Juan 20: Amor alucinado

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

La madrugada del primer día de la semana, cuando estaba todavía oscuro, María Magdalena fue a la tumba, ¡y vio que estaba quitada la piedra de la entrada! Entonces fue corriendo a ver a Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo:

-¡Se han llevado al Señor de la tumba, y no sabemos dónde Le han puesto!

A eso Pedro salió con el otro discípulo en dirección a la tumba. Iban los dos corriendo; pero el otro discípulo se adelantó, porque corría más deprisa, y llegó antes a la tumba; se agachó para mirar, y vio los lienzos en su sitio, pero no entró. A eso llegó Pedro siguiéndole, y entró en la tumba. Vio los lienzos colocados allí; y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no con los lienzos, sino doblado en su lugar correspondiente. Entonces el otro discípulo, el que había llegado el primero a la tumba, también entró, y vio, y creyó.

Y es que todavía no se habían percatado de que el sentido de la Escritura era que Jesús había de resucitar.

Y los discípulos se volvieron adonde estaban parando.

Es posible que nadie amara a Jesús tanto como Mana Magdalena. Él había hecho algo por ella que ningún otro habría podido hacer, y ella no lo podía olvidar. La tradición ha dado por seguro que María Magdalena era una pecadora empedernida a la que Jesús reclamó, y perdonó, y purificó. Henry Kingsley escribió un hermoso poema sobre ella.

Magdalena a la puerta de Miguel

no hacía más que llaMarcos

En un roble cantaba un ruiseñor:

«¡Déjala entrar! ¡Déjala entrar!»

Miguel dijo: «No traes ninguna ofrenda,

nada puedes pagar.»

«¡Bien lo sabe!», cantaba el ruiseñor.

«¡Déjala entrar! ¡Déjala entrar!»

Miguel dijo: «¿No has visto las heridas?

¿Reconoces tu mal?»

El ruiseñor cantaba: «¡Y bien lo siente!

¡Déjala entrar! ¡Déjala entrar!»

«Claro que sí, que he visto las heridas,

que Él sufrió en mi lugar.»

El ruiseñor cantaba: «¡Ya es muy tarde!

¡Déjala entrar! ¡Déjala entrar!»

El ruiseñor, al fin, quedó dormido,

y la noche cayó,

y Uno vino que abrió por fin la puerta,

y Magdalena entró.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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