usted en contacto.» Y cuando estaba establecido el contacto, el operador se desvanecía y le dejaba en contacto directo con la persona con la que quería hablar.

El único propósito de Juan era no ocupar él mismo el centro de la escena, sino tratar de poner a las personas en contacto con Uno Que era más grande y poderoso que él. Y la gente le escuchaba porque él no se señalaba a sí mismo, sino al Que todas las personas necesitaban.

EL DÍA DE LA DECISIÓN

Marcos 1:9-11

Por aquellos días llegó Jesús de Nazaret de Galilea, y Juan Le bautizó en el Jordán. Y tan pronto como salió Jesús del agua vio que los cielos se abrían, y el Espíritu descendía sobre Él como si fuera una paloma. Y vino una voz del Cielo:

-Tú eres Mi Hijo amado; en Ti me complazco plenamente.

Para cualquiera que piense un poco, el bautismo de Jesús presenta un problema. El bautismo de Juan era un bautismo de arrepentimiento, y concernía a los que eran consecuentes de sus pecados y deseaban expresar su decisión de acabar con ellos. ¿Qué tenía que ver tal bautismo con Jesús? ¿No estaba Él sin pecado, y no era tal bautismo innecesario y hasta irrelevante por lo que a Él se refería? Para Jesús el bautismo representaba cuatro cosas.

(i) Fue el momento de decisión. Había pasado treinta en Nazaret cumpliendo fielmente con Su trabajo cotidiano con Sus obligaciones familiares. Había comprendido que ha llegado Su hora de manifestarse, y estaba esperando una señal. El surgimiento de Juan fue esa señal. Este, reconoció Él, el momento en que tenía que lanzarse a cumplir Su misión.

En todas las vidas hay un momento decisivo que hay que aceptar o rechazar. Aceptarlo es realizarse; rechazarlo es fracasar. La vida que rehuye la decisión es la vi gastada, frustrada, fracasada, y a menudo trágica. La vida q se deja arrastrar a la deriva no es nunca la vida feliz. Jesús cuando surgió Juan que había llegado para Él el momento la decisión. Nazaret era tranquilo, y Su hogar dulce; pero Jesús acudió a la cita y al desafío de Dios.

(ii) Fue el momento de la identificación. Es verdad que Jesús no necesitaba arrepentirse del pecado; pero había en pueblo un movimiento de vuelta a Dios; y Él decidió identificarse con ese movimiento hacia Dios. Puede que uno tenga tranquilidad y comodidad y riqueza, y sin embargo se ¡den fique con un movimiento a favor de los marginados, los oprimidos, los explotados y los desafortunados. La identificación realmente grande es la del que se identifica con un movimiento no por lo que pueda sacar para sí mismo, sino para otros. El sueño de Juan Bunyan, Cristiano se unió con Intérprete en su viaje hacia el Palacio que estaba sumamente guardado y que requería luchas para entrar en él. Había un hombre sentado a la puerta, con una pluma y tinta, para escribir los nombres d los que se arriesgaran al asalto del Palacio. Todos se iban retirando, cuando Cristiano vio «a un hombre de firme rostro dirigirse al que estaba allí sentado para escribir, y decirle: «Señor, apunte mi nombre.»» Cuando se esperan grandes cosas; el cristiano está obligado a decir: «Señor, apunta mi nombre,» porque eso fue lo que, hizo Jesús cuando vino a bautizarse.

(iii) Fue el momento de la aprobación. Nadie deja a la ligera su hogar para embarcarse en una empresa desconocida. Tiene que estar muy seguro de que es lo que debe hacer. Jesús había decidido Su curso de acción, y entonces estaba buscando la señal de la aprobación de Dios. En los días de Jesús los judíos hablaban de lo que ellos llamaban Bat Qól, que quiere decir. la hija de una voz. Entonces creían en una serie de cielos, en él más elevado de los cuales moraba Dios en luz inaccesible para ningún ser humano. Había momentos especiales en los que los cielos se abrían y Dios hablaba; pero, para ellos, Dios estaba tan distante que lo único que se podía oír era un eco lejano de Su voz. Pero a Jesús Le llegó la voz directamente de Dios. Según nos lo cuenta Marcos, esta fue una experiencia personal que tuvo Jesús, y no una demostración para la multitud. La voz no dijo: «Este es Mi hijo amado,» como lo pone Mateo Mat_3:17 ), sino: «Tú eres M¡ Hijo amado,» hablándole directamente a Jesús. En Su bautismo, Jesús -Le sometió a Dios Su decisión, y Dios Se la aprobó sin dejarle lugar a dudas.

(iv) Fue el momento del equipamiento. En aquel momento, el Espíritu Santo descendió sobre Él. Hay aquí un gran simbolismo. El Espíritu descendió como una paloma. El símil no se escogió casualmente.- La paloma es el símbolo de la ternura. Tanto Mateo como Lucas nos hablan de la predicación de Juan Mat_3:7-12; Luk_3:7-13 ). El mensaje de Juan era el del hacha a la raíz de los árboles, de una criba terrible, de un fuego devorador. Era un mensaje de juicio y no de buenas noticias. Pero desde el mismo principio la imagen del Espíritu como una paloma es un cuadro de benevolencia. Él conquistará; pero la Suya será la conquista del amor.

EL TIEMPO DE LA PRUEBA

Marcos 1:12-13

E inmediatamente el Espíritu Le impulsó al desierto. Estuvo allí cuarenta días, durante los cuales Le estuvo tentando Satanás. Las fieras Le hacían compañía, y los ángeles Le ayudaban.

Tan pronto como pasó la gloria de la hora del bautismo llega la de la batalla con las tentaciones. Una cosa resalta aquí tal manera que no podemos pasarla por alto. Fue el Espíritu el Que impulsó a Jesús a retirarse al desierto, para someterse a la prueba. El mismo Espíritu que descendió sobre Él en Su bautismo ahora Le sacó de Su descanso.

En esta vida es imposible escapar a los asaltos de la tentación; pero una cosa es segura: las tentaciones no se nos envían para que caigamos, sino para fortalecer los nervios los tendones de nuestras mentes y almas. No se pretende que nos traigan la ruina, sino la fuerza. Están diseñadas para sé pruebas de las que surjamos mejores guerreros y atletas de Dios.

Supongamos que hay un futbolista que está haciendo u buen papel en el segundo equipo y dando señales de ser una promesa; ¿qué hará el entrenador? Seguro que no le sacará para que juegue en el tercer equipo, que sería un paseo para él y no le haría sudar; sino que le pondrá en el primer equipo donde se le someterá a una prueba como nunca antes, y tendrá una oportunidad de probarse a sí mismo. Eso es lo que se pretende con la tentación: permitirnos demostrar nuestra madurez y hacernos surgir más capaces para la lucha.

Cuarenta días es una frase que no hay por qué toMarcos literalmente. Es una expresión hebrea que quiere decir un tiempo considerable. Se nos dice que Moisés estuvo en la montaña con Dios cuarenta días (Exo_24:18 ); Elías anduvo cuarenta días con la fuerza de la comida que le dio el ángel (1Ki_19:8 ). En hebreo cuarenta días puede querer decir sencillamente un tiempo considerable.

Fue Satanás el que tentó a Jesús. El desarrollo de la idea de Satanás es muy interesante.

La palabra Satán en hebreo quiere decir sencillamente adversario; y en el Antiguo Testamento se usa corrientemente de adversarios y oponentes humanos normales. El ángel del Señor fue el Satán que le cerraba el camino a Balaam Num_22:22 ); los filisteos temían que David se volviera su Satán (1Sa_29:4 ); David considera a Abisai su Satán (2Sa_19:22 ); Salomón declara que Dios le ha dado tal paz y prosperidad que no le queda ningún Satán que se le oponga (1Ki_5:4 ). La palabra empezó significando un adversario en el sentido más amplio del término.

Pero da un paso considerable hacia adelante; empieza a querer decir uno que presenta una acusación contra una persona. Es en este sentido como se usa en el primer capítulo de Job. Allí Satán es nada menos que uno de los hijos de Dios (Job_1:6 ); pero esta tarea particular le obligaba a considerar a los hombres Job_1:7 ) y buscar alguna acusación que pudiera presentar contra ellos en la presencia de Dios. Era el acusador de los hombres ante Dios. Así se usa la palabra en Job_2:2 ,› y Zec_3:2 . La tarea de Satán era decir todo lo que se pudiera decir en contra de una persona.

El otro título de Satán es El Diablo; la palabra diablo viene del griego diábolos, que quiere decir literalmente un calumniador. Es un paso adelante pasando de la idea de uno que investiga todo lo que se pueda decir en contra de una persona a la idea de uno que deliberada y maliciosamente calumnia a una persona en la presencia de Dios. Pero en el Antiguo Testamento Satán es todavía un emisario de Dios, y todavía no el supremo y maligno enemigo de Dios. Es el Adversario de las personas.

Pero entonces la palabra da un salto importante en su carrera descendente. Durante su cautividad, los judíos aprendieron algo del pensamiento persa. El pensamiento persa se basa en la concepción de que en el universo hay dos poderes: el poder de la luz, y el de las tinieblas, Ormuzd y Ahrimán. El universo entero es un campo de batalla entre ellos, y el hombre tiene que escoger su lado en ese conflicto cósmico. De hecho, eso es precisamente lo que parece ser la vida y se experimenta. Para decirlo con una palabra, en este mundo están Dios y el Adversario de Dios. Era casi inevitable el que Satanás llegara a ser considerado como El Adversario par excellence. Eso es lo que su nombre quiere decir, eso es lo que él ha sido siempre para el hombre; Satanás llega a ser la esencia de todo lo que ese en contra de Dios.

Eso fue lo que expresó Gaspar Núñez de Arce en su poema

La luz y las tinieblas
La fiera, la tiránica batalla
dura y persiste aún:
es el combate entre la ciega sombra
y la fecunda luz.
¡Ni un instante de tregua y de reposo!
En la tierra, en el mar,
en el espacio, en la conciencia humana
siempre lidiando están.
Al través de los siglos que se empujan
con sorda confusión,
ruedan mezclados la verdad, el día,
la noche y el error.
¿Quién vencerá por fin? ¿La negra sombra?
¿La excelsa claridad?
¡Ay, no lo preguntéis! La horrenda lucha
nunca terminará.

Cuando la creación rota y deshecha
vuelva al caos otra vez;
cuando desierta impenetrable y muda
la inmensidad esté;
en el seno,, del tiempo,
en el espacio sin mundos y sin sol seguirá
eterno el duelo formidable entre Satán y Dios.

Cuando pasamos al Nuevo Testamento nos encontramos con que es el Diablo o Satanás el que está detrás de la enfermedad y el sufrimiento humanos (Luk_13:16 ); fue Satanás el que sedujo a Judas (Luk_22:3 ); es al Diablo al que debemos resistir y pelear (1Pe_5:8 s; Jam_4:7 ). El Nuevo Testamento nos le presenta como el poder que se opone a Dios, pero que ya ha sido vencido por nuestro Salvador en la Cruz (Heb_2:14 ) y que está destinado para la destrucción final (Mat_25:41 ).

Aquí tenemos toda la esencia de la historia de las tentaciones. Jesús tenía que decidir cómo iba a llevar a cabo Su obra. Era consciente de una tremenda tarea y de unos poderes extraordinarios. Dios Le estaba diciendo: « Lleva Mi amor a la humanidad; ama a los seres humanos hasta morir por ellos; conquístalos con este amor inconquistable aunque tengas que morir por ellos en una cruz.» Satanás estaba diciéndole a Jesús: « Usa Tu poder para someter a la humanidad; barre a Tus enemigos; gana al mundo por la fuerza y el poder y la muerte.» Dios Le decía a Jesús: «Instaura un Reino de amor.» Satanás Le decía: «Instaura una dictadura de poder.» Jesús tenía que escoger entonces entre el camino de Dios y el del Adversario de Dios.

La breve historia de las tentaciones en Marcos termina con dos detalles gráficos.

(i) Las fieras Le hacían compañía. Por el desierto vagaban el leopardo, el oso, el jabalí y el chacal. Esto se suele toMarcos como un detalle gráfico que añade más terror a la escena. Pero tal vez no era eso. Tal vez fuera un detalle amable, porque tal vez quisiera decir que las fieras eran amigas de Jesús. Entre los sueños de la edad de oro cuando viniera el Mesías, los judíos soñaban con el día en que dejara de existir la enemistad entre los seres humanos y las bestias. «En aquel tiempo haré en favor de ellos un pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y las serpientes de la tierra» (Hos_2:18 ). «Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará… El niño de pecho jugará sobre la cueva de la cobra… No harán mal ni dañarán en todo Mi santo monte» (Isa_11:6-9 ). Siglo después, san Francisco predicaría a los animales; y puede que aquí tengamos un adelanto de la bendita situación en que lo seres humanos y los animales vivirán en paz. Puede ser q aquí tengamos un cuadro en el que veamos que las fieras re conocieron, antes que las personas, a su Amigo y su Rey.

(ii) Los ángeles Le estaban ayudando. También estaban allá los refuerzos divinos en la hora de la prueba. Cuando Eliseo y su siervo estaban encerrados en Dotán, con los enemigos acechándolos y sin ninguna salida imaginable, Eliseo le pidió a Dios que abriera los ojos del joven para que viera los caballos y carros de fuego que pertenecían a Dios que estaban rodeándolos por todas partes (2Ki_6:17 ). Jesús no se encontraba solo para pelear Su batalla ni tampoco nosotros.

EL MENSAJE DE LA BUENA NOTICIA

Marcos 1:14-15

Después que metieron a Juan en la cárcel, Jesús llegó a Galilea anunciando la Buena Noticia acerca de Dios y diciendo:

-¡Ha llegado la hora señalada, y el Reino de Dios está aquí! ¡Arrepentíos y creed la Buena Noticia!

Hay en este resumen del mensaje de Jesús tres grandes palabras características de la fe cristiana.

(i) Tenemos la Buena Noticia. Fue por encima de todo una buena noticia lo que Jesús vino a traer a la humanidad. Si seguimos la palabra euanguelion, buena noticia, evangelio por todo el Nuevo Testamento podemos descubrir por lo menos algo de su contenido.

(a) Es la buena noticia de la verdad Gal_2:5; Col_1:5 ). Hasta que vino Jesús, la humanidad no podía hacer más que suposiciones, y buscar a Dios a tientas. «¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!» (Job_23:3 ). Marco Aurelio decía que el alma no puede ver más que confusamente; `y la palabra que usa quiere decir en griego ver las cosas a través del agua. Pero con la llegada de Jesús podemos ver claramente cómo es Dios. Ya no tenemos que hacer suposiciones y andar a tientas; podemos saber.

(b) Es la buena noticia de la esperanza (Col_1:23 ). El mundo antiguo era un mundo pesimista. Séneca hablaba de «nuestra indefensión en las cosas necesarias.» En su lucha por la bondad, las personas eran derrotadas. La llegada de Jesús trae esperanza a corazones desesperados.

(c) Es la buena noticia de la paz Eph_6:15 ). El precio de ser persona es tener una personalidad dividida. En la naturaleza humana, la bestia y el ángel están inseparablemente entremezclados. Se dice que una vez Schopenhauer, el filósofo lúgubre, fue hallado vagando. Se le preguntó: « ¿Quién eres tú?» «Eso es lo que me gustaría que tú me pudieras decir,» contestó. Robert Bums decía de sí mismo: «Mi vida me recuerda un templo en ruinas. ¡Qué fortaleza, qué proporción en algunas partes! ¡Qué desdentados tan feos, qué ruinas tan irrecuperables en otras!» El problema humano siempre ha consistido en que uno se siente asediado tanto por el pecado como por la bondad. La venida de Jesús unifica esa personalidad desintegrada. Uno encuentra victoria sobre un yo en guerra cuando Jesucristo le conquista.

(b) Es la buena noticia de la promesa de Dios (Eph_3:6 ). Es verdad que los seres humanos siempre han pensado más bien en un Dios de amenazas que en un Dios de promesas. Todas las religiones no cristianas conciben un Dios exigente; sólo el Cristianismo nos habla de un Dios que está más dispuesto a dar de lo que nosotros estamos a pedir.

(e) Es la buena noticia de la inmortalidad (2 Timoteo_1:10 ). Para los paganos la vida era el camino hacia la muerte; la persona humana se caracterizaba por ser un ser moribundo; pero Jesús nos trajo la buena noticia de que vamos de camino a la vida, no a la muerte.

(f) Es la buena noticia de la salvación (Eph_1:13 ). Esta salvación no es meramente negativa; es también positiva. No es simplemente la liberación del castigo y la evasión del pecado„ pasado; es el poder para vivir la vida victoriosamente y para conquistar el pecado. El mensaje de Jesús es una buena noticia sin duda.

(ii) Tenemos la palabra arrepentíos. Ahora bien, el arrepentimiento no es tan fácil como pensamos. La palabra griega?`; metánoia quiere decir un cambio de mentalidad. Somos propensos a confundir dos cosas: el dolor por las consecuencias del pecado, y el dolor por el pecado mismo. Muchas personas están apesadumbradas por el lío en que las ha metido el pecado, pero saben muy bien que si pudieran estar razonablemente. seguras de que podían librarse de las consecuencias, no les importaría volver a hacerlo todo igual que antes. No es el pecado lo que odian, sino sus consecuencias.

El verdadero arrepentimiento quiere decir que la persona ha llegado, no sólo a sentir las consecuencias de su pecado, sino a odiar el pecado mismo. Hace mucho, aquel anciano y sabio escritor Montaigne escribió en su autobiografía: «Habría que enseñar a los niños a odiar el vicio por su propia naturaleza para que no solamente evitaran caer en él, sino que lo abominaran en sus corazones -que el solo pensamiento del vicio les repugnara en cualquier forma que tomara.» El arrepentimiento quiere decir que la persona que estaba enamorada del pecado llega a aborrecerlo a causa de su indudable pecaminosidad.

(iii) Tenemos la palabra creed. «Creed -dice Jesús- la buena noticia.» Creer la Buena Noticia quiere decir simplemente tomarle la palabra a Jesús, creer que Dios es la clase de Dios que Jesús nos ha presentado, creer que Dios ama de tal manera al mundo que hará cualquier sacrificio para hacerlo volver a Él, creer que lo que nos parece demasiado bueno para ser verdad es verdad en realidad.

JESÚS ESCOGE A SUS AMIGOS

Marcos 1:16-20

Cuando Jesús iba andando por la orilla del Marcos de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces Jesús les dijo:

-¡Seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres!

Y ellos dejaron las redes al momento, y Le siguieron. Jesús fue un poco más adelante y vio a Santiago hijo de Zebedeo y a su hermano Juan que estaban en la barca remendando las redes. Acto seguido, Jesús los llamó, «y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con sus empleados y siguieron a Jesús.

Tan pronto como Jesús hizo Su decisión y escogió Su método, Se puso a preparar Su personal. Un líder tiene que empezar en alguna parte. Tiene que conseguirse un grupo reducido de almas semejantes a quienes pueda descargar su propio corazón y en cuyos corazones pueda escribir su mensaje. Así es que Marcos nos muestra aquí a Jesús literalmente echando los cimientos de Su Reino y llamando a Sus primeros seguidores.

Había muchos pescadores en Galilea. Josefo, el gran historiador de los judíos, que fue gobernador de Galilea, nos dice que en su tiempo había trescientas treinta barcas de pesca en las aguas del lago. Las personas corrientes de Palestina rara vez comían carne, probablemente no más de una vez por semana. El pescado era su dieta diaria (Luk_11:11 ; Mat_7:10 ; Mar_6:30-44 ; Luk_24:42 ). Lo más corriente era salar el pescado, porque no había medios para transportarlo fresco. El pescado fresco era una de las golosinas de las grandes ciudades como Roma. Los mismos nombres de las poblaciones alrededor del lago muestran la importancia del negocio del pescado. Betsaida quiere decir Casa de pescado; Tariquea quiere decir Lugar del pescado salado, y era allí donde preparaba el pescado para exportarlo a Jerusalén y aun a 1 misma Roma. La industria del pescado salado era un negocio importante en Galilea.

Los pescadores usaban dos clases de redes, que se mencionan o se implican en los evangelios. Usaban la red que llama ban saguéné. Esta era una clase de red barredera. Se dejaba cae desde la punta de la barca, y tenía pesas que la hacían mantenerse, digamos, de pie en el agua. Entonces la barca se movía hacia adelante tirando juntamente de los cuatro extremos de la red, que era como un gran saco que se moviera por el agua encerrando a los peces. La otra clase de red, la que estaban usando aquí Pedro y Andrés, se llamaba amfíbléstron. Era mucho más pequeña; se echaba al agua hábilmente a mano, y tenía la forma como de una sombrilla.

Naturalmente, es de sumo interés estudiar a los hombres que escogió Jesús como Sus primeros seguidores.

(i) Debemos fijarnos en lo que eran. Eran personas sencillas. No procedían de las escuelas ni de los colegios; no eran eclesiásticos ni aristócratas; no eran ni eruditos ni adinerados. Eran pescadores. Es decir: eran gente corriente y moliente. Nadie creyó tanto en las personas normales y corrientes como Jesús. Una vez dijo George Bemard Shaw: «No he sentido nunca ningún interés en las clases trabajadoras, excepto el deseo de acabar con ellas y reemplazarlas por personas sensatas.» En The Patrician -El Patricio-, John Galsworthy hace decir a Miltoun, uno de sus personajes: «¡La masa! ¡Cómo me repugna! Aborrezco su mezquina estupidez, me repelen el sonido de su voz y sus gestos, ¡tan vulgares, tan insignificantes!» Una vez declaró Carlyle en un momento de mal genio que había veintisiete millones de personas en Inglaterra -¡la mayor parte, estúpidos! Jesús no tenía esa actitud. Lincoln decía: «Dios- tiene que querer mucho a las personas corrientes por eso ha hecho tantas.» Era como si Jesús dijera: «Dadme doce personas normales y corrientes, y con ella si se entregan a Mí, cambiaré el mundo.» Uno no debería pensar tanto en lo que es como en lo que Jesucristo puede hacer con él.

(ii) Debemos fijarnos en lo que estaban haciendo cuando los llamó Jesús. Estaban haciendo lo de todos los días, pescando y remendando las redes. Así había sucedido con muchos profetas. «No soy profeta ni hijo de profeta -decía Amós-, sino boyero y recogedor de higos silvestres, y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: «Ve a profetizarle a Mi pueblo Israel»» (Amo_7:14 s). La llamada de Dios le puede llegar a una persona, no solamente en la casa de Dios o en un retiro espiritual, sino en medio del trabajo diario. La persona que vive en un mundo que está lleno de Dios no puede nunca escaparse de Él.

(iii) Debemos fijarnos en cómo los llamó Jesús. La invitación de Jesús fue: «¡Seguidme!» No tenemos por qué pensar que aquel día fue el primero que Le vieron. Es muy probable que hubieran estado antes escuchándole entre la multitud; y aun que se hubieran quedado para hablar con Él cuando la multitud ya se había dispersado. Es más que probable que hubieran sentido ya la magia de Su presencia y el magnetismo de Sus ojos. Jesús no les dijo: «Tengo un sistema teológico que Me gustaría que investigarais; tengo algunas teorías que querría que pensarais; tengo un sistema de ética que querría discutir con vosotros.» Jesús dijo: «¡Seguidme!» Todo empezó con una reacción personal a Jesús; todo empezó con ese impulso del corazón que engendra una lealtad inalterable. Esto no es decir que no haya personas que lleguen al Evangelio por el camino del pensamiento; pero para la mayor parte de nosotros el seguir a Cristo es como enamorarse. Se ha dicho que «admiramos a las personas por ciertas razones; las amamos sin ninguna razón.» Simplemente sucede porque ellos son ellos y nosotros somos nosotros. «Yo -dijo Jesús-, cuando me levanten de la tierra, atraeré hacia Mí a todo el mundo» (Joh_12:32 ). Con mucho en la mayor parte de los casos uno sigue a Jesucristo, no por nada que Jesús dijera o hiciera, sino por todo lo que es Jesús.

(iv) Por último debemos notar lo que Jesús les ofreció. ofreció una tarea. No los llamó a la inactividad, sino servicio. Como ha dicho Ortega y Gasset: «Descubrir, caer la cuenta de que la vida en su última sustancia consiste e tener que ser dedicada a algo, … toMarcos en vilo nuestra existencia entera y entregarla a algo, dedicarla…, esa es la averiguación fundamental del cristianismo, lo que indeleblemente ha puesto en la historia, es decir, en el hombre… Díganme ustedes qué otra cosa significa la frase tan repetida en el Nuevo Testamento y como casi todo el Nuevo Testamento t paradójica: «El que pierde su vida es el que la gana.» Es decir Da tu vida, enajénala, entrégala; entonces es verdaderamente tuya, la has asegurado, ganado, salvado» (En torno a Galileo) Jesús llamó a Sus hombres, no a una cómoda tranquilidad, ni, a un letargo inactivo, sino a una tarea en la que tendrían q gastarse y consumirse y, al final, morir por Él y por sus semejantes. Los llamó a una tarea en la que habrían de ganar algo por sí mismos solamente entregándose por completo a Él y a los demás.

JESÚS EMPIEZA SU CAMPAÑA

Marcos 1:21-22

Así es que entraron en Cafarnaum; y seguidamente, a el día del sábado, Jesús entró en la sinagoga y Se puso a enseñar; y la gente estaba totalmente alucinada de Su manera de enseñar, porque les enseñaba como el Que tenía autoridad personal, y no como los maestros de la Ley.

La historia de Marcos se desarrolla en una serie de pasos lógicos y naturales. Jesús reconoció en el surgir de Juan el Bautista la llamada de Dios a la acción. Fue bautizado, y recibió el sello de la aprobación de Dios, y el equipamiento de Dios para Su tarea. Fue probado por el diablo, y escogió el método que había de usar y la manera a seguir. Escogió a Sus hombres para tener un círculo reducido de espíritus semejantes ‹para escribir Su mensaje en sus corazones. Y ahora tenía que lanzarse a la campaña sabiendo lo que hacía. Si un hombre tenía un mensaje de Dios que quería comunicar, el lugar al que se dirigiría naturalmente sería la iglesia en la que se reunía regularmente el pueblo de Dios. Eso fue precisamente lo que hizo Jesús. Empezó Su campaña en la sinagoga.

Hay algunas diferencias básicas entre la sinagoga de entonces y la iglesia de nuestros días.

(a) La sinagoga era primordialmente un institución de enseñanza. El culto de la sinagoga constaba solamente de tres cosas: oración, lectura de la Palabra de Dios, y exposición de ella. No había música, ni canto, ni sacrificios. Se podría decir que el Templo era el lugar de la adoración y de los sacrificios; la sinagoga era el lugar de la enseñanza y la instrucción. La sinagoga era con mucho más influyente, porque no había nada más que un templo, pero la Ley establecía que donde hubiera diez familias judías tenía que haber una sinagoga; y por tanto, dondequiera que había una colonia de judíos, había una sinagoga. Si uno tenía un mensaje que predicar, la sinagoga era el lugar normal para predicarlo.

(b) La sinagoga ofrecía la oportunidad para comunicar tal mensaje. La sinagoga tenía algunos responsables. Estaba el príncipe, o principal, o alto dignatario de la sinagoga, que de todas esas maneras se llama a Jairo en las diferentes revisiones de la Reina-Valera en Mar_5:22 . Era responsable de la administración de los asuntos de la sinagoga y de la organización de sus servicios. Estaban los encargados de las limosnas. Diariamente se hacía una colecta en dinero y en especie entre los que podían dar, y luego se distribuía entre los pobres. A los más pobres se les daban alimentos para catorce comidas a la semana. Estaba el jazzán. Era el que la Reina-Valera llama el ministro (Luk_4:20 ). Era responsable de sacar y guardar los rollos de las Escrituras; de la limpieza de la sinagoga; de tocar la trompeta de plata para anunciar la llegada del sábado y de la educación elemental de los niños de la comunidad. Lo que no tenía la sinagoga era un predicador o maestro realmente. Cuando se reunían para el culto, el principal podía llama a cualquier persona competente para que hiciera el sermón la exposición. No existía tal cosa como un ministerio profesional. Por eso le fue posible a Jesús empezar Su campaña en las sinagogas. Todavía no se había endurecido la oposición hasta convertirse en hostilidad. Se sabía que Jesús tenía mensaje, y por esa razón la sinagoga de cualquier comunidad pon› a Su disposición un púlpito desde el que podía instruir y llaMarcos a la gente.

Cuando Jesús enseñaba en la sinagoga, la totalidad de Su método y la atmósfera de Su enseñanza eran toda una revela ción. Él no enseñaba como los escribas, los maestros de la Ley ¿Quiénes eran estos escribas?

Para los judíos, la cosa más sagrada de este mundo era la Torá, la Ley. La esencia de la Ley se contenía en los Diez Mandamientos, pero por Ley se entendía los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco. Para los judíos esta Ley era totalmente divina. Creían que se la había dado. Dios directamente a Moisés. Era absolutamente santa y totalmente vinculante. Decían: « El que diga que la Torá no es de Dios, no tiene parte en el mundo futuro.» «El que diga que Moisés escribió un solo versículo por sí mismo, niega y desprecia la Palabra de Dios.»

Si la Torá era tan divina, eso tenía dos consecuencias. La primera, tenía que ser la regla suprema de fe y de conducta; y la segunda, tenía que contener todo lo necesario para guiar y para dirigir la vida. Si así eran las cosas, la Torá exigía dos cosas. La primera: había de dársele el máximo cuidado y el estudio más meticuloso. La segunda: la Torá contiene grandes principios generales; pero si se supone que contiene directrices para toda la vida, lo qué está implícito en ella tiene que hacerse explícito. Las grandes leyes deben convertirse en reglas y normas particulares. Así se razonaba.

Para darse a este estudio y suplir este desarrollo surgió una clase de investigadores, los escribas, los maestros de la Ley. Los más grandes entre ellos recibían el título de Rabbí. Los escribas tenían tres cometidos.

(i) Extraer de los grandes principios morales de la Torá las normas y reglas para cada situación concreta de la vida. Esta era una tarea sin fin. La religión judía empezó con grandes leyes morales, y acabó con un sinnúmero de normas y reglas. Empezó siendo una religión, y acabó siendo un legalismo.

(ii) La misión de los escribas era transmitir y enseñar la Ley y su desarrollo. Las reglas y normas que se deducían y extraían de la Ley no se escribían nunca; se las conocía por el nombre de La Ley Oral. Aunque no estuvieran escritas se las consideraba aún más vinculantes que la Ley Escrita. Se enseñaban y se guardaban en la memoria de los escribas de generación en generación. Un buen estudiante tenía una memoria que era como « un pozo bien encalado que no pierde ni una gota.»

(iii) Los escribas tenían la obligación de dar el veredicto en casos individuales; porque era un hecho que cualquier caso individual tenía que plasmarse en una nueva ley.

¿Por qué era la enseñanza de Jesús tan diferente de la de los escribas? Porque Jesús enseñaba con autoridad personal. Ningún escriba daba nunca un veredicto por sí mismo. Siempre empezaba diciendo: «Hay una enseñanza de que…» Y entonces citaba todas sus autoridades. Si hacía una afirmación, la respaldaba con esta y esa y aquella citas de los grandes maestros legales del pasado. Jamás se le ocurriría emitir un juicio personal. ¡Qué diferente era Jesús! Cuando Él hablaba, no necesitaba citar ninguna autoridad fuera de Sí mismo: Hablaba con una independencia absoluta. No citaba autoridades ni mencionaba a expertos. Hablaba con la autoridad de la voz de Dios. Para los que Le escuchaban era como percibir una brisa del Cielo. La seguridad tremenda y positiva de Jesús era la antítesis de las cuidadosas citas de los escribas. La nota de autoridad personal resonaba en todas Sus palabras -y esa es la nota que capta la atención de todas las personas.

LA PRIMERA VICTORIA SOBRE LOS PODERES DEL MAL

Marcos 1:23-28

Había en la sinagoga un hombre -al que tenía en s garras un espíritu inmundo. De pronto, se puso a grita

-¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús Nazaret? -dijo-. Has venido a destruirnos. Sé m bien Quién eres: el Santo de Dios.

Jesús le reprendió seriamente, y le dijo:

-¡Cállate, y sal de él!

EL espíritu inmundo le produjo convulsiones al hombre, y le hizo dar gritos, y finalmente salió de él. Todos los presentes estaban tan alucinados que no hacían que preguntarse unos a otros:

-¿Qué es esto? ¡Es una nueva clase de enseñanza! Le da órdenes con autoridad hasta a los espíritus inmundos, y Le obedecen.

Y la noticia de Jesús se difundió en seguida por todo los aledaños del distrito de Galilea.

Si las palabras de Jesús habían sorprendido a la gente d la sinagoga, Sus obras los dejaron alucinados. En aquella sinagoga había un hombre al que tenía dominado un espíritu inmundo. Este armó una gran confusión, y Jesús le sanó.

En los evangelios nos encontramos constantemente cono personas que tenían espíritus inmundos y que estaban poseídas por demonios o diablos. ¿Qué había detrás de todo eso?

Los judíos, y por supuesto todos los pueblos de la antigüedad, creían firmemente en los demonios y los diablos. Como dijo Harnack: «Todo el mundo y la atmósfera que lo circundaba estaban llenos de diablos; no solamente la idolatría, sino todas las fases y las formas de la vida estaban gobernadas por ellos. Se sentaban en los tronos, jugueteaban en las cunas. La Tierra era literalmente un infierno.»

El doctor A. Rendle Short cita un hecho que muestra la intensidad con que el mundo antiguo creía en los demonios. En muchos cementerios antiguos se han encontrado cráneos trepanados; es decir, en los que se había hecho un agujero. En un cementerio, seis cráneos de ciento veinte estaban trepanados. Con la técnica quirúrgica limitada de que disponían, aquella no era una operación fácil. Además, estaba claro que los habían trepanado en vida porque el hueso había crecido después de la operación. También estaba claro que el agujero del cráneo era demasiado pequeño para tener ninguna utilidad quirúrgica; y se sabe que el disco de hueso que se extraía se llevaba colgado al cuello como un amuleto. La razón para estas trepanaciones era permitir que el demonio escapara del cuerpo de la persona. Si los cirujanos primitivos estaban dispuestos a realizar tal operación, y las personas dispuestas a sufrirla, la creencia en la posesión diabólica tiene que haber sido real.

¿De dónde procedían los demonios? Se proponían tres respuestas a esa pregunta. (i) Algunos creían que eran tan antiguos como la misma creación. (ii) Algunos creían que eran los espíritus de hombres malos que ya habían muerto, y que seguían llevando a cabo su obra maligna. (iii) Los más, por lo menos entre los judíos, relacionaban a los demonios con la vieja historia de Gen_6:1-8 . (Cp. 2Pe_2:4 s).

Los judíos elaboraban la historia de la siguiente manera. Hubo dos ángeles que vinieron a la Tierra atraídos por la belleza de las mujeres mortales. Se llamaban Assael y Shemaisai. Uno de ellos volvió a Dios; el otro se quedó en la Tierra para satisfacer su concupiscencia; y los demonios son las criaturas que engendró, y sus descendientes.

El término colectivo para demonios en hebreo es mazziquim, que quiere decir los que hacen daño. Eran seres malignos entre Dios y la humanidad que trataban de hacer daño.

Los demonios, según la creencia judía, podían comer y beber y engendrar hijos. Eran aterradoramente numerosos. Según algunos, había siete millones y medio de ellos; todas las personas tenían diez mil a su mano derecha y otros diez mil a su izquierda. Vivían en lugares inmundos tales como tumbas y sitios en los que no había agua para limpiarlos. Vivían el desierto, donde se podían escuchar sus aullidos. De ahí expresión « un desierto aullante.» Eran especialmente peligrosos para los viajeros solitarios, para las mujeres que estaba de parto, para la novia y el novio, para los niños que estaba fuera de casa después de ponerse oscuro y para todos los q iban de viaje por la noche. Estaban especialmente activos e el calor del mediodía y entre la puesta y la salida del sol. Había un demonio de la ceguera, y un demonio de la lepra, y un demonio de las enfermedades de corazón. Podían pasarles a laS personas sus dones malignos. Por ejemplo, el mal de ojo, que podía dar mala suerte y en el que todos creían, se lo transmitía los demonios a ciertas personas. Realizaban su obra utilizando ciertos animales -la serpiente, el toro, el asno y el mosquitos Los demonios machos se llamaban shedim, y las hembras lilin; de Lilith. Las hembras tenían el pelo largo, y eran las enemigas de los niños. Por eso los niños necesitaban a sus ángeles de la guarda (Mat_18:10 ).

No importa que creamos o no en todo esto; no viene a cuento si es verdad o no. De lo que no cabe duda es de que los que vivían en los tiempos del Nuevo Testamento sí creían. Todavía conservamos muchas expresiones, como ¡pobre diablo!, andar el diablo suelto, darse al diablo, llevársele a uno los demonios, tener el diablo en el cuerpo, ponerse uno hecho un demonio… amplio repertorio en el D R.A E., que son reliquias de unas creencias no tan distantes. Cuando una persona creía que estaba poseída, era «consciente de sí misma y al mismo tiempo de otro ser que la obligaba y controlaba desde dentro.» Esto explica por qué los posesos de Palestina gritaban a menudo cuando se encontraban con Jesús. Sabían que el Reinado del Mesías sería el fin de los demonios; y la persona que se creía poseída hablaba como un demonio cuando se encontraba en la presencia de Jesús.

Había muchos exorcistas que pretendían poder expulsar a los demonios. Tan real era esta creencia que el año 340 d C. La iglesia Cristiana tenía de hecho una orden de exorcistas. Pero había una gran diferencia entre los exorcistas ordinarios judíos o paganos que usaban conjuros o enSalmos o fórmulas mágicas, y Jesús, Que con una sencilla palabra de autoridad personal echaba al demonio de la persona. Aquello era algo inaudito. El poder no estaba en el enSalmo, sino en Jesús mismo, y la gente se quedaba alucinada.

¿Qué podemos decir de todo esto? Paul Tournier dice en su Libro de casos de un médico: «No cabe duda de que hay muchos médicos que en su lucha contra la enfermedad han tenido, como yo mismo, la impresión de que estaban enfrentándose con un enemigo listo e ingenioso.» El doctor Rendle Short sugiere la conclusión de que «las cosas que suceden en este mundo, de hecho, y sus desastres morales, sus guerras y maldad, sus catástrofes físicas y sus enfermedades, pueden ser parte de una gran guerra entre fuerzas tales como las que vemos en el Libro de Job, la malicia del diablo por una parte, y los límites impuestos por Dios por la otra.»

Este es un tema en el que podemos caer en el dogmatismo. Podemos adoptar tres posiciones diferentes. (i) Podemos relegar todo el asunto de la posesión diabólica a la esfera de la mentalidad primitiva, y decir que era la manera de explicar los fenómenos en un tiempo cuando. no se sabía gran cosa acerca de los cuerpos y de las mentes. (ii) Podemos aceptar la posesión diabólica como un hecho de nuestro tiempo como en los tiempos del Nuevo Testamento. (iii) Si adoptamos la primera posición tenemos que explicar la actitud y las acciones de Jesús. O bien Él no sabía más acerca de este asunto que la gente de Su tiempo -lo cual podemos aceptar fácilmente, porque Jesús no era ningún hombre de ciencia ni vino para enseñarnos cosas de la ciencia; o Él sabía perfectamente bien que no podía curar a una persona que tuviera estos problemas a menos que asumiera lo que el paciente consideraba la causa de su enfermedad. Esa era la realidad para la persona, y tenía que ser tratada como tal, o no se curaría nunca. Hay cuestiones cuya razón desconocemos.

UN MILAGRO EN PRIVADO

Marcos 1:29-31

Y acto seguido, cuando salieron de la sinagoga; fueron con Pedro y Juan a casa de Simón y Andrés:›

La suegra de Pedro estaba acostada con un ataque de fiebre. Inmediatamente Le dijeron a Jesús lo que l pasaba. Él se dirigió a ella, la tomo de la mano y levantó; y la fiebre le desapareció, y ella se hizo cargo de lo que ellos necesitaban.

Jesús había hablado y actuado en la sinagoga de la mane ‹ más sorprendente. Cuando terminó el culto de la sinagoga; Jesús se fue con Sus amigos a la casa de Pedro. Los judío tenían la costumbre de toMarcos la comida principal del sábado inmediatamente después del culto de la sinagoga, a la hora sexta, es decir, a las 12 del mediodía. (El día judío empezaba a las 6 de la mañana, y las horas se contaban desde entonces) Jesús podría muy bien haber reclamado el derecho a descansar después de la experiencia emocionante y agotadora del culto de la sinagoga. Pero una vez más se Le hizo saber la necesidad de Su poder, y una vez más Él Se dio a los demás. Este milagro nos dice algo acerca de tres personas.

(i) Nos dice algo acerca de Jesús. Él no necesitaba una gran audiencia para ofrecer Su poder; estaba tan dispuesto a sanar en el pequeño círculo de una cabaña como entre la gran concurrencia de una sinagoga. Nunca estaba demasiado cansado para ayudar. La necesidad de otros siempre tenía prioridad sobre Su propio deseo de descansar. Pero, sobre todo, vemos aquí, como vimos en la sinagoga, el carácter exclusivo de los métodos de Jesús. Había muchos exorcistas en los tiempos de Jesús, que actuaban con enSalmos elaborados y fórmulas y encantamientos y parafernalia mágica. Jesús había dicho en la sinagoga una palabra de autoridad, y la sanidad se había producido.

Aquí tenemos lo mismo otra vez. La suegra de Pedro estaba sufriendo de lo que el Talmud llamaba «una fiebre ardiente.» Era, y todavía es, muy corriente en esa región particular de Galilea. El Talmud establece de hecho los métodos para tratarla. Se tenía que atar con un mechón de pelo un cuchillo totalmente hecho de hierro a un espino. En días sucesivos se repetía, el primero, Exo_3:2 s; el segundo, Exo_3:4 , y por último Exo_3:5 . Entonces se pronunciaba una cierta fórmula mágica, y así se suponía que se conseguía la curación. Jesús pasó completamente de toda esa parafernalia de la magia popular, y con un gesto y una palabra de autoridad y poder sanó a la mujer.

La palabra que se usa en griego para autoridad en el pasaje anterior es exusía; y exusía se definía como un conocimiento total unido a un poder total; eso era precisamente lo que Jesús poseía, y lo que estaba dispuesto a ejercer en una cabaña. Paul Toumier escribe: «Mis pacientes me dicen muy a menudo: «Es admirable la paciencia que tiene usted para escuchar todo lo que yo le digo.» Y yo les digo: «No es paciencia lo que tengo, sino interés.»» Un milagro no era para Jesús una manera de aumentar Su prestigio; el ayudar no era un deber pesado y desagradable; El ayudaba instintivamente porque estaba totalmente interesado en todos los que necesitaban Su ayuda.

(ii) Nos dice algo acerca de los discípulos. No hacía mucho que conocían a Jesús, pero ya habían empezado a aprender a presentarle todos sus problemas. La suegra de Pedro estaba enferma; el sencillo hogar estaba desquiciado, y la cosa más natural del mundo para los discípulos era decírselo a Jesús.

Paul Tournier nos cuenta cómo le llegó uno de los grandes descubrimientos de la vida. Solía visitar a un anciano pastor, que nunca le dejaba marchar sin hacer oración con él. A él le conmovía la extremada sencillez de las oraciones del anciano. Parecía sencillamente que continuaba una conversación íntima e ininterrumpida con Jesús. Paul Toumier prosigue: «Cuando yo volvía a casa y hablaba de ello con mi mujer, juntos Le pedíamos a Dios que nos diera a nosotros también aquel íntimo compañerismo con Jesús que tenía el anciano pastor. Des entonces Él es siempre el centro de mi devoción y mi compañero de viaje. A Él Le complace lo que yo hago (C Ecc_9:7 ), y Se toma interés en ello. Jesús es un amigo , con el Que puedo discutir todo lo que me sucede en la vi

Él comparte mi gozo y mi dolor, mis esperanzas y mis temores. Él está allí cuando un paciente me habla de corazón, escuchándole conmigo y mejor que yo. Y cuando el paciente se va, y puedo hablar con El acerca de él.»

Ahí está la verdadera esencia de la vida cristiana. Como dic el himno: « Cuéntaselo en oración.» En tan poco tiempo, ya lo discípulos habían aprendido lo que llegaría a ser el hábito su vida: el llevarle todos sus problemas a Jesús y pedirle ayuda para resolverlos.

(iii) Nos dice algo acerca de la suegra de Pedro. Tan pronto como se sintió bien, empezó a atender a las necesidades de los demás. Usó su salud recuperada para un servicio renovado Una gran familia escocesa tiene el lema: « Salvos para servir. Jesús nos ayuda para que podamos ayudar a otros.

EL PRINCIPIO DE LAS MULTITUDES

Marcos 1:32-34

Cuando llegó la tarde y ya se había puesto el sol, empezaron a traerle a Jesús a todos los que estaban enfermos o poseídos de demonios. Todo el pueblo se agolpó a la puerta; y Jesús sanó a muchos que estaban enfermos de diversas dolencias, y echó a muchos demonios; y les prohibía a los demonios hablar, porque Le conocían.

Las cosas que había hecho Jesús en Cafarnaum no podían mantenerse secretas. El surgimiento de un nuevo poder y de una nueva autoridad tan grandes era algo que no se podía ocultar. Así es que la tarde sorprendió a la casa de Pedro asediada por multitudes que buscaban el toque sanador de Jesús. Esperaron hasta la tarde porque la Ley prohibía llevar ninguna carga por el pueblo el día del sábado (Cp. Jer_17:24 ). Eso habría sido hacer un trabajo, y todos los trabajos estaban prohibidos los sábados. Por supuesto que no tenían relojes de ninguna clase en aquellos días; el sábado llegaba desde las 6 de la tarde del viernes hasta las 6 de la tarde del sábado; y la Ley establecía que el día terminaba y empezaba el siguiente cuando se podían ver tres estrellas en el cielo. Así que los de Cafarnaum esperaron hasta la puesta del sol y: la aparición de tres estrellas en el cielo, y entonces vinieron trayéndole sus enfermos a Jesús, y Él los sanó.

Ya hemos visto a Jesús sanando a enfermos tres veces. La primera, en la sinagoga; la segunda, en la casa de Sus amigos, y ahora, en la calle. Jesús atendía la necesidad dondequiera que se encontrara y de quienquiera que fuera. Se decía del doctor Johnson que tener alguna desgracia era una recomendación para recibir su atención y ayuda. Dondequiera que había problemas, Jesús estaba dispuesto a usar Su poder. Él no seleccionaba ni el lugar ni a la persona; reconocía el derecho universal de la necesidad humana.

La gente acudía en tropel a Jesús porque reconocía en Él a un Hombre Que podía hacer cosas. Había muchos que podían hablar y exponer y leer y predicar; pero aquí estaba Uno Que usaba, no sólo palabras, sino también acciones. Se ha dicho que « si uno sabe hacer mejores ratoneras que sus vecinos, la gente hará pronto un sendero para ir a su casa aunque viva en medio de un bosque.» La persona que quiere la gente es la persona eficaz. Jesús podía, y puede, producir resultados.

Pero aquí tenemos también el principio de la tragedia. Las multitudes venían, pero era porque querían sacarle algo a Jesús. No venían porque Le amaban; ni porque hubieran captado un destello de una nueva visión; en último análisis, querían utilizar a Jesús. Eso es lo que casi todo el mundo quiere hacer con Dios y con Su Hijo. Por cada oración que se eleva a Dios en días de prosperidad, diez mil se le dirigen en tiempo de adversidad. Muchas personas que no han hecho nunca oración cuando brillaba el sol empiezan a orar cuando sopla los vientos fríos.

Alguien ha dicho que muchas personas consideran que , religión «pertenece al servicio de ambulancias, y no a la p ` mera línea de fuego de la vida.» La religión es para es personas un recurso para las crisis. Es sólo cuando se h metido en líos, o cuando la vida les asesta algunos de sus gol terribles cuando empiezan a acordarse de Dios. Debemos todos ir a Jesús porque Él es el único que nos puede dar las cos . necesarias para la vida; pero si ese ir y esos dones no producen nosotros una respuesta de amor y agradecimiento y entre hay algo trágicamente erróneo en nuestra situación. Dios no simplemente Alguien a Quien podemos usar en el día de 1 desgracia; es Alguien a Quien debemos aMarcos y recordar todo los días de nuestra vida.

EL RETIRO DEVOCIONAL Y EL DESAFÍO DE LA ACCIÓN

Marcos 1:35-39

Muy temprano, cuando era todavía de noche, Jesús Se levantó y salió. Se fue a un despoblado, y estuvo? orando allí.

Simón y sus amigos Le siguieron el rastro, y Le dijeron:

-Todo el mundo Te está buscando.

-Vamos a algún otro lugar -les dijo Jesús-; a los pueblos cercanos, para que proclame la Buena Noticia también allí; porque para eso es para lo que he venido.

Así es que iba a las sinagogas por toda Galilea proclamando la Buena Noticia y echando a los demonios por dondequiera que iba.

Aunque no se haga más que leer el relato de Marcos sobre las cosas que sucedieron en Cafarnaum, uno se da cuenta de ,Ve a Jesús no Le quedaba ningún tiempo para Sí mismo.

Ahora bien, Jesús sabía muy bien que no podía vivir sin Dios; que, si había de seguir dando constantemente, tenía que recibir por lo menos algunas veces; que si había de consumirse por los demás, tenía que reponer Sus fuerzas espirituales de vez en cuando. Sabía que no podía vivir sin oración. En un pequeño libro titulado La práctica de la oración, el doctor A. D. Belden propone algunas grandes definiciones. «La oración se puede definir como el clamor del alma a Dios.» No orar es ser culpable de la increíble necedad de ignorar «la posibilidad de añadir a Diosa nuestros recursos.» «En la oración Le damos a la perfecta mente de Dios la oportunidad de alimentar nuestros poderes mentales.» Jesús sabía todo esto; Él sabía que si había de encontrarse con los hombres, primero tenía que encontrarse con Dios. Si la oración era algo necesario para Jesús, ¡cuánto más lo será para nosotros!

Hasta allí Le siguieron el rastro. Jesús no tenía manera de cerrar la puerta y aislarse. Una vez la novelista Rose Macaulay dijo que todo lo que le pedía a la vida era «una habitación que fuera suya propia.» Eso es precisamente lo que nunca tuvo Jesús. Un gran médico decía que la misión de la medicina es «algunas veces, curar; a menudo, aliviar, y siempre consolar.» Jesús siempre sentía ese deber. Se ha dicho que el deber de un médico es «ayudar a las personas a vivir y a morir» -y la gente no hace más que vivir y morir. Es propio de la naturaleza humana el tratar de levantar barreras para tener tiempo y paz para uno mismo; eso es lo que nunca hizo Jesús. Consciente como era de Su propio cansancio y agotamiento, todavía era más consciente del clamor insistente de la necesidad humana. Así es que, cuando Le encontraron, Se levantó de Sus rodillas para salir al encuentro del desafío de Su tarea. La oración nunca hará nuestro trabajo por nosotros; lo que sí hará es darnos las fuerzas y capacitarnos para el trabajo que tenemos que hacer.

Jesús hizo una campaña de predicación por las sinagogas de Galilea. En Marcos esta campaña se resume en un s versículo, pero debe de haber durado semanas y hasta me A Su paso, Él predicaba y sanaba. Hay tres pares de cosas Jesús nunca separaba.

(i) Jesús nunca separaba las palabras de las obras. Y creía que una labor estaba terminada cuando no se había hecho más que empezarla; Él nunca creía que había cumplido misión cuando había exhortado a la gente a volver a Dios. a la bondad. Siempre había que pasar de la afirmación y exhortación a la acción. Fosdick cuenta en alguna parte que estudiante compró los mejores libros que pudo y el mejor equipo que pudo, y se hizo con una silla especial para estudiar con un atril especial para sostener el libro; y entonces se sen en aquella silla, y se quedó dormido. La persona que cultiva las palabras pero no las acciones hace algo parecido.

(ii) Jesús nunca separaba el alma del cuerpo. Ha habido tipos de cristianismo que hablaban como si el cuerpo no i portara. Pero la persona se compone de alma y cuerpo; y tarea del Cristianismo es redimir la persona total, y no sólo un parte de ella. Es, desde luego, benditamente cierto que u persona puede que esté muriéndose de hambre, viviendo en un chabola, en angustia y en dolor, y sin embargo tenga momento deliciosos de comunión con Dios; pero eso no es razón p que se la deje en tal estado. Las misiones a las razas primitivas no llevan solamente la Biblia; también llevan la educación la medicina; llevan la escuela y el hospital además de la iglesia. Es un absurdo hablar del evangelio social como si fue un extra, o una opción, o hasta una parte separable del mensaje cristiano. El mensaje cristiano es uno solo, y se expresa e palabras y acciones para bien de los cuerpos tanto como de 1 almas.

(iii) Jesús nunca separaba la Tierra y el Cielo. Hay alguno que están tan preocupados con el Cielo que se olvidan de 1 Tierra, y se convierten en unos visionarios inútiles. También hay algunos que están tan preocupados con la Tierra, y se olvidan del Cielo, y limitan el bien a los bienes materiales. El sueño de Jesús era un tiempo cuando la voluntad de Dios se haría en la Tierra como en el Cielo (Mat_6:10 ) y la Tierra y el Cielo serían una misma cosa.

UN LEPROSO ES LIMPIADO

Marcos 1:40-45

Un leproso acudió a Jesús pidiéndole que le ayudara. Se puso de rodillas delante de Él y Le dijo:

-Si quisieras, Tú podrías limpiarme.

Jesús Se conmovió de compasión en lo más íntimo de Su ser; extendió el brazo y le tocó, diciéndole:

-¡Sí quiero! ¡Queda limpio!

Inmediatamente le desapareció la lepra, y quedó limpio. Y acto seguido Jesús le despidió, advirtiéndole:

-Guárdate bien de decirle esto a nadie, sino preséntate al sacerdote para que te reconozca, y lleva la ofrenda de la purificación que estableció Moisés para demostrarles que estás curado de veras.

Pero el que había sido leproso se marchó y empezó a contar lo que -le había pasado con todo detalle y por todas partes. En consecuencia, ya no Le era posible a Jesús entrar abiertamente en los pueblos, sino que tenía que quedarse fuera en lunares deshabitados; y la gente no dejaba de acudir a El de todas partes.

En el Nuevo Testamento no había enfermedad que se considerara con más terror y lástima que la lepra. Cuando Jesús envió a los Doce, les mandó: «Sanad a los enfermos, limpiad a los leprosos» (Mat_18:8 ). La suerte del leproso era realmente terrible. E. W. G. Masterman, en su artículo sobre la lepra en Dictionary of Christ and the Gospels, del que tomamos mucho de la información que sigue, dice: «Ninguna otra enfermedad reduce a un ser humano por tantos años a una tan repulsiva.» Consideremos en primer lugar los Hechos:

Hay tres clases de lepra. (1) Está la lepra tuberculosa. Empieza por un letargo inexplicable y dolores en las articulaciones. Más tarde aparecen en el cuerpo, especialmente en la espalda, manchas simétricas descoloridas. En ellas se forman pequeños nódulos, al principio rosas, que luego se vuelven marrones. La piel se pone más gruesa. Los nódulos se agrupan especialmente en los pliegues de las mejillas, la nariz, los labios y la frente. Cambia de tal manera el aspecto total de la cara, que la persona pierde su aspecto humano y parece más, decían los antiguos, como un león o un sátiro. Los nódulos van haciendo cada vez más grandes; se ulceran y echan un pus repugnante. Se les caen las cejas; los ojos se les ponen saltones, la voz se vuelve áspera, y le silba el aliento a causa de la ulceración de las cuerdas vocales. También se les ulceran las manos y los pies. Poco a poco el paciente se convierte en masa de bultos ulcerados. El curso normal de la enfermedad es de nueve años, y acaba en la pérdida de la razón, coma por fin, la muerte. El paciente se convierte en un ser repulsivo para sí mismo y para los demás.

(ii) Está la lepra anestésica. Las etapas iniciales son la mismas; pero quedan afectados los nervios. El área infecta pierde la sensibilidad. Esto puede suceder sin que el paciente se dé cuenta; y puede que no lo note hasta que sufra algunas quemaduras y descubra que no siente los dolores que serían normales. Conforme se desarrolla la enfermedad el daño que se produce en los nervios causa manchas descoloridas y ampollas. Los músculos se degeneran; los tendones se contraen, hasta el punto de dejar las manos como garras. Siempre se le deforman las uñas. Se producen ulceraciones crónicas en los pies y en las manos seguidas de la progresiva pérdida de los dedos hasta que al final ,.se les cae la mano o el pie enteros. La duración de la enfermedad puede llegar hasta entre veinte y treinta años. Es una especie de terrible muerte lenta por un deterioro progresivo de todo el cuerpo.

(iii) La tercera clase de lepra es el tipo más corriente, en el que se mezclan la lepra tuberculoide y la anestésica. Esta es la lepra propiamente dicha, y no hay duda de que había muchos leprosos de esta clase en Palestina en tiempos de Jesús.

De la descripción de Levítico 13 se deduce claramente que en los tiempos del Nuevo Testamento el término lepra se usaba aplicándolo a otras enfermedades de la piel. Parece habérsele aplicado a la soriasis, una enfermedad que cubre el cuerpo de escamas blancas, lo que podría ser el origen de la frase « un leproso blanco como la nieve» (Cp. Exodo 4:6; Números, 12:10; 2Ki_5:27 ). Parece que también incluía la tiña, que sigue siendo muy corriente en Oriente. La palabra hebrea que se usa en Levítico es tsará›at. Ahora bien, Lev_13:47 habla de una tsará›at de la ropa, y la de las casas se menciona en Lev_14:33 . El deterioro de la ropa sería una clase de hongos o moho; y el de las casas sería carcoma o líquenes que destruyen la piedra. La palabra tsará›at, lepra, en el pensamiento judío parece haber cubierto cualquier clase de enfermedad de la piel. Naturalmente, con los conocimientos médicos en un estado extremadamente primitivo, la diagnosis no distinguía entre las diferentes clases de enfermedades de la piel, e incluía tanto las incurables y mortales como otras no tan fatales y comparativamente leves bajo un término general.

Cualquier enfermedad de la piel de las descritas hacía que el paciente quedara inmundo. Se le echaba de la sociedad; tenía que vivir solo, o con otros que estuvieran en la misma situación, fuera del pueblo. Tenía que llevar la ropa desgarrada, la cabeza descubierta, el labio superior tapado, y, cuando iba andando, tenía que gritar para advertir su presencia: « ¡Inmundo, inmundo!» Descubrimos la misma situación en la Edad Media, en la que se aplicaba también la Ley de Moisés. El sacerdote, con la estola y el crucifijo, llevaba al leproso a la iglesia y le leía el oficio de difuntos. El leproso era un muerto en vida. Tenía que llevar una túnica negra que todos pudieran reconocer, y vivir en un lazareto. No podía asistir a los oficios religiosos, que sólo podía atisbar por una « grieta de los leprosos» que había en los muros. El leproso tenía que asumir no sólo el sufrimiento físico de su enfermedad, sino también la angustia mental y espiritual de estar totalmente desterrado de la sociedad y evitado aun por los suyos.

Si se diera alguna vez el caso de que un leproso se curara -y la verdadera lepra era incurable, así es que se trataría cualquiera de las otras enfermedades de la piel tenía que pasar por una complicada ceremonia de restauración que describe en Levítico 14. Le reconocía un sacerdote. Llevar dos avecillas, y se mataba una sobre agua corriente. Cosas se llevaba madera de cedro, grana e hisopo. Estas cosas y la avecilla viva se mojaban en la sangre de la avecilla muerta;

entonces se soltaba la viva. El hombre se lavaba, así como la ropa, y se afeitaba. Se dejaban pasar siete días, y luego se reconocía otra vez. Entonces tenía que afeitarse todo el pelo del cuerpo. Ofrecía algunos sacrificios celos corderos y una cordera de un año sin tacha; tres décimos de un efa de flor harina mezclada con aceite y un log de aceite. Las cantidad eran menores para los pobres. Al paciente restaurado se le tocaba el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y del pie derecho con la sangre de la víctima y luego con el aceite. Se le reconocía por última vez y, si no le quedaban restos de la enfermedad, se le permitía volver a la sociedad con un certificado de que estaba limpio.

Aquí tenemos una de las escenas más reveladoras de Jesús

(i) No rechazó a una persona que estaba quebrantando la Ley. El leproso no tenía derecho a acercársele y hablarle, pero Jesús no le rechazó. Salió al encuentro de una necesidad humana con una compasión comprensiva.

(ii) Jesús extendió el brazo, y le tocó. Tocó a un hombre intocable, porque era inmundo. Para Jesús no lo era; era simplemente un alma humana con una necesidad desesperada.

(iii) Después de limpiarle, Jesús le envió a cumplir las normas legales. Él cumplía las leyes y la justicia humanas. Él no desafiaba impunemente los convencionalismos; sino, cuando era necesario, los aceptaba y cumplía.

Aquí vemos la compasión, el poder y la prudencia en perfecta armonía.

LA FE QUE SUPERA OBSTÁCULOS

Marcos 2:1-6

Algún tiempo después, cuando volvió Jesús a Cafarnaum, se corrió la voz de que estaba en una casa, y se abarrotó de gente de tal manera que no quedaba sitio para nadie más ni siquiera a la puerta.

Cuando Jesús estaba dándoles Su mensaje llegó un grupo trayéndole a Jesús a un paralítico al que llevaban entre cuatro. Como no podían llegar hasta Él a causa de la gente, descubrieron urca parte de la cubierta de la casa donde estaba, e hicieron un agujero por el que bajaron la camilla con el paralítico.

Cuando Jesús vio la fe de ellos le dijo al paralítico:

Hijo, tus pecados se te han perdonado.

Cuando Jesús terminó su campaña en las sinagogas, volvió a Cafarnaum. En seguida se corrió la voz de que había vuelto. La vida era muy abierta en Palestina. Por la mañana se abría la puerta de las casas, y cualquiera podía entrar o salir. No se cerraba nunca la puerta a menos que se quisieran evitar las visitas. Una puerta abierta era una invitación a todos los que quisieran entrar. En las casas más humildes, como esta tiene que haber sido, no había recibidor, y la puerta de la calle daba acceso al interior de la casa directamente. Así es que, de pronto, un gentío considerable había abarrotado la casa y se extendía por fuera de la puerta; y todos estaban escuchando atentamente el mensaje de Jesús.

A esta multitud llegó un grupo de hombres que llevaban en una camilla a un amigo suyo que estaba paralítico. No pudieron abrirse paso entre la gente; pero eran personas de iniciativa.

La techumbre de las casas de Palestina era plana, como terraza, que se usaba para estar tranquilos y para descansar así es que era corriente que hubiera una escalera exterior p subir. Los materiales de la cubierta se prestaban a lo q , hicieron estos cuatro amigos decididos. La cubierta esta formada por vigas planas que iban de una pared a otra se radas cosa de un metro entre sí. El espacio entre las vigas›. llenaba de cañizo y de tierra, y la superficie se alisaba por fuera. La mayor parte de la cubierta era de tierra, y no era que creciera la hierba en el tejado de la casa palestina. Fue cosa más fácil del mundo descubrir una parte del relleno en dos vigas, hacer un agujero suficientemente grande y bajar él al enfermo justamente a los pies de Jesús. Aquello no un destrozo considerable, ya que sería fácil dejarlo como esta antes. Cuando Jesús vio la fe que se reía de los obstáculos, de de haber sonreído complacido y comprensivo. Miró al hombre y le dijo: «Hijo, tus pecados se te han perdonado.»

Esta puede parecernos una manera un poco extraña comenzar una cura. Pero en Palestina, en tiempos de Jesús, era natural e inevitable. Los judíos relacionaban necesariamente pecado y el sufrimiento. Creían que si una persona esta sufriendo, sería porque había pecado. Ese era de hecho razonamiento de los amigos de Job. «Piensa ahora, ¿q inocente se pierde? ¿Dónde los rectos son destruidos?» (Joh_4:7 ). Los rabinos tenían un dicho: «Ningún enfermo puede curarse hasta que todos sus pecados se le hayan perdonado. Todavía seguimos encontrando estas mismas ideas entre 1 pueblos primitivos. Paul Tournier escribe: «¿Es que no informan los misioneros de que la enfermedad es una deshonra a los ojos del salvaje? Hasta los que se convierten al Cristianismo no osan ir a la comunión cuando están enfermos, porque se consideran rechazados por Dios.» Para los judíos, un enfermo era alguien con quien Dios estaba enfadado. Es verdad que gran número de, enfermedades se deben al pecado; y máS verdad todavía que vez tras vez se deben, no al pecado del que padecía enfermedad, sino de otros. Nosotros no establecemos la relación de causa a efecto que hacían los judíos; pero cualquier judío habría estado de acuerdo en qué el perdón de los pecados era condición previa y sine qua non para la curación.

Bien puede ser, sin embargo, que esta historia nos quiera decir más que eso. Los judíos establecían esa relación entre la enfermedad y el pecado, y bien puede ser que en este caso la conciencia del hombre estuviera de acuerdo, y bien puede ser que esa conciencia de pecado hubiera producido de hecho la parálisis. El poder de la mente, especialmente del inconsciente, sobre el cuerpo es sorprendente e innegable.

Los psicólogos citan el caso de una chica que tocaba el piano en un cine en los tiempos del cine mudo. Normalmente se encontraba bien; pero, en cuanto se apagaban las luces, y el local se llenaba del humo de los cigarrillos, empezaba a paralizarse. Ella trataba de combatirlo; pero la parálisis acabó por hacerse permanente, y había que hacer algo. Un examen reveló que no había ninguna causa física. Bajó hipnosis se descubrió que cuando era muy pequeña, una bebé de pocas semanas, estaba acostada en una de aquellas cunas antiguas muy elaboradas, con un lazo de tul por encima de la cara. Su madre se inclinó una vez hacia ella fumando un cigarrillo, y se prendieron los adornos de la cuna. El fuego se apagó inmediatamente, y ella no sufrió ningún daño físico; pero su mente inconsciente recordaba aquel terror. La oscuridad, además del olor del tabaco, actuaba en su inconsciente y le paralizaba el cuerpo -y ella no sabía por qué.

El hombre de esta historia puede ser que estuviera paralítico porque, consciente o inconscientemente, su conciencia le acusaba de que era pecador, y ese pensamiento le produjo la enfermedad que él creía que era la consecuencia inevitable del pecado. Lo primero que Jesús le dijo fue: «Hijo, Dios no está enfadado contigo. No te preocupes.» Era como hablarle con cariño a un chiquillo atemorizado en la oscuridad. La carga del terror de Dios y del alejamiento de Dios desaparecieron de su corazón, y aquel mismo hecho fue decisivo para su curación.

Es una historia preciosa, porque lo primero que Jesús hace por cada uno de nosotros es decirnos: « Hijo, Dios no este enfadado contigo. Vuelve a casa, y no tengas miedo.»

Marcos 1:1-45

1.1 Cuando uno experimenta la emoción de un gran acontecimiento, siente que debe contárselo a alguien. Contar la historia puede hacer revivir la experiencia pasada. Al leer las primeras palabras de Marcos se siente esa emoción. Imagínese en medio de la multitud mientras Jesús sana y enseña. Imagínese como uno de sus discípulos. Reaccione a sus palabras de amor y de estímulo. Y recuerde que Jesús vino por cada hombre y por cada mujer, por quienes vivimos hoy en día y por los que vivieron hace dos mil años.

1.1 Marcos no fue uno de los doce discípulos de Jesús, pero es muy posible que haya conocido a Jesús personalmente. Escribió este Evangelio en forma de relato ágil, como una novela popular. El libro presenta a Jesús como un hombre que respaldaba sus palabras con hechos que siempre demostraban quién era: el Hijo de Dios. Debido a que escribió su Evangelio para los cristianos de Roma, donde se adoraban muchos dioses, quería que supieran que Jesús es el único y verdadero Hijo de Dios.

1.2 ¿Por qué vino Jesús en aquel momento preciso de la historia? El mundo civilizado gozaba de una relativa paz durante el gobierno de Roma. Viajar era fácil y había un idioma común. Quizás las noticias acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús se esparcieron con rapidez por el vasto Imperio Romano.
En Israel, las personas comunes y corrientes estaban listas para seguir a Jesús. Durante cuatrocientos años no tuvieron profeta de Dios, desde los días de Malaquías (el escritor del último libro del Antiguo Testamento). Cada vez estaban más expectantes por la pronta llegada de un gran profeta o quizás el Mesías mencionado en el Antiguo Testamento (véase Luk_3:15).

1.2, 3 Isaías fue uno de los más grandes profetas del Antiguo Testamento. La segunda mitad de su libro está dedicada a la promesa de la salvación. Isaías escribió sobre la venida del Mesías, Jesucristo, y acerca del hombre que anunciaría su venida, Juan el Bautista. El llamado de Juan a la gente de “preparad” significaba que tendrían que abandonar su manera de vivir, renunciar a sus pecados, buscar el perdón de Dios y establecer una relación con el todopoderoso Dios mediante la fe y la obediencia a su palabra que es la Biblia (Isa_1:18-20; Isa_57:15).

1.2, 3 En Mar_1:2-3 tenemos una cita tomada de Mal_3:1 e Isa_40:3.

1.2, 3 Cientos de años antes, el profeta Isaías predijo la venida de Juan el Bautista y de Jesús. ¿Cómo lo supo? Dios prometió a Isaías que un Libertador vendría a Israel y que una voz se alzaría en el desierto para prepararle el camino. Las palabras de Isaías alentaron a muchos al hacerles mirar hacia el futuro, al Mesías. Saber que Dios cumple sus promesas nos consuela. Marcos escribió mucho sobre el futuro y Dios cumplirá sus promesas. Al leer este libro, que es parte de la Palabra de Dios, comprendamos que es algo más que una historia: es Dios que revela sus planes en cuanto a la historia de la humanidad.

1.4 ¿Por qué será que el Evangelio de Marcos comienza con la historia de Juan el Bautista y no menciona el nacimiento de Jesús? En aquellos tiempos, a los oficiales romanos de importancia siempre les precedía un anunciador o heraldo. Cuando el heraldo llegaba a un pueblo, la gente sabía que algún personaje prominente estaba al llegar. Ya que Marcos escribió sobre todo para cristianos romanos, comenzó su libro con Juan el Bautista, cuya misión era anunciar la venida de Jesús, el hombre más importante que jamás haya vivido. A los cristianos romanos no les hubiera interesado tanto el nacimiento de Jesús como el heraldo que le preparó el camino.

1.4 Juan decide vivir en el desierto: (1) para mantenerse alejado de las distracciones y poder oír mejor las instrucciones divinas; (2) para lograr la total atención del pueblo; (3) para simbolizar un violento rompimiento con la hipocresía de los líderes religiosos más interesados en sus lujosos hogares y posiciones de autoridad que en la obra de Dios; (4) para dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento que decían que Juan sería una “voz que clama en el desierto; preparad camino a Jehová” (Isa_40:3).

1.4 En el ministerio de Juan, el bautismo era una señal visible de que una persona decidía cambiar, dejar su forma de vida de pecado y egoísmo y volverse a Dios. Juan adoptó una conocida costumbre y le dio un nuevo sentido. Los judíos a menudo bautizaban gentiles, los que se convertían al judaísmo. Pero bautizar a un judío como señal de arrepentimiento fue una radical desviación de la costumbre judía. La iglesia primitiva le dio al bautismo un significado mayor, al asociarlo con la muerte y resurrección de Jesús (véanse, por ejemplo, Rom_6:3-4; 1Pe_3:21).

1.5 El propósito de la predicación de Juan fue preparar al pueblo para aceptar a Jesús como el Hijo de Dios. Cuando Juan lanzó al pueblo el reto de confesar sus pecados individualmente, señaló el comienzo de una nueva forma de tener relación con Dios.

¿Es necesario que usted cambie antes de oír y entender el mensaje de Jesús? La gente tiene que reconocer que necesita el perdón antes que pueda aceptar el perdón; el verdadero arrepentimiento debe producirse antes de que la persona tenga verdadera fe en Jesucristo. Como preparación para recibir a Cristo, debemos arrepentirnos y renunciar a las atracciones del mundo que llevan a la muerte, a las tentaciones pecaminosas y a las actitudes perniciosas.

1.6 La vestimenta de Juan no era precisamente el último grito de la moda de aquellos días. Se vestía como el profeta Elías (2Ki_1:8) para distinguirse de los líderes religiosos cuyas largas túnicas reflejaban el orgullo que sentían por su posición (2Ki_12:38). La sorprendente apariencia de Juan reflejaba su extraordinario mensaje.

1.7, 8 Aunque Juan era el primer profeta genuino en cuatrocientos años, Jesús el Mesías sería infinitamente mejor que él. Juan puntualizó cuán pequeño era ante Aquel que venía. No se consideraba digno ni siquiera de realizar para El las tareas más humildes, como desatar la correa de sus sandalias. Lo que Juan comenzó, Jesús lo finalizó. Lo que Juan preparó, Jesús lo realizó.

1.8 Juan dijo que Jesús bautizaría con el Espíritu Santo y fuego y que enviaría el Espíritu Santo para que viviera en cada creyente. El bautismo en agua que Juan predicaba preparaba a la persona para recibir el mensaje de Cristo. Demostraba humildad y señalaba la disposición de abandonar el pecado. Este era el comienzo del proceso espiritual. Cuando Jesús bautiza con el Espíritu Santo, sin embargo, toda la persona se reforma por dicho poder. Este bautismo es el resultado de la obra completa de Jesús.

1.9 Si el bautismo de Juan era solo arrepentimiento de pecados, ¿por qué se bautizó Jesús? Hasta los más grandes profetas (Isaías, Jeremías, Ezequiel) tuvieron que confesar sus pecados y arrepentirse. Jesús no, porque fue sin pecado. Aunque no era necesario, Jesús se bautizó por estas razones: (1) para testificar de su consagración a su misión de traer el mensaje de salvación a todas las naciones; (2) para demostrar que Dios aprobaba y respaldaba su misión; (3) para identificarse con nuestra condición humana y pecadora; (4) para comenzar oficialmente su ministerio público (Joh_1:31-34); (5) para darnos un ejemplo que hemos de imitar. El bautismo de Juan era diferente del bautismo cristiano en la iglesia (véase Act_19:2-5).

1.9 Jesús creció en Nazaret, donde vivió de niño (Mat_2:22-23). Nazaret era una pequeña aldea en Galilea, ubicada a medio camino entre el Marcos de Galilea y el Marcos Mediterráneo. La ciudad era despreciada y evitada por muchos judíos porque tenía la reputación de ser independiente. Nazaret era un cruce de camino para rutas de intercambio y tenía contacto con otras culturas (véase Joh_1:46).

1.10, 11 El Espíritu Santo descendió en forma de paloma sobre Jesús y una voz desde los cielos proclamó en nombre del Padre que Jesús es su divino Hijo. Aquí vemos a los tres miembros de la Trinidad juntos: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.

1.12, 13 Satanás es un ángel que se rebeló contra Dios. Es real, no es simbólico, y siempre trabaja en contra de Dios y de quienes lo obedecen. Tentó a Eva en el Edén y la persuadió a pecar; tentó a Jesús en el desierto y no logró que cayera. Ser tentado no es pecado. Tentar a otros o ceder a la tentación sí lo es. Si desea más información acerca de la tentación de Jesús, lea Mat_4:1-11.

1.12, 13 Para identificarse por completo con el ser humano, Jesús tuvo que enfrentar la tentación de Satanás. Ya que Jesús enfrentó la tentación y salió victorioso de ella, puede ayudarnos en dos formas muy importantes: (1) a manera de ejemplo en cómo enfrentar la tentación sin pecar, y (2) como ayudador que sabe qué necesitamos, ya que El pasó por esa misma experiencia. (En Heb_4:15 encontramos más referencias a Jesús y la tentación.)

1.12, 13 Jesús se apartó de la gente y se fue al desierto, donde Satanás lo tentó. La tentación nos resulta mala solo cuando cedemos a ella. No debemos aborrecer los momentos de prueba, porque a través de ellas se fortalece nuestro carácter y Dios nos enseña valiosas lecciones. Cuando enfrentemos a Satanás y tengamos que vérnosla con sus tentaciones y la confusión que nos presenta, recordemos a Jesús. El usó la Palabra de Dios frente a Satanás y triunfó. Nosotros podemos hacer lo mismo.

1.12, 13 Los ángeles son mensajeros celestiales que cumplen la voluntad de Dios o la comunican a los hombres. El término ángel significa mensajero y generalmente identifica al más alto grado de seres espirituales que habitan en la presencia de Dios. Pero también puede referirse a los ángeles de Satanás (Mat_25:41) y parece aplicarse a los pastores que sirven de mensajeros de Dios a las siete iglesias de Asia (Apocalipsis 1-3). La presencia de Dios en forma angélica es obvia en Gen_16:7-14; Gen_22:11-19; Exo_3:2-4; Jdg_2:1; Jdg_6:11-14; Jdg_13:3. La palabra griega ángelos, que en algunos casos se traduce como mensajero, se emplea también para designar a hombres en pasajes como Luk_7:24 y Jam_2:25. Las escrituras declaran que los ángeles son: (1) seres creados (Col_1:16); (2) innumerables (Dan_7:10); (3) de diversos órdenes y rangos (Jud_1:9); (4) poderosos (Psa_103:20); (5) espíritus sin cuerpos materiales (Heb_1:14); (6) libres de limitaciones físicas (Act_12:5-10); (7) sumamente sabios (2Ki_14:20); (8) capaces de presentarse en forma humana (Joh_20:12).

1.14, 15 ¿Cuáles son las buenas nuevas de Dios? Estas primeras palabras de Jesús en Marcos nos dan la esencia de su enseñanza: que el tan esperado Mesías había vino para iniciar el Reino personal de Dios en la tierra. La mayoría de las personas que oyeron este mensaje estaban en la opresión, pobres y sin esperanzas. Las palabras de Jesús fueron buenas nuevas para ellas porque les ofrecían libertad, bendiciones y esperanzas.
1.16 La pesca era la industria más importante en torno al Marcos de Galilea. La pesca con redes era el método más usado. Capernaum, que llegó a ser el nuevo centro de operaciones de Jesús, era en ese tiempo la más grande de alrededor de treinta aldeas de pescadores situadas alrededor del Marcos (Mat_4:12-13).

1.16-20 Se suele pensar que los discípulos de Jesús eran grandes hombres de fe desde que se unieron a Jesús. Pero la verdad es que tuvieron que crecer en la fe de igual modo que cualquier creyente (Mar_14:48-50, Mar_14:66-72; Joh_14:1-9; Joh_20:26-29).
Al parecer, esta no fue la única vez que Jesús llamó a Pedro (Simón), Jacobo y Juan para que le siguieran (en Luk_5:1-11 y en Joh_1:35-42 leemos de otras dos veces). Tardó en que el llamado de Jesús y su mensaje penetraran, pero lo importante es esto: aunque tenían mucho que crecer, le siguieron. Asimismo, tenemos preguntas y vacilaciones, pero nunca debemos dejar de crecer al seguir a Jesús.

1.21 Debido a que el templo en Jerusalén estaba demasiado lejos para que muchos judíos viajaran hasta allí para adorar regularmente, muchos pueblos tenían sinagogas que servían como lugares de adoración y escuelas. Desde los tiempos de Esdras, alrededor de 450 a.C., un grupo de diez familias judías podía fundar una sinagoga. Allí, durante la semana, los niños varones estudiaban la Ley del Antiguo Testamento y la religión judía. Las niñas no se admitían. Cada día de reposo, el Sabat, los hombres se reunían para escuchar la enseñanza de la Palabra de Dios a través de un rabí. Debido a que los rabinos o maestros no eran permanentes, los principales de la sinagoga acostumbraban pedir a los maestros visitantes que hablaran. Por eso Jesús a menudo hablaba en las ciudades que visitaba.

1.21 Jesús se acababa de mudar de Nazaret a Capernaum (Mat_4:12-13). Capernaum era una ciudad muy próspera, con grandes riquezas, al igual que grandes pecados y decadencia. Debido a que acuartelaba muchos soldados romanos, la influencia pagana del Imperio Romano se encontraba dondequiera. Era el lugar ideal para que Jesús enfrentara a judíos y a gentiles con las buenas nuevas del Reino de Dios.

1.22 A menudo, los maestros judíos citaban a famosos rabinos para dar más autoridad a sus palabras. Pero Jesús no necesitaba hacerlo. Como era Dios, conocía perfectamente las Escrituras y su significado. El era la autoridad suprema.

1.23 Los demonios son espíritus de maldad bajo las órdenes de Satanás. Su trabajo es hacer pecar a la gente. Satanás no los creó, porque Dios es el Creador de todo; son ángeles caídos que se unieron a Satanás en su rebelión. En su estado de degeneración pueden hacer que una persona quede muda, sorda, ciega o demente. Pero siempre que se enfrentaron a Jesús, perdieron su poder. Dios pone límites a lo que hacen; no pueden hacer nada sin su permiso. Durante el tiempo en que Jesús vivió en la tierra, a los demonios se les permitió estar muy activos para demostrar de una vez y para siempre que Cristo tiene poder y autoridad sobre ellos.

1.23ss Para muchos sicólogos la posesión demoníaca es una forma primitiva de describir las enfermedades mentales. Sin embargo, está claro que un demonio era el que controlaba a este hombre. Marcos enfatiza las luchas contra el poder demoníaco para demostrar la superioridad de Jesús. Narra muchos relatos que muestran a Jesús echando fuera demonios. Jesús no tenía que realizar un elaborado ritual de exorcismo. Su palabra era suficiente para expulsar a los demonios.

1.23, 24 Los demonios supieron enseguida que Jesús era el Hijo de Dios. Al incluir este hecho en su Evangelio, Marcos estableció las credenciales de Jesús, mostrando que hasta el mundo de las tinieblas lo reconocía como el Mesías.

1.29-31 Cada escritor de los Evangelios escribió desde una perspectiva un tanto diferente; por eso los relatos tienen detalles diferentes en cada Evangelio. En Mateo, Jesús tocó a la mujer. En Marcos, la ayudó a incorporarse. En Lucas, le habló a la fiebre que al instante la dejó. Pero no hay conflicto en los relatos. Cada escritor escogió enfatizar detalles diferentes del mismo caso con el propósito de resaltar ciertas características de Jesús.

1.32, 33 La gente se acercó a Jesús al atardecer cuando el sol se ponía. Era el día de reposo (1.21) que comenzaba con la puesta del sol del viernes y terminaba con la puesta del sol del sábado. Los líderes judíos decían que era contra la Ley sanar en el día de reposo (Mat_12:10; Luk_13:14). La gente no quería quebrantar esta Ley, ni la que prohibía viajar en el día de reposo. Por eso esperaron hasta el atardecer. Después de la puesta del sol, las multitudes se sintieron en libertad de buscar a Jesús para que los sanara.
1.34 ¿Por qué Jesús no quería que los demonios revelaran quién era? (1) Al mandar a los demonios que guardaran silencio, demostraba su autoridad y poder sobre ellos. (2) Jesús quería que la gente creyera en El por sus palabras y hechos, no por lo que pudieran decir los demonios. (3) Jesús quería revelar su identidad como el Mesías según su propio programa y no conforme al de Satanás. Este quería que la gente siguiera a Jesús por su popularidad y no porque era el Hijo de Dios, el que podía liberarlos del pecado y su poder.

1.35 Jesús dedicaba tiempo a la oración. Buscar tiempo para orar no es fácil, aunque la oración es el vínculo vital entre nosotros y Dios. Como Jesús, debemos buscar tiempo para hablar con Dios, aunque eso signifique que tengamos que levantarnos antes que el día aclare.

1.39 Los romanos dividieron el territorio de Israel en tres regiones: Galilea, Samaria y Judea. Galilea estaba en la región más septentrional y tenía alrededor de 100 km de largo por unos 50 de ancho. Jesús pasó mucho tiempo de su ministerio en esta región, un lugar ideal para enseñar, sobre todo porque había más de 250 poblaciones y aldeas concentradas en esta pequeña región, con muchas sinagogas.

1.40, 41 Con relación a Levítico 13 y 14 los líderes judíos declararon que la lepra era inmunda. Esto quería decir que a los leprosos se les prohibía participar en toda actividad religiosa o social. Debido a que la Ley decía que cualquier persona se hacía inmunda por el contacto con un inmundo, algunos tiraban piedras a los leprosos para mantenerlos a distancia. Pero Jesús tocó a los leprosos.
El verdadero valor de una persona no es externo, sino interno. Aunque una persona esté enferma o deformada, en su interior no es menos valiosa ante Dios. Nadie es tan repugnante como para que El no lo toque. En un sentido, todos somos leprosos porque nos ha deformado la fealdad del pecado. Pero Dios, al enviar a su Hijo Jesús, nos ha tocado para darnos la sanidad.
Cuando se sienta rechazado por alguien, deténgase y piense qué siente Dios por esa persona y por usted.

1.43, 44 Aunque la lepra era incurable, diversas clases de enfermedades de piel se clasificaron como “lepra”. Según las leyes del Antiguo Testamento (Levítico 13; 14), cuando un leproso se curaba debía presentarse ante un sacerdote para ser examinado. Luego el leproso debía dar una ofrenda de gratitud en el templo. Jesús se ajustó a estas leyes al enviar al hombre al sacerdote, demostrando el total respeto que tenía por la Ley de Dios. Enviar el leproso sanado al sacerdote constituía una forma de verificar el gran milagro ante la comunidad.

Marcos 1:1-8

El Evangelio de San Marcos, que ahora comenzamos, es bajo cierto punto de vista diferente a los otros tres; pues nada nos dice del nacimiento ni de los primeros años de la vida de nuestro Señor Jesucristo, y comparativamente contiene muy pocos de sus dichos y discursos. Es también la más corta de las cuatro historias inspiradas del ministerio terrenal de nuestro Señor.

Pero estas peculiaridades no nos hagan ni remotamente tener en menos el Evangelio de San Marcos. Está de una manera singular, lleno de hechos preciosos respecto al Señor Jesús y narrados en estilo sencillo, terso y conciso. Si no nos transmite muchas de las palabras de nuestro Señor, es riquísimo en el catálogo de sus hechos, contiene menudos detalles históricos de gran interés, que están omitidos en Mateo, Lucas y Juan. En una palabra, no creamos que es tan solo un compendio del de San mateo, como algunos han asegurado sin fundamento, sino la narración original de un testigo independiente, que fue inspirado para escribir con preferencia a las Palabras las obras de nuestro Señor. Leámoslo con santa reverencia, pues como todas las otras Escrituras, cada palabra de San Marcos ha sido «comunicada por inspiración de Dios», y cada una de ellas es «provechosa».

Observemos que en estos versículos tenemos una declaración plena de la dignidad personal de nuestro Señor Jesucristo. Desde la primera sentencia habla de El nombrándolo «el Hijo de Dios».

Estas palabras «el Hijo de Dios» decías mucho mas a los espíritus de los judíos que a los nuestros, pues son la aserción de la divinidad de nuestro Señor: proclamaban que Jesús era Dios e «igual a Dios» Juan 5.18 No hay nada más apropiado como asentar esta verdad en el comienzo de un Evangelio. La divinidad de Cristo es la ciudadela y el sostén del cristianismo; en ese dogma estriba el valor infinito de la satisfacción que dio en la cruz, y el mérito especial de su muerte expiatoria por los pecadores. Esa muerte no fue la de un hombre como nosotros, sino de uno que está «Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos». Rom. 9.5. No hay por que admirarse que los sufrimientos de una persona fueron propiciación suficiente por los pecados del mundo, cuando recordamos que el que sufrió era «el Hijo de Dios.

Que los creyentes cuiden con el mayor celo de afianzarse en esta doctrina; pues con ella están firmes sobre una roca, sin ella nada sólido encuentran bajo sus plantas. Siendo nuestros corazones tan flacos y nuestros pecados tan numerosos, necesitamos un Redentor que pueda salvarnos de una manera completa y librarnos de la ira venidera. Este es el Redentor que tenemos en Jesucristo. Es «el Dios poderoso». Isaías 9.6 Observemos, en segundo lugar, que el principio del Evangelio fue un cumplimiento de las Escrituras. Juan el Bautista comenzó su ministerio, «como está escrito en los profetas».

La venida de Jesucristo al mundo no fue un acontecimiento imprevisto ni una determinación repentina. Desde el principio del Génesis encontramos predicho que «la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente» Gn. 3.15. En todo el Antiguo Testamento encontramos el mismo acontecimiento anunciado con una claridad cada vez más grande. Fue una promesa que se renovó con frecuencia a los patriarcas, y repitieron los profetas que un día aparecería un Libertador y Redentor. Su nacimiento, su carácter, su vida, su muerte, su resurrección, quien había de ser su precursor, todo fue predicho, mucho antes que viniera. La Redención se fue desenvolviendo en todas su fases y quedó consumada, tal «como estaba escrito.

Deberíamos leer el Antiguo Testamento con el deseo de encontrar en él algo que se relacionase con Jesucristo. Con poco provecho lo estudiamos si no vemos en él más que a Moisés, David, Samuel y los profetas. Analicemos con más prolijidad los libros del Antiguo Testamento. Aquel cuyas palabras no pasarán nunca dijo, «ellos son los que dan testimonio de mi» Juan 5.40 Notemos que poca confianza podemos depositar en lo que se llama popularidad. Si alguna vez hubo un ministro popular, el Bautista lo fue. Sin embargo, de todas las turbas que acudieron a su bautismo y oyeron su predicación, sospechamos que muy pocos fueron convertidos. Algunos, como Andrés, fueron guiados a Cristo por Juan; pero la mayoría murió probablemente en sus pecados. Recordemos esto siempre que veamos una iglesia llena de gente; no hay duda que una gran congregación es un espectáculo agradable, pero debiera ocurrírsenos con frecuencia este pensamiento «¿cuántos de estos entrarán en el cielo?» No es bastante oír y admirar a los predicadores populares; no es prueba de conversión ir a tributar nuestro culto a Dios en lugares concurridos; cuidémonos de oración la voz de Cristo y seguirlo.

Observemos, finalmente, que doctrina tan clara caracterizaba la predicación de Juan el Bautista. Exaltaba a Cristo: «Ahí viene en pos de mí uno que es más poderoso que yo» Hablaba con mucha claridad también del Espíritu Santo: «El os bautizará con el Espíritu Santo.

Estas verdades no habían sido antes proclamadas de una manera tan distinta por ningún mortal; aun hoy no pueden encontrarse verdades mas importantes que estas en todo el sistema del cristianismo. La principal misión de todo ministro del Evangelio que sea fiel es presentar en relieve al Señor Jesús ante sus oyentes, y mostrarles que es competente y poderoso para salvarlos. Lo que tiene que hacer después es presentarles la obra del Espíritu Santo, y empeñarse en que comprendan la necesidad que hay del nuevo nacimiento y de se bautizado interiormente con Su gracia. Parece que estas dos verdades supremas las tenía Juan Bautista siempre en sus labios. Que gran bien seria para la iglesia y para el mundo, que hubiese más ministros que se le pareciesen.

Preguntémonos, antes de concluir con este pasaje, si conocemos por experiencia propia las verdades que Juan predicaba. ¿Qué pensamos de Cristo? ¿Tenemos necesidad de El, y acudimos a El en busca de paz? ¿Es el rey de nuestros corazones, y lo es todo para nuestras almas? ¿Qué pensamos del Espíritu Santo? ¿Qué ha operado en nuestros corazones? ¿Nos ha hecho participantes de la naturaleza Divina? De la respuesta a estas preguntas depende nuestra vida o nuestra muerte. «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, este tal no es de Jesucristo» Rom. 8.9

Marcos 1:9-11

Este pasaje está lleno de materias importantes, y es una muestra notable de la concisión de estilo que distingue el Evangelio de San Marcos. El bautismo de nuestro Señor, su tentación en el desierto, el principio de su predicación, y el llamamiento de sus primeros discípulos se relatan aquí en once versículos.

Notemos en primer lugar, la voz del cielo que se oyó en el bautismo de nuestro Señor. Leemos que «una voz vino de los cielos, que decía, Tú eres mi Hijo amado, en quien me estoy complaciendo.

Esa voz era la de Dios Padre. Proclamaba el amor inefable y maravilloso que ha existido entre el Padre y el Hijo por toda la eternidad. «El Padre ama al Hijo, y ha puesto todas las cosas en su mano» Juan 3.35. Anunciaba que el Padre aprobaba completa y plenamente la misión de Cristo de buscar y salvar a los que estaban perdidos; y que aceptaba al Hijo como el Mediador, el Sustituto, y el Fiador de la nueva alianza.

Que tesoro de consuelos hay en esas palabras para todos los que creen en Cristo. Nada ven en si mismos ni en sus obras, que pueda agradar a Dios; están convencidos de su debilidad, de sus faltas, de sus imperfecciones. Pero recuerdan que el Padre los contempla como miembros de su amado hijo Jesucristo. No ve mancha ninguna en ellos. Cantar 4.7 Los ve «en Cristo», revestidos de la justicia y cubiertos con los méritos de Cristo; son «aceptados en el Hijo amado», y cuando Dios fija en ellos sus ojos santísimos queda «complacido».

Notemos, en segundo lugar, la naturaleza de la predicación de Cristo. Leemos que vino diciendo, «Arrepentíos y creed el Evangelio».

Este es el mismo antiguo sermón que todos los testigos fieles de Dios han venido predicando desde el principio del mundo. Desde Noe hasta el día presente el tema principal ha sido siempre el mismo, «Arrepentíos y creed.
El apóstol Pablo dijo a los presbíteros de Efeso cuando se separó de ellos la última vez, que la sustancia de lo que les había enseñado era «arrepentimiento respecto a Dios, y fe en nuestro Señor Jesucristo». Hechos 20.21. Su enseñanza se fundaba en el mejor de los precedentes, en el ejemplo que le había dado la cabeza de la iglesia. Arrepentimiento y fe eran los puntos cardinales del ministerio de Cristo, y arrepentimiento y fe tienen que ser los puntos principales sobre que deber girar la enseñanza de todo fiel ministro.

No hay por que admirarse, si meditamos en las necesidades de la naturaleza humana. Todos por naturaleza nacemos en pecado, y todo necesitamos arrepentirnos, convertirnos y nacer de nuevo, si es que queremos ver el reino de Dios. Todos somos por naturaleza culpables y estamos condenados ante Dios, y tenemos que acudir a la esperaza que el Evangelio nos presenta y creer en el, si deseamos salvarnos. Todos nosotros, aunque arrepentidos, necesitamos ejercitarnos diariamente a mayor arrepentimiento; y aunque creyentes, necesitamos constantes exhortaciones para aumentar nuestra fe.

Preguntémonos si sentimos ese arrepentimiento y experimentamos esa fe. ¿Hemos reconocido nuestros pecados y los hemos abandonado? ¿Nos hemos asido de Cristo y creído en El? Podemos alcanzar el cielo sin saber, sin riqueza, sin salud ni grandezas mundanas; pero no si morimos impenitentes e incrédulos.

Para salvarse son indispensables nuevo corazón y fe viva en un Redentor. Ser miembro de la iglesia tan solo y recibir la absolución de un sacerdote a nadie salvan. Aquellos mueren en el Señor «que se arrepienten y creen.

Notemos en tercer lugar, cual era la ocupación de los primeros que fueron llamados a ser discípulos de Cristo. Leemos que nuestro Señor llamó a Simón y a Andrés, cuando «estaban echando una red al mar» y a Santiago y a Juan cuando «estaban remendando sus redes».

Claro es entonces que los primeros que siguieron a nuestro Señor no fueron los grandes de este mundo, sino hombres que no tenían ni riquezas, ni rango, ni poder; pues que el reino de Cristo no depende de cosas tales. Se extiende por el mundo «no en virtud de la fuerza, ni del poder, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos» Zac. 4.6. Se encontrarán siempre verdaderas las palabras de Pablo: «No muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles habéis sido llamados. Sino que Dios ha escogido lo necio, según el mundo, para confundir a los sabios; y Dios ha escogido lo flaco del mundo, para confundir a los fuertes» 1 Cor. 1.26-27. La iglesia que empezó con uno pocos pescadores, y se extendió sin embargo por la mitad del mundo, debe haber sido fundada por Dios.

Debemos guardarnos de dar curso a la idea tan general de que hay algo de vergonzoso en ser pobre y trabajar con nuestras manos. La Biblia contiene muchos ejemplos de privilegios especiales conferidos a trabajadores. Moisés guardaba un rebaño cuando Dios le apareció en la zarza ardiente. Gedeon trillaba, cuando el ángel le comunicó un mensaje del cielo. Eliseo estaba arando cuando Elías lo llamó para que fuese profeta en su lugar. Los apóstoles estaban pescando cuando Jesús los llamó para que lo siguieran. Es deshonroso se codicioso, vano, defraudador, borracho, glotón, impuro o jugador, pero no ser pobre. El trabajador que sirve con fidelidad a Cristo tiene mucho más honor a los ojos de Dios, que el noble que sirve al pecado.

Observemos, en último lugar, a que oficio llamó nuestro Señor a sus primeros discípulos. Leemos que dijo, «Venid en pos de mí, que Yo os haré pescadores de hombres.

El significado de estas palabras es calara e inequívoca. Los discípulos iban a ser pescadores de almas. Debían trabajar en sacar a los hombres de las tinieblas a la luz, y arrancarlos del poder de Satanás para conducirlos a Dios. Habían de esforzarse en cogerlos en la red de la iglesia de Cristo, para que fuesen salvados vivos, y no pereciesen eternamente.

Marquemos bien esas expresiones, porque están llenas de enseñanza. Es el nombre más antiguo con que en el Nuevo Testamento se describe el ministerio evangélico; es más significativo que el nombre del obispo, presbítero o diácono; es lo que un ministro debe tener siempre presente. No ha de ser un mero lector de formularios, ni dispensador de ceremonias; tiene que ser «pescador» de almas. El ministro que no se empeña en merecer ese nombre, se ha equivocado en su vocación.

¿Se esfuerza el pescador por coger peces? ¿Emplea todos los medios para conseguirlo y se lamenta si fracasa en su empresa? Pues lo mismo debe de hacer un ministro del Evangelio. ¿No se reviste de paciencia el pescador? ¿No se afana día tras día, y espera y trabaja lleno siempre de esperanza? Haga el ministro lo mismo. Feliz el hombre en que se hallen reunidas la destreza, la diligencia y la paciencia del pescador.

Oremos por los ministros, pues no es fácil su misión si quieren cumplir con su deber. No solo tienen que cuidar de sus almas, sino de las almas de otros. Por eso no debemos admirarnos si Pablo exclama ¿Quién es suficiente para eso? 2 Cor. 2.16

Marcos 1:21-34

En estos versículos comienza la larga serie de milagros que contiene el Evangelio de S. marcos. En ellos se nos relata como nuestro Señor lanzó demonios en Capernaúm, y curó de una fiebre a la suegra de Pedro.En estos versículos se nos enseña primeramente, lo inútil que es conocer la religión tan solo intelectualmente. Por dos veces se nos dice muy especialmente que los espíritus inmundos conocen a nuestro Señor. Conocían a Cristo, cuando los escribas no se ocupaban de El, y los fariseos no querían aceptarlo; y sin embargo ese conocimiento no les servía para salvarse.

El creer en los hechos y en las doctrinas del cristianismo no basta para salvar nuestras almas; pues esa creencia suele no ser más eficiente que la de los demonios. Todos estos creen y saben que Jesús es el Cristo; que vendrá un día a juzgar al mundo, y arrojarlos a los tormentos eternos del infierno: muy grave es y triste pensar que sobre estos particulares algunos que se llaman cristianos tienen menos fe aún que el diablo. Algunos hay que dudan de la realidad del infierno y de la eternidad de los castigos. Tales dudas no tienen entrada sino en los corazones de los obstinados. Entre los diablos no hay incredulidad. «Creen y tiemblan» Santiago 2.19 Cuidemos de que nuestra fe sea tanto del corazón como de la cabeza. Tratemos de que nuestro conocimiento tenga una influencia santificante en nuestros afectos y en nuestras vidas. No conozcamos tan solo a Cristo, sino amémoslo reconociendo todos los beneficios que de El hemos recibido, no creamos solamente que es Hijo de Dios y Salvador del mundo, sino regocijémonos en él, y adhirámonos a El de corazón. No lo conozcamos tan solo de oídas, sino porque nos dirijamos a El todos los días personalmente demandándole gracia y misericordia. «La vida del cristianismo», dice Lutero, «consiste en pronombres posesivos». Una cosa es decir, «Cristo es un Salvador» y otra muy distinta decir, «El es mi Salvador y mi Señor». El diablo puede decir lo primero; solo el verdadero cristiano puede decir lo segundo.

Aprendamos, en segundo lugar, cuál es el primer remedio a que debe recurrir un cristiano en sus angustias. Debe seguir el ejemplo de los amigos de la suegra de Pedro: vemos que cuando «estuvo en cama con fiebre», ellos «se lo participaron a Jesús.

No hay remedio como este. No hay duda que en nuestros apuros debemos emplear con diligencia todos los medios de salir de ellos. En caso de enfermedad se debe enviar por los doctores y abogados consultarse cuando la propiedad o la reputación están amenazadas; es de buscarse también el socorro de los amigos.

Pero no obstante, lo primero que debe hacerse es claMarcos al Señor Jesucristo por ayuda, pues nadie puede remediarnos tan eficazmente como El; ni nadie es tan compasivo, ni está tan dispuesto a socorrernos. Cuando Jacob se vio angustiado, a Dios se volvió primero diciéndole: «Líbrame, te lo suplico, de las manos de Esaú» Génesis 32.11. Cuando Ezequías se encontró atribulado, abrió ante el Señor la epístola de Senaquerib, y exclamó: «Ruegote que nos salves de su mano». 2 Reyes 19.19. Cuando Lázaro cayó enfermo sus hermanas enviaron inmediatamente a decir a Jesús, «Señor, el que tú amas está enfermo». Juan 11.2 hagamos lo mismo. «Descarga el peso que te abruma sobre el Señor, y El te sostendrá». «Descargando todos tus cuidados sobre El.» «En todo dense a conocer lustras peticiones delante de Dios, por la oración y el ruego con hacimiento de gracias». Salmo 55.22; 1 Pe. 5.7; Fil. 4.6 N nos acordemos tan solo de esta regla, sino practiquémosla. Vivimos en un mundo de pecado y de dolor, y en la vida de un h9ombre muchos son los días nublados. No se necesita ser profeta para prever que todos tendremos que derraMarcos muchas lágrimas y sentir muchas angustias de corazón, antes de llegar al término de la muerte. Armémonos contra la desesperación antes que comiencen nuestras luchas; sepamos que hemos de hacer, cuando las enfermedades, los duelos, las pruebas, las pérdidas o los desengaños caigan sobre nosotros de improviso. Hagamos lo que hicieron los que estaban en la casa de Simón en Capernaúm. «Digámoselo inmediatamente a Jesús.

Aprendamos, por último, en estos versículos, que completa y perfecta es la salud que nos da el Señor Jesús, cuando nos cura. Toma por la mano a la mujer enferma, la levanta y «la fiebre la deja instantáneamente». Pero no es esto todo; otro milagro más grande viene en pos; se nos dice también «que ella los servía». La debilidad y postración de fuerzas que deja la fiebre cuando p asa, desaparecieron enteramente en este caso. La mujer calenturienta no solamente quedó buena en un momento, sino que de súbito adquirió fuerzas y pudo ponerse a trabajar.

Podemos ver, en este caso un emblema vivo de la manera con que Cristo obra en las almas que el pecado aflige. Ese bendito Salvador no da tan solo merced y perdón, sino además la gracia que renueva. A todos los que lo aceptan como su Médico les da poder para transformarse en hijos de Dios; los limpia con Su Espíritu y los lava en Su preciosa sangre; a los que justifica también los santifica, y a los que absuelve, les da también un corazón nuevo. Cuando concede un perdón dado por todo lo pasado, da también fuerza para servirlo en el tiempo venidero. El alma que adolecía del mal del pecado no es meramente curada, quedando abandonada y sola; se le suministra además un nuevo corazón y un espíritu recto que le permitan vivir complaciendo a Dios.

Cuan consolador es este pensamiento para todos los que experimentan el deseo de servir a Cristo, pero que tienen miedo de empezar. Muchos son los que se encuentran en esa condición espiritual. Temen volverse a extraviar o quedarse rezagados, después de haber marchado animosamente al frente y tomando la cruz; y que esa falta de perseverancia cubra de descrédito su profesión. Abandonen, pues, todo temor; sepan que Jesucristo es su Salvador omnipotente, que no abandonó jamás a los que una vez se confían en El. Así que se vean levantados por Su mano poderosa de la muerte del pecado, y que se laven en Su preciosa sangre, continuarán sirviéndolo hasta el fin de su vida, capaces de vencer el mundo, crucificar la carne y resistir al diablo. Hagan por principiar que después continuarán. Jesús no deja las enfermedades curadas a medias ni obra ninguna incompleta. Confíen pues en Jesús y avancen con intrepidez que el alma perdonada podrá siempre servir a Cristo.Consuelo deben también sentir los que realmente están sirviendo a Cristo y se hallan sin embargo agonizados con la idea de su debilidad. Muchos se encuentran en ese caso. Dudas y ansiedades los angustian, y algunas veces se imaginan que no llegarán nunca a alcanzar el cielo. Que no teman, su fuerza estará a la altura de sus pruebas. Las dificultades que ahora los asustan desaparecerán de su camino, y el león que los cerraba encontrarán que está encadenado. La misma mano misericordiosa que primero los tocó y curó, los sostendrá, robustecerá y guiará hasta el fin de su carrera. El Señor Jesús no perderá ninguna de sus ovejas, pues que a los que ama y perdona, los ama sin término. El alma curada continuará siempre sirviendo al Señor». La gracia conduce siempre a la Gloria.

Marcos 1:35-39

Todos los hechos de la vida de nuestro Señor, mientras estuvo en la tierra, y todas las palabras que salieron de sus labios, deben ser muy interesantes para todo cristiano verdadero. En el pasaje que acabamos de leer notamos un hecho y unas palabras que merecen una minuciosa atención.

Se nos da en él, ante todo, un ejemplo de los hábitos de nuestro Señor Jesucristo respecto al empleo de la plegaria privada. Se nos dice que «levantándose muy de mañana, aun muy oscuro, salio, y se fue a un lugar desierto, y allí oraba».

En la historia evangélica se nos referirá con frecuencia al mismo hecho respecto a nuestro Señor. Cuando fue bautizado, se nos dice, que estaba «orando».

Lucas 3.21. Cuando su transfiguración, se nos dice también, que «mientras oraba, se cambió el aspecto de su rostro». Lucas 9.29. Antes de elegir a los doce apóstoles, se nos vuelve a decir que «permaneció toda la noche en oración a Dios» Lucas. 6.12. Cuando todos hablaban bien de El y estuvieron a punto de hacerlo rey, se nos dice que «subió a una alta y apartada montaña para orar». Marco. 14.23. Cuando fue tentado en el jardín de Getsemaní, dijo, «Permaneced aquí sentados, mientras Yo esté orando». Marcos 14.23. En una palabra, nuestro Señor oraba siempre sin cansarse. Aunque en El no había pecado, nos presenta el ejemplo de una comunión incesante con su Padre. Su divinidad no le impide emplear como hombre todos los medios. Su misma perfección se mostraba en el ejercicio perfecto de la oración.

Esto nos prueba la importancia inmensa de la devoción privada. Si Aquel que era «santo, inocente, inmaculado, y estaba separado de los pecadores», oraba así continuamente ¿Cuánto más no deberemos hacerlo nosotros que estamos sujetos a tantas debilidades? Si creía necesario alzar sus súplicas con lamentos y lágrimas ¿cuánto más necesario no lo será para nosotros, que en tantas cosas ofendemos a Dios diariamente? ¿Qué diremos, teniendo ante la vista este pasaje, a los que nunca oran¡ Témome que hay muchos que así se manejan entre los que profesan ser cristianos, muchos que se levantan por la mañana minorar, y que sin pronunciar una oración se acuestan de noche: muchos que nunca dirigen una palabra a Dios. ¿Son cristianos? Imposible es darles ese nombre. Un Señor que estaba siempre orando, como Jesús, no puede tener siervos que no lo hagan. El Espíritu de adopción influirá siempre en el hombre para que clame a Dios. No orar es no creer en Cristo, ni en d, y encontrarse en mundo de la perdición.

¿Qué diremos a los que oran, pero que dedican muy poco tiempo a sus plegarias? Tenemos que decirles que muestran muy poco del espíritu que animaba a Cristo. Como piden poco, deben esperar conseguir poco; y como poco buscan, no puede sorprenderles el poseer poco. Se verá siempre que cuando las oraciones son escasas, la gracia, la fuerza, la paz y la esperanza son escasas.

Empeñémonos santamente en fortalecer nuestro hábito de orar. Ese es el pulso de nuestro cristianismo, la verdadera piedra de toque de nuestra condición espiritual. Así es como la verdadera religión empieza a desarrollarse en el alma; y cuando el hombre comienza a quedarse rezagado y a apartarse de Dios, empieza a perder el hábito de orar. Sigamos las huellas de nuestro bendito Maestro en esto como en todo lo demás. Seamos diligentes como El en nuestras oraciones privadas, y aprendamos lo que es «dirigirse a lugares apartados y orar».

Vemos demás, en este pasaje, una manifestación notable de nuestro Señor respecto al objeto para que vino al mundo. Le oímos decir, «Vamos a las aldeas vecinas para que predique también allí, pues para eso he venido.

La significación es estas palabras es clara e inequívoca. Nuestro Señor declara que vino al mundo para ser predicador y maestro. Vino para ejercer una misión profética, para ser un «profeta más grande que Moisés», como tanto tiempo antes se había predicho. Deut. 18.15. Dejó la Gloria que por toda la eternidad había gozado con el Padre, para trabajar como evangelista. Vino a la tierra para mostrar al hombre el camino de la paz, anunciar libertad a los cautivos, y dar vista a los ciegos. Su obra principal en la tierra era ir por todas partes publicando la buena nueva, ofreciendo salud a los corazones desgarrados, luz a los que estaban en tinieblas, y perdón a los más grandes pecadores. «Pues para eso», dice, «vine.

Debemos hacer observar de que gran honor revistió el Señor Jesús el empleo de predicador; es una ocupación que el Hijo Eterno de Dios ejerció. Pudo haber empleado su ministerio terrestre e instituir y mantener ceremonias, como Aarón; o rey como David haber gobernado y reinado; pero eligió una profesión distinta. Hasta la época en que murió sacrificándose por nuestros pecados, predicar fue su obra diaria y casi de cada hora. «Para eso», dice, «he venido.
Que nada influya en nosotros los que pretenden desprestigiar la profesión de predicador y claman que los sacramentos y las otras ordenanzas de la iglesia son de más importancia que los sermones. Concedamos a todos los actos del culto público de Dios su propio lugar y el honor que les es debido, pero guardémonos de considerar ninguno de ellos superior a la predicación. La iglesia de Cristo se reunió al principio y se fundó por medio de la predicación, y por ella se ha mantenido siempre en salud y prosperidad. Predicando es como se despierta a los pecadores, se guía a los que buscan la verdad, se edifica a los santos, y la predicación lleva el cristianismo al mundo pagano. Hay muchos ahora que miran con desdén a los misioneros y se burlan de los que salen a las encrucijadas y a los caminos públicos a predicar a las turbas al aire libre. Pero bien harían los que así se manejan en detenerse a meditar con calma en lo que hacen. Estos trabajos, que ridiculizan, son los que transforman el mundo, y derriban el paganismo, y sobre todo es la obra que el mismo Cristo emprendió. El Rey de reyes y el Señor de señores fue en un tiempo predicador. Por tres largos años fue por doquiera proclamando el Evangelio. Ya lo vemos en una casa, ya en la ladera de una montaña, ya en una sinagoga judía, o en un bote en el mar; pero siempre predicando y enseñando. «Para eso,» dice, «he venido.

Al concluir este pasaje hagamos la solemne resolución de «no despreciar nunca las profecías» 1 Tes. 5.20. Quizás el ministro que vamos a oír no tenga grandes dotes; posible es que sus sermones sean débiles y escasos de elocuencia; pero, no obstante acordémonos que la predicación la ha ordenado Dios para convertir las almas y salvarlas. El predicador fiel está empuñando la misma arma que el Hijo de Dios no se avergonzó de emplear. Esta es la obra de que Cristo dijo, «Para eso he venido.

Marcos 1:40-45

Leemos en estos versículos como nuestro Señor Jesucristo curó a un leproso. De todas las curas milagrosas de nuestro Señor, ninguna fue más maravillosa que las de los leprosos. Tan solo dos casos han sido descritos menudamente en la historia evangélica, y este es uno de ellos.

Tratemos, ante todo, de comprender bien lo terrible de la enfermedad que Jesús curó.

Muy poco o nada se conoce la lepra en los climas fríos y templados; pero en el Oriente es muy común. Es una dolencia incurable; porque no es, como algunos se imagina, una mera afección cutánea; es un mal que afecta profundamente todo el organismo. Ataca no tan solo la piel, sino la sangre, la carne y los huesos, hasta que el desgraciado paciente empieza a perder las extremidades y a corromperse pulgada a pulgada. Recordemos, además, que entre los judíos, el leproso era considerado impuro, y quedaba separado de la congregación de Israel sin poder toMarcos parte en el culto. Veíase obligado a habitar en una casa aislada; nadie podía tocarlo ni servirle. Recordemos todo esto para que podamos apreciar los sufrimientos indecibles de un leproso. Según se expresó Aaron, cuando intercedió por Miriam, era «como un cadáver, cuya carne estaba medio destruida» Num. 12.12 Pero ¿no existe entre nosotros algo parecido a la lepra? Y mucho que si. Hay una asquerosa enfermedad del alma arraigada en lo más íntimo de nuestra naturaleza, y adherida a la médula de nuestros huesos con furor mortífero. Tenemos la plaga del pecado que como la lepra, es una dolencia interna que inficiona todo nuestro ser, el corazón, la voluntad, la conciencia, la inteligencia, la memoria y los afectos. Como la lepra, nos hace abominables y asquerosos, indignos de la compañía de Dios, e incapaces de la Gloria del cielo. Como la lepra, no puede ser curada por ningún médico terrestre, y nos va arrastrando lenta pero ciertamente a la muerte segunda. Y lo que es más terrible que todo, es mucho peor que la lepra: porque ningún moral está exento de esa enfermedad.

«Todos somos» a los ojos de Dios, «como cosa impura» Isaías 64.6 ¿Lo sabemos? ¿Lo hemos descubierto? ¿Estamos convencidos de nuestro pecado, de nuestra maldad, de nuestra corrupción? ¡Feliz el que ha aprendido a confesar que es un «miserable pecador», y que no hay «salud en el»! ¡Bienaventurado, en verdad, el que sabe que es un leproso espiritual, y una criatura mala, criminal y pecadora! Conocer nuestra dolencia es dar un paso hacia la curación; pues la perdición y la desgracia de muchas almas es que nunca vieron sus pecados ni sintieron la necesidad que las aqueja.

Aprendamos, en segundo lugar, a conocer en estos versículos la omnipotencia maravillosa de nuestro Señor Jesucristo.

Se nos dice que el infeliz leproso se acercó a nuestro Señor «suplicándole, y postrándose ante El» y diciéndole, «Si quieres, puedes dejarme limpio». Se nos dice que «Jesús, movido de compasión, extendió la mano, y tocándolo, le dijo, Quiero, se limpio» Y la curación fue instantánea. En aquel momento mismo aquella plaga mortal dejó libre al pobre paciente, y quedó curado. Bastó una palabra, un toque, y ahí está ante el Señor, no un leproso, sino un hombre sano y cabal.

¿Quién puede concebir el cambio inmenso que tuvo lugar en los sentimientos del leproso, cuando se vio curado? El sol de la mañana iluminó en él a un ser miserable, más muerto que vivo, una masa de úlceras y de corrupción, para quien la existencia era un peso. El sol de la tarde lo vio lleno de esperanza y de alegría, libre de dolores y apto para entra en la sociedad de los hombres, pasó como de muerte a vida.

Bendigamos a Dios porque tenemos un Salvador que es omnipotente. Qué animo no da, y que consuelo no comunica el pensamiento que para Cristo no hay nada imposible. Puede curar las dolencias del corazón por agudas que sean. Nuestro Médico celestial puede curar todas las plagas del alma, cualquiera que sea su virulencia. Mientras tenga vida, no desesperemos de la salvación de nadie. La más violenta de las lepras espirituales puede aún sanarse. No hay ningún caso de lepra espiritual que pueda ser peor que los de Manases, Saul y Zaqueo, y sin embargo, todos ellos fueron curados. La sangre y el Espíritu de Cristo pueden llevar a los más grandes pecados a los pies de Dios. No se pierden los hombres porque sean demasiado malos para salvarse, sino porque no quieren acudir a Cristo que puede salvarlos.Aprendamos, por último, en estos versículos, que hay tiempos en que debemos guardar silencio respecto a las obras de Cristo, y otros en que debemos proclamarlas.

Esta verdad se nos enseña de una manera muy notable. Vemos a nuestro Señor que encarga estrictamente a este hombre que no hable a nadie de su curo, que «no diga a ninguna persona» Vemos después a este hombre desobedecer esta orden en el ardor de su celo, y publicar y «vociferar» por do quiera su curación; y se nos dice que todo ello tuvo por resultado que Jesús «no pudiera volver a entrar en la ciudad, sino que estaba fuera en lugares solitarios.

Esta es una lección profunda e importante, aunque sea dificultoso aplicarla rectamente. Claro es que hay épocas en que el Señor quiere que trabajemos para El con quietud y en silencio, antes que atraer la atención pública con un celo ruidoso. Hay un celo que «no es ilustrado» y otro que es el verdadero y digno de alabanza. Todo es bello en su sazón. En algunos casos podemos con tranquilidad y paciencia servir mejor que de otra manera cualquier la causa de nuestro Maestro. No debemos «dar lo que es santo a los perros» ni «arrojar perlas ante los cerdos» por olvidar estas reglas podemos hacer más mal que bien y retardar la causa que deseamos ayudar.

No hay duda que el punto es delicado y de difícil apreciación. Es incuestionable que la mayoría de los cristianos se siente muchos más inclinada a guardar silencio respecto a su glorioso Señor, que a confesarlo delante de los hombres -y no necesitan tanto de la brida como del acicate. Pero tambpoco puede negarse que hay un tiempo para caca cosa; y conocer ese tiempo debe ser el gran empeño de todos los cristianos. Hay hombres muy buenos que tienen más celo que discreción y que hasta ayudan al enemigo de la verdad con palabras y actos inoportunos.

Pidamos todos nosotros a Dios que nos conceda el Espíritu de sabiduría y la firmeza de alma. Empeñémonos en descubrir diariamente la senda de nuestro deber, y diariamente impetremos discreción y buen sentido. Seamos valientes como leones para confesar a Cristo y no temamos «hablar de El ante los príncipes», si necesario fuere. Pero no olvidemos jamás que la «Sabiduría es provechosa para guiar» Ecl. 10.11, y guardémonos de hacer daño con un celo mal entendido.

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