Juan 15: Yo soy la auténtica Vid, y Mi Padre es el Viñador

Categorías: Juan y Nuevo Testamento.

-Yo soy la auténtica Vid, y Mi Padre es el Viñador. Él poda todos los sarmientos que no dan ningún fruto en Mí, y limpia todos los que sí dan fruto, para que den más.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Manteneos en Mí de la misma forma que Yo Me mantengo en vosotros; porque, lo mismo que un sarmiento no puede dar ningún fruto por sí mismo si no se mantiene en la vid, así tampoco vosotros a menos que os mantengáis en Mí. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. La persona que se mantiene en Mí y en quien Yo Me mantengo, da mucho fruto; porque no podéis hacer nada separados de Mí. Al que no se mantiene en Mí se le desecha como sarmiento seco; y esos se recogen después y se echan al fuego para que ardan. Si os mantenéis en Mí y Mis palabras se mantienen en vosotros, pedid lo que queráis, y se os concederá. Es precisamente por el hecho de que deis tal fruto y de que os comportéis como discípulos Míos como es glorificado Mi Padre. Como Me ha amado el Padre, así os he amado Yo. Manteneos en Mi amor. Como Yo he cumplido los mandamientos de Mi Padre, Me mantengo en Su amor.

Jesús, como en otras ocasiones, elabora en este pasaje figuras e ideas que eran parte de la herencia religiosa de la nación judía. Una y otra vez en el Antiguo Testamento, Israel se representa como la parra o la viña de Dios. «La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel» (Isa_5:1-7 ). «Yo te planté de pura cepa,» es el mensaje de Dios a Israel por medio de Jeremías (Jer_2:21 ). Ezequiel 15 compara a Israel a una vid cuya madera no sirve nada más que para el fuego, y Eze_19:10-14 con una parra en medio de la viña, que luego es arrojada al desierto. «Israel es una frondosa parra» Hos_10:1 ). «Te trajiste una vid de Egipto» Psa_80:8 ). La vid había llegado a ser de hecho el símbolo de la nación de Israel. Era el emblema que aparecía en las monedas de los Macabeos. Una de las glorias del templo era la gran vid de oro que había en la fachada del lugar santo. Muchos grandes hombres habían considerado un gran honor ofrendar oro para un manojo de uvas o aun para una sola uva de aquella vid. La vid era una pieza especial de la imaginería judía, y el mismísimo símbolo de Israel.

Jesús Se llama «la auténtica Vid.» La punta de esa palabra aléthinós -verdadera, real, genuina- es la siguiente. Es curioso que el símbolo de la vid no se usa nunca en el Antiguo Testamento sino unido a la idea de degeneración. La punta de la alegoría de Isaías es que la viña se ha vuelto silvestre. Jeremías dice que Dios se queja de que la nación que Él plantó de pura cepa se ha vuelto cepa borde.

Es como si Jesús dijera: «Creéis que porque pertenecéis a la nación de Israel sois sarmientos de la verdadera vid de Dios; pero la nación es una vid degenerada, como dijeron todos vuestros profetas. Pero la auténtica Vid de Dios soy Yo. Por el hecho de ser judíos no os vais a salvar. Lo único que os puede salvar es estar unidos vitalmente conmigo, porque Yo soy la auténtica Vid de Dios y, por tanto, tenéis que ser sarmientos unidos a Mí.» Jesús estaba estableciendo el principio de que el verdadero camino a la salvación de Dios no es tener sangre judía, sino tener fe en Él. Ninguna cualificación externa puede poner a una persona en la debida relación con Dios; sólo la amistad de Jesucristo puede hacerlo.

LA VID Y LOS SARMIENTOS

Cuando Jesús trazó la alegoría de la vid sabía de lo que estaba hablando. La vid se cultivaba y se cultiva todavía en toda Palestina, más o menos como en España, aunque más en terrazas. Es una planta que requiere mucha atención si se quiere obtener un fruto de calidad. El terreno tiene que estar perfectamente limpio, y las plantas se separan convenientemente para que se puedan desarrollar. Se suelen podar los sarmientos en el invierno reduciendo la cepa a su mínima expresión. Algunas veces se poda la cepa a menos de un metro de altura, dejándole brazos radiales que se atan a tutores hasta que se hacen resistentes, que son los que producen los sarmientos, y estos el fruto; otras veces se apoyan las varas en espalderas o en árboles. Y, desde luego, a veces como parras, que se hacen muy frondosas a la puerta de las cabañas. Pero siempre requieren una buena preparación y un buen cuidado del suelo. No se deja que la vid dé fruto los tres primeros años, para que desarrolle conservando toda su energía. Ya adulta produce dos tipos de sarmientos, unos que dan fruto y otros que no. Los que no van a dar fruto se cortan bien atrás para que no vuelvan a brotar ni esquilmen la fuerza de la planta. La vid no puede dar buen fruto a menos que se la pode drásticamente-y Jesús lo sabía muy bien.

Además, la madera de la vid tiene la curiosa particularidad de que no sirve para nada. Es demasiado fibrosa y poco compacta. En ciertas épocas del año, establecía la ley, se tenían que llevar al templo ofrendas de madera para los fuegos de los altares; pero no se consideraban aceptables las cepas. Lo único que se podía hacer con los sarmientos de la poda o con las cepas que se arrancaban era una fogata, para que no trajeran miseria -plagas-a los árboles. En España se usa para leña en las casas de los pueblos o para encender los hornos. Este es otro detalle que añade verosimilitud a la alegoría de Jesús.

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