Lucas 16- El ejemplo de un hombre malo

Lucas 16: El ejemplo de un hombre malo

Jesús les contó también a sus discípulos: «Érase una vez un hombre muy rico, al que hicieron saber que el administrador que tenía al frente de su hacienda le estaba defraudando. El hombre hizo comparecer al administrador, y le dijo tajantemente:

-¿Qué es lo que me dicen que estás haciendo conmigo? ¡Presenta todas las cuentas! ¡Quedas despedido!

-¿Que voy a hacer yo ahora que mi jefe me ha despedido? -se dijo el administrador para sus adentros-. No puedo ponerme a cavar; y sería una vergüenza tener que pedir limosna. ¡Ya sé lo que haré para encontrar otro empleo cuando se me termine este chollo!

Y dicho y hecho: se puso a llamar a los deudores de su amo uno por uno.

-¿Tú cuánto le debes a mi amo? -le preguntó al primero.

-Yo mil arrobas de aceite -contestó el deudor.

Pues, venga: toma tu recibo, siéntate ahora mismo a la mesa, y haz otro recibo en el que ponga «quinientas».

Luego llegó otro, y el administrador le dijo:

-Y tú, ¿cuánto debes?

-Cien quintales de trigo -contestó el deudor.

-Pues, venga: toma tu recibo y haz otro por «ochenta».

Cuando el amo descubrió lo que había hecho el tramposo de su administrador, tuvo que reconocer que por lo menos había tenido vista.

Y es que -siguió diciéndoles Jesús-, por lo que se refiere al trato con sus semejantes, los «mundanos» son más inteligentes que los «espirituales». Lo que quiero deciros es que uséis los bienes de este mundo para ganar amigos; para que, cuando os fallen aquéllos, éstos os acojan en las moradas eternas. El que es de confianza en lo que no tiene gran importancia, también lo es en lo que la tiene; y el que hace trampas en el juego, también las hace en los negocios. Si no habéis sido fieles en las cosas de este mundo, ¿cómo se os va a confiar lo que vale de veras? Y si no habéis sido honrados cuando se trataba de lo de los demás, ¿cómo vais a esperar que se os reconozcan vuestros derechos? No hay siervo que pueda servir a dos señores; porque siempre querrá más a uno que a otro, o respetará más a uno que a otro. Por eso no se puede servir al mismo tiempo a Dios y a los negocios de este mundo.»

No es fácil interpretar esta parábola. Nos presenta un ejemplo de la picaresca que se puede encontrar en la vida real aún más que en la literatura.

El administrador era un pícaro. No sabemos si era un esclavo o un empleado; pero el caso es que estaba a cargo de la administración de las propiedades de su amo o patrono. En Palestina había muchos terratenientes que vivían lejos de sus tierras. Es probable que el amo fuera uno de ellos, por lo que le había encargado a otro la administración de sus fincas, y este había emprendido una carrera de desfalcos.

Los deudores no eran menos pícaros. Parece que eran arrendatarios, y lo que debían era la renta que pagaban en especie, la parte proporcional que hubieran acordado de las cosechas. El administrador sabía que había perdido el empleo; y entonces se le ocurrió una gran idea: falsificar las cuentas de los deudores, de acuerdo con ellos, para que la deuda fuera menor. Esto produciría dos efectos: el primero, que los deudores contraerían con él una deuda de gratitud; y el segundo, todavía más efectivo, que los involucraba en sus fraudes y, si las cosas llegaban a lo peor, ¡podía hacerles un bonito chantaje!

Y por último, el amo parece que era otro pícaro; porque, en vez de escandalizarse cuando descubrió todo el tinglado, reconoció que el administrador había obrado con vista, y hasta se lo alabó.

Lucas nos sugiere no menos de cuatro aplicaciones diferentes:

(i) En el versículo 8, la lección es que, por lo que se refiere al trato con sus semejantes, los «mundanos» son más inteligentes que los «espirituales» o «los hijos de luz» (R-V). Lo que quiere decir que los cristianos lo serían más auténticamente si estuvieran tan interesados en vivir su fe hasta las últimas consecuencias como los mundanos lo están en conseguir dinero y lo que se obtiene con él. Nuestra vida cristiana empezará a ser real y efectiva cuando le dediquemos tanto tiempo e interés al Evangelio como algunos le dedican al placer, o al hobby, o al deporte.

(ii) En el versículo 9, la lección es que las posesiones materiales deben usarse para fraguar las amistades en las que se hallan los valores reales y permanentes de la vida. Eso se puede hacer de dos maneras:

(a) Se puede hacer para que surta efecto en la eternidad. Los rabinos decían: «Los ricos ayudan a los pobres en este mundo, y los pobres ayudan a los ricos en el mundo venidero.» Ambrosio, el gran teólogo del siglo IV, comentando la parábola del Rico Insensato que se construyó graneros más grandes para almacenar sus cosechas, dijo: «Los regazos de los pobres, las casas de las viudas, las bocas de los niños son los graneros que permanecen para siempre.» Los judíos creían que lo que se da a los pobres queda reflejado en la cuenta del dador en el mundo venidero. La verdadera riqueza de una persona consiste, no en lo que ha guardado para sí, sino en lo que ha dado a los necesitados.

(b) Se puede hacer para que surta efecto en este mundo. La riqueza se puede usar de una manera egoísta, o para hacer la vida más fácil para otros. Muchos estudiantes agradecerán siempre el haber podido hacer una carrera a alguna persona rica, a la que no conocieron, que dejó dinero para becas de estudiantes necesitados. Y muchos agradecemos a un amigo algo más acomodado el que nos ayudara a salir de una necesidad de la manera más práctica. Las posesiones no son en sí mismas un pecado, pero sí una gran responsabilidad; y la persona que las usa para ayudar a otros lleva camino de cumplir con esa responsabilidad.

(iii) En los versículos 10 y 11, la lección es que la manera en que uno realiza una tarea pequeña es la mejor demostración de si está capacitado o no para encargarse de algo mayor. Así es en las cosas de este mundo: nadie ascenderá hasta que haya dado pruebas de su honradez y capacidad de trabajo en su nivel anterior. Pero Jesús aplica este principio a la eternidad cuando dice: «En la Tierra te tienes que hacer cargo de cosas que no son realmente tuyas, porque no te las puedes llevar contigo cuando salgas de este mundo. Sólo las tienes prestadas, y no eres más que un administrador; no pueden llegar a ser tuyas permanentemente. Por otra parte, en el Cielo recibirás lo que será tuyo realmente y para siempre. Y lo que recibas en el Cielo dependerá de cómo hayas usado las cosas de la Tierra. Lo que se te dé como tuyo propio dependerá de cómo hayas usado las cosas cuando no eras más que administrador de bienes ajenos.»

(iv) En el versículo 13, la lección es que un esclavo no puede servir a dos amos distintos, porque un esclavo no tiene más que un amo. Ahora un trabajador puede tener varios trabajos y estar al servicio de varias empresas al mismo tiempo; pero eso era absolutamente imposible para un esclavo, porque todo su tiempo y todas sus energías pertenecían a un solo amo. Así sucede con el servicio de Dios: no puede ser algo a tiempo parcial o fuera de horas. Cuando aceptamos servir a Dios, todos los momentos de nuestro tiempo y todas las energías de nuestro ser le pertenecen a Él. O somos suyos por entero, o no lo somos.

LA LEY QUE NO CAMBIA

Lucas 16:14-18

Los fariseos, que tenían más interés de la cuenta en el dinero, se burlaban de Jesús cuando le escuchaban.

-Vosotros siempre pretendéis tener la razón ante todo el mundo; pero Dios sabe cómo sois por dentro, y lo que a la gente le parece estupendo, no es más que basura para Dios -les decía Jesús. Y siguió diciendo-: El tiempo de vigencia de la Ley y los Profetas fue hasta Juan el Bautista. Desde entonces se proclama la Buena Noticia del Reino de Dios, y todos se esfuerzan para entrar en él. Antes desaparecerán el Cielo y la Tierra que se anule ni una tilde de la Ley. El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la divorciada, también.

Este pasaje tiene tres partes:

(i) Empieza con una acusación a los fariseos. Dice que se burlaban de Jesús. Los judíos propendían a relacionar la prosperidad material con la bondad; la riqueza era una señal de que la persona era buena. Los fariseos presumían de ser muy buenos, y consideraban la riqueza como una justa recompensa. Pero, cuanto más se exaltaban ante la gente, tanto más abominables eran para Dios. Ya está bastante mal el que una persona se considere buena; pero está todavía peor el que presente su riqueza como prueba irrefutable de su bondad.

(ii) Hasta que llegó Jesús, la Ley y los Profetas del Antiguo Testamento habían sido la última Palabra de Dios; pero Jesús vino a proclamar -el Reino, y los publicanos y los pecadores acudían entusiasmados a entrar, aunque los escribas y los fariseos querían impedírselo por todos los medios. Pero Jesús insistía en que el Reino no es la revocación de la Ley, -sino su cumplimiento. Es verdad que los detalles insignificantes y las reglas ceremoniales se habían borrado; pero nadie debía pensar que el Evangelio suprimía todas las leyes. Los mandamientos de la Ley de Dios seguían inalterados e inalterables. Algunas letras hebreas se parecen mucho, y se distinguen por unos puntits diacríticos, como los acentos y la diéresis y la virgulilla de la eñe del castellano. Ni siquiera uno de esos puntits o rayitas de las grandes leyes desaparecería.

(iii) Como un ejemplo de la Ley que no se cambiará nunca Jesús citó la ley de la castidad. Esta tajante afirmación de Jesús se ha de leer en el contexto de la vida judía. Los judíos tenían una opinión muy alta de la castidad y la fidelidad. Los rabinos decían: « Dios puede pasar por alto muchas cosas, pero no la falta de castidad, que es una cosa que hace que se ausente la gloria de Dios.» Un judío debe dejarse matar antes de cometer idolatría, homicidio o adulterio. Pero lo trágico era que, en los tiempos de Jesús, el vínculo matrimonial estaba a punto de desaparecer. Para las leyes judías la mujer era una cosa. Podía divorciarse de su marido sólo si él era leproso, o apóstata, o violador. Aparte de eso, una mujer no tenía más derecho ni compensación cuando su marido la divorciaba que la devolución de la dote. La ley judía decía: «El marido puede divorciar a su mujer con o contra la voluntad de esta; para divorciarse el marido basta con su voluntad.» La Ley de Moisés decía: «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa» Deu_24:1 ). La llamada «carta de divorcio» había que firmarla ante dos testigos, y decía: «Sea esta escritura de divorcio que te otorgo documento de despido y certificado de libertad para que te puedas casar con quien quieras.» Así de fácil era el divorcio para el hombre.

La cosa se complicaba cuando se interpretaba la frase alguna cosa indecente de la ley mosaica. Había dos escuelas de pensamiento: la de Shammai sostenía que quería decir adulterio, y nada más. La escuela de Hillel sostenía que podía querer decir «cualquier cosa que desagradara a su marido como, por ejemplo, si echaba a perder un plato de comida, si se daba una vuelta por la calle, si hablaba con un extraño, si hablaba sin el debido respeto de los parientes de su marido, si era alborotadora.» Esto último se definía como «que se la pudiera oír en la casa de al lado.» Rabi Akiba llegó hasta el punto de decir que un hombre podía divorciar a su mujer si encontraba otra más guapa. Tal como es la naturaleza humana, fue la escuela de Hillel la que prevaleció; así que, en los tiempos de Jesús, las mujeres no querían casarse, y la vida familiar estaba en peligro de desaparecer.

Jesús aquí establece la santidad del vínculo matrimonial. Esto aparece en Mat_5:31 s, donde el adulterio es la única excepción a la regla universal. A menudo pensamos que nuestro tiempo es malo; pero Jesús vivía en un tiempo en el que las cosas estaban por lo menos igual de mal. Si destruimos la vida familiar destruimos algo que es fundamental al Evangelio, y Jesús establece aquí una ley que es peligroso soslayar.

EL CASTIGO DEL INSENSIBLE

Lucas 16:19-31

-Érase un rico que se vestía de púrpura y de seda y que organizaba unos banquetes impresionantes todos los días. Y érase también un pobre que se llamaba Lázaro, que estaba tirado en el suelo a la puerta del rico, con el cuerpo lleno de llagas, y tan hambriento que se hubiera conformado con que le dejaran comerse las migajas que caían al suelo de la mesa del rico; y, era tal su indefensión que hasta los perros venían a lamerle las .llagas. Cuando se murió aquel pobrecito, los mismísimos ángeles vinieron a llevarle al Seno de Abraham. En cuanto al rico, también se murió, y le enterraron. Estaba en el Infierno entre tormentos, y miró hacia arriba y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su Seno; y el rico se puso a dar voces: « ¡Padre Abraham, compadécete de mí, y manda a Lázaro que moje la puntita del dedo en agua y me refresque un poquitín la lengua, porque estoy sufriendo tormento en este fuego!» Pero Abraham le contestó: « Hijo, acuérdate de que tú recibiste todos los bienes en la vida, y Lázaro no recibió más que males. Así que ahora él recibe cosas buenas, y tú tormentos. Además, hay una gran sima infranqueable entre nosotros y vosotros que hace imposible el que se pueda pasar de aquí allí, o de allí aquí.» El rico entonces le dijo: «Entonces, por favor, Padre, mándale a la casa de mi padre donde están mis cinco hermanos, para que les advierta de la verdad y no vengan a este lugar de tormento.» Y Abraham le contestó: «i Ya tienen a Moisés y a los profetas! ¡Que les presten atención!» Y el rico siguió suplicando: «Eso no es bastante. Pero si se les aparece un muerto, se arrepentirán.» Y Abraham le contestó: «Si no hacen caso de Moisés y de los profetas, tampoco se convencerán si resucita un muerto.»

Esta parábola está tan perfectamente construida que no le sobra ni una sola frase. Vamos a fijarnos en los personajes:

(i) En primer lugar tenemos al rico, al que a veces se le llama Dives, que quiere decir «rico» en latín. Cada frase añade algún detalle al lujo en que vivía. Vestía púrpura y lino fino, que es la descripción de las ropas del sumo sacerdote, que costaban una inmensa fortuna. Celebraba banquetes suntuosos todos los días; la palabra que se usa aquí indica los manjares que harían las delicias de un gastrónomo. Y así todos los días. No cabe duda de que así quebrantaba el cuarto mandamiento, que dispone que se ha de trabajar seis días (Exo_20:9 ).

En un país y época en que la gente corriente tendría suerte si comía carne una vez a la semana después de trabajar seis días, Dives es el prototipo del indolente ricachón. Lázaro habría querido recoger las migajas que caían de la mesa de Dives; y es que en aquel tiempo no se usaban tenedores ni cuchillos ni servilletas, sino que se comía con las manos y, en las casas de los ricos, las manos se limpiaban restregándolas con pan, que caía al suelo. De eso querría hartarse Lázaro.

(ii) En segundo lugar, tenemos a Lázaro. Es curioso que es el único personaje de las parábolas que tiene un nombre, que es la forma latina de Eleazar, que quiere decir Dios es mi ayuda. Era un mendigo, y estaba cubierto de llagas ulcerosas, y en tal estado que ni siquiera se podía defender de los perros callejeros que le asediaban con sus lametones.

Esta es la escena en este mundo, que cambia bruscamente para que veamos lo que sucede en el mundo venidero: allí Lázaro está en el Cielo y Dives en el Infierno. Naturalmente, la descripción del más allá refleja las ideas de los judíos de aquel tiempo, no necesariamente las de los cristianos de ahora. ¿Cuál había sido el pecado de Dives? ¡Al fin y al cabo no había mandado que quitaran a Lázaro de su puerta! Y, al parecer, no se oponía a que se le dieran las migas del pan que se tiraba de la mesa. Tampoco le daba de patadas cuando pasaba. No era deliberadamente cruel con él. El pecado de Dives fue que no se preocupó ni lo más mínimo de Lázaro, que le consideró parte del entorno y aceptó como lo más natural que Lázaro estuviera tirado a su puerta, sufriendo la enfermedad y el hambre, mientras él se regodeaba en el lujo. Como ha dicho alguien: «No fue tanto lo que hizo, sino lo que no hizo, lo que le llevó al Infierno.» El pecado de Dives era que podía ver el sufrimiento y la necesidad del mundo a su alrededor, y no sentir que nada le tocara el corazón, ni hacer nada para remediarlo. Sufrió las consecuencias de haber sido insensible. ‹ Parece excesivamente duro que no se le concediera que se advirtiera a sus hermanos; pero es un hecho que, si uno tiene la Palabra de Dios, y ve el dolor y la necesidad y no se siente llamado a ofrecer alivio o ayuda pudiendo hacerlo, nada le hará cambiar.

Es una seria advertencia que el pecado de Dives no fuera lo que hizo mal, sino lo que no hizo. El Evangelio deja bien claro que el pecado está en ver el bien que se puede hacer, y no hacerlo (Jam_4:17 ).

Lucas 16:1-31

16.1-8 Nuestro uso del dinero nos habla del señorío de Cristo. (1) Usemos nuestros recursos con sabiduría porque son de Dios y no de nosotros. (2) El dinero puede usarse para bien o para mal; usemos el nuestro para bien. (3) El dinero tiene mucho poder, de ahí que debemos usarlo con cuidado y seriedad. (4) Debemos usar nuestros medios materiales de manera que fomenten la fe y la obediencia (véase Luk_12:33-34).

16.9 Andamos por el camino de la sabiduría cuando usamos las oportunidades financieras, no para ganar el cielo, sino para que ese cielo («moradas eternas») sea una experiencia agradable en quienes ayudamos. Si usamos nuestros recursos para ayudar a los necesitados o ayudamos a otros a encontrar a Cristo, nuestra inversión nos brindará beneficios en la eternidad. Cuando acatamos la voluntad de Dios, usamos desinteresadamente las posesiones.

16.10, 11 Muchas veces nuestra integridad guarda relación con los asuntos monetarios. Dios nos pide que seamos honestos aun en pequeños detalles. Las riquezas en el cielo son mucho más valiosas que las terrenales. Pero si no somos confiables con nuestras riquezas terrenales (sin importar lo mucho o poco que tengamos), no estamos en condiciones de encargarnos de las grandes riquezas del Reino de Dios. No permita que su integridad se desmorone ante asuntos intrascendentes, solo así no fallará en decisiones cruciales.

16.13 El dinero tiene el poder de ocupar el lugar de Dios en su vida. Puede convertirse en su amo. ¿Cómo descubrir si es esclavo del dinero? (1) ¿Está preocupado siempre por él? (2) ¿Da por generosidad o lo hace a fin de obtener más dinero? (3) ¿Utiliza gran parte de su tiempo preocupándose por sus posesiones? (4) ¿Le es difícil dar dinero? (5) ¿Tiene deudas?

El dinero es un amo poderoso y engañador. Promete poder y control, pero a menudo no lo puede dar. Las grandes fortunas pueden lograrse y perderse de la noche a la mañana, pero no hay riqueza que compre salud, felicidad ni vida eterna. No hay nada mejor que permitir que Dios sea su amo. Sus siervos tienen paz y seguridad, ahora y siempre.

16.14 Debido a que los fariseos amaban el dinero, hicieron una excepción con la enseñanza de Jesús. Quizás también tengamos pasión por nuestro dinero. ¿Nos burlamos de las advertencias de Jesús en contra de servir al dinero? ¿Tratamos de darle alguna explicación? ¿Las aplicamos a otros, los fariseos, por ejemplo? A menos que tomemos en serio las declaraciones de Jesús, quizás actuemos igual que los fariseos.

16.15 Los fariseos actuaban píamente para que otros los admiraran, pero Dios sabía lo que había en sus corazones. Consideraban que la riqueza mostraban la aprobación de Dios. El Señor detestó sus posesiones porque motivaron el abandono de su verdadera espiritualidad. Tal vez la prosperidad gane el favor de la gente, pero nunca sustituirá la devoción ni el servicio a Dios.

16.16, 17 Juan el Bautista era la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos (Joh_1:15-18). Con Jesús se hicieron realidad todas las esperanzas de los profetas. Enfatizó que su Reino cumplió la Ley (el Antiguo Testamento); no la abrogó (Mat_5:17). No implantó un nuevo sistema, sino consumó el antiguo. El mismo Dios que obró a través de Moisés obraba mediante Jesús.

16.18 La mayoría de los líderes religiosos de la época de Jesús permitían que el hombre se divorciara de su esposa casi por cualquier motivo. Lo que Jesús enseñó en cuanto al divorcio fue más allá de lo que Moisés enseñó (Deu_24:1-4). Estrictas como cualquier escuela de pensamiento, las enseñanzas de Jesús estremecieron a sus oyentes (véase Mat_19:10) como en la actualidad lo hace a sus lectores. Jesús dice en términos inequívocos que el matrimonio es un compromiso para toda la vida. Quizás sea legal que su cónyuge le deje por otra persona, pero es adulterio a los ojos de Dios. Al pensar en el matrimonio, recuerde que la intención de Dios es que sea un compromiso permanente.

16.19-31 Los fariseos consideraban la prosperidad como una prueba de rectitud. Jesús los alarmó con esta historia donde se premia a un mendigo enfermo y se castiga a un hombre rico. El rico no fue al infierno por sus riquezas, sino por egoísmo. No alimentó a Lázaro, no le permitió entrar en su casa, ni cuidó de su salud. A pesar de sus muchas bendiciones, fue un hombre duro de corazón. La cantidad de dinero que tengamos no es lo más importante, sino la forma en que lo usamos. Los ricos pueden ser generosos o avaros, lo mismo sucede con los pobres. ¿Cuál es su actitud frente a sus posesiones? ¿Las acapara con egoísmo o las usa para bendición de los demás?

16.20 Este Lázaro no debe confundirse con el que Jesús resucitó en Juan 11.

16.29-31 El rico pensó que sus cinco hermanos sin duda creerían a un mensajero que resucitara. Pero Jesús dijo que si no creyeron a Moisés y a los profetas, los que siempre hablaban de la importancia de cuidar de los pobres, ni siquiera una resurrección los convencería. Note la ironía en la declaración de Jesús en su camino a Jerusalén hacia la muerte, estaba totalmente seguro de que, si resucitaba, gran parte de los líderes religiosos no lo aceptarían. Estaban aferrados a su manera de pensar y ni las Escrituras ni el Hijo de Dios mismo lograrían variar su posición.

Lucas 16:1-12

EL pasaje arriba transcrito es de difícil interpretación. Hay en él puntos que talvez no serán aclarados hasta que venga el Señor por segunda vez. Es de esperarse que un libro como la Biblia, escrito por inspiración, contenga cosas difíciles de comprender. Mas el defecto no está en el libro, sino en nuestro limitado entendimiento. Si no podemos aprender otra cosa en este pasaje, aprendamos por lo menos a ser humildes.

Tengamos cuidado, ante todo, de no deducir de los versículos citados doctrinas y preceptos que no enseñan.

Nuestro Señor no se refiere al mayordomo como a un modelo de moralidad: de otra manera no le hubiera dado el epíteto de «malo.» Jesús nunca autorizó la falta de honradez en el comercio humano. Este mayordomo engañó a su amo y quebrantó el octavo mandamiento. Su amo quedó admirado de su astucia cuando supo lo que había hecho, y lo alabó por su sagacidad y previsión. Pero esto no prueba que su conducta le agradara; y lo que es más, no hay una palabra que indique la aprobación de Cristo. En breve, el manejo del mayordomo es algo que debemos evitar, no un modelo que hayamos de imitar.

Y la advertencia, que así se nos hace, es muy necesaria. La mala fe en los negocios es, por desgracia, muy común en nuestros días. La honradez en los contratos es muy rara. En sus transacciones comerciales algunos hacen cosas que la Biblia condena. Millares de hombres hay que por «apresurarse a enriquecerse « cometen actos que no son estrictamente equitativos. Pro_28:20. La astucia y la destreza en comprar, en vender y en hacer negocios de todas clases, hacen pasar por alto cosas que no debieran permitirse. La raza a que partencia el mayordomo malo es todavía muy numerosa. No olvidemos esto: siempre que hagamos a los demás aquello que no quisiéramos que hicieran con nosotros, podemos estar seguros, a despecho de lo que el mundo diga, que estamos obrando mal a los ojos de Cristo.

Obsérvese que la lección principal que se nos inculca en esta parábola es que es prudente estar prevenidos para cualquiera contratiempo.

La manera con que el mayordomo malo se portó cuando supo que iba a perder su destino, fue indudablemente hábil y sagaz. Aunque al rebajar de las cuentas parte de lo que se le debía a su señor, procedió de mala fe, ciertamente con ese acto se hizo muchos amigos. Perverso como era, no descuidó el porvenir. Deshonrosas como eran las providencias que dio, no dejaba de atender a sus propias necesidades. No cruzó los brazos y dejó que la pobreza asomara á. las puertas de su casa; mas meditó, raciocinó, hizo sus planes y los puso en ejecución sin temor. El resultado fue que no quedó en el desamparo.

Que contraste tan sorprendente no observamos entre el proceder del mayordomo respecto de sus asuntos temporales, y el de la mayor parte de los hombres respecto de sus asuntos espirituales 1 Bajo este punto de vista únicamente es que el mayordomo nos da uu ¿ejemplo que nosotros haríamos bien en imitar.

Como él, debemos dirigir nuestras miradas hacia el porvenir. Como él, debemos prevenirnos para el día en que tengamos que dejar nuestra morada terrenal.

Como él, debemos conseguir «un edificio en los cielos,» donde fijemos nuestro hogar, cuando se deshiciere el tabernáculo terrestre de nuestro cuerpo. 2 Cor.

Pro_5:1. Como él, debemos emplear todos los medios que estén a nuestro alcance para obtener mansiones eternas.

Bajo este punto de vista la parábola es altamente instructiva. La solicitud que los hombres del mundo manifiestan por los asuntos de esta vida debiera hacer ruborizar a los cristianos por su frialdad respecto de las cosas de la eternidad. El celo y la constancia que los hombres de negocios despliegan cuando recorren mar y tierra para conseguir riquezas, es un reproche de la indiferencia e indolencia que manifiestan los creyentes respecto de los tesoros celestiales.

Las palabras de nuestro Señor son verdaderamente profundas y solemnes: « Los hijos de este siglo más prudentes son en su generación que los hijos de la luz..

Notemos por último en este pasaje ¡as palabras notables que nuestro Señor usa respecto de las cosas de poca consideración. «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto..

Nuestro Señor nos enseña con estas palabras a ser escrupulosamente fieles, y nos previene que no vayamos a suponer que una conducta, en asuntos pecuniarios, semejante a la del mayordomo, sea cosa insignificante. Es que quiere que sepamos que la manera como el hombre se porta en «lo muy poco « da a conocer su índole, y que la injusticia en «lo muy poco « es un síntoma del mal estado en que se encuentra el corazón. No quiere dar a entender, por supuesto, que la honradez en cuestiones de dinero puede justificar nuestras almas o limpiarnos de todo pecado; pero sí quiere decir que la mala fe en las transacciones es señal de que el corazón no es «recto a los ojos de Dios..

La doctrina que nuestro Señor establece así merece muy seria consideración el día de hoy. Parece que algunos hombres han llegado a persuadirse que es posible divorciar la verdadera religión de la honradez ordinaria, y que si uno es ortodoxo en materias de doctrina, poco importa que en la práctica estafe o engañe. Las palabras de nuestro Señor son una protesta contra esta perniciosa idea. Nosotros, por nuestra parte, debemos velar y estar alerta para no caer en semejante error. Defendamos con tesón las gloriosas doctrinas de la salvación por la gracia y la justificación por la fe; pero no vayamos a imaginar jamás que la verdadera religión autoriza el menosprecio de la segunda tabla de la ley. No olvidemos ni por un momento que la verdadera fe se conoce por sus frutos. Podemos estar seguros que el que no es honrado no posee la gracia divina.

Lucas 16:13-18

Estos versículos nos enseñan cuan inútil es procurar servir a Dios a medías. Nuestro Señor Jesucristo dice: «Ningún siervo pude servir a dos señores; porque, o aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas..

Á primera vista parece que la verdad que nuestro Señor sienta con estas palabras no admite discusión alguna, por ser demasiado obvia. Y sin embargo, muchos hacen, en perjuicio de sus almas. Lo mismo que en el pasaje citado se dice ser inútil: muchos procuran obedecer a Dios y conservar su afición al mundo simultánea mente. En su conciencia han penetrado tal vez algunos rayos de luz, y creen que deben tener alguna religión; mas se hallan tan apegados a las cosas terrenales que no les es posible llegar a la altura del verdadero cristiano, y constantemente se hallan agitados de una zozobra cruel. Por una parte, la poca religión que tienen es más que suficiente para amargarles los placeres del mundo; y están, por otra, tan ligados a este, que no pueden encontrar en la religión completa felicidad. En una palabra, malgastan siempre el tiempo en hacer algo que es imposible: «servir a Dios y a las riquezas..

Todo el que anhele ser cristiano y dichoso haría bien en reflexionar en las palabras que quedan citadas. Quizá no hay verdad alguna en que los verdaderos cristianos estén más de acuerdo que en esta: que la felicidad de los que se consagran al servicio de Cristo depende de la firmeza de su resolución. Los que vuelven al mundo diciendo que en la verdadera religión no se encuentra la verdadera felicidad, son los cristianos que fluctúan y vacilan. Cuanto más decididamente nos entreguemos a Cristo, en tanto más alto grado experimentaremos esa «paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento.» Cuanto más fielmente vivamos, no para nosotros mismos, sino para Aquel que murió por nosotros, tanto mejor sabremos qué es sentir « gozo y paz en el creer.» Rom.

15:13. Si no es inútil servir a Cristo, sirvámosle de todo corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. En ello nos va la vida y la felicidad perdurables. Si no podemos resolvemos a abandonarlo todo por amor de Cristo, no podemos ni debemos alimentar la esperanza de que El nos reconozca como suyos en el último día. El quiere que le consagremos todo nuestro corazón. Cualquiera que quisiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.

Estos versículos nos enseñan, en segundo lugar, que el valor que a las cosas da el hombre es muy distinto del que les da Dios. Nuestro Señor llamó la atención a esta verdad por medio de la amonestación que dirigió a los fariseos que se burlaban de El, les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen en alto aprecio, delante de Dios es abominación..

La verdad que estas palabras contienen es palpable. Dirijamos si no los ojos en torno nuestro veamos a que cosas tiene el hombre más apego. Las riquezas, los honores, la elevada posición social, he aquí las cosas para las cuales vive la mayor parte de la humanidad. Y sin embargo, todo eso es lo que Dios apellida «vanidad,» y de la cual nos manda que nos guardemos. La discordancia no puede ser más manifiesta, triste y pasmosa. Lo que Dios llama bueno, el hombre lo apellida malo, y lo que Dios llama malo el hombre denomina bueno.

Más, ¿quién de ellos dice la verdad? ¿Cuál apreciación es la justa? ¿Qué concepto valdrá más el día del juicio? ¿De acuerdo con qué regla serán juzgados todos antes de que reciban la sentencia final? ¿En qué tribunal serán comparadas y sometidas a prueba las opiniones que prevalecen en el mundo? Estas que son las únicas preguntas que debemos hacernos para arreglar nuestra conducta han sido contestadas en la Biblia con toda claridad. Tan solo los consejos de Dios permanecerán para siempre. Tan solo de acuerdo con la palabra de Jesucristo es que el hombre será juzgado en el último día. Vivamos pues en estricta conformidad con esa palabra Pesemos en su balanza todo y a todos en este mundo de maldad. No importa qué piensen los hombres, sino qué dice el Señor.

Poco hace al caso cuáles sean las ideas de moda. «Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.» Cuanto más arreglemos nuestras ideas a las enseñanzas de nuestro Padre celestial, tanto mejor preparados nos hallaremos para el día del juicio. Amar lo que Dios ama, aborrecer lo que aborrece, aprobar lo que aprueba: he aquí en lo que consiste la religión más pura. Tan luego como percibamos que estamos tributando altos honores a lo que el Señor menosprecia, debemos inferir que nuestra religión es deficiente.

Estos versículos nos dan a conocer, por último, que la ley de Dios es excelsa y sacrosanta. Nuestro Señor Jesucristo dice quo «mas fácil es que pasen el cielo y la tierra, que no que caiga una tilde de la ley..

Durante su morada acá en la tierra Jesús siempre vindicó la majestad de la ley de Dios. Algunas veces protestó contra las adiciones de los hombres, señaladamente respecto del cuarto mandamiento. Otras veces protestó contra los que miraban con desprecio algunos de sus requisitos, y permitían que fuese abiertamente conculcada, como sucedió con los estatutos respecto el matrimonio. Siempre hizo alusión a ella con veneración. Siempre la magnificó y la engrandeció. La parte ceremonial era tipo del Evangelio, y había de cumplirse al pié de la letra. La parte moral era una revelación de los pensamientos del Todopoderoso, y debía ser obligatoria para los cristianos de todos los siglos.

En nuestros días es necesario defender constantemente la majestad de la ley de Dios. Pocos asuntos hay que los cristianos ignoren tanto como este. Algunos creen al parecer que los cristianos no tienen nada que hacer con la ley; que tanto la parte moral como la ceremonial fueron obligatorias solo por un período determinado, y que, con el Evangelio, fueron virtualmente abrogados el sacrificio diario y los diez mandamientos. Otros piensan, por otra parte, que la ley es obligatoria y que es solo por medio de la obediencia a ella que podemos salvarnos; pero que sus requisitos han sido de tal manera modificados por el Evangelio que podemos cumplir con ellos por medio de una obediencia imperfecta. Ambos conceptos son erróneos y contrarios a la Escritura.

Estemos persuadidos de que «la ley es buena si se usa de ella legítimamente.» 1Ti_1:8. Su objeto es hacernos ver la santidad de Dios, por una parte, y nuestra propia maldad por otra; es convencernos del pecado y conducirnos hacia Cristo; es, en fin, enseñarnos como hemos de vivir después que hayamos abrazado el Evangelio, y señalarnos qué cosas hemos de practicar y qué cosas hemos de evitar. Quien así use de la ley de Dios verá que es un tesoro inapreciable para su alma. El cristiano que lo es de convicción dirá siempre: « Según el hombre interior me deleito en la ley de Dios.» Rom_7:22.

Lucas 16:19-31

La parábola que queda transcrita es, hasta cierto punto, única en su clase, pues es el solo pasaje de la Escritura, en que se nos dan a conocer las emociones que experimentan los malos después de la muerte. Por esta y otras muchas razones merece atención especial.

La primera lección que nos enseña es, que la situación temporal de un hombre no puede servirnos de índice del estado en que se encuentre para con Dios.

Nuestro Señor Jesucristo describe dos hombres, uno de los cuales era muy rico, y el otro muy pobre. El uno daba magníficos banquetes todos los días, y el otro no era más que un mendigo que no poseía bienes algunos sobre la tierra. Y, sin embargo, el pobre poseía la gracia de Dios, y el rico no. El pobre vivía por la fe y seguía las huellas de Abrahán; el rico se había entregado a la disipación y los placeres, y «estaba muerto en sus delitos y pecados..

No nos dejemos dominar jamás de esa idea que está tan en boga en nuestros días, que el mérito de un hombre depende del monto de su renta, y que la persona que posee más dinero merece mayor aprecio. La Biblia no autoriza tal concepto: bien al contrario, sus doctrinas son diametralmente opuestas a él.

«Mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles.» 1Co_1:26. «Ni se alabe el rico en sus riquezas: mas alábese en esto el que se hubiere de alabar, en entenderme y conocerme.» Jer_9:24. Que un hombre sea rico no quiere decir que haya sido justificado: que sea pobre no quiere decir que desagrade a Dios. Aquellos a quienes Dios ensalza son raras veces los ricos de este mundo. Si nosotros pesamos a los hombres en la misma balanza que Dios los pesa, tenemos que juzgar de sus méritos por sus virtudes.

La segunda lección que esta parábola nos enseña es, que la muerte es el fin de todo ser humano, cualquiera que sea la clase o raza a que pertenezca. Tanto los sufrimientos del mendigo, como los banquetes suntuosos del rico, terminaron con la muerte. «Todo va a un lugar.» Ecc_3:20.

La muerte es un acontecimiento solemne cuya certeza nadie niega, pero del que pocos parecen cuidarse. Muchas personas comen, beben, hablan y forman planes como si fueran a vivir en este mundo para siempre. Todo cristiano verdadero debe guardarse de cometer este error. «El que desee vivir piadosamente,» dijo un celebre teólogo, «debe pensar con frecuencia en su último día.» Contra el desagrado, el descontento y la envidia del pobre; contra el orgullo, la vanidad y la arrogancia del acaudalado, uno de los mejores antídotos es pensar en la muerte.

La tercera lección que esta parábola nos enseña es, que a la hora de la muerte Dios cuida con especialidad de las almas de los creyentes. Nuestro Señor Jesucristo dice que cuando el mendigo murió « fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán..

Hay algo sumamente consolador en estas palabras. Poco o nada sabemos de lo que experimentará el hombre después que deja de existir. Cuando se nos llegue la hora postrera, y nos hallemos en el lecho de muerte, seremos como viandantes a un mundo desconocido. En cambio, nos consolará el saber que los que expiran en brazos de Jesús no serán arrojados a las tinieblas, ni estarán sin albergue ni morada durante el tiempo que trascurra entre la muerte y la resurrección; mas encontrarán sosiego en el seno de los que hayan tenido fe como Abrahán. Nada les faltará, y lo que es todavía más, estarán «con Cristo « según dice S. Pablo.

Esta parábola nos enseña, en cuarto lugar, que hay un infierno de eterna duración. Nuestro Señor dice, en palabras inequívocas, que después de la muerte el rico estaba en el infierno y era atormentado, y describe con colores vivos cómo deseaba anhelosamente una gota de agua para refrescar su lengua, y cómo había una grande sima entre él y Abrahán, que nadie podía pasar. Hay pocos pasajes bíblicos que inspiren tanto pavor como este. Y téngase presente que, quien tales palabras pronunció, se complació en ejercer misericordia.

Que el castigo de los malvados es infalible y eterno es una verdad que tenemos que creer firmemente. Desde el día en que Satanás dijo a Eva: « No moriréis,» no han faltado hombres que hayan negado dicha verdad. Desengañémonos: hay un infierno para los réprobos así como hay un cielo para los creyentes; habrá ira para con «los que no obedecen el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.» 2Th_1:8. Huyamos de esa ira y acojámonos al gran Protector: Cristo Jesús.

Esta parábola nos enseña, en quinto lugar, que los no convertidos aprenden, cuando ya es demasiado tarde, cuánto vale el alma. Se nos dice que el rico deseaba que Lázaro fuera enviado a la casa de su padre, donde estaban sus cinco hermanos, para que no fueran estos también al lugar de tormento. En vida nada había hecho por su bien espiritual. Es bien probable que habían sido compañeros suyos en los goces mundanos, y que, como él, se habían desentendido completamente de las necesidades del alma. Pero, en muerte, reconoce la insensatez de que todos habían sido culpables, y desea que, si fuere posible, sean llamados al arrepentimiento.

La transformación intelectual que experimentarán los condenados después de la muerte, será uno do sus más terribles castigos. Ellos sabrán y entenderán muchas cosas que en vida rehusaron comprender. Descubrirán que, como Esaú, enajenaron su felicidad eterna por un plato de lentejas. Después de la muerte el escepticismo no tiene cabida.

Esta parábola nos enseña, por último, que ni aun los milagros más portentosos son parte a convencer a los que no quieren creer la palabra de Dios. El rico pensaba que si alguno de los muertos iba a ver a sus hermanos se arrepentirían. Se imaginaba que, si alguno se les apareciera del otro mundo, su corazón se ablandaría, a pesar de que habían leído en vano los libros de Moisés y de los profetas. La respuesta de Abrahán es solemne a la vez que instructiva: «Si no oyen a Moisés, y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levantare de entre los muertos El principio que estas palabras entrañan es de la mayor importancia. Las Sagradas Escrituras contienen todo lo que es necesario para nuestra salvación, y un mensajero del otro mundo no podría añadirles cosa alguna. Lo que los hombres necesitan para arrepentirse no es mayores pruebas, sino mayor deseo, mayor voluntad. Los muertos, aunque se levantasen de sus sepulcros, no podrían decirnos nada más de lo que la Biblia contiene; y después que se hubiera desvanecido algún tanto la novedad de sus palabras, no nos cuidaríamos más de ellas que de las palabras de cualquier viviente. Este ansiar por algo que no se posee, al propio tiempo que se descuida lo que se tiene, es la causa de la ruina eterna de millares de almas. Fe, mera fe en las Escrituras que nos han sido dadas por Dios, es lo primero que necesitamos para la salvación.

Ahora Puedes adquirir los Libros de Estudio

Al adquirir tus libros de estudios estarás ayudando este Ministerio para cumplir con la Gran Comisión de «Id y llevad el Evangelio a toda criatura en todo lugar. Contamos con tu ayuda. Dios te Bendice rica, grande y abundantemente.

Comparte esta publicacion en tus redes favoritas

También hemos publicado para ti

Saciar la sed

Cuenta una leyenda oriental que un hombre buscaba en el desierto agua para saciar su sed. Después de mucho caminar, ya muy fatigado, con la boca reseca, el peregrino descubre por fin las aguas

Seguir Leyendo »

Susurros de Dios

Un hombre susurró: “Dios hablame” Y entonces cantó un pajarito. Pero el hombre no escucho. Entonces el hombre gritó: Dios, háblame, y entonces se oyeron truenos a través de un colchón de nubes. Pero

Seguir Leyendo »