La Respuesta es sí

Categorías: Historias y Reflexiones.

Hace poco alguien llamó a nuestra oficina. Yo fui quien cogió el auricular. «¿Es La Casa del Mofongo Italiano?» –un restaurante al cual le diseñamos su página de Internet–, preguntó una voz. «!No, es la oficina de Fast Printing», contesté. «Lo siento, marqué el número equivocado, a veces quisiera que Dios le diera un poco más de luz a mis ojos para no equivocarme tanto» se disculpó la persona y colgó.

En la Biblia, encontramos que había personas que llamaron a su dios, pero sus oraciones no fueron contestadas. Hoy tenemos personas que se quejan de que llevan tiempo con una petición ante El Trono de la Gracia y Nuestro Dios no le ha contestado.

En 1 Reyes 18, cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Asera, le invocaron desde el amanecer hasta el anochecer, pero no recibieron respuesta alguna. Simón el mago, en lugar de invocar a Dios, trató de comprar al Espíritu Santo con dinero. En cambio, los hombres de Dios, y Dios le respondieron, incluso por encima de sus expectativas. ¿Su secreto? Ellos no se equivocaron de número.

No importa quien seas, lo que seas, lo que tengas, o dónde vivas. Cualquiera puede llamar a la oficina mayor, al perfecto y más grande hogar, al mayor negocio, y al mayor poder que el mundo jamás haya conocido. El Señor Jesucristo, Rey de reyes, y Señor de señores es su nombre. Él hizo el primer llamado. Los hombres y mujeres aún no responden como si fuera un número equivocado el que ha marcado Nuestro Dios. Pero Él espera que respondas a su llamado para darte La Luz del Mundo y que esa Luz que es la imagen de Jesucristo brille en tus ojos y sea el reflejo que brille en las tinieblas del pecado para salvación de muchos.

«He aquí Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias»

Ustedes son la Iglesia de Jesucristo, nosotros somos la Iglesia de Jesucristo. Es hora de dejar de pedir a Dios que acabe con la miseria y el hambre, con la drogadicción y las guerras, con el desconsuelo y el llanto. Ya Dios hizo lo que tenía que hacer. Te hizo a ti y me hizo a mí. Es a nosotros a quienes nos corresponde acabar con el pecado, es a nosotros a quienes nos corresponde llevar Luz a las tinieblas de los que viven en el pecado. Solo de este modo un día escucharemos a Jesús decir «por cuanto en lo poco fuiste fiel en lo mucho te pondré»

En mi angustia invoqué al Señor, sí, clamé a mi Dios; desde su templo oyó mi voz, y mi clamor llegó a sus oídos. –2 Samuel 22:7

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