Lucas 21- El valor de una ofrenda

Lucas 21: El valor de una ofrenda

 Jesús miró hacia arriba desde donde estaba, y vio cómo echaban sus ofrendas los ricos en los cepillos del templo. Y vio también a una pobrecita viuda que echaba dos blancas. Y dijo Jesús:

-Os aseguro que esa pobrecita viuda es la que más ha echado. Porque todos esos echaron en la ofrenda de Dios lo que tenían de más; pero ella, que no tiene más que pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir.

En el Atrio de las Mujeres del templo había trece grandes cepillos que se llamaban «Las Trompetas», por la forma que tenían, con la parte estrecha para arriba y lo más ancho abajo. Cada cepillo recogía las ofrendas para un fin determinado: para la leña para los holocaustos; para el incienso; para la conservación de los utensilios de oro, etc. Jesús estaba sentado cerca de las trompetas.

Después de los agotadores debates con los emisarios del Sanedrín y de los saduceos, Jesús estaba tan cansado que se sentó y apoyó la cabeza entre las manos. En cierto momento levantó la vista y vio a la gente echar sus ofrendas en las trompetas; y luego vio a una viuda pobre: todo lo que tenía en el mundo eran dos leptas, blancas. El lepton era la moneda más pequeña, y su nombre quería decir «la delgada», así es que la compararemos con la moneda más pequeña de nuestro país; pero Jesús dijo que la ofrenda de la viuda valía más que lo que habían echado los ricos, porque era todo lo que tenía.

El valor de una ofrenda lo determinan dos cosas:

(i) El espíritu con que se da. Una ofrenda que se hace por obligación, a regañadientes o para presumir, pierde casi todo su valor. La única ofrenda que vale la pena es la que sale de un corazón de amor, la que se da con libertad y voluntad.

(ii) El sacrificio que supone. Lo que es una miseria para uno puede ser una fortuna para otro. Las ofrendas que los ricos dejaban caer para que todos las vieran y oyeran tintinear no les suponían ningún sacrificio; pero las dos blancas de la viuda eran todo lo que tenía. Probablemente los ricos ofrendaban después de calcular el valor de cada moneda. Ella daba con la máxima generosidad, porque no tenía más.

El dar no empieza a ser real hasta que duele. Un regalo no es señal de amor a menos que hayamos tenido que privarnos de algo o trabajar horas extraordinarias para hacerlo. ¡Qué pocos son los que le dan a Dios así! Alguien ha descrito a uno que cantaba fervorosamente

Mi espíritu, alma y cuerpo, mi ser, mi vida entera, cual viva, santa ofrenda, entrego a Ti, mi Dios.

Mi todo a Dios consagro… mientras, sobaba cuidadosamente las monedas en el bolsillo para asegurarse de que no había ninguna de más de 5 pesetas entre las que iba a echar en la colecta.

Sería una señal de suprema insensatez el ser capaz de leer la historia de las dos blancas de la viuda sin hacer un examen de conciencia.

NUEVAS DE PROBLEMAS

Lucas 21:5-24

Había unos que hablaban de las bellezas del templo, como sus piedras labradas y sus ofrendas votivas; pero Jesús dijo:

De todas esas cosas que admiráis, se acerca el tiempo en que no quedará una piedra sobre otra y serán destruidos todos los edificios.

-Maestro -le preguntaron-, ¿cuándo pasará eso, y cómo podremos saber que está a punto de suceder?

-Tened cuidado con que no os engañen -siguió diciéndoles Jesús-. Vendrán muchos que pretenderán ser el Mesías, y que dirán: «¡Yo soy él!», y «¡Ha llegado el momento!»; pero no los sigáis. Y no os alarméis cuando oigáis que se producen guerras y sediciones; porque hace falta que todo eso suceda antes, pero todavía no será el fin. -Y Jesús siguió diciéndoles-: Unas naciones se levantarán contra otras, y unos reinos contra otros; habrá unos terremotos terribles, y hambrunas y plagas; todo el mundo estará aterrado, y habrá grandes portentos en los cielos. Pero antes de que suceda todo eso os apresarán, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y alas cárceles, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores porque tenéis relación conmigo. Entonces tendréis ocasión de dar testimonio de Mí. Haceos el propósito de no preocuparos por lo que vais a decir en defensa vuestra; porque en ese momento Yo os daré una palabra y una sabiduría que no podrán resistir ni contradecir los que estén en contra vuestra. Os delatarán hasta vuestros mismos padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros, y todo el mundo os odiará por vuestra relación conmigo. Pero no se perderá inútilmente ni un cabello de vuestra cabeza. Mantendréis el control de vuestras personas a base de firmeza de carácter. Cuando veáis ejércitos sitiar a Jerusalén, no dudéis que ha llegado su destrucción. Los que estén entonces en Judasa, que huyan a los montes; y los que estén en medio de Jerusalén, que se vayan; y los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad: Porque esos serán los días de la retribución del Señor en los que se han de cumplir las Escrituras. ¡Pobres de las que estén entonces embarazadas o criando! Porque habrá innumerables desgracias en la Tierra, y violencia desatada sobre el pueblo. Y caerán muchos afilo de espada, y a muchos llevarán cautivos a todas las naciones; los paganos hollarán a Jerusalén hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.

EL TRASFONDO DEL CAPÍTULO

Desde el versículo 5 este capítulo es muy difícil. Su dificultad consiste en que se reflejan en él cuatro ideas diferentes:

(i) Está la idea del Día del Señor. Los judíos creían que el tiempo tiene dos edades: está la edad presente, que es completa e irremediablemente mala y que acabará en destrucción, y la era por venir, que sería la edad de oro de Dios y de la supremacía de los judíos. Pero entre ambas estaba el Día del Señor, que sería un tiempo terrible de cataclismos cósmicos y destrucción, los dolores de parto de la nueva era.

Sería un día de terror. « He aquí el Día del Señor viene, terrible y de indignación y ardor de ira, para convertir la Tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores» Isa_13:9; comparar con Joe_2:1-2 ; Amo_5:18-20 ; Zep_1:14-18 ). Vendría repentinamente: «El Día del Señor vendrá así como ladrón en la noche» (1Th_5:2 ; comparar con 2Pe_3:10 ). Sería un día en el que el universo sufriría sacudidas: «Las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor… Haré estremecer los cielos, y la Tierra se moverá de su lugar, en la indignación del Señor de los Ejércitos, y en el día del ardor de su ira» (Isa_13:10-13 ; Joe_2:30-31 ; 2Pe_3:10 ).

El Día del Señor era una de las ideas básicas del pensamiento religioso en tiempos de Jesús; todo el mundo conocía estas terribles premoniciones. En este capítulo las vemos reflejadas en los versículos 9, 11, 25 y 26.

(ii) Está la profecía de la destrucción de Jerusalén, que se cumplió el año 70 d C., después de un asedio en el que los habitantes llegaron al canibalismo y la ciudad fue tomada literalmente piedra a piedra. Josefo dice que un número increíble de 1.100.000 personas perecieron en el asedio, y 97.000 fueron llevadas cautivas. La nación judía fue borrada del mapa; el templo fue incendiado y desolado. En este pasaje se hace referencia a ese acontecimiento todavía futuro en los versículos 5, 6, 20-24.

(iii) Está la Segunda Venida de Cristo. Jesús estaba seguro de que iba a volver otra vez, y la Iglesia Primitiva esperaba su vuelta. Nos ayudará a comprender los pasajes del Nuevo Testamento que hablan de la Segunda Venida si tenemos en cuenta que muchos de los detalles que estaban en relación con el Día del Señor se le aplicaron, como los versículos 27 y 28 de este capítulo. Antes de la Segunda Venida se esperaba que muchos pretendieran ser el Mesías, y que tuvieran lugar muchos cataclismos. A eso se refieren los versículos 7-9.

(iv) Está la idea de la persecución por venir. Jesús previó y predijo las cosas terribles que habrían de sufrir los suyos por su relación con Él en los días por venir. Se refieren a esto los versículos 12-17.

Este pasaje nos resultará más fácil de entender y provechoso si tenemos presente que no trata exclusivamente de un tema, sino de cuatro íntimamente relacionados.

EL PASAJE

Fue la referencia a las bellezas del templo lo que movió a Jesús a profetizar. Los pilares de los pórticos y de las columnatas eran de mármol blanco, de 12 metros de alto, Hechos de un solo bloque de piedra. El adorno más famoso era la representación de una parra, toda de oro, con racimos de la altura de una persona. La mejor descripción del templo en los días de Jesús nos la ha dejado Josefo en su libro Las Guerras de los Judíos, libro V, sección 5: «La fachada del templo no carecía de nada que pudiera sorprender a los ojos o a la imaginación, porque estaba recubierta por todas partes de planchas de oro de gran peso, y a los primeros rayos del Sol reflejaba un esplendor ardiente, y obligaba a apartar la mirada a los que intentaban fijar en ella los ojos, exactamente igual que si hubieran querido mirar al Sol. Pero el templo les parecía a los extraños que lo miraban a distancia como una montaña cubierta de nieve; porque las partes que no estaban chapadas de oro eran extremadamente blancas.» A los judíos les parecía imposible que la gloria del templo fuera reducida a polvo.

En este pasaje aprendemos algunas cosas fundamentales acerca de Jesús y de la vida cristiana:

(i) Jesús sabía leer las señales de la Historia. Todos estaban ciegos al desastre que se les avecinaba, pero Él vio el alud que se le venía encima a Israel. Las cosas sólo se ven claras cuando se ven con la óptica de Dios.

(ii) Jesús era absolutamente sincero. «Eso -dijo a sus discípulos es lo que podéis esperar si decidís seguirme.» Una vez, en medio de una gran lucha por causa de la justicia, un líder heroico le escribió a un amigo: «Las cabezas ruedan por la arena; ven a añadir la tuya.» Jesús creía lo bastante en los hombres como para ofrecerles, no un camino fácil, sino un camino heroico.

(iii) Jesús les prometió a sus discípulos que nunca estarían solos cuando se enfrentaran con sus tribulaciones. Es evidente en la historia que han escrito los cristianos con sus vidas que, cuando estaban sufriendo torturas y esperando la muerte, sentían la presencia del Señor de una manera espacialísima. La cárcel se convierte en un palacio, el patíbulo en un trono, la tormenta en una brisa grata, cuando Cristo está con nosotros.

(iv) Jesús les habló de una seguridad que sobrepasa a todas las amenazas de la Tierra. «Ni un pelo de vuestra cabeza va a sufrir daño.»

1 Castillo fuerte es nuestro Dios, – defensa y buen escudo; con su poder nos librará – en este trance agudo.

Con furia y con afán – acósanos Satán;

por armas deja ver – astucia y gran poder. Cual él no hay en la Tierra.

2 Nuestro valor es nada aquí, – con él todo es perdido; mas por nosotros pugnará – de Dios el Escogido.

¿Sabéis quién es? ¡Jesús, – el que venció en la Cruz, Señor de Sabaot! – ¡Y, pues Él solo es Dios,

Él triunfa en la batalla!

MARTÍN LUTERO – JUAN B. CABRERA

¡EN GUARDIA!

Lucas 21:25-37

 

-Entonces habrá portentos en el Sol, en la Luna y en las estrellas, y las naciones no sabrán qué camino tomar, aterradas por el rugido del mar y de las olas, y los hombres desfallecerán de miedo ante lo que amenaza con sobrevenirle a la Tierra. Porque los cuerpos celestes sufrirán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gloria y poder inmensos. Cuando todo esto empiece a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque ya faltará poco para vuestra redención.

 

Jesús les dijo también una parábola para ilustrar su enseñanza:

-Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya empiezan a brotar, sabéis sin que nadie os lo diga que se acerca el buen tiempo. Pues, lo mismo cuando veáis suceder estas cosas: tomad nota de que el Reino de Dios está cerca. Os aseguro que no pasará el tiempo de esta generación sin que suceda todo esto. Antes desaparecerán los cielos y la Tierra que dejen de cumplirse mis palabras. Andaos con mucho cuidado para que no se os entorpezca el corazón por causa de la glotonería y la embriaguez y de los intereses de esta vida, y ese Día os sobrecoja por sorpresa; porque caerá como una red sobre los pobladores de la Tierra. Manteneos en guardia, orando continuamente para estar en forma para sobrevivir a todo lo que ha de suceder y estar firmes ante el Hijo del Hombre.

Jesús se pasaba el día enseñando en el templo, y de noche salía de la ciudad y se iba a dormir al raso en el monte de los Olivos. Y ala mañana siguiente venía otra vez toda la gente a escucharle en el templo.

Aquí hay dos ideas principales:

(i) La de la Segunda Venida de Cristo. Sobre esto ha habido muchas discusiones y especulación; cuándo y cómo será no se nos ha concedido saber. Pero lo más importante es que la Historia se dirige a una culminación. Los estoicos pensaban en la Historia como un movimiento circular. Decían que cada tres mil años el mundo sufría una gran conflagración, y luego empezaba otra vez y la Historia se repetía. Eso quería decir que la Historia no iba a ninguna parte, y que la humanidad no hacía más que darle vueltas a la noria. La concepción cristiana de la Historia es que tiene una meta, y esa meta se alcanzará cuando Jesucristo sea Señor de todo. Eso es todo lo que sabemos y necesitamos saber.

(ii) Se hace hincapié en la necesidad de estar en guardia. El cristiano no debe llegar a creer que se encuentra en una situación definitiva; sino más bien en un continuo estado de espera. Cierto novelista tiene en uno de sus libros un personaje que no se rebaja a hacer ciertas cosas. «Yo sé -dice- que algún día sucederá algo importante en mi vida, y quiero estar preparada para recibirlo.» Debemos vivir constantemente a la sombra de la eternidad, en la seguridad de que nos estamos preparando para aparecer ante Dios. No puede haber nada más interesante para un cristiano.

(iii) Jesús pasaba el día en el templo entre la gente, y la noche bajo las estrellas con Dios. Recibía la fuerza para encontrarse con las multitudes en aquellos momentos de soledad con Dios. Podía enfrentarse con los hombres porque venía de la presencia de Dios.

Lucas 21:1-38

21.1, 2 Jesús se hallaba en el lugar del templo llamado atrio de las mujeres y el arca de las ofrendas se ponía allí o en un pasillo anexo. En este lugar había siete urnas. En una los fieles depositaban sus impuestos al templo y en las seis restantes se depositaban las ofrendas voluntarias como la que dio esta mujer. No solo era pobre, además, como viuda tenía muy pocos recursos para obtener ingresos económicos. Su pequeña contribución fue un sacrificio, pero lo hizo voluntariamente.

21.1-4 Esta viuda dio todo lo que tenía, en contraste con la forma en que administramos nuestro dinero. Cuando consideramos un gran logro dar cierta cantidad de dinero, nos parecemos a todos los que dieron solo un poco de lo que no necesitaban. Aquí Jesús admira la ofrenda con sacrificio. Como creyentes, podemos incrementar nuestra dádiva, sea dinero, tiempo o talentos aún más allá de lo que sea conveniente o seguro.

21.5, 6 El templo que los discípulos admiraban no era el de Salomón, destruido por los babilonios en el siglo VII a.C. Este templo lo construyó Esdras después de su regreso del exilio en el siglo VI a.C., profanado por los seléucidas en el siglo II a.C. Reconsagrado por los macabeos poco después y ampliado enormemente por Herodes el Grande en el lapso de cuarenta y seis años. Era una estructura hermosa, con una historia significativa, pero Jesús dijo que sería destruida totalmente. Esto sucedió en 70 d.C. cuando el ejército romano incendió Jerusalén.

21.7ss Jesús no abandonó a sus discípulos sin antes prepararlos para las dificultades de los años venideros. Les puso al tanto de que vendrían falsos mesías, desastres naturales y persecuciones, pero al mismo tiempo les aseguró que El estaría con ellos para protegerlos y hacer que su Reino se conociera a través de ellos. Les prometió que regresaría en poder y gloria para salvarlos. Las advertencias de Jesús y sus promesas a los discípulos siguen vigentes para nosotros mientras esperamos su venida.

21.12, 13 Estas persecuciones empezaron muy pronto. Lucas se refirió a muchas de ellas en Hechos. Desde la prisión, Pablo escribió que se gozaba en su sufrimiento porque este le ayudaba a conocer más a Cristo y a cumplir la obra de Cristo para la iglesia (Phi_3:10; Col_1:24). La iglesia primitiva salió victoriosa a pesar de la intensa persecución. Es importante notar que más tarde, en el segundo siglo, el padre de la iglesia Tertuliano, escribió: «La sangre de cristianos es semilla», porque la oposición ayudó a difundir el cristianismo.

21.14-19 Jesús advirtió que sus seguidores sufrirían la traición de familiares y amigos. Cristianos de cualquier edad tendrían que enfrentar esta posibilidad. Es reconfortante, sin embargo, saber que aunque nos sintamos por completo abandonados, el Espíritu Santo está con nosotros. Nos confortará, nos protegerá y nos dará las palabras que necesitemos. Esta seguridad nos dará el valor y la esperanza para mantenernos firmes por Cristo en medio de todas las situaciones difíciles que tengamos que soportar.

21.18 Jesús no dice que los creyentes no sufrirán ataques ni aun la muerte durante la persecución. Recuerde que la mayoría de los discípulos soportaron el martirio. Lo que Jesús dice es que ninguno de sus seguidores sufrirá alguna pérdida espiritual ni eterna. Usted puede dejar de existir en la tierra, pero será salvo para una vida eterna.

21.24 Los «tiempos de los gentiles» empezó cuando Babilonia destruyó a Jerusalén en 586 a.C. y el exilio de los judíos. Israel dejó de ser una nación independiente para estar bajo el control de gobernantes gentiles. En los días de Jesús, el Imperio Romano gobernaba a Israel y un general romano destruiría la ciudad en 70 d.C. En este versículo Jesús expresa que esta dominación gentil continuaría hasta que Dios decidiera terminarla. Los tiempos de los gentiles no solo se refiere a las frecuentes destrucciones de Jerusalén, sino también a las persecuciones continuas y en ascenso dirigidas al pueblo de Dios hasta el final.

21.28 La descripción de las persecuciones venideras y los desastres naturales es sombría, pero al fin y al cabo, no son motivos de temor, sino de alegría. Cuando los creyentes vean estos acontecimientos, sabrán que la venida del Mesías está cerca y vislumbrarán el reino de justicia y paz. Antes de aterrorizarse por lo que sucede en nuestro mundo, deberíamos esperar confiadamente la venida de Cristo que traerá justicia y restauración a su pueblo.

21.34, 36 Jesús dijo a sus discípulos que debían velar hasta su regreso. Aunque han pasado cerca de dos mil años desde que El dijera estas palabras, su verdad permanece; El viene otra vez y debemos estar expectantes y listos. Esto incluye el trabajo fiel en las tareas que Dios nos ha encomendado. No permita que su mente y espíritu se emboten con la vida descuidada, la bebida o la búsqueda necia del placer. No permita que las ansiedades de la vida lo sobrecarguen. Así estará listo para irse cuando Dios le mande.

21.36 Solo pocos días después que dijera a los discípulos que oraran para que fueran dignos de escapar de la persecución, Jesús mismo pidió a Dios que si era posible pasara por alto las agonías de la cruz (Luk_22:41-42). No es normal querer sufrir, pero como seguidores de Cristo, estamos dispuestos a sufrir si al hacerlo contribuimos en la edificación del Reino de Dios. Tenemos dos promesas maravillosas que pueden ayudarnos cuando sufrimos: Dios siempre estará con nosotros (Mat_28:20) y un día nos redimirá y dará vida eterna (Rev_21:1-4).

Lucas 21:1-4

Estos versículos nos enseñan, en primer lugar, con qué ojo tan perspicaz observa nuestro Señor Jesucristo lo que tiene lugar sobre la tierra. Se nos dice que «mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro.» Y que «vio también a una viuda pobre que echaba allí dos blancas.» Uno podría bien suponer que, en la época de que tratamos, Jesús tuviera la mente ocupada de los acontecimientos que estaban al verificarse. La traición, la sentencia injusta, la cruz, la muerte no estaban remotas, y no lo ignoraba. La destrucción del templo, la dispersión de los judíos, la historia de los pueblos antes del segundo advenimiento, todo, todo estaba ante su vista como un cuadro; y a ello hizo alusión pocos momentos después. Y sin embargo, en tales momentos se fija en lo que pasa en torno suyo, y no cree que se degrade en observar las acciones de una pobre viuda.

Y lo que estos versículos describen tiene lugar el día de hoy en todo el mundo. «Los ojos de Jehová en todo lugar están.» Pro_16:3. Nada es tan pequeño que no lo note. No hay acción por insignificante que sea, que no la ponga en el libro de los recuerdos. La misma mano que dio forma al sol, la luna y las estrellas, hizo las patas de la araña y las alitas de la mosca. El mismo ojo que penetra en la sala de consejo de los reyes y emperadores, nota lo que pasa en la choza del labriego. Todas las cosas están abiertas y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Heb_4:13. No mide la pequeñez y la grandeza con la misma medida que el hombre. Algunos episodios de nuestra vida que para nosotros no tienen importancia alguna, son tal vez de alta significación a los ojos de Cristo. Los actos diarios del pobre, que para los grandes son triviales y ruines, tienen a menudo gran valor para con Jesucristo.

Que el creyente que sea de humilde estirpe se consuele con esta gran verdad. Que recuerde todos los días que su Maestro que mora en los cielos está contemplando constantemente lo que pasa en la tierra, y que se digna seguir con su mirada la vida del proletario así como la del rey. Las pequeñas contribuciones que de sus escasas ganancias hace para el culto el labriego, tienen tanto valor a los ojos de Dios como las onzas de oro que ofrenda un acaudalado. El que se penetre bien de esto estará siempre contento con su suerte. Feliz el que puede decir como David: «Y yo afligido y necesitado; y Jehová pensará en mí.» Psa_40:17.

También se nos da a entender en estos versículos, quienes de los que contribuyen dinero para asuntos religiosos son los que Jesús reputa como más generosos. El dijo relativamente a la mujer que echó dos blancas en el arca del tesoro: «Esta viuda echo más que todos. Porque todos estos de lo que les cobraba echaron para las ofrendas de Dios; mas esta de su pobreza echó todo su sustento que tenia.» Estas palabras demuestran que Jesucristo toma en consideración algo más que el valor de la ofrenda para determinar la generosidad del que la da. El toma en consideración en que razón está la cantidad con los bienes del individuo, y a qué grado de abnegación ha tenido que elevarse este para desprenderse de parte de su haber.

El asunto de que tratamos es asunto de conciencia. Es de temerse que hay millares de personas que jamás dan nada para fomento del culto religioso, ni para el sostenimiento de las sociedades de beneficencia. Examinemos cuáles son nuestros propios sentimientos sobre esta materia para que no seamos juzgados y condenados en el último día. Guardémonos de la mezquindad, y no dejemos de dedicar a la causa de Dios alguna parte de nuestras ganancias. Y no vayamos a pensar que al obrar así nos hemos de arruinar. Salomón ha dicho: «Hay unos que reparten y les es añadido más: hay otros que son escasos más de lo que es justo; mas vienen a pobreza.» Pro_11:24.

Finalmente, pidamos a Dios que las riquezas de los que no saben cuanto lujo hay en dar, no vayan a contribuir a su propia condenación. Centenares de empresas religiosas y de beneficencia están paralizadas por falta de fondos. Ningunos debieran dar más que los cristianos: los discípulos de un Salvador generoso debieran también ser generosos. «De gracia recibimos: de gracia debiéramos dar.» 1Ti_6:18; Mat_10:8,

Lucas 21:5-9

Notemos en este pasaje lo que nuestro Señor Jesucristo dijo acerca del templo de Jerusalén. Algunos advirtieron que estaba adornado de hermosas piedras y dones, y lo alabaron por su belleza exterior, por sus dimensiones, su magnificencia arquitectónica y sus costosos adornos; mas nuestro Señor no se unió a sus encomios, sino antes bien les dijo: «De estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada..

Estas palabras singulares fueron proféticas. Qué emociones despertaran en un judío es cosa que no podemos ni imaginar.

El templo a que se referían era un edificio que todo israelita contemplaba con una veneración que rayaba en idolatría; edificio que contenía el arca, el santo de los santos, y los paramentos simbólicos que habían sido labrados según el modelo que Dios mismo había dado ; edificio con el cual estaban ligados en la memoria de los israelitas los nombres más celebres de su raza, como David, Salomón, Ezequías, Josías, Isaías, Jeremías, Esdras y Nehemías; un edificio, en fin, hacia el cual todo judío devoto tornaba el rostro al ofrecer sus oraciones diarias. 1Ki_8:44; Jon_2:4; Dan_7:10. Pero esas palabras tenían su objeto: fueron pronunciadas para enseñarnos que lo sagrado de un lugar no consiste en los adornos exteriores. Dios no ve como ve el hombre. 1Sa_16:7, El hombre se fija en la fábrica del edificio; el Señor se fija en el culto espiritual y en la presencia del Espíritu Santo. En el templo de Jerusalén faltaba lo espiritual, y por eso Jesús no podía admirarlo.

Los cristianos de nuestros días harían bien en recordar las palabras de Jesús. Enhorabuena que los edificios destinados al culto cristiano sean dignos del objeto para que han sido construidos: todo lo que se haga por Cristo ha de hacerse con esmero: en la casa en que se predique el Evangelio, y se lea la Palabra de Dios, y se ofrezcan oraciones, nada ha de faltar que contribuya a la solidez y a la belleza. Mas no debe olvidarse que la parte material de una iglesia es la de menos importancia. Las combinaciones y labores más hermosas de mármol, piedra y madera no tienen valor alguno a los ojos de Dios, a menos que la verdad impere en el pulpito y la gracia divina en la congregación. Las grutas y los subterráneos en que se reunían los antiguos cristianos, eran probablemente más bellos a los ojos de Cristo que la catedral más soberbia que el hombre haya jamás edificado. El templo que más agrada al Señor es el corazón contrito y renovado por el Espíritu Santo.

Notemos, además, la admonición que hizo nuestro Señor respecto del engaño. Sus palabras acerca del templo movieron a sus discípulos a hacerle esta importante pregunta: «Maestro, ¿cuándo será esto? Y qué señal habrá cuando estas cosas han de comenzar a ser hechas « La respuesta de nuestro Señor, que fue larga y detallada, empezó con la siguiente advertencia: « Mirad, no seáis engañados..

La posición que esta advertencia ocupa es por sí misma harto notable. Se encuentra al principio de una profecía que se refería a un dilatado período y que es de importancia universal para el mundo cristiano; profecía que tenia relación a la época incluida entre el tiempo en que Jesús la pronunció y el segundo advenimiento; profecía que revelaba asuntos del mayor interés, tanto para los judíos como para los gentiles; y profecía de la cual gran parte está aún por cumplirse.

Que la admonición del Salvador nos impulse a pedir a Dios que nos conceda un ánimo dócil y humilde siempre que leamos las páginas de las profecías que están por cumplirse. Precavámonos, por ana parte, de ese espíritu de indiferencia y pasividad que hace al hombre desdeñar todas las profecías por ser difíciles de interpretar; y, por otra parte, de ese espíritu arrogante y magistral, que lo hace a uno olvidar que no es sino discípulo y no profeta. Aun más, leamos las profecías con la convicción de que nuestros estudios obtendrán la bendición del cielo, y que tal vez con el tiempo las comprenderemos mejor. Todavía es válida la siguiente promesa: « Bienaventurado el que lee.» Rev_1:3.

Lucas 21:10-19

Estas palabras fueron cumplidas en parte cuando Jerusalén fue conquistada por las huestes romanas, y los judíos fueron llevados cautivos. Esa fue una época de sin par desolación en la Judea y en los países limítrofes. El sol una vez brillante del régimen judaico, se puso en medio de una lucha que, en cuanto a la sangre derramada, en cuanto a las agonías y tribulaciones a que dio lugar, no ha tenido igual en los anales de la historia.

Mas las palabras do que nos ocupamos no han tenido todavía su cumplimiento más perfecto, pues ellas describen asimismo los sucesos que precederán a la segunda venida del Redentor. Los postreros días serán de guerra y no de paz. El mundo cristiano, a semejanza del judío, llegará a su fin en medio de guerras, tumultos y desolaciones; en medio del más terrible desquiciamiento de imperios y de reinos que los humanos hayan jamás presenciado.

El deber de todo cristiano verdadero es muy claro y sencillo. Cualquiera que sea la línea de conducta que otros se tracen, él ha de esforzarse en «hacer firme su vocación y elección.» En tanto que otros se ocupen de disturbios nacionales y de cuestiones de política, él ha de buscar primero el reino de Dios. De ese modo sus plantas descansarán sobre una roca inmóvil cuando los fundamentos de la tierra se desplomen y todos los reinos queden reducidos a la nada. Estará seguro como Noé cuando entró en el arca, y será guardado el día del enojo de Jehová.

Advirtamos, en seguida, la predicción que Jesucristo hizo acerca de sus discípulos. No les predijo cosas halagüeñas, ni les prometió que estarían siempre rodeados de comodidades; mas, antes bien, les anunció que serian perseguidos y aprisionados, que los llevarían ante los reyes, que los aborrecerían, que les harían traición, que los matarían, que serian aborrecidos de todos los hombres por causa de Su nombre.

Esta profecía incluye todos los siglos del Cristianismo. Empezó a cumplirse en el tiempo de los apóstoles: el libro de los Actos nos suministra ya un ejemplo de ese cumplimiento, y la historia eclesiástica de diez y ocho siglos presenta otros muchos en épocas posteriores.

Fuerza es que nos convenzamos de que el verdadero cristiano tiene que entrar al reino de Dios «por muchas tribulaciones.» Actos 14: 22. Nuestros más felices días no han llegado todavía: no es en este mundo que podremos hallar una morada permanente. Si somos fieles e incontrastables servidores de Cristo, el mundo nos aborrecerá sin duda de la misma manera que aborreció a nuestro Maestro. Ora de un modo, ora de otro, la piedad siempre será perseguida. Aunque el creyente sea de excelente conducta y de amabilidad extraordinaria, no puede estar al abrigo del odio del mundo. No nos maravillemos pues de esto, porque es insensatez; ni nos quejemos, porque vanos serán nuestros gemidos. Los hijos de Caín aborrecerán siempre a los hijos de Abel. «No os maravilléis,» dice S. Juan, « si el mundo os aborrece.» «Si fuerais del mundo,» dice nuestro Señor, « el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.» 1Jo_3:13; Joh_15:18-19.

Notemos, por último, en este pasaje, la misericordiosa promesa que Cristo hace a sus discípulos. Les dice: «Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.» Nuestro bendito Salvador, conociendo como conocía el corazón de sus discípulos, sabía que la profecía que había pronunciado podría desalentarlos, y por lo tanto les dirigió esas palabras de consuelo: « Un pelo de vuestra cabeza no perecerá.

Esta promesa es lata en su aplicación e incluye a los creyentes de todos los siglos. Más no es dable interpretarla en un sentido literal. No puede decirse que se refiera al cuerpo de los discípulos, pues tal aserto estaría en contradicción con el hecho bien conocido de que Santiago y otros discípulos tuvieron muerte violenta. Necesario es, pues, darle un sentido figurado. Ella nos da a entender que cualesquiera que sean los padecimientos del cristiano, lo que para él vale más no sufrirá lesión alguna. Su vida ha sido puesta por mediación de Jesucristo bajo al amparo de Dios, y el tesoro que posee en los cielos está al abrigo de todo daño. Hasta su vil cuerpo será resucitado y glorificado en el último día, a semejanza del de su Salvador. Si creemos en la religión verdadera y la practicamos, esta promesa nos servirá de sostén en toda época de necesidad. Si creemos en Cristo, nos consolará la idea de que jamás pereceremos. Tal vez perdamos mucho si le servimos, mas jamás perderemos nuestras almas. Acaso el mundo nos prive de bienes, amigos, patria, hogar, libertad, salud y vida, pues así lo ha hecho siempre desde los tiempos de Esteban hasta la época presente. La lista del glorioso ejército de mártires es bien larga. Mas hay algo de lo cual el mundo no puede privar al creyente: de las estrechas relaciones de su alma con Jesucristo. «Estoy cierto,» dice S Pablo, «que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.» Rom_8:38-39.

Lucas 21:20-24

El asunto de los versículos que quedan trascritos es la toma de Jerusalén por los Romanos. Propio y natural era que este grande acontecimiento que puso fin a la dispensación del Antiguo Testamento, fuera descrito por nuestro Señor mismo.

Justo era que los últimos días de esa Ciudad Santa donde la presencia de Dios se había manifestado por tantos siglos, fueran mencionados de una manera especial en la profecía más trascendental que jamás se haya dado a la iglesia.

Es de notarse, en primer lugar, cuan perfecta es la sabiduría de Cristo. Presenta un cuadro aterrador de las desgracias que venían sobre Jerusalén. Cuarenta años antes de que los ejércitos mandados por Tito sitiaran la ciudad, El hizo una relación minuciosa de los sucesos del asedio: de las angustias de mujeres débiles e indefensas, de la matanza de millares de judíos, del esparcimiento y cautividad de los habitantes, de la profanación de la ciudad por pueblos gentiles–todo lo describió nuestro Señor como si lo estuviera viendo con sus propios ojos.

La presciencia es atributo especial de Dios. El hombre no sabe por sí solo que sucederá mañana. Las siguientes palabras de Isaías son muy solemnes: «Yo soy Dios; y no hay mas Dios; y nada hay a mí semejante: que anuncio lo porvenir desde el principio; y desde antiguamente lo que aún no era hecho.» Isa_46:10.

Advirtamos, en seguida, lo que el Señor enseña en cuanto a huir en tiempo del peligro. Aludiendo a los días que precederían al sitio de Jerusalén dijo: « Entonces los que estuvieren en Judea huyan a los montes; y los que estuvieren en medio de ella, váyanse, y los que en otras regiones no entren en ella..

La lección que entrañan estas palabras es muy útil. No es ni cobardía ni bajeza procurar escapar del peligro. El cristiano ha de afrontar la muerte con valor y con resignación cuando se la envié la divina Providencia. Mas cortejar la muerte y los padecimientos, y arrojarse temerariamente al peligro, no es propio sino de fanáticos. Aquellos que hacen uso de todos los medios que Dios ha puesto a su alcance son tan solo los que pueden esperar la protección de Dios. Hay mucha diferencia entre la presunción y la fe.

En tercer lugar, debemos notar lo que nuestro Señor dice acerca de la venganza. Refiriéndose al sitio de Jerusalén dice: «Estos son días de venganza para que se cumplan -todas las cosas que están escritas..

Hay algo muy imponente en estas palabras: nos demuestran que los pecados de la nación judía habían sido registrados, desde tiempos muy atrás, en el libro de los recuerdos de Dios. Los judíos, por medio de su incredulidad y de su impenitencia, habían estado atrayéndose ira por espacio de largos siglos. Las terribles desgracias que iban a acaecer durante el sitio de Jerusalén serian solo el principio de una tempestad que se había estado preparando gradualmente desde la época de los reyes. No seria otra cosa que el golpe de una espada que, por largo tiempo, había estado suspendida sobre la cabeza de Israel.

No vayamos a suponer jamás que Dios no observa la conducta de los hombres malos y de las naciones desmoralizadas. El Eterno todo lo ve y todo lo sabe, y la hora de ajustar las cuentas se llegará pronto. En los días de Abrahán «aún no estaba cumplida la maldad de los Amorreos.» Sin embargo al fin descendió sobre ellos el castigo cuando Josué y las doce tribus de Israel se apoderaron de Canaan. Puede suceder que los impíos «crezcan como un laurel verde,» mas al fin recibirán la pena que merecen por cansa de tus pecados.

Notemos, por último, lo que el Señor dice respecto de los gentiles. He aquí sus palabras: «Y Jerusalén será hollada de los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles sean cumplidos..

En este pasaje se predijo que durante un período determinado Jerusalén seria entregada a los gentiles, y los judíos no tendrían dominio sobre ella. También se predijo que seria fijo el período de la dominación de los gentiles, y que estos durante ese tiempo, habrían de gozar ciertas prerrogativas y ocupar una posición semejante a la que ocupó Israel en tiempos antiguos. Ambos períodos son limitados. Jerusalén será restituida a sus antiguos moradores; y los gentiles, a causa de su endurecimiento y de su incredulidad, serán privados de sus prerrogativas, y recibirán el justo juicio de Dios.

Mas los tiempos de los gentiles no se han cumplido todavía. a ellos pertenece la época que atravesamos.

¡Feliz el que no ignora estas verdades y vive en la fe en el Hijo de Dios! ¡Feliz mil veces el que esté listo para todos los acaecimientos que tendrán lugar en la tierra, y para la venida del Redentor! El reino a que pertenece es el único que no será asolado; el Rey a quien sirve es el único soberano que mantendrá su poder. Dan_2:44; Dan_7:14.

Lucas 21:25-33

El asunto de que tratan estos versículos es de la segunda venida del Señor para juzgar al mundo. Y a un acontecimiento de menor importancia no serian aplicables las expresiones enérgicas contenidas en el pasaje arriba trascrito. Limitarlas a la conquista de Jerusalén por las huestes romanas seria forzar el significado del lenguaje Bíblico.

En este pasaje se nos hace ver, en primer lugar, cuan terribles serán los sucesos que se verificarán en el segundo advenimiento del Redentor. Jesús dice que « habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas ; y en la tierra apretura de naciones con perplejidad, bramando la mar y las ondas, secándose los hombres a causa de las cosas que sobrevendrán a la redondez de la tierra ; porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.» Y que «entonces verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube.» Este es, a la verdad, un cuadro que llena de pasmo. Quizá no es para nosotros comprensible en todas sus partes; mas hay algo que sí se percibe con bastante claridad, es a saber: que la segunda venida de Cristo se verificará en medio de todo lo que alarma los sentidos y atribula el corazón del hombre. Si la proclamación de la ley desde el Monte Sinaí fue tan terrible que aun Moisés mismo dijo que estaba asombrado y temblando,» la venida que haga Cristo en poder y gloria será mucho más terrible. Si los atrevidos soldados romanos se quedaron como muertos cuando un ángel levantó la piedra y el Redentor salió del sepulcro, ¿cuánto mayor no será el pasmo cuando Cristo descienda del cielo a juzgar el mundo? Qué mucho que S. Pablo dijera: «Conociendo el terror del Señor, persuadimos a los hombres..

Los indiferentes e impenitentes deben temblar con razón al pensar en el segundo advenimiento. ¿Qué harán cuando el tráfico de este mundo llegue a su fin, y los caudales de la tierra no tengan valor alguno? ¿Qué harán cuando los sepulcros se abran por do quiera y la trompeta llame a los hombres a juicio? ¿Qué harán cuando el mismo Redentor a quien han desdeñado aparezca en las nubes y ponga a todos sus adversarios bajo sus plantas? Seguro se que llamarán a los montes para que los cubran, y a los collados para que caigan sobre ellos. Pero si no han invocado antes a Cristo, sus gritos serán vanos. ¡Dichosos serán aquellos que hayan buido de la ira que los amenazaba, y hayan sido lavados en la sangra del Cordero! En este pasaje se nos enseña, en segundo lugar, cuan completa será la, seguridad de que gozarán los cristianos en el segundo advenimiento de Jesucristo. Se nos refiere que nuestro Señor dijo a sus discípulos: «Cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas; porque vuestra redención está cerca..

Por terribles que sean para el impenitente las señales de la segunda venida, no hay porque causen terror al verdadero cristiano. Muy al contrario llenarlo han de júbilo, pues le recuerdan que ya se acerca su completa emancipación del pecado, del mundo y del demonio, y que pronto ha de dar un adiós eterno a las enfermedades, al dolor, a la muerte y a la tentación. En el instante mismo en que las esperanzas terrenales del impío se desvanecerán, las esperanzas del creyente se tornarán en dulces realidades.

En este pasaje se nos enseña, en tercer lugar, que es necesario que observemos aquellos signos que indiquen la aproximación del segundo advenimiento del Salvador. Nuestro Señor explica esto por medio de una parábola. «Mirad la higuera, y todos los árboles; cuando ya brotan, viéndolos, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca: así también vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.» Los discípulos habían supuesto en su ignorancia que el reino del Mesías seria precedido de una paz universal; mas nuestro Señor les dijo que, por el contrario, lo seria de guerras, desórdenes, desgracias y penalidades.

En este pasaje se nos enseña, finalmente, cuan seguro es que todas las predicciones que el Señor hizo respecto del segundo advenimiento habrán de cumplirse. El sabía que el pueblo exclamaría prontamente: «¡Improbable! ¡Imposible! El mundo seguirá siempre el curso que hasta ahora ha seguido.» Por esa razón previno a sus discípulos contra este espíritu de escepticismo por medio de estas palabras solemnes: «El cielo y la tierra pasarán: mas mis palabras no pasarán..

Bien haremos en recordar esas palabras cuando estemos con personas que hagan burla de las profecías que están por cumplir. No dejemos que la irrisión de los incrédulos nos haga perder la fe. Si Dios ha anunciado algún suceso, seguro es que hará que se verifique, y no debemos ocupar nuestro pensamiento con su posibilidad o su probabilidad. Que Cristo venga otra vez revestido de poder para juzgar el mundo, no es tan improbable como lo era el que viniera a sufrir y a morir. Si vino a ser clavado en la cruz, con mayor razón debemos esperar que descienda rodeado de majestad y se ciña la corona de gloria. Creamos, pues, no solo en el Cristo del Calvario, sino en el que ha de venir en persona a juzgar al mundo.

Lucas 21:34-38

Estos versículos forman la conclusión del gran discurso profético de nuestro Señor, conclusión que puede citarse en contestación a los que alegan que las profecías no cumplidas son asuntos meramente especulativos, y, por lo tanto, inútiles.

Advirtamos, primeramente, lo que en estos versículos se nos enseña sobre el peligro espiritual a que están expuestos todos los creyentes, aun los más piadosos. Nuestro Señor dijo a sus discípulos: «Mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de improviso sobre vosotros aquel día..

Estas palabras son sorprendentes sobre manera. No fueron dirigidas a los hipócritas fariseos, o a los escépticos saduceos, o a los mundanos herodianos: fueron dirigidas a Pedro, Santiago, y a todo el gremio de los apóstoles, es decir, a hombres que lo habían abandonado todo por amor de Cristo, y que habían demostrado la sinceridad de su fe por medio de una obediencia acompañada do amor y de firme adhesión al Salvador. Y sin embargo, a ellos hace ver el Señor el peligro de la glotonería, de la embriaguez, de los cuidados del mundo. Y aun a ellos les dice: «Mirad por vosotros..

Esta exhortación debiera darnos a conocer cuan importante es la humildad. No hay pecado tan grande que un santo no pueda cometer; y no hay santo tan puro que no pueda incurrir en el pecado más grave. Noé huyó del contagio del mundo antes del diluvio; y sin embargo, después cayó en la embriaguez. Abrahán recibió el titulo de padre de los fieles, y sin embargo, por falta de fe, mintió diciendo que Sara era su hermana. Lot no tuvo parte en la horrible corrupción de los habitantes de Sodoma; y sin embargo, en la cueva cometió un pecado atroz. Moisés fue el hombre más manso del mundo y, no obstante, una vez perdió de tal manera el dominio sobre sí mismo, que habló con enojo y precipitación. David fue un hombre acepto ante Dios; y a pesar de ello, cometió un adulterio abominable. Todos estos ejemplos son muy instructivos. Ellos demuestran que la admonición del Señor era necesaria, y nos enseñan que debemos revestirnos de humildad. «El que piensa estar firme, mire no caiga.» 1Pe_5:6; 1Co_10:12.

La exhortación que tenemos a la vista nos enseña, además, que debemos evitar el espíritu mundano. En ella los cuidados de esta vida fueron enumerados junto con la glotonería y la embriaguez. El exceso en la comida y en la bebida no es la única falta que es perniciosa para el alma: hay una ansiedad extremada por cosas que en sí son inocentes, que sirve igualmente de detrimento a nuestro bienestar espiritual y a nuestro bien interno. ¡Feliz el que ni tiene apego a las cosas de este mundo! Feliz el que tiene fe en que, si busca primero el reino de Dios, todo lo demás le será añadido. Mat_6:33.

En estos versículos se nos enseña, en seguida, cuan súbito será el segundo advenimiento del Señor. Se nos dice que, «como un lazo tendrá sobre los que habitan sobre la haz de la tierra.» Como la trampa que cae sobre un pajarillo y en un instante lo coge; como el relámpago que brilla repentinamente en los cielos antes de que se oiga el trueno; como el ladrón ligero que ataca de improviso los hogares pacíficos, tan instantáneo será el segundo advenimiento del Hijo del hombre.

Dios en su soberana sabiduría no ha querido revelarnos la exacta fecha de la venida del Salvador. «Mas el día, u hora, nadie lo sabe.» Tan solo hay un punto sobre el cual la enseñanza de la Escritura es clara y explícita, es a saber: que será un acontecimiento repentino. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos el universo será detenido en su curso progresivo; el Rey de reyes aparecerá; los muertos resucitarán; los vivos serán trasformados; la incredulidad será aniquilada, y millares de hombres percibirán la verdad cuando ya no haya remedio; el mundo con todas sus frivolidades y ensueños desaparecerá, y la eternidad empezará con todas sus pasmosas realidades. Todo esto comenzará de súbito, sin previo aviso, sin previa notificación.

El siervo de Cristo percibirá, desde luego que, creer todo esto y no estar preparado para recibir a Cristo, no se avienen. La Biblia no exige que abandonemos nuestros negocios, o que descuidemos el cumplimiento de los deberes que nos toquen en suerte, ni nos manda que nos retiremos a la gruta del anacoreta, o que estemos en el claustro; mas sí nos enseña que hemos de vivir como si esperásemos al Salvador. El arrepentimiento del pecado, la fe en Jesucristo, y la santidad de conducta–he aquí lo que el cristiano, necesita para estar preparado.

En estos versículos se nos enseña, finalmente, cuáles son los deberes que incumben al cristiano a consecuencia de la expectativa del segundo advenimiento. El Señor resume estos deberes en dos: la vigilancia y la oración. «Velad pues,» dice «orando todo tiempo..

Hemos de velar, hemos de estar alerta como soldados en campaña, pues a donde quiera que vayamos encontraremos el mal en torno nuestro y dentro do nuestros propios corazones; de manera que diariamente tendremos que luchar con un corazón depravado, un mundo engañador, y un demonio infatigable. «No durmamos como los demás,» dice S. Pablo, «antes velemos y seamos sobrios..

Hemos de orar, hemos de hacer constante y habitualmente oraciones fervientes y sinceras. Es de nuestro deber hablar con Dios diariamente y comunicarle nuestras necesidades espirituales. Aun más, debemos pedirle que nos dé gracia para vencer todo obstáculo y para hacer a un lado todo lo que nos impida prepararnos para recibir al Salvador.

Al terminar la consideración de este pasaje determinemos que con la ayuda de Dios, practicaremos lo que hemos estado leyendo Si sabemos estas cosas, bienaventurados somos si las hiciéremos.1Jo_13:17

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