Juan 18: El arresto en el huerto

Categorías: Juan y Nuevo Testamento.

Después de decir aquello, Jesús se fue con Sus discípulos en dirección al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el que entraron. Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús solía reunirse allí con Sus discípulos; así es que Judas llevó una compañía de soldados con algunos agentes de los principales sacerdotes y de los fariseos, y llegaron allí con teas y antorchas y armas. Jesús ya contaba con todo aquello, así es que les salió al encuentro y les preguntó:

-¿A quién estáis buscando?

-¡A Jesús de Nazaret! -Le contestaron.

-¡Soy Yo! -les contestó Jesús. Judas, el traidor, estaba entre ellos. Cuando Jesús dijo « Soy Yo», retrocedieron y se cayeron por tierra; y entonces Jesús les repitió la pregunta-: ¿A quién estáis buscando?

A Jesús de Nazaret -respondieron.

-Ya os he dicho que soy Yo. Si es a Mí a Quien buscáis, dejad que se vayan estos, para que se cumpla la palabra de la Escritura: «No he perdido a ninguno de los que Me diste.»

A eso Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella al criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Aquel criado se llamaba Malco. Jesús entonces le dijo a Pedro:

-¡Enfunda otra vez la espada! ¿Es que no voy a beber el cáliz que Me ha asignado el Padre?

Cuando terminaron la última cena, y Jesús acabó de hablar con Sus discípulos y de orar a Su Padre, salieron del aposento alto. Se dirigieron al Huerto de Getsemaní. Saldrían por una cancela, bajarían el empinado valle y cruzarían el canal del arroyo Cedrón. Allí tiene que haber sucedido algo simbólico. Todos los corderos pascuales se mataban en el templo, y su sangre se derramaba sobre el altar como ofrenda a Dios. El número de corderos que se sacrificaban en la Pascua era inmenso. En una ocasión, treinta años después de esta escena, se hizo un censo que dio por resultado el total de 256,000 corderos. Podemos figurarnos cómo estarían de sangre los atrios del templo cuando se echaba toda aquella sangre sobre el altar. Desde este había un canal hasta el torrente Cedrón, y era por donde se drenaba la sangre. Cuando Jesús cruzó el torrente, estaría todavía rojo de la sangre de los corderos que se habían sacrificado; y Él pensaría en Su propio Sacrificio, que habría de consumarse a las pocas horas.

Después de cruzar el canal del Cedrón, llegaron al Monte de los Olivos. En una de sus laderas estaba el Huerto de Getsemaní, que quiere decir «de la almazara», donde se molerían las aceitunas que producían los olivos del monte. Bastantes familias acomodadas tenían allí sus chalés. En la ciudad no había sitio para casas de recreo; y, además, había prohibiciones ceremoniales de usar estiércol en el recinto de la ciudad santa.

Hasta el día de hoy se enseña a los turistas un jardincillo que cuidan amorosamente los franciscanos en el que hay ocho viejos olivos de tal fuste que más parecen rocas que árboles, como decía el famoso viajero de las Tierras de la Biblia H. V. Morton. Su edad se remonta, de seguro, hasta antes de la conquista musulmana de Palestina, y es posible que sean descendientes de los que presenciaron la agonía de Jesús en Getsemaní. De todas maneras, aquellos senderos zigzagueantes fueron los que recorrió Jesús en Sus paseos.

Así es que Jesús fue a aquel huerto. Es probable que algún amigo de Jesús de buena posición Le diera la llave de la cancela y Le permitiera retirarse allí cuando estaba en Jerusalén. Jesús y Sus discípulos solían ir allí en busca de un poco de paz y tranquilidad. Judas sabía que allí podía encontrar a Jesús y sería de lo más fácil perpetrar Su arresto.

Hay algo sorprendente acerca de la fuerza que se movilizó para arrestar a Jesús. Juan dice que era una compañía de soldados, además de algunos agentes de los principales sacerdotes y de los fariseos. Esos agentes pertenecerían a la policía del templo. Las autoridades tenían una especie de cuerpo de policía privada para mantener el orden en el templo, y el sanedrín también tenía guardias a sus ordenes. Los agentes, por tanto, serían policías judíos; pero también había una compañía de soldados Romanos. La palabra es speira, que, si se usa correctamente y estamos en lo cierto, puede tener tres significados. Es la palabra griega para designar la cohorte romana, que solía constar de seiscientos hombres. Si era una cohorte de soldados auxiliares, la speira tendría mil hombres, doscientos cuarenta de los cuales serían de caballería, y los otros setecientos sesenta de infantería. A veces, en raras ocasiones, esta palabra designa un destacamento de hombres que se solía llamar un manípulo («cada una de las treinta unidades tácticas en que se dividía la antigua legión romana», D R.A E.), que estaría formado por doscientos hombres.

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